¿Teníamos un Sistema Nacional de Salud?
Mercedes Boix Rovira
Ginecóloga. Colaboradora de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Cantabria
Marcos Gutiérrez Sebastián
Trabajador Social Sociosanitario. Colaborador de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Cantabria
“El Servicio Nacional de Salud durará mientras existan personas dispuestas a defenderlo”,
Aneurin Bevan (Ministro de Salud británico, creador del SNS), 1946.
La política neoliberal fue aplicada con toda su crudeza contra la sanidad pública en nuestro país. Durante los años de la crisis, se deterioraron los servicios, se desprestigió la sanidad pública.
Es cierto que nuestra sanidad tenía unos “riesgos visibles”: financiación raquítica, copagos, recortes, exclusiones, privatización, atención primaria marginada… pero también operaban contra ella los llamados “riesgos ocultos”, el mercado, el neoliberalismo, los corporativismos y unas situaciones laborales muy deterioradas. La conjunción de unos y otros complicó de una manera evidente el futuro de nuestra sanidad pública.
Un informe de la OCDE, sobre nuestro Sistema Nacional de Salud, señalaba que nuestro gasto sanitario total disminuyó entre 2010-2018 una décima parte en porcentaje del PIB, mientras que el promedio de los países de la OCDE aumentó en similar cuantía.
Fueron los años en los que se fue cronificando una distribución desigual (que sigue en la actualidad) de la financiación sanitaria entre las CCAA. Según el informe del año 2018 elaborado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), el gasto por habitante y año era de 1.164 euros en Andalucía, mientras en el País Vasco alcanzaba los 1.693 euros.
Los recortes sucesivos y demoledores del Gobierno de Mariano Rajoy fueron abriendo un camino peligroso hacia la devaluación del Sistema Nacional de Salud (SNS), que se descapitalizaba mientras las partidas para los conciertos aumentaban. Desde 2012 fueron prácticas habituales los cierres de plantas enteras de hospitales, quirófanos, consultas y puntos de atención continuada. Se fueron deteriorando las condiciones de trabajo de miles de trabajadores y trabajadoras del SNS, aumentaron las cargas de trabajo, bajaron las retribuciones y se instaló la precariedad.
Las privatizaciones se convirtieron en una verdadera obsesión para los gobiernos de la derecha, centradas fundamentalmente, pero no solo, en la atención especializada; privatizaciones que, si bien es verdad, venían ya de los años noventa, pero con la crisis alcanzaron su apogeo.
Pero el SNS seguía aguantando, ¿qué razones explican su resistencia? Algunas nos las sugiere el Barómetro sanitario del año 2018: “Ocho de cada diez pacientes valoran positiva la Atención Primaria, también la especializada y los ingresos en un hospital público”. El estudio añade: “La mayoría de las personas prefieren el sistema sanitario público frente al privado”. Algunos datos de esas preferencias por lo público: consultas de atención primaria (68,2%), consultas de atención especializada (56%), ingreso en hospital (67%), urgencias (64,4%). El trato del personal sanitario era lo mejor valorado.
En las consultas de atención primaria son muy apreciados aspectos como la confianza y seguridad que transmite el médico (7,68 puntos sobre 10) y el personal de enfermería (7,64), los cuidados y la atención por parte del personal médico (7,63) y de enfermería (7,64) y la información recibida sobre su problema de salud (7,53).
Respecto a las consultas de médicos especialistas son especialmente valorados el trato recibido del personal sanitario (7,56), la confianza y seguridad que transmite el personal médico (7,43) y la información recibida (7,45).
En la opinión sobre el funcionamiento de los hospitales destacan el equipamiento y medios tecnológicos que ofrecen (7,74), los cuidados y atención del personal de enfermería (7,89), la atención del personal médico (7,89) o la información que reciben los pacientes sobre la evolución de su problema de salud (7,65).
A esas alturas, las encuestas y los indicadores (los de la agencia Bloomberg de 2010, por ejemplo) seguían señalando que, comparando el gasto sanitario y la esperanza de vida, la sanidad española era la tercera más eficiente del mundo y la primera de Europa. A pesar de esas buenas valoraciones, singularmente las de los y las profesionales, operaban considerables amenazas sobre el SNS que afectaban especialmente y con mayor gravedad a varias comunidades autónomas. Por la brevedad de estas notas nos referiremos solo a dos.
