Una historia de éxito: la alternativa verde
Rosa Martínez
Diputada de Unidos Podemos y coportavoz de EQUO
La derrota de la extrema derecha en Austria en diciembre hizo respirar aliviada a (una parte de) Europa. Sí, también a aquellos que sus políticas y sus medias tintas han contribuido a que opciones políticas xenófobas y autoritarias ganen apoyo popular y electoral. ¿Qué ha pasado en Austria para que haya sido una de las pocas buenas noticias electorales de 2016?
Para entender el contexto, debemos tener en cuenta que la etiqueta “perdedores de la globalización” -utilizada para explicar el apoyo de las clases populares a partidos de extrema derecha- no puede aplicarse de forma general al electorado del FPÖ. La crisis económica y social no ha marcado a la sociedad austriaca de la misma manera que a otros países europeos. En Austria, la extrema derecha y sus votantes se articulan en torno a otras claves.
En este interesante artículo sobre la extrema derecha, el politólogo francés Gaël Brustier explica muy bien los elementos identitarios que están en la base del discurso del FPÖ. De la misma manera Brustier recuerda cómo la crisis política e institucional austriaca empieza a manifestarse ya en los años 80. En ese momento, tanto el partido conservador (ÖVP) como el socialdemócrata (SPÖ) empiezan a verse como parte del problema. Europa se estremece por primera vez cuando inesperadamente el FPÖ de Jörg Haider gana las elecciones en 2000 y entra en el gobierno de la mano del ÖVP.
Con este trasfondo político, y en un contexto europeo donde la crisis de las personas refugiadas, la migración y el yihadismo se convierten en excusa y abono para la xenofobia y el racismo, a Europa no debería haberle pillado desprevenida que la extrema derecha austriaca pasase a la segunda ronda de las presidenciales con un 35% de los votos. Sin embargo, la sorpresa fue que, por primera vez en la historia, ninguno de los dos grandes partidos consiguó pasar a la segunda vuelta. Esta es la verdadera victoria de los verdes: convertirse en alternativa a los partidos tradicionales para plantar cara a la extrema derecha.
La noche de su victoria Van der Wellen dijo “es posible ganar con un discurso europeísta”. Efectivamente, durante la campaña el candidato verde puso sobre la mesa una visión de Austria completamente opuesta a la del FPÖ. Defendió un proyecto de país desde los principios de igualdad, libertad y solidaridad, reconociendo y abordando, de forma abierta y sincera, los problemas y los retos de la sociedad austriaca: Europa, la migración o el futuro de las clases medias.
Los verdes tuvieron la valentía y el acierto de salirse del marco del miedo y la xenofobia, y construir alternativa desde la ilusión y la confianza. Superadas desde hace tiempo las banderas iniciales del discurso verde (como por ejemplo la lucha antinuclear y el cuidado de la naturaleza), los verdes austriacos han sabido ofrecer un proyecto de futuro desde lo político, lo económico, lo social, lo ecológico por supuesto, pero también desde lo nacional. Han ofrecido una Austria diferente a la del FPÖ.
Esta estrategia resultó ser ganadora, ya que desde unos grupos sociales iniciales bien identificados (el perfil tipo del electorado verde, liberal y progresista en Europa: joven, urbano y con estudios) consiguieron ampliar su apoyo a otros sectores sociales (incluyendo zonas rurales). El voto femenino, por ejemplo, fue determinante: el 62% de las mujeres votaron por el candidato verde. Es un dato relevante que nos debería hacer reflexionar sobre cómo el auge de la extrema derecha y esta ola de conservadurismo en Europa puede afectar (y está afectando) a los derechos de las mujeres, y hasta qué punto las mujeres europeas somos conscientes de ello.
A pesar de que el 46,2% del electorado votó por la extrema derecha, y que es muy probable que gane las elecciones legislativas de 2018, de lo que ha ocurrido en Austria podemos sacar algunas reflexiones.
En primer lugar, Austria es otro caso más de cómo la crisis de los partidos tradicionales en Europa está facilitando el auge de la extrema derecha. El SPÖ se suma a la lista de partidos socialdemócratas que han perdido apoyo, credibilidad y liderazgo para aportar soluciones progresistas a la crisis de múltiples caras que vive Europa. La alternativa debe proyectarse hacia el futuro y no hacia un pasado idealizado, que nunca existió aunque algunos lo recuerden con nostalgia.
Los resultados austriacos han demostrado que hay una parte de Europa dispuesta a escuchar y apoyar propuestas basadas en la igualdad, la solidaridad y la libertad. Es un error modular el discurso político para ofrecer una versión descafeinada o “políticamente correcta” de las propuestas antieuropeístas, xenófobas, autoritarias e insolidarias de la extrema derecha.
De todo el espectro político europeo, la familia verde es la que ha mantenido siempre las posturas más vanguardistas en política de migración y asilo, la defensa de Europa o la diversidad por ejemplo. No puede ser casualidad que haya sido la alternativa verde la que, por el momento, haya frenado a la extrema derecha en Austria.