Más Atención Primaria, mejor sanidad pública
Adolfo Telmo Pérez
Médico de Atención Primaria
De golpe, nos encontramos con las consultas vacías, no había pacientes, delante teníamos un enorme listado de personas a las que teníamos que llamar por teléfono. En Galicia se habían cerrado los Centros de Salud (CS) y con esa decisión de las autoridades sanitarias nos trasmitían que la Atención Primaria (AP) era prescindible, pensáramos lo que pensáramos los médicos y las médicas de AP y todas las asociaciones médicas. Nada más lejos de la realidad, los profesionales han entendido que el cierre de los CS no significa el cierre de la AP. Hasta ahora hemos atendido a casi un millón de pacientes (algunos, posiblemente, casos de COVID-19 o con sintomatologías respiratorias leves), de los que sólo una mínima parte llegaron al hospital, lo que permitió, según relata la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFyC), “desestresar el sistema y que las unidades hospitalarias se focalicen en la atención a los más graves, así como en los cuidados intensivos”. Lo que indica el enorme papel que está cumpliendo la AP, a pesar de recortes y años de abandono.
Las consultas son telefónicas y en el CS se han preparado espacios para atender a los pacientes que acuden con clínica respiratoria u otros síntomas no respiratorios, pero con sospechas de estar infectados por el COVID-19. Se realizan las curas y controles habituales de anticoagulaçión. Seguimos acudiendo a los domicilios que no pueden esperar, porque a pesar del COVID existen patologías que no admiten demoras. En la consulta te enfrentas a un listado enorme de llamadas, cada llamada es una historia que contar. Hablamos con afectados por el COVID, porque el seguimiento de la mayoría que no ingresa en el hospital o de los que han sido dados de alta es labor de la Atención Primaria; y seguimos dando atención a los demás pacientes, pero de forma telefónica, agudizando los sentidos para que no se nos escape nada y recurriendo a las nuevas tecnologías, les damos nuestro móvil para poder hacer videoconferencias o nos envíen una foto de algo que les preocupa. La idea es que nadie piense que les hemos abandonado.
Hemos sido ajenos, ya lo éramos antes en gran medida, a lo que estaba pasando en las Residencias de Mayores, que han sido terreno vedado. Las Residencias han sido un foco de contagios y propagación que han causado un enorme número de muertes. En realidad, ya lo habíamos denunciado algunos médicos hace tiempo, las Residencias de Mayores están al margen de la Sanidad Pública, los cuidados que allí se ofertan no están directamente supervisados por médicos de Medicina Familiar y Comunitaria. Sería necesario que las Residencias, sean públicas, concertadas o privadas, cumplan unos estándares de calidad transparentes que puedan ser evaluados por los sistemas públicos de salud y la ciudadanía. Los cuidados sanitarios deben llevarse a cabo por profesionales homologados, con titulación por el sistema MIR; no puede haber puertas traseras que permitan cuidados más que cuestionables.
Cada día notamos más el peso del confinamiento en las familias. El coronavirus y el confinamiento nos vuelven a mostrar que en este país no hay suficiente vivienda social, pero abundan y sobran viviendas inadecuadas y desahucios.
Un porcentaje significativo de las personas infectadas por coronavirus es personal sanitario, la mayoría mujeres. Es el más alto porcentaje del mundo, al igual que las estadísticas de compañeros y compañeras fallecidos. Tenemos que conocer mejor las circunstancias, pero ya sabemos que hemos trabajado, sobre todo durante las primeras semanas, sin las protecciones adecuadas y, a día de hoy, los test no llegan a todos los profesionales. Es curioso que el Sr. Feijóo haga su propia encuesta epidemiológica [1] al margen de la propuesta por el Ministerio de Sanidad. Por cierto, con los mismos tipos de test que no le parecían adecuados cuando los proponía el Gobierno, y que no tenga a bien dedicar una parte de esos test a los profesionales, cuando sabemos ya que los sanitarios somos focos de transmisión y fuentes de nuevos contagios en cada domicilio al que vamos o en cada cura que hacemos. No basta con echar la culpa a las circunstancias o los mercados, hay responsabilidades y deben ser sustanciadas.
