La geopolítica mundial en la covid-19
Anibal Garzón
Sociólogo, docente y analista internacional
Espacio Público ha abierto un interesante, pero a la vez complejo, debate titulado “Qué nos estamos jugando en esta crisis”, rompiendo el hielo el director de la misma Fundación, Orencio Osuna, con un texto “Ahora y Después de la Pandemia”. La gran mayoría de intervenciones están enfocadas en variopintos ámbitos, desde la economía, política nacional, seguridad ciudadana, libertades individuales y colectivas, nuevas tecnologías, sistema sanitario, el papel del Estado o la Unión Europea, y otras muchas que no nombro no por su destacada transcendencia sino para no hacer una retahíla cansina. La mejor manera es que el mismo lector haga un estudio de los interesantes textos de los colaboradores.
Dada la extensa lista de espacios o instituciones sociales para analizar sobre los impactos del coronavirus creo que una de ellas que ha faltado profundizar, no por falta de interés, y es de suma importancia son los cambios que ha producido, o aquellos que todavía están por producir o acelerar, en la geopolítica internacional y el Orden Mundial el fenómeno del coronavirus. Se dice que la crisis económica de la “Gran Depresión” de 1929, sin olvidar el alza del nazismo y la II Guerra Mundial, fue parte del conjunto de acontecimientos que dieron el nacimiento de un Sistema Internacional bipolar llamado Guerra Fría, entonces, la duda es, ¿si economistas dicen que entramos en una crisis económica de mayor nivel que la de 1929 a la que se empieza a llamar “El Gran Confinamiento”, sin haberse curado todavía la crisis de la “Gran Recesión” de 2008, esto provocará la creación de un nuevo Sistema Internacional?
El conflicto geoestratégico entre el mundo unipolar y un mundo multipolar no es algo nuevo, es un debate creciente, podemos decir, nacido a inicios del siglo XXI. Cosas cambiaban en el mundo, y el “Fin de la Historia” no se producía; entraba el euro como moneda de pugna al dólar en la economía internacional, Francia y Alemania se oponían a la Guerra de Irak (no por Derechos Humanos sino por interés de contratos petroleros con Saddam Hussein) dividiéndose la OTAN y poniendo en debate la validez del Consejo de Seguridad de la ONU, se buscaba la reforma del FMI para eliminar el veto de Estados Unidos, China daba inició a su expansión al mercado internacional tras su crecimiento industrial y tecnológico para convertirse pronto en la segunda potencia económica del mundo, Rusia volvía a recuperar su imaginario de gloria nacional como potencia política internacional con Putin a la cabeza, o en América Latina (el patio trasero) se daban movimientos contra el Consenso de Washington y el ALCA con victorias electorales como la de Hugo Chávez, Evo Morales, Lula, Correa o Kirchner.
El debate entre unipolaridad y multipolaridad entraba en escena. Obama (2008-2016) hizo algunos gestos a favor de lo segundo, como restaurar Estados Unidos sus relaciones diplomáticas con Cuba, pero sin abandonar la Ley Helms Burton y la Ley Torricelli, las negociaciones del G5+1 con Irán, o la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU a la injerencia militar en Libia a diferencia de la intervención militar unilateral en la invasión de Irak.
Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016, la política exterior de Estados Unidos ha dado un giro, y lo poco que se había avanzado, con gran esfuerzo diplomático internacional, se derrumbaba. Trump cumpliendo con su lema ultrachovinista de la unipolaridad “American, First”, con sus principales socios internacionales, Arabia Saudí e Israel, dos países incluidos en la primera gira de Trump al exterior en mayo de 2017. En sus principales gestos de la política internacional han estado: endurecer el bloqueo contra Cuba y Venezuela, apoyar el golpe de Estado en Bolivia, sacar a Estados Unidos del G5+1 embargando a Irán, retirarse del Acuerdo de París sobre política ambiental, romper con el Tratado Sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) con Rusia, abandonar el Tratado de la ONU sobre el comercio de armas, aceptar Jerusalén como capital de Israel trasladando allí la embajada de Estados Unidos, aumentar los aranceles a productos de la Unión Europea como aceite de oliva o vinos, o ser el primer presidente norteamericano en pisar suelo norcoreano en visita oficial para abordar asuntos de armas nucleares con Kim Jong-Un, de manera bilateral, excluyendo a China y Corea del Sur.
