Coronavirus y modelo de protección social. Una oportunidad para pensar y avanzar
Pilar Garrido
Profesora de Derecho Constitucional de la UPV/EHU
La crisis del Coronavirus es en primer lugar una crisis sanitaria. Pero no sólo eso, el Coronavirus ha provocado una crisis total, una pandemia con consecuencias sociales y económicas difíciles de evaluar a día de hoy.
Aunque sus consecuencias resultan en gran medida impredecibles, lo que sí podemos asegurar, tal como lo expresaba el geógrafo David Harvey en un artículo publicado recientemente, es que la crisis del Coronavirus exhibe todas las características de una crisis de clase, género y raza.
La realidad que nos rodea lo confirma. Esta crisis no afecta de igual manera a todas las personas. Algunas de ellas, de un día para otro, se han encontrado en primera línea, poniendo sus cuerpos. Las personas que cuidan, las que limpian, las que abastecen de alimentos, las cajeras, sectores feminizados con trabajos precarios, mal pagados, que se transforman de repente vía BOE en actividades económicas esenciales. Ironías de la vida, las precarias ahora, en plena crisis, son las esenciales, las imprescindibles.
La desigualdad también se siente en otros ámbitos, como la vivienda. La vivienda es el hogar, un espacio donde sentirte segura, protegida, ahora más que nunca. No hace falta explicar que el confinamiento, en un país donde el acceso a una vivienda digna y adecuada es una asignatura pendiente, provoca situaciones duras e indeseables: desde la problemática del sinhogarismo hasta la inadecuación o la inseguridad en el disfrute de la vivienda (infravivienda, rentas abusivas, violencias machistas…).
Estas desigualdades o inequidades no son casuales, tienen que ver con lo que somos como sociedad. David Harvey recoge en su artículo otra idea de interés, afirma que las repercusiones o la difusión del virus dependen en gran medida de las grietas y la vulnerabilidad del modelo socioeconómico vigente.
En este sentido, antes de correr a dar soluciones o poner parches es necesario preguntarse, ¿Qué tipo de sociedad encuentra esta pandemia? ¿Qué sostén nos ofrece nuestro modelo de protección social?
Se puede responder en pocas palabras: este virus ha encontrado una sociedad donde se ha instalado desde hace tiempo la desigualdad, la precariedad y la pobreza, y un sistema de protección social débil e ineficiente.
Nuestro modelo de protección social está infrafinanciado en relación a la mayoría de los países europeos, es de corte familiarista, los cuidados se resuelven mayoritariamente en los hogares, y contiene importantes déficits en las políticas de apoyo a la familia, a la infancia y a la dependencia, el cuarto pilar. A todo esto, en los últimos años, hay que añadir un proceso de mercantilización y privatización de los servicios públicos esenciales.
Lo sucedido en las residencias de mayores durante esta crisis es un ejemplo que muestra con crudeza las consecuencias de un modelo basado en el negocio y no en el cuidado de las personas. Esta mercantilización de los cuidados ha ido convirtiendo progresivamente el modelo de residencias de mayores en una suerte de instalaciones de atención no personalizada, orientadas por la lógica mercantil y gestionadas por fondos de inversión no especializados. Las muertes en estos centros son sólo la punta del iceberg de un sistema de cuidados que prioriza lo económico sobre el bienestar y la vida de las personas.
Llegados a este punto, toca hacernos otra pregunta, una pregunta simple que clarifique nuestra posición, ¿Queremos este modelo de protección social para nosotras, para nuestras hijas, para nuestros mayores? Si la respuesta es no, seamos consecuentes, pensemos en cómo avanzar hacia un nuevo modelo, en ningún caso en volver al estado del bienestar porque ni es posible ni es deseable.
Los cuidados deben servir de brújula para transitar hacia ese nuevo paradigma, donde la sostenibilidad de la vida sea la prioridad, donde los cuidados atraviesen todas las políticas públicas (políticas laborales, sanitarias, rentas…) y nos ayuden a avanzar hacia la construcción de una sociedad de personas cuidadoras en igualdad.
