Sin consenso, por favor
Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
“El Estado es todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio, sino también logra obtener el consenso activo de los gobernados”.
A. Gramsci
Cuando hace eones me afilié a PCE, lo primero que hice fue meterme diez días en una escuela de formación que por aquel entonces dirigía Manuel Monereo. Éramos jóvenes, un poco impetuosos y con muchas ganas de debatir y entre la variedad de alumnos que allí encontré, había un grupo que habían conformado una tendencia interna a la que dieron el glorioso nombre de “Consenso pa tus muertos”.
Me encantaron. Querían denunciar, de forma popular y jocosa, que las apelaciones a la unanimidad pretenden ocultar el conflicto y que éste es necesario, no solo para la existencia del pensamiento crítico, sino para que toda dinámica social avance. Sigo pensando, como pensé entonces, que tenían razón.
No me malinterpreten, defiendo la necesidad de llegar a acuerdos, la unidad de acción, tejer alianzas y los debates entre diferentes y lo hago porque en cualquiera de estas categorías se reconoce lo esencial que el consenso niega, es decir, el porqué del ser distintos.
Y sigo explicándome para que no me crucifiquen ustedes sin terminar de leer el artículo. Cuando todos estamos de acuerdo en algo hay consenso, y eso está bien porque en este caso es una consecuencia: estamos todos de acuerdo, ergo hay consenso. El problema es cuando se pretende que sea al revés.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando, en medio del dolor por esta crisis devastadora, oigo al presidente del gobierno hacer apelaciones grandilocuentes al consenso entre todos los partidos para salir de esta, con la descarada intención de apelar a lo que Juan Andrade, con finísima ironía, una vez llamo “el espíritu de consenso de aquellos maravillosos años”. Otra vez la maldita transición, aquel entronizado tiempo en que se fraguó la fábula, la leyenda, el cuento de hadas de cuando todos cedieron amigablemente algo para sacar la democracia adelante.
Yo sé que el pensamiento crítico es como un grano en el culo, no te deja sentarte cómodamente en el sillón de la complacencia, pero para eso estamos. Hoy sabemos que la transición cambió formas, pero dejó intactas estructuras de poder político, judicial y, sobre todo, económico y que lo mejor de aquel periodo se conquistó a base de luchas que arrancaron derechos a los que nunca quieren cederlos. Vivimos una crisis terrible cuyas consecuencias prevemos aún más duras y sería bueno que en vez de apelaciones idealistas a un mito, echáramos una mirada crítica al pasado reciente para no volver a equivocarnos.
Los lectores conocen perfectamente lo que ocurrió durante la anterior crisis económica, así que me ahorro exponer lo que significaron la austeridad y los recortes, los rescates a la banca y la devaluación salarial, los desahucios y los fondos buitre, los regalos fiscales y el no llegar a fin de mes. Pero quizá esté bien recordar en política quién defendía qué y a quién representaba.
Ingenuidades aparte, a las elecciones se presentan distintos partidos políticos porque son la representación de un conflicto. Defienden intereses distintos (de clase, de fracción de clase o de identidad) por lo que apelar al consenso entre quienes defienden regalos a la banca y los que queremos nacionalizarla, no es racional. Es pretender que churas y merinas sean una sola oveja, que tirios y troyanos vayan de la mano o que amos y esclavos piensen igual.
La derecha española, tan atávica ella, no aceptará nunca acuerdos ni siquiera cosméticos o superestructurales, al considerar el poder y este país su patrimonio hereditario. Esto lo sabe quien al consenso apela así que, ¿por qué lo hace? Más allá de la miope disputa por la narrativa, la única respuesta posible, consciente o inconsciente, es que apelan al consenso, precisamente, para evitar el conflicto.
Y aquí entra la maravillosa paradoja de esta crisis.
Ahora que el rey está desnudo, que nos estalla la falta de medios, los recortes en sanidad, la precariedad en los contratos y la debilidad económica, surge con fuerza un nuevo sentido común, un consenso social (del bueno, al ser una consecuencia) sobre el que construir la salida de esta crisis con un amplísimo acuerdo. La opinión pública, el sentido de nuestro tiempo (llámenlo como quieran) nos marca el camino que me atrevo a resumir en tres obviedades, hoy evidencias, sobre las que sí se está construyendo el consenso social para la era pos-vírica:
Evidencia uno: necesitamos más Estado y esto no hay quien lo cuestione; mejor sanidad y educación pública, una economía que produzca cosas y repensar el camino para dejar de ser La Florida de Europa.