Dialécticamente, con una realidad más multipolar pero, contradictoriamente, a la vez, con Estados Unidos más cerrado en su política unipolar, la epidemia del Coronavirus podrá ser un punto revolucionario (en el sentido de cambio radical, lo bueno o malo se lo dejo al lector) en la geopolítica internacional. Vayamos por puntos:
- Las autoridades de la República Popular China en su gestión contra la pandemia del coronavirus han ganado un prestigio internacional considerable por dos elementos. En primer lugar, por aumentar su cooperación internacional con otros países que sufren la pandemia considerablemente, tanto en el comercio de material médico como el traslado de información para retener la expansión del virus. Y en segundo lugar, conseguir con medidas bruscas y de estricto control ciudadano vencer la extensión del virus en China, generando un debate político de si el modelo chino de planificación estatal y colectivismo es más viable que los modelos occidentales de iniciativas individuales en una Sociedad del Riesgo Globalizada. El prestigio de China en el escenario del Sistema Mundo ha provocado la alteración de Trump de llamar constantemente al coronavirus “virus chino”, o que algunos medios occidentales generasen ataques sobre si los datos de China respecto a las muertes del coronavirus estaban manipulados, al ser muy inferiores que en Estados Unidos o Europa. Como dice la Teoría de la Distracción, estrategia de desprestigiar a un enemigo externo para ocultar los problemas internos. No olvidemos que Estados Unidos es el primer país del mundo con más fallecidos por coronavirus.
- Mientras la Unión Europea ha presumido de ser la estructura supranacional más institucionalizada y orgánica del mundo, adaptada a los nuevos tiempos de los regionalismos y la globalización por encima de los Estados-Nación, el coronavirus ha conseguido desenmascarar que lo de “Unión” es una quimera, con la previa grieta del BREXIT. Algo que ya nos adelantó la crisis del 2008, empezándose a hablarse de la “Europa a dos velocidades” (Norte/Sur) o mensajes discriminatorios como los países PIGS (cerdos en inglés) en referencia a Portugal, Italia, Grecia y España. El Coronavirus no solamente ha conseguido que por primera vez toda la UE suspenda temporalmente el Espacio Schengen, que puede entenderse como medida de prevención al restringir la movilidad ciudadana entre los Estados, sino que ha provocado que la UE haya dejado en el total abandono a los países más afectados por el virus (como Italia y España). Ni Alemania ni Holanda aprueban los coronabonos, es decir, que la deuda de Italia o España para reconstruir sus economías, tras la crisis del coronavirus, sea una deuda de toda la Unión y no solo de los Estados al ser un fenómeno global. El Coronavirus ha dejado claro que Europa no es un todo (holismo), sino una suma de muchos (reduccionismo) y cada uno con sus intereses nacionales.
- La brecha en Europa no solo ha sido bajo los elementos macroeconómicos, sino también sobre la solidaridad y la cooperación entre pueblos. Italia ha sido el país europeo que ha padecido primero la ola asiática del coronavirus, falleciendo cada día centenares de personas y saturando los servicios médicos, quedándose sin materiales sanitarios y de auxilio para poder atender a miles de afectados. Eligiendo el personal médico entre la dura dicotomía, posiblemente la peor de su carrera profesional, sobre a qué paciente socorrer (vida) y a qué paciente no socorrer (muerte), dados los escasos recursos. Y mientras, ¿qué hacía Europa? Dejaba morir a los vecinos europeos. La ausencia de ayuda de la UE a Italia, o incluso de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN), siendo Italia el segundo país europeo con más bases militares, y el coronavirus matando a más personas que cualquier atentado terrorista hicieron que la región de Lombardía, la más afectada por el coronavirus, fuera a pedir ayuda a militares de Rusia, a técnicos de China e incluso a médicos de Cuba. Era la primera vez que el país latinoamericano, reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un “sistema de salud modelo para el mundo” con su medicina preventiva por encima de medicina curativa del modelo capitalista, enviaba una brigada médica (en este caso, la Henry Reeve, por su especialidad en epidemias) a un país de la Europa Occidental. O también la primera vez que militares rusos, desde el final de la II Guerra Mundial, pisaban suelo de la Europa Occidental. Nuevos vientos entraban en el Sistema-Mundo, Oriente ayudando a Occidente, o el Sur auxiliando al Norte.