Pensemos también en cómo articular una política pública de cuidados propia, dirigida a la reorganización de los cuidados, donde abordemos en primer lugar algunas urgencias, como el reconocimiento de derechos laborales y de condiciones de trabajo dignas a las cuidadoras o la creación de un sistema de atención a los cuidados de larga duración público, universal, de calidad, de gestión directa o gestionado en colaboración con el tercer sector o la comunidad.
Como dice Naomi Klein, no dejemos que el capitalismo, las élites, vuelvan a sacar beneficio de una catástrofe, tenemos la oportunidad de trabajar para conseguir una economía basada en la protección de la vida. La Comisión para Reconstrucción Social y Económica del Congreso nos brinda una oportunidad. ¡Aprovechémosla!
Más intervenciones
Reflexión colectiva en tiempos de confinamiento
El coronavirus acabó atropellando al mundo y lo dejó maltrecho. La pandemia y el confinamiento han trastocado en los dos últimos meses nuestras vidas y todos nuestros planes. Hemos tenido que acomodarnos a una nueva, incómoda y, en muchos casos, terrible situación.
Gonzalo Andrés García Fernández
Historiador. Investigador en el Instituto Universitario de Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá
¿Se ha transmutado nuestro pasado en nuestro nuevo futuro?
De una forma un tanto burda podríamos decir que el presente, nuestro presente, se nos ha abalanzado. Y que en dicho repentino y salvaje suceso se nos ha arrebatado por el camino nuestro frágil pero existente futuro inmediato. Una vez desprovistos del mismo, sea tanto para bien como para mal, nuestro futuro inmediato ha sufrido de una especie de reprogramación exógena realmente abrupta por parte de las denominadas “autoridades científicas”.
Abogado. Exdiputado en el Parlamento catalán. Autor del libro “La nostra policia”. Miembro del Consejo Nacional de Catalunya en Comú
Pandemia, seguridad y libertades
La pandemia que afecta nuestro presente va a condicionar nuestro futuro en muchos ámbitos, entre ellos los relacionados con la seguridad. Nos vamos a enfrentar a polémicos retos hasta ahora tan solo intuidos, como los derivados de la geolocalización por teléfono o de la obtención de datos de movilidad, que podrían afectar a derechos como el de la protección de datos personales; la posible expedición de certificados de inmunidad puede generar nuevos tipos de discriminación.
Profesor de Teorías Políticas en la Universidad de Camagüey Cuba. Máster en Ciencias Políticas y profesor auxiliar
El mundo post pandemia
Circulan por estos días hermosos poemas, cartas, canciones, llamando a los habitantes del planeta Tierra a enfrentar unidos el peligro de la pandemia. Invitaciones a un mundo diferente cuando pase este suceso, expresiones vaticinando que sobrevendrán nuevos valores que serán compartidos por todos: valores limpios, solidarios, altruistas y de hermandad entre las personas, alejando para siempre la mezquindad, el odio y las diferencias entre razas, religiones, sexos, poder adquisitivo, que han prevalecido desde la antigüedad.
La bolsa o la vida
Uno de los grandes dilemas en la respuesta a la covid-19 ha sido la de decidir si poner o no a hibernar la economía, con el fin de contener la pandemia y evitar que el colapso sanitario impidiera salvar muchas vidas.
La geopolítica mundial en la covid-19
Espacio Público ha abierto un interesante, pero a la vez complejo, debate titulado “Qué nos estamos jugando en esta crisis”, rompiendo el hielo el director de la misma Fundación, Orencio Osuna, con un texto “Ahora y Después de la Pandemia”. La gran mayoría de intervenciones están enfocadas en variopintos ámbitos, desde la economía, política nacional, seguridad ciudadana, libertades individuales y colectivas, nuevas tecnologías, sistema sanitario, el papel del Estado o la Unión Europea, y otras muchas que no nombro no por su destacada transcendencia sino para no hacer una retahíla cansina. La mejor manera es que el mismo lector haga un estudio de los interesantes textos de los colaboradores.
Pensar en tiempos de covid-19
Escribo estas líneas mientras me preparo para mi primer paseo, después de un largo encierro, obligado por un virus que ha llegado a nuestras vidas para poner todo patas arriba.
