Polonia: cuando para hacer proselitismo se bendice la xenofobia
Constanza Spocci
Periodista colaboradora en "dalla parte del torto"
En Polonia existe un vínculo muy fuerte entre la extrema derecha y la religión católica”, afirma Lucasz Jurczysyn, profesor en el Departameto de Sociología de Varsovia y experto en la extrema derecha. Aunque la Iglesia romana polaca es muy influyente, no es tan popular entre los jóvenes y, según Jurczysyn, movimientos de extrema derecha que están formados por jóvenes de edades entre 15-35 años, son un canal privilegiado para acercar a las nuevas generaciones a los dictados de la religión.
“La Iglesia está con nosotros”. Quien habla es Piotr Glowacki, miembro del movimiento juvenil de extrema derecha Juventud Polaca (MZ), que no oculta sus comportamientos xenófobos: “Una parte del clero nos conoce bien y sabe que la base de nuestros valores es católica y por ello nos apoya”. Algunos sacerdotes se atreven a hablar y apoyar abiertamente a estos movimientos; otros ponen los locales de sus iglesias a disposición del MZ o de otro movimiento aún más radical, el ONR, el Movimiento Radical Nacional.
Por lo que dice Glowacki, las reuniones del MZ en parroquias no se limitan a jugar partidos de fútbol o a cualquier charla. En muchas de estas reuniones, el MZ debate y se forma; dedica todo el tiempo a enseñar su historia, su ideología, se prepara para dirigirse correctamente a los medios de comunicación y sus miembros organizan marchas, manifestaciones y festivales. El año pasado, en Bientystok, la primera ciudad polaca en la que se registraron ataques contra restaurantes y viviendas de la comunidad árabe, un sacerdote llegó a celebrar una misa por el aniversario del ONR, con numerosas banderas y símbolos dispuestos en el interior de la iglesia. Entre los presentes había también algunos miembros de Fuerza Nueva.
Jacek Miedlar, el joven sacerdote ultranacionalista que ha bendecido el movimiento polaco neofascista por excelencia, participa cada año como huésped de honor en la manifestación del 11 de noviembre, la fiesta nacional polaca en la que los simpatizantes del ONR y del MZ se reúnen por decenas de millares para corear eslóganes racistas mientras desfilan por Varsovia. Se trata de la mayor manifestación ultranacionalista de Europa, en la que confluyen los mayores movimientos europeos de extrema derecha. ONR y MZ promueven en sus programas, por ejemplo, la idea de que en estos tiempos “inciertos” de la sociedad posmoderna, la religión tiene que ser la base de la identidad polaca: “Polonia para los polacos y los polacos para Polonia”.
Un concepto que retoma y desarrolla Stanisław Obirek, teólogo e historiador, además de ex jesuita, que con el sociólogo Zygmunt Bauman expone en Conversaciones sobre Dios y el hombre (2004): “Hay una convergencia en los miedos de los polacos hoy, que la Iglesia ha formulado en términos religiosos”. La Iglesia polaca fue la gran vencedora de los cambios políticos a partir de 1989 y tiene un peso importante en la vida política del país, pero desde octubre de 2015 ha adoptado una posición completamente nueva.
De hecho, el Episcopado polaco le prestó un gran apoyo al gobierno del PiS, el partido Derecho y Justicia del magnate polaco Jarosław Kaczyński que logró hace un año la mayoría absoluta en el Parlamento. “También la Iglesia tiene necesidad de sus enemigos, y si no hay más comunistas para demonizar, la realidad ofrece nuevos enemigos”, dice Obirek, según el cual la Iglesia ha contribuido de manera sustancial a la creación del “polaco-católico” y al mito de Kaczyński que sostiene la identidad católica y nacionalista contra el aborto y los refugiados.
En especial, el imperio mediático del padre Tadeus Rydzkyk ha creado un terreno fértil para el ascenso de la derecha y de la extrema derecha e Polonia. Con radio Marja, cuya frecuencia llega hoy a los lugares más remotos del país y la televisión privada Ram. Rydzyk, acusado por los medios liberales de ser un predicador xenófobo y antisemita, se ha lanzado muchas veces de forma violenta en sus programas contra la imposición de la cuota de refugiados de la Unión Europea, haciendo de esto una cuestión política y una cuestión moral, y pintando a Polonia como el escudo cristiano, la nación en primera línea, contra la invasión extranjera e islámica. Las mismas ideas que defienden el ONR y el MZ.
“No veo ningún problema en los programas del padre Ridzk”, dice el coordinador de los programas católicos del Departamento de la TV estatal, el padre Maciej Makula.
Todos los programas católicos son controlados y autorizados atentamente por el Episcopado para el que no se puede transmitir por las ondas de la Iglesia romana polaca nada que no sea apropiado, sostiene el padre Makula, quien afirma que es “el instrumento del Espíritu Santo” el que lo guía para conducir la programación de la TV estatal. El padre cita el evangelio y alaba al papa Francisco sobre la acogida al “prójimo”, pero no está de acuerdo en abrir las puertas de la iglesia polaca a los refugiados. De la misma opinión es Waldemar Cislo, opinólogo y obispo de Lublin, una ciudad de Polonia oriental que tiene frontera con Ucrania. Hay que ayudar a los refugiados en sus casas, si les abrimos las puertas de la iglesia les invitamos a venir aquí, una sociedad monocultural que no quiere acogerlos”. Las posiciones ultraconservadoras de la Iglesia polaca, que se unen a las del PiS y movimientos como el MZ o el ONR, son la prueba del intento de “reconstruir un nacionalismo y una identidad polaca monoétnica, que quiere reafirmar la independencia política de Polonia”, concluye el analista Lucasz Jurczyszyn. Y en esto juega también un papel fundamental el episcopado, porque “la Iglesia en Polonia es omnipresente, como el padre eterno.