- Trump paralizó los fondos de Estados Unidos a la OMS, el mayor donante voluntario de la organización internacional, al señalar que no solo la OMS no criticaba la gestión de China sobre el “virus chino” sino que incluso la alababa. Palabras que, por el contrario, no recibía el gobierno de Estados Unidos. China de esta manera ganaba puntos de prestigio sobre Estados Unidos en plena “guerra comercial”, y Trump viendo que a pesar de Estados Unidos donar el 76% de todos los fondos voluntarios de la OMS, es decir entre 400 y 500 millones de dólares, mientras China solo 40 millones, no recibía un rédito político para su imagen internacional. Una de las respuestas notorias contra la postura violenta de Trump hacia la OMS, fue la del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), el actor internacional más numeroso, después de la Asamblea General de la ONU, compuesto por 120 países de todo el mundo. No solo la MNOAL en su última Cumbre Virtual salió en defensa del trabajo científico de la OMS para apostar por la máxima cooperación internacional en la lucha contra el coronavirus, sino que además el país que preside actualmente el organismo, Azerbaiyán, donó 5 millones de dólares a la OMS. Los países del Sur apostando por una política de cooperación multilateral por encima del cierre unilateral de Estados Unidos.
- Desde la fundación del FMI en 1945 siempre ha decidido Estados Unidos, dado su derecho a veto y el no aceptar una reforma, a quién presta y a quién no presta capital el organismo y con qué condiciones. Con la crisis económica que está generando el coronavirus, el FMI ha negado cualquier préstamo a Irán o Venezuela, mientras si se lo ha otorgado a Ecuador o a Túnez, con el fin estratégico de seguir bloqueando Estados Unidos a aquellos países que resisten a sus políticas expansionistas. A pesar de seguir siendo el FMI una institución central en la arquitectura económica internacional, han surgido nuevas estructuras contrahegemónicas. El negarse Estados Unidos a perder su derecho a veto, hizo que China y Rusia abrieran nuevos frentes alternativos. El nuevo Banco de Desarrollo del grupo BRICS creado en 2015, compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica que destinará 15.000 millones de dólares para la recuperación económica de estos países del Sur o No Occidentales. O el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), que empezó sus operaciones en 2016 como contrapeso al FMI y al Banco Mundial (BM) y donde ya participan 80 países con la última y reciente incorporación de Uruguay, aprobando 10.000 millones de dólares. Irán ya es miembro de la institución y Venezuela está en proceso de adhesión. De esta manera, aunque todavía le queda mucho por recorrer, los países a los que el FMI excluya, es decir Estados Unidos, para financiar sus proyectos de reconstrucción tras el desastre económico del coronavirus podrán tener la ayuda de otras instituciones. Un paso más de la multipolaridad.
Existe hoy una gran incertidumbre hacia dónde se dirigirá el Sistema-Mundo. Si estamos viviendo el fin acelerado de una etapa histórica tras la aparición del coronavirus, el multilateralismo, con el agotamiento de la hegemonía de Estados Unidos, una Unión Europea en decadencia volviendo al realismo de los estados como entidades supremas, China como la nueva superpotencia, la alianza chino-rusa traspasando el centro de poder de Occidente a Oriente, el retorno de una fuerte cooperación entre países del Sur para hacer frente a los dominios del Norte,… o simplemente es un desorden temporal que volverá a reconstruir el actual Orden Mundial dominado por Estados Unidos.