La urgente reforma de las políticas de Salud y los Servicios Sociales
Sumidos en la crisis del coronavirus, aún es pronto para saber cuáles van a ser las consecuencias sociales, económicas y políticas, ni en la sociedad española ni en Europa ni el mundo globalizado. Tampoco podemos aun asegurar cuales van a ser las respuestas de carácter más estructural que van a impulsar los gobiernos y las instituciones supraestatales. Nos movemos, por tanto, en un terreno muy inestable y cambiante, en el que es difícil pronunciarse con un mínimo rigor y seguridad.
Sin consenso, por favor
“El Estado es todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio, sino también logra obtener el consenso activo de los gobernados”.
Investigador del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos (IELAT) - Universidad de Alcalá (UAH)
El impacto de la COVID-19 sobre la desigualdad
A medida que pasa el tiempo se van dibujando con mayor nitidez todas las aristas de este fenómeno epidémico poliédrico que es la COVID-19, tan intenso localmente y de dimensión mundial, y sus repercusiones.
Virus que viajan de Norte a Sur
África subsahariana, la población más joven y de crecimiento más rápido en el mundo. Si se diera un descenso de la tasa de fecundidad, la tasa de población activa sería mayor aumentando el ingreso familiar. El que pudiera darse un salto así requeriría, además de empleo, una juventud sana y formada. Gobiernos y tutores neo-coloniales deberían invertir en salud y en capacitación desde la infancia, aunque sólo fuera porque la educación, la salud, los derechos sexuales y reproductivos y la igualdad entre géneros facilitarían la inclusión productiva de las personas jóvenes.
Escenarios post-crisis: oportunidades y amenazas
Aunque la del “capitán a posteriori” ha sido una de las metáforas más exitosas de esta crisis, lo cierto es que los debates sobre los eventuales escenarios postcrisis nos sacan también ese otro “capitán a priori” que todos llevamos dentro. Optimistas irredentos aprecian señales evidentes de que nada volverá a ser igual. De que la crisis es ante todo un momento de oportunidad. Un momento que deja al desnudo las impudicias del sistema-mercado y refuerza la necesidad del vínculo comunitario y la demanda de intervención pública. Para algunos. incluso, esta será la crisis definitiva de un capitalismo que ya estaba agonizante. No lo sé, pero desde que tengo uso de razón estoy escuchando lo del entierro del capitalismo, mientras veo al enfermo cada vez más activo, observando cómo le pasan delante los ataúdes de muchos de sus enemigos.
El papel de los gobiernos de Italia y España en la pandemia: una propuesta mediterránea para dar un nuevo impulso al proyecto europeo
La pandemia está golpeando duramente y con una intensidad sin precedentes la economía mundial. Los primeros datos oficiales de China, Francia, la Unión Europea o los Estados Unidos, por ejemplo, así como los primeros estudios de las instituciones internacionales de referencia, dibujan un escenario nefasto y una profunda crisis económica y social solo comparables a la Gran Recesión y a las dos Guerras Mundiales.
Profesor de Organización de la Salud Pública (UPF, Máster Salud Pública). Focalizado en la perspectiva europea
Consideraciones sobre la escala europea y global en la respuesta sanitaria: Misión, gobernanza, bien público
Esta emergencia sanitaria ha puesto brutalmente de manifiesto a escala europea y global tanto la densidad de los vínculos como la interdependencia. En el plano económico muchos economistas, como por ejemplo Lídia Brun, están insistiendo estos días en la necesidad de mancomunar respuestas, en buscar soluciones de reconstrucción que requieren la escala europea y global. Plantean que no es sólo una cuestión de “solidaridad”, o de apelaciones morales, sino que también es una cuestión de interés común y compartido. Aunque los impactos sanitarios y económicos puedan tener en un momento determinado intensidades diferentes, las evoluciones temporales no son sincrónicas y además la situación en un lugar acaba repercutiendo en los otros. De manera que, en los niveles estatales, quizás debería empezar a imponerse también una lógica de aseguramiento colectivo con el resto de actores europeos e internacionales, es decir, un paradigma de mancomunar capacidades, y de protección y cobertura frente a los riesgos que vendrán. Esta aproximación se necesita aún más en el plano sanitario y de la salud pública.