Evidencia dos: cuando ha hecho falta, quienes estaban ahí no eran accionistas encorbatados, sino una cajera de supermercado, una doctora de la seguridad social, un policía local, la bici de un repartidor y la azada de una agricultora, una pyme reconvertida para hacer mascarillas o una cuidadora mal pagada yendo cada día a trabajar a ese horror que han sido las residencias de mayores. Los que nos cuidan, nuestros héroes, la épica de una clase trabajadora que merece ser la protagonista de la reconstrucción, que tomemos partido por ella.
Evidencia tres: cuidar importa. La responsabilidad con la que la inmensa mayoría nos hemos tomado el confinamiento, para cuidarnos entre todos, ha hecho que el muro entre el trabajo productivo (el asalariado, el que produce) y el trabajo reproductivo (cuidar a niños y niñas, a nuestros mayores, hacer la compra, la comida…) sea más visible y un poco más difuso.
Utilizando un razonamiento lógico, estas tres evidencias concluyen en la inexcusable necesidad de intervención pública y menos mal que nos ha pillado con un gobierno de coalición progresista. De ahí la agresividad patológica de Vox (ellos, en sí, son una patología), la irracionalidad del PP, la reacción de la patronal y el miedo en el IBEX. Ninguno de ellos, ni a quienes representan, van a ceder graciosamente sus privilegios.
Si apostamos por una reconstrucción del país para la mayoría social, va a haber conflicto. Es inevitable.
No hay salidas salomónicas que puedan contentar a todos, si en ese “todos” se incluye a los que usan paraísos fiscales, abusan de contratos precarios o quieren dinero público para ellos y mando dura para los demás. Pero sí una salida social perfectamente posible, técnicamente viable y socialmente aceptada: más estado, más industria sostenible, más protección social y laboral y, sobre todas las cosas, embridar la cantidad cósmica de dinero inyectado a los mercados financieros para que no sean éstos y su ruleta de casino quienes acaben decidiendo qué va a pasar con nuestras vidas.
Las salidas salomónicas son falsas; a fin de cuentas, el rey Salomón no partió el niño por la mitad para contentar a las dos mujeres que proclamaban ser su madre; se lo dio enterito a su madre verdadera. Hizo justicia. Tomó partido.
Más intervenciones
Reflexión colectiva en tiempos de confinamiento
El coronavirus acabó atropellando al mundo y lo dejó maltrecho. La pandemia y el confinamiento han trastocado en los dos últimos meses nuestras vidas y todos nuestros planes. Hemos tenido que acomodarnos a una nueva, incómoda y, en muchos casos, terrible situación.
Gonzalo Andrés García Fernández
Historiador. Investigador en el Instituto Universitario de Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá
¿Se ha transmutado nuestro pasado en nuestro nuevo futuro?
De una forma un tanto burda podríamos decir que el presente, nuestro presente, se nos ha abalanzado. Y que en dicho repentino y salvaje suceso se nos ha arrebatado por el camino nuestro frágil pero existente futuro inmediato. Una vez desprovistos del mismo, sea tanto para bien como para mal, nuestro futuro inmediato ha sufrido de una especie de reprogramación exógena realmente abrupta por parte de las denominadas “autoridades científicas”.
Abogado. Exdiputado en el Parlamento catalán. Autor del libro “La nostra policia”. Miembro del Consejo Nacional de Catalunya en Comú
Pandemia, seguridad y libertades
La pandemia que afecta nuestro presente va a condicionar nuestro futuro en muchos ámbitos, entre ellos los relacionados con la seguridad. Nos vamos a enfrentar a polémicos retos hasta ahora tan solo intuidos, como los derivados de la geolocalización por teléfono o de la obtención de datos de movilidad, que podrían afectar a derechos como el de la protección de datos personales; la posible expedición de certificados de inmunidad puede generar nuevos tipos de discriminación.
Profesor de Teorías Políticas en la Universidad de Camagüey Cuba. Máster en Ciencias Políticas y profesor auxiliar
El mundo post pandemia
Circulan por estos días hermosos poemas, cartas, canciones, llamando a los habitantes del planeta Tierra a enfrentar unidos el peligro de la pandemia. Invitaciones a un mundo diferente cuando pase este suceso, expresiones vaticinando que sobrevendrán nuevos valores que serán compartidos por todos: valores limpios, solidarios, altruistas y de hermandad entre las personas, alejando para siempre la mezquindad, el odio y las diferencias entre razas, religiones, sexos, poder adquisitivo, que han prevalecido desde la antigüedad.