Necesitamos datos sociodemográficos de la pandemia, aunque ya sabemos que las mujeres son mayoría en los trabajos de los cuidados y, por tanto, las más expuestas; por eso, en nuestro país, hay más mujeres afectadas que hombres.
Tenemos dos prioridades en Atención Primaria: aumentar nuestro peso en el seguimiento y diagnóstico de nuevos casos COVID-19; y diseñar una AP post-COVID con más recursos y capacidad y de mayor calidad.
Hay herramientas, procedimientos y protocolos que han venido para quedarse. Las videollamadas y los sistemas informáticos (la empresa Vortal, participada por Microsoft, Telefónica e Indra, gestiona actualmente la teleasistencia y las recetas e historias clínicas electrónicas en Galicia), deben ser mejorados. De igual manera, será necesario mantener el distanciamiento social en los Centros de Salud, con los retos que esto plantea a los más pequeños y menos dotados. Mantenimiento y mejoras que serán imposibles si no se aumenta la inversión, los medios y un personal con titulación homologada, en lugar de recurrir a sustituciones que se prolongan durante un tiempo indeterminado con personal sanitario que no tiene la titulación o la homologación requeridas.
No estoy seguro de que el mando único de Sanidad haya traído más eficacia, lo que sí puedo afirmar es que ha concentrado toda la atención y todas las críticas. Después de tantos años con las competencias sanitarias transferidas a las Comunidades Autónomas, es posible que la falta de medios humanos en el Ministerio de Sanidad sean un factor importante a tener en cuenta al valorar su gestión, sin por ello querer reducir su meritoria labor o velar los errores o deficiencias en su gestión que haya podido cometer. Las CCAA se parapetan tras el Ministerio a pesar de tener transferidas las competencias, eluden sus responsabilidades y nos sitúan a los sanitarios en medio del fuego cruzado de una guerra que es un enorme alarde de irresponsabilidad.
Necesitamos más test y, sobre todo, más test rápidos. Ya sabemos lo complicado que es abastecerse en un mercado que no duda en ofrecer productos caros, defectuosos o sin la calidad adecuada. Y conocemos muchos ejemplos, aquí y en el resto de Europa, de compras de test rápidos o mascarillas que estaban defectuosos, en unos mercados en los que se ha impuesto el todo vale, también jugar con la vida y la salud de las personas, con tal de hacer negocio; pero precisamente por eso es exigible una mayor diligencia, atención y seguimiento por parte de las autoridades en las compras del material sanitario. Puede haber problemas de comunicación, pero hay también problemas relacionados con una insuficiente capacidad de gestión que deben atenderse con rapidez para que no vuelvan a repetirse casos similares.
La pandemia va a cambiar la Atención Primaria, sin duda. Que lo haga en un sentido positivo, para conseguir mayores y mejores estructuras y una oferta sanitaria suficiente y digna, dependerá de que los defensores de la Sanidad Pública, las personas que defendemos que la salud no puede ser un negocio ni estar subordinada a la capacidad de pago de los pacientes, pensemos las tareas que tenemos por delante y acertemos a interesar y movilizar en su defensa a la mayoría social, hoy y mañana.
Notas:
[1] La Xunta de Galicia ha puesto en marcha un gran estudio epidemiológico para conocer la incidencia del COVID-19 entre la población gallega. Son 50.925 test, suficientes como para dedicar una parte al personal sanitario. El Servicio Galego de Saúde (SERGAS) se va a servir de los test rápidos que les entregó el Ministerio de Sanidad y cuya utilidad clínica fue discutida durante semanas por el presidente del gobierno gallego, Alberto Núñez Feijóo.