Más Atención Primaria, mejor sanidad pública
De golpe, nos encontramos con las consultas vacías, no había pacientes, delante teníamos un enorme listado de personas a las que teníamos que llamar por teléfono. En Galicia se habían cerrado los Centros de Salud (CS) y con esa decisión de las autoridades sanitarias nos trasmitían que la Atención Primaria (AP) era prescindible, pensáramos lo que pensáramos los médicos y las médicas de AP y todas las asociaciones médicas. Nada más lejos de la realidad, los profesionales han entendido que el cierre de los CS no significa el cierre de la AP. Hasta ahora hemos atendido a casi un millón de pacientes (algunos, posiblemente, casos de COVID-19 o con sintomatologías respiratorias leves), de los que sólo una mínima parte llegaron al hospital, lo que permitió, según relata la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFyC), “desestresar el sistema y que las unidades hospitalarias se focalicen en la atención a los más graves, así como en los cuidados intensivos”. Lo que indica el enorme papel que está cumpliendo la AP, a pesar de recortes y años de abandono.
Catedrático emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Las consecuencias económicas y sociales de la pandemia
El confinamiento al que nos ha conducido la pandemia es duro, ya está generando problemas psicológicos en muchas personas y los agravará en el futuro. Los trastornos pueden ser muchos y de diversa índole. Las consecuencias que puede tener en la evolución de los niños no las sabemos aún. Si el confinamiento es soportable es porque en estos momentos de miedo por la salud, el hecho de estar bien tanto uno como la familia, amigos y conocidos, hace que el encierro pase a un segundo plano. No es lo mismo para los que están perdiendo a sus seres queridos, y no se pueden además despedir de ellos ni darse un abrazo de consolación con la familia y amigos. La situación es trágica. También la angustia que sienten los que tienen a alguien cercano en el hospital y que se encuentran atenazados por la incertidumbre y el miedo.
Feminista y Activista Pro Derechos Humanos. Miembro de la Red LIESS-UPO (Laboratorio Iberoamericano Estudios Sociohistóricos de las Sexualidades)
La pandemia del coronavirus, una crisis del sistema con los cuidados en el centro
Como activistas pro derechos humanos, andábamos más que atareadas los meses de enero y febrero tratando de dar respuesta a la situación de las personas refugiadas en los CIES, con los campamentos de Lesbos acaparando nuestra atención y nuestras acciones de solidaridad y denuncia de la vulneración de derechos humanos. Y más que atareadas también como activistas feministas, en la organización de la huelga, acciones y manifestación del 8M de este año. Pero ya por aquellas fechas, las noticias que habían ido llegando de China y luego de Italia, sobre el número de personas infectadas por el coronavirus y su letalidad, así como su imparable extensión a otros países y tan particularmente a España, paralizaron cualquier otra actividad. En apenas una semana se identificó la situación como de pandemia y se inició el confinamiento de la población en todo el país.
La pandemia del COVID-19: ¿crisis coyuntural o estructural?
A mediados de abril de 2020 todos los medios de comunicación hablan de la pandemia generada por el COVID-19. TV, radio y prensa dedican horas y páginas a este tema. Se narra en tiempo real cómo evoluciona el número de contagiados, los curados y los muertos. Se indica la edad el género de los fallecidos y si tenían enfermedades previas. Los jefes de Estado y los presidentes ofrecen mensajes oficiales con tono grave y caras serias indicando el número de muertos y recordando la necesidad de quedarse en casa para reducir el número de los contagios. Se publican fotos dramáticas de morgues llenas de ataúdes y las cámaras de televisión muestran las calles vacías de las más importantes ciudades del mundo.
Cinco controversias frente a la emergencia sanitaria
Frente a la incertidumbre, lo lógico es tener miedo, pero es fundamental no caer en paranoias que nos arrastren a unos diagnósticos equivocados y a pronósticos que profundicen nuestros errores.
Sisenando García-Tenorio Ronda
Jubilado
¿De un presente sin sentido a un futuro nada esperanzador?