La Comunidad de Madrid
Algunos datos sobre la sanidad madrileña son demoledores. El porcentaje de camas privadas en la Comunidad de Madrid, según el informe de la FADSP (2010-2019), está cercano al 28%, mientras en La Rioja, por ejemplo, es del 5%. Situación que fue denominada por el entorno de organizaciones que se movían en la Marea Blanca como “privatización pausada”. En la época de Esperanza Aguirre se inauguraron nueve hospitales de gestión privada. Y la infrautilización de los recursos asistenciales públicos era la tónica dominante, para intentar demostrar que la sanidad pública no funcionaba.
Y aparecieron las listas de espera. Hay datos clamorosos: en una entrevista de diciembre de 2019, Marciano Sánchez Bayle, de la FADSP, señalaba que en Madrid había 600.000 personas pendientes de una intervención quirúrgica, una prueba diagnóstica, una primera consulta o una consulta especializada. Mientras, la Atención Primaria había sido seriamente diezmada. Los hospitales madrileños perdieron 1.500 camas, convirtiendo a Madrid en la Comunidad con la tasa más baja de camas de media y larga estancia, a pesar de tener una población muy envejecida. La ecuación mala gestión y poco presupuesto (la Comunidad de Madrid es la segunda que destina menos presupuesto por habitante y año a su sanidad) producirá efectos indeseados sobre la calidad de la asistencia sanitaria. En Madrid, los conciertos con la sanidad privada se incrementan en un 29% mientras que en el conjunto del país disminuyen un 0,58%.
El caso especial de la sanidad catalana
Aplicando el concepto de sanidad pública, podríamos decir que, como tal, nunca hubo un sistema de salud público en Cataluña. A partir de 1995 se crearon las Entidades de Base Asociativa (EBA), mediante esas entidades se autogestionan centros de atención primaria con sociedades con ánimo de lucro. El Sistema Integral de Salut integra 57 hospitales, los que pertenecieron al INSALUD (8 hospitales) pasarán a ser gestionados por el Sistema Catalán de Salud. Queda así una red compleja, fragmentada, en la que interactuan entidades locales, públicas, privadas, consorcios y corporaciones religiosas.
El Instituto Catalán de Salut (ICS) gestionará el 77% de los 371 equipos de Atención Primaria, el resto, un 23%, será gestionado por 36 entidades, sociedades anónimas y fundaciones. Hace ya tiempo que el ICS viene reclamando la necesidad de 1.500 profesionales para la Atención Primaria. Con un servicio tan recortado, complejo y fragmentado es complicado dar respuestas a los problemas de salud pública.
Llega la Pandemia
La llegada del coronavirus ha puesto en evidencia algunas cuestiones. Hace años que la OMS insistía en muchos de sus informes que las pandemias serían compañeras de viaje en las sociedades globalizadas y con ecosistemas tan vulnerables, como se demuestra en la que sufrimos ahora. A pesar de nuestro recortado SNS, el sistema público de salud, con su estructura y sus excelentes profesionales, es el único que puede dar respuesta al gravísimo problema de salud que se nos ha venido encima.
Es una buena ocasión para preguntarse, por ejemplo, ¿qué razones explican que dos de las comunidades autónomas con más población y menos gasto sanitario por habitante y año estén ahora en una desgraciada y lamentable situación crítica para dar respuesta desde la salud pública a esta pandemia? Vienen a la cabeza paradojas como la de haber contemplado el cierre en Madrid de 2.000 camas hospitalarias en los años de recortes, mientras ahora en un tiempo récord se ha puesto en marcha un hospital de campaña; también, las denuncias de los sindicatos en Cataluña contra algunas clínicas privadas que estos días pusieron a sus plantillas bajo un ERTE, al mismo tiempo que se montaban hospitales de campaña.
Recogemos, para finalizar, las palabras de la investigadora de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Helena Legido, que en una reciente entrevista señalaba: “Cuando la pandemia termine, España deberá abordar la década de falta de inversión en Sanidad”.