La bolsa o la vida
Uno de los grandes dilemas en la respuesta a la covid-19 ha sido la de decidir si poner o no a hibernar la economía, con el fin de contener la pandemia y evitar que el colapso sanitario impidiera salvar muchas vidas.
La geopolítica mundial en la covid-19
Espacio Público ha abierto un interesante, pero a la vez complejo, debate titulado “Qué nos estamos jugando en esta crisis”, rompiendo el hielo el director de la misma Fundación, Orencio Osuna, con un texto “Ahora y Después de la Pandemia”. La gran mayoría de intervenciones están enfocadas en variopintos ámbitos, desde la economía, política nacional, seguridad ciudadana, libertades individuales y colectivas, nuevas tecnologías, sistema sanitario, el papel del Estado o la Unión Europea, y otras muchas que no nombro no por su destacada transcendencia sino para no hacer una retahíla cansina. La mejor manera es que el mismo lector haga un estudio de los interesantes textos de los colaboradores.
Pensar en tiempos de covid-19
Escribo estas líneas mientras me preparo para mi primer paseo, después de un largo encierro, obligado por un virus que ha llegado a nuestras vidas para poner todo patas arriba.
Coronavirus y modelo de protección social. Una oportunidad para pensar y avanzar
La crisis del Coronavirus es en primer lugar una crisis sanitaria. Pero no sólo eso, el Coronavirus ha provocado una crisis total, una pandemia con consecuencias sociales y económicas difíciles de evaluar a día de hoy.
La urgente reforma de las políticas de Salud y los Servicios Sociales
Sumidos en la crisis del coronavirus, aún es pronto para saber cuáles van a ser las consecuencias sociales, económicas y políticas, ni en la sociedad española ni en Europa ni el mundo globalizado. Tampoco podemos aun asegurar cuales van a ser las respuestas de carácter más estructural que van a impulsar los gobiernos y las instituciones supraestatales. Nos movemos, por tanto, en un terreno muy inestable y cambiante, en el que es difícil pronunciarse con un mínimo rigor y seguridad.
Investigador del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos (IELAT) - Universidad de Alcalá (UAH)
El impacto de la COVID-19 sobre la desigualdad
A medida que pasa el tiempo se van dibujando con mayor nitidez todas las aristas de este fenómeno epidémico poliédrico que es la COVID-19, tan intenso localmente y de dimensión mundial, y sus repercusiones.
Virus que viajan de Norte a Sur
África subsahariana, la población más joven y de crecimiento más rápido en el mundo. Si se diera un descenso de la tasa de fecundidad, la tasa de población activa sería mayor aumentando el ingreso familiar. El que pudiera darse un salto así requeriría, además de empleo, una juventud sana y formada. Gobiernos y tutores neo-coloniales deberían invertir en salud y en capacitación desde la infancia, aunque sólo fuera porque la educación, la salud, los derechos sexuales y reproductivos y la igualdad entre géneros facilitarían la inclusión productiva de las personas jóvenes.
Escenarios post-crisis: oportunidades y amenazas
Aunque la del “capitán a posteriori” ha sido una de las metáforas más exitosas de esta crisis, lo cierto es que los debates sobre los eventuales escenarios postcrisis nos sacan también ese otro “capitán a priori” que todos llevamos dentro. Optimistas irredentos aprecian señales evidentes de que nada volverá a ser igual. De que la crisis es ante todo un momento de oportunidad. Un momento que deja al desnudo las impudicias del sistema-mercado y refuerza la necesidad del vínculo comunitario y la demanda de intervención pública. Para algunos. incluso, esta será la crisis definitiva de un capitalismo que ya estaba agonizante. No lo sé, pero desde que tengo uso de razón estoy escuchando lo del entierro del capitalismo, mientras veo al enfermo cada vez más activo, observando cómo le pasan delante los ataúdes de muchos de sus enemigos.
El papel de los gobiernos de Italia y España en la pandemia: una propuesta mediterránea para dar un nuevo impulso al proyecto europeo
La pandemia está golpeando duramente y con una intensidad sin precedentes la economía mundial. Los primeros datos oficiales de China, Francia, la Unión Europea o los Estados Unidos, por ejemplo, así como los primeros estudios de las instituciones internacionales de referencia, dibujan un escenario nefasto y una profunda crisis económica y social solo comparables a la Gran Recesión y a las dos Guerras Mundiales.