Decía Walter Benjamin que el capitalismo no era solo, como afirmaba Weber, una secularización de la fe protestante, sino esencialmente un fenómeno religioso que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo, como religión de la modernidad. Ahora, cansado de intentar destruir el Estado como vector coadyuvante de las clases pobres, el capitalismo opta por comprarlo y ponerlo a su servicio con todas sus herramientas disponibles. La competencia puede generar progreso, pero sin regulaciones por parte del Estado no se da en igualdad de condiciones. Samuelson se fue por el desagüe de la irracionalidad.
Coeditor de la revista Trasversales, colabora con un colectivo social de lucha contra la pobreza y la exclusión de Madrid.
Solidaridad desde la soledad: elogio de los aplausos
1. Creo que ante la pandemia global el distanciamiento físico es necesario. No asumo las restricciones de movimientos y encuentros por obediencia sino por convencimiento de que son necesarias. Estar en contra de todo lo que diga o haga un gobierno es tan equivocado como pensar que algún gobierno puede representarnos. Ahora bien, aislarnos físicamente no es recluirnos en la "vida privada" mientras unos pocos deciden todo. Las clases populares conocemos mejor lo que ocurre que los que viven en palacios, mansiones y urbanizaciones de lujo. Tenemos que ser sujetos activos. Ya lo hacen quienes siguen trabajando en condiciones muy difíciles para proteger nuestras vidas, pero la forma de agradecérselo es actuar también en los ámbitos que podamos.
Coordina la revista digital de reflexión social Pasos a la Izquierda y el blog de opinión En Campo Abierto
Acuerdos necesarios
Nadie es capaz de predecir lo que va a ocurrir tras esta pandemia, cuando seamos ya capaces de, al menos, controlarla o mantenerla a raya. Ni economistas, sociólogos, politólogos ni cualquier otro científico social son capaces de pronosticar cómo vamos a vivir y cómo nos vamos a relacionar en un próximo futuro. Aunque parece bastante claro que algo o mucho va a cambiar, no sabemos a qué nivel ni en qué proporción puesto que la hondura con que está penetrando este fenómeno pandémico en los entresijos de nuestro modelo civilizatorio son incalculables e inapreciables todavía. Simplemente, nos estamos acercando a un todavía muy escaso nivel de certeza.
Sobre la crisis actual y la Unión Europea
Centraré mi breve intervención en un tema que está suscitando mucha atención: el de la respuesta que las instituciones políticas de la Unión Europea están dando a la brutal crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo, y de cómo evolucionará esta respuesta.
Trabajador Social Sociosanitario. Colaborador de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Cantabria
¿Teníamos un Sistema Nacional de Salud?
“El Servicio Nacional de Salud durará mientras existan personas dispuestas a defenderlo”,
La Revuelta de los Anormales
Reivindico el derecho a apoyar el grueso de las medidas de compensación social que está llevando adelante el Gobierno en la actual crisis sanitaria, social, económica y ecológica, pero lo hago con espíritu crítico, sin asumir los chantajes que provienen de una parte significativa de mi propio cuerpo social. Lo hago, además, teniendo en cuenta razones de urgencia, pero sin negar la necesidad de desarrollar razones e ideas que nos posibiliten superar el actual modelo.
Nos jugamos la convivencia
La derecha utiliza, “todos los recursos, trampas y demagogia a su alcance”, señala Orencio Osuna en el arranque de estas reflexiones. No hay duda. De hecho, los sectores alérgicos a la democracia están en campaña desde el momento en que empezó la crisis del coronavirus. Su agresividad en redes sociales ha ido en aumento. En los medios tradicionales, escritos y audiovisuales, que controlan casi al cien por cien, no hay día en el cual no se despachen con mensajes deshumanizados, en contra de cualquier medida de protección de la ciudadanía más vulnerable, la más castigada, la que ha padecido los efectos de la deliberada desregulación de la economía y que, con el impacto del coronavirus, encuentra más y más dificultades.
