El Desafío de la Segregación Escolar en España
Cynthia Martínez Garrido
Profesora del área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid
Desde que en el año 2018 saliera a la luz un estudio[1] en el que se comparaba el nivel de segregación escolar en España con el resto de países de la Unión Europea, el debate acerca de la segregación de nuestras escuelas se ha puesto en boca de todos. Familias, docentes y políticos han opinado, argumentado y hasta puesto en marcha lo que pueden ser unos inicios interesantes para luchar contra la segregación escolar.
Así lo ha sido, por ejemplo, la propuesta incorporada en la famosa Ley Celaá para acabar con la separación por sexo de los estudiantes en las escuelas. Y es que, la segregación escolar no es una simple casualidad, ni tampoco un fenómeno inocente y atípico de generación espontánea. Al contrario, tras la guetización de nuestras escuelas hay responsables y responsabilidades a considerar. Si un grupo mayoritario margina a los colectivos minoritarios lo que se está produciendo es un acto deliberado, intencionado y voluntario de abandono. Y, por lo tanto, cuando se concentra a un determinado tipo de estudiantes en determinadas escuelas impidiéndoles acceder a los recursos, las garantías y la riqueza de la diversidad que aporta una enseñanza de calidad, entonces, lo que se está produciendo es un acto cruel e injusto que traiciona cualquier pilar sobre los que se sostiene el sistema educativo actual. Así que, cuando por primera vez, el término "segregación" aparece en una de nuestras tan numerosas leyes educativas no podemos estar más que reconfortados al percibir que los problemas reales a los que se enfrentan los y las docentes, familias y estudiantes están siendo escuchados por los y las tomadores de decisiones.
Parece que todos estamos de acuerdo. El debate público refleja un amplio consenso acerca de la necesidad de luchar contra la segregación escolar, sin embargo, no se alcanza tanto acuerdo para determinar cómo iniciar esta lucha. Haber reconocido que en nuestros pueblos y ciudades, más allá de la escuela del barrio o la de toda la vida, están las escuelas para ricos y para pobres o las escuelas de los inmigrantes es sin duda un enorme paso para comenzar considerando que nos falta mucho camino por delante.
Hace 20 años cuando España iniciaba su andadura en la Evaluación Internacional PISA nos vanagloriábamos de encabezar los rankings internacionales en términos de equidad. Hoy, que España se posicione a la cabeza de los países de la Unión Europea por sus altos niveles de segregación en sus escuelas demuestra, como decíamos, que no hay casualidades sino una intención clara por jerarquizar la sociedad, nuestras escuelas y aulas en torno a una relación de poder que enfrenta a opresores y oprimidos. Y que, como consecuencia, sólo podrá generar declive y pobreza. Siguiendo las palabras del sociólogo Colins Barnes, “no hay un remanso de independencia o un punto medio cuando se investiga la opresión: los académicos e investigadores solamente pueden estar del lado de los opresores o de los oprimidos”. Elijamos posturas.
Son múltiples las causas que están detrás de la segregación de nuestras escuelas. Algunas de ellas escapan del terreno educativo como, por ejemplo, la organización de los territorios, la planificación en la construcción de viviendas o los movimientos migratorios internacionales. Sin embargo, hay otras medidas sobre las cuáles sí es posible actuar. Por poner tan sólo algunos ejemplos, cuando se equipara la educación al libre mercado bajo el falso eslogan de la libertad de elección de las familias a elegir un centro para sus hijos e hijas, a lo único que se está ayudando es a que las familias, sólo aquellas que se lo pueden permitir, sean capaces de ejercer esa elección libremente aumentando con ello la segregación.
Cuando se implanta la medida de que nuestros centros educativos sean bilingües –recordemos que hay Comunidades Autónomas como la Comunidad de Madrid en las que el bilingüismo ha llegado ya al 50% de los centros de Educación Primaria e institutos– dejando barrios y localidades enteras sin alternativas de centros educativos no bilingües a lo que se está ayudando es a que aumente la segregación dentro de los barrios. Y es que tan sólo aquellas familias con mayores recursos económicos y culturales eligen los centros bilingües, es decir, aumenta la segregación. O, cuando se desarrollan políticas que fomentan la educación privada, ya sean centros religiosos o laicos, bajo la falsa propuesta de confirmar la pluralidad de la oferta educativa en vez de establecer como prioritario el desarrollo de un sistema educativo público más equitativo lo que está promoviendo es, de nuevo, al aumento de la segregación.
Y quiénes más lo sufren son los de siempre. Los y las estudiantes ven afectado su desarrollo educativo, de un lado, porque existe un impacto diferencial de la segregación escolar sobre el rendimiento académico de los colectivos más pobres y los más favorecidos. De otro, porque se está privando al alumnado de la riqueza de desarrollarse en un aula y una escuela diversa que refleje la riqueza cultural de la sociedad. Los maestros y maestras de los centros educativos segregados que son los que quizá enfrentan mayores dificultades, claustros más inestables donde es más difícil hacer un seguimiento, poner en marcha proyectos educativos innovadores, planes de mejora o el desarrollo del tan necesario trabajo en equipo con el resto de profesionales de la escuela. Y no digamos las familias que, confiando en un sistema educativo que respete la igualdad de oportunidades, se dan de bruces con un currículum alejado de la realidad de los alumnos que no es más que el reflejo de una situación de partida que es siempre injusta.
La escuela del hoy necesita urgentemente ayuda. La segregación escolar es una lacra de los sistemas educativos que está ahogando la calidad de la enseñanza, la riqueza de una educación en diversidad, y que injustamente está legitimando las desigualdades sociales. Posicionémonos del lado de los oprimidos como decía Barnes y aunemos esfuerzos para que los y las políticos, tomadores de decisiones, docentes y familias debatan y consensuen medidas que ayuden a reducir los niveles de segregación en las escuelas construyendo así una sociedad más inclusiva y justa.
Notas:
[1] Murillo, F. J. y Martínez-Garrido, C. (2018). Magnitud de la segregación escolar por nivel socioeconómico en España y sus comunidades autónomas y comparación con los países de la Unión Europea. RASE: Revista de Sociología de la Educación, 11(1), 37-58. https://ojs.uv.es/index.php/RASE/article/view/10129/10853