Profesor de Organización de la Salud Pública (UPF, Máster Salud Pública). Focalizado en la perspectiva europea
Consideraciones sobre la escala europea y global en la respuesta sanitaria: Misión, gobernanza, bien público
Esta emergencia sanitaria ha puesto brutalmente de manifiesto a escala europea y global tanto la densidad de los vínculos como la interdependencia. En el plano económico muchos economistas, como por ejemplo Lídia Brun, están insistiendo estos días en la necesidad de mancomunar respuestas, en buscar soluciones de reconstrucción que requieren la escala europea y global. Plantean que no es sólo una cuestión de “solidaridad”, o de apelaciones morales, sino que también es una cuestión de interés común y compartido. Aunque los impactos sanitarios y económicos puedan tener en un momento determinado intensidades diferentes, las evoluciones temporales no son sincrónicas y además la situación en un lugar acaba repercutiendo en los otros. De manera que, en los niveles estatales, quizás debería empezar a imponerse también una lógica de aseguramiento colectivo con el resto de actores europeos e internacionales, es decir, un paradigma de mancomunar capacidades, y de protección y cobertura frente a los riesgos que vendrán. Esta aproximación se necesita aún más en el plano sanitario y de la salud pública.
Más Atención Primaria, mejor sanidad pública
De golpe, nos encontramos con las consultas vacías, no había pacientes, delante teníamos un enorme listado de personas a las que teníamos que llamar por teléfono. En Galicia se habían cerrado los Centros de Salud (CS) y con esa decisión de las autoridades sanitarias nos trasmitían que la Atención Primaria (AP) era prescindible, pensáramos lo que pensáramos los médicos y las médicas de AP y todas las asociaciones médicas. Nada más lejos de la realidad, los profesionales han entendido que el cierre de los CS no significa el cierre de la AP. Hasta ahora hemos atendido a casi un millón de pacientes (algunos, posiblemente, casos de COVID-19 o con sintomatologías respiratorias leves), de los que sólo una mínima parte llegaron al hospital, lo que permitió, según relata la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFyC), “desestresar el sistema y que las unidades hospitalarias se focalicen en la atención a los más graves, así como en los cuidados intensivos”. Lo que indica el enorme papel que está cumpliendo la AP, a pesar de recortes y años de abandono.
Catedrático emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Las consecuencias económicas y sociales de la pandemia
El confinamiento al que nos ha conducido la pandemia es duro, ya está generando problemas psicológicos en muchas personas y los agravará en el futuro. Los trastornos pueden ser muchos y de diversa índole. Las consecuencias que puede tener en la evolución de los niños no las sabemos aún. Si el confinamiento es soportable es porque en estos momentos de miedo por la salud, el hecho de estar bien tanto uno como la familia, amigos y conocidos, hace que el encierro pase a un segundo plano. No es lo mismo para los que están perdiendo a sus seres queridos, y no se pueden además despedir de ellos ni darse un abrazo de consolación con la familia y amigos. La situación es trágica. También la angustia que sienten los que tienen a alguien cercano en el hospital y que se encuentran atenazados por la incertidumbre y el miedo.
Feminista y Activista Pro Derechos Humanos. Miembro de la Red LIESS-UPO (Laboratorio Iberoamericano Estudios Sociohistóricos de las Sexualidades)
La pandemia del coronavirus, una crisis del sistema con los cuidados en el centro
Como activistas pro derechos humanos, andábamos más que atareadas los meses de enero y febrero tratando de dar respuesta a la situación de las personas refugiadas en los CIES, con los campamentos de Lesbos acaparando nuestra atención y nuestras acciones de solidaridad y denuncia de la vulneración de derechos humanos. Y más que atareadas también como activistas feministas, en la organización de la huelga, acciones y manifestación del 8M de este año. Pero ya por aquellas fechas, las noticias que habían ido llegando de China y luego de Italia, sobre el número de personas infectadas por el coronavirus y su letalidad, así como su imparable extensión a otros países y tan particularmente a España, paralizaron cualquier otra actividad. En apenas una semana se identificó la situación como de pandemia y se inició el confinamiento de la población en todo el país.
La pandemia del COVID-19: ¿crisis coyuntural o estructural?
A mediados de abril de 2020 todos los medios de comunicación hablan de la pandemia generada por el COVID-19. TV, radio y prensa dedican horas y páginas a este tema. Se narra en tiempo real cómo evoluciona el número de contagiados, los curados y los muertos. Se indica la edad el género de los fallecidos y si tenían enfermedades previas. Los jefes de Estado y los presidentes ofrecen mensajes oficiales con tono grave y caras serias indicando el número de muertos y recordando la necesidad de quedarse en casa para reducir el número de los contagios. Se publican fotos dramáticas de morgues llenas de ataúdes y las cámaras de televisión muestran las calles vacías de las más importantes ciudades del mundo.