Demasiadas preguntas sin respuesta
En el momento de escribir este artículo la reclusión continúa, no sabemos cuándo y de qué manera finalizará la crisis de Salud global. Quienes visitamos las redes sociales, hemos asistido a un festival de bulos y mensajes enviados por rabiosos energúmenos con una notable ausencia de sensatez. Debe ser una reacción psicosomática al confinamiento. Muchas personas de buena fe, presentan un cuadro clínico en el que la impotencia y la ira anulan su objetividad.
Psicóloga Social y Analista Política. Doctoranda en Ciencias Políticas y de la Administración (UCM). Activista de movimientos sociales en Venezuela.
Presión ideológica asiática sobre el desenlace coronavírico
Occidente mira con nerviosismo cómo la eficiencia del modelo asiático para vencer al coronavirus puede producir cambios en los sentidos comunes liberales de sus democracias. Desde distintos análisis parece derivarse una conclusión: el miedo creará las condiciones subjetivas para el despliegue de un estado policial de máxima vigilancia y control sobre la ciudadanía.
Reflexiones en tiempos inciertos
Vivimos circunstancias que podríamos calificar de incertidumbre irreductible. Robert Skidelsky, historiador y biógrafo de Keynes, basándose en las interpretaciones de este último, distingue entre incertidumbre epistemológica, según la cual cabe esperar que con una mayor cantidad de información se reduzca la incertidumbre a riesgo calculable, e incertidumbre ontológica, que es aquella que no puede ser eliminada. En palabras de Skidelsky: “El futuro no está ahí fuera esperando que lo conozcamos, sino que nosotros mismos estamos influyendo en la creación de ese futuro”. El futuro depende de la acción humana y de circunstancias imprevistas que puedan surgir. Transponiendo las ideas al momento actual, por ejemplo, un nuevo brote del virus en otoño podría echar por tierra muchas de las estrategias en las que ahora pensamos para recobrar la vida y la economía del país.
La crisis del coronavirus y la bifurcación que nos plantea
Me parece muy pertinente este debate que se propone desde Espacio Público a raíz de la crisis del coronavirus, y desde aquí quiero saludar la iniciativa. La pregunta que se plantea es sencilla, pero de muy difícil abordaje: "¿Qué nos estamos jugando en esta crisis?". Voy a intentar esbozar algunas ideas que me rondan la cabeza desde hace algunos días, y reconozco que la primera intervención de Orencio Osuna me va a facilitar mucho escribir estas modestas notas.
Salud y libertad
A veces la realidad se vuelve inasumible. La situación actual es seria, imprevisible y carece de precedentes. Como un túnel que atravesamos por primera vez, la incertidumbre profundiza la zozobra en nuestra situación. Miles de personas se despiden a distancia de sus fallecidos, otras se preguntan por el estado de sus enfermos y se extiende por la sociedad el miedo sobre los resultados sociales de esta crisis sanitaria.
Próxima parada, el futuro
Cuenta Yuval Noah Harari, en su artículo del pasado día 20 en el Financial Times, The World after coronavirus, que la tormenta pasará, la mayoría sobreviviremos, pero en un mundo que será diferente; y añade un pequeño detalle: muchas de las medidas de emergencia seguirán vigentes.
Historias del señor Doubt. Cosas para compartir en días de confinamiento: nuevas realidades y utopías (I)
Hubo un momento, al principio de toda esta situación, en que nuestros whatsapps se llenaron de memes divertidos sobre el coronavirus, nos reíamos un poco de lo que estaba pasando en otros sitios: ¿quién demonios conocía Wuhan, ciudad China en la provincia de Hubei? Después de algunas semanas algo más, básicamente cifras y cosas así. Cuando lo ignoramos todo las cifras reconfortan, nos dan la sensación de que controlamos algo: 11 millones de habitantes y la provincia casi 57 millones. Todos ellos y ellas, a partir de determinado momento, confinados en casita, paralización casi total de la actividad productiva, de la movilidad, de las interacciones sociales. Pareció una señal de alarma, pero no muchos supimos interpretarla así. Yo mismo, preferí seguir riéndome con memes como el del norcoreano: El coronavirus se expande por Italia. Salvini, asustado, huye del país en una balsa. El Open Arms lo recoge en el mar y lo traslada a un puerto seguro, Libia.
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