Cinco controversias frente a la emergencia sanitaria
Frente a la incertidumbre, lo lógico es tener miedo, pero es fundamental no caer en paranoias que nos arrastren a unos diagnósticos equivocados y a pronósticos que profundicen nuestros errores.
Sisenando García-Tenorio Ronda
Jubilado
¿De un presente sin sentido a un futuro nada esperanzador?
Decía Walter Benjamin que el capitalismo no era solo, como afirmaba Weber, una secularización de la fe protestante, sino esencialmente un fenómeno religioso que se desarrolla como parásito a partir del cristianismo, como religión de la modernidad. Ahora, cansado de intentar destruir el Estado como vector coadyuvante de las clases pobres, el capitalismo opta por comprarlo y ponerlo a su servicio con todas sus herramientas disponibles. La competencia puede generar progreso, pero sin regulaciones por parte del Estado no se da en igualdad de condiciones. Samuelson se fue por el desagüe de la irracionalidad.
Coeditor de la revista Trasversales, colabora con un colectivo social de lucha contra la pobreza y la exclusión de Madrid.
Solidaridad desde la soledad: elogio de los aplausos
1. Creo que ante la pandemia global el distanciamiento físico es necesario. No asumo las restricciones de movimientos y encuentros por obediencia sino por convencimiento de que son necesarias. Estar en contra de todo lo que diga o haga un gobierno es tan equivocado como pensar que algún gobierno puede representarnos. Ahora bien, aislarnos físicamente no es recluirnos en la "vida privada" mientras unos pocos deciden todo. Las clases populares conocemos mejor lo que ocurre que los que viven en palacios, mansiones y urbanizaciones de lujo. Tenemos que ser sujetos activos. Ya lo hacen quienes siguen trabajando en condiciones muy difíciles para proteger nuestras vidas, pero la forma de agradecérselo es actuar también en los ámbitos que podamos.
Coordina la revista digital de reflexión social Pasos a la Izquierda y el blog de opinión En Campo Abierto
Acuerdos necesarios
Nadie es capaz de predecir lo que va a ocurrir tras esta pandemia, cuando seamos ya capaces de, al menos, controlarla o mantenerla a raya. Ni economistas, sociólogos, politólogos ni cualquier otro científico social son capaces de pronosticar cómo vamos a vivir y cómo nos vamos a relacionar en un próximo futuro. Aunque parece bastante claro que algo o mucho va a cambiar, no sabemos a qué nivel ni en qué proporción puesto que la hondura con que está penetrando este fenómeno pandémico en los entresijos de nuestro modelo civilizatorio son incalculables e inapreciables todavía. Simplemente, nos estamos acercando a un todavía muy escaso nivel de certeza.
Sobre la crisis actual y la Unión Europea
Centraré mi breve intervención en un tema que está suscitando mucha atención: el de la respuesta que las instituciones políticas de la Unión Europea están dando a la brutal crisis sanitaria, económica y social que estamos viviendo, y de cómo evolucionará esta respuesta.
Trabajador Social Sociosanitario. Colaborador de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Cantabria
¿Teníamos un Sistema Nacional de Salud?
“El Servicio Nacional de Salud durará mientras existan personas dispuestas a defenderlo”,
La Revuelta de los Anormales
Reivindico el derecho a apoyar el grueso de las medidas de compensación social que está llevando adelante el Gobierno en la actual crisis sanitaria, social, económica y ecológica, pero lo hago con espíritu crítico, sin asumir los chantajes que provienen de una parte significativa de mi propio cuerpo social. Lo hago, además, teniendo en cuenta razones de urgencia, pero sin negar la necesidad de desarrollar razones e ideas que nos posibiliten superar el actual modelo.
Nos jugamos la convivencia
La derecha utiliza, “todos los recursos, trampas y demagogia a su alcance”, señala Orencio Osuna en el arranque de estas reflexiones. No hay duda. De hecho, los sectores alérgicos a la democracia están en campaña desde el momento en que empezó la crisis del coronavirus. Su agresividad en redes sociales ha ido en aumento. En los medios tradicionales, escritos y audiovisuales, que controlan casi al cien por cien, no hay día en el cual no se despachen con mensajes deshumanizados, en contra de cualquier medida de protección de la ciudadanía más vulnerable, la más castigada, la que ha padecido los efectos de la deliberada desregulación de la economía y que, con el impacto del coronavirus, encuentra más y más dificultades.
Demasiadas preguntas sin respuesta
En el momento de escribir este artículo la reclusión continúa, no sabemos cuándo y de qué manera finalizará la crisis de Salud global. Quienes visitamos las redes sociales, hemos asistido a un festival de bulos y mensajes enviados por rabiosos energúmenos con una notable ausencia de sensatez. Debe ser una reacción psicosomática al confinamiento. Muchas personas de buena fe, presentan un cuadro clínico en el que la impotencia y la ira anulan su objetividad.
Psicóloga Social y Analista Política. Doctoranda en Ciencias Políticas y de la Administración (UCM). Activista de movimientos sociales en Venezuela.
Presión ideológica asiática sobre el desenlace coronavírico
Occidente mira con nerviosismo cómo la eficiencia del modelo asiático para vencer al coronavirus puede producir cambios en los sentidos comunes liberales de sus democracias. Desde distintos análisis parece derivarse una conclusión: el miedo creará las condiciones subjetivas para el despliegue de un estado policial de máxima vigilancia y control sobre la ciudadanía.
Reflexiones en tiempos inciertos
Vivimos circunstancias que podríamos calificar de incertidumbre irreductible. Robert Skidelsky, historiador y biógrafo de Keynes, basándose en las interpretaciones de este último, distingue entre incertidumbre epistemológica, según la cual cabe esperar que con una mayor cantidad de información se reduzca la incertidumbre a riesgo calculable, e incertidumbre ontológica, que es aquella que no puede ser eliminada. En palabras de Skidelsky: “El futuro no está ahí fuera esperando que lo conozcamos, sino que nosotros mismos estamos influyendo en la creación de ese futuro”. El futuro depende de la acción humana y de circunstancias imprevistas que puedan surgir. Transponiendo las ideas al momento actual, por ejemplo, un nuevo brote del virus en otoño podría echar por tierra muchas de las estrategias en las que ahora pensamos para recobrar la vida y la economía del país.
La crisis del coronavirus y la bifurcación que nos plantea
Me parece muy pertinente este debate que se propone desde Espacio Público a raíz de la crisis del coronavirus, y desde aquí quiero saludar la iniciativa. La pregunta que se plantea es sencilla, pero de muy difícil abordaje: "¿Qué nos estamos jugando en esta crisis?". Voy a intentar esbozar algunas ideas que me rondan la cabeza desde hace algunos días, y reconozco que la primera intervención de Orencio Osuna me va a facilitar mucho escribir estas modestas notas.
Salud y libertad
A veces la realidad se vuelve inasumible. La situación actual es seria, imprevisible y carece de precedentes. Como un túnel que atravesamos por primera vez, la incertidumbre profundiza la zozobra en nuestra situación. Miles de personas se despiden a distancia de sus fallecidos, otras se preguntan por el estado de sus enfermos y se extiende por la sociedad el miedo sobre los resultados sociales de esta crisis sanitaria.
Próxima parada, el futuro
Cuenta Yuval Noah Harari, en su artículo del pasado día 20 en el Financial Times, The World after coronavirus, que la tormenta pasará, la mayoría sobreviviremos, pero en un mundo que será diferente; y añade un pequeño detalle: muchas de las medidas de emergencia seguirán vigentes.
Historias del señor Doubt. Cosas para compartir en días de confinamiento: nuevas realidades y utopías (I)
Hubo un momento, al principio de toda esta situación, en que nuestros whatsapps se llenaron de memes divertidos sobre el coronavirus, nos reíamos un poco de lo que estaba pasando en otros sitios: ¿quién demonios conocía Wuhan, ciudad China en la provincia de Hubei? Después de algunas semanas algo más, básicamente cifras y cosas así. Cuando lo ignoramos todo las cifras reconfortan, nos dan la sensación de que controlamos algo: 11 millones de habitantes y la provincia casi 57 millones. Todos ellos y ellas, a partir de determinado momento, confinados en casita, paralización casi total de la actividad productiva, de la movilidad, de las interacciones sociales. Pareció una señal de alarma, pero no muchos supimos interpretarla así. Yo mismo, preferí seguir riéndome con memes como el del norcoreano: El coronavirus se expande por Italia. Salvini, asustado, huye del país en una balsa. El Open Arms lo recoge en el mar y lo traslada a un puerto seguro, Libia.
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