Por una comprensión cabal de la clases sociales
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
Para mí una de las lecciones principales a extraer del auge de la extrema derecha es que la burguesía está lejos de actuar, en lo social y en lo político, con una sola voz. En alguna parte leí la afirmación de Marx que lo único que une a la clase burguesa es su mutuo miedo a los trabajadores; y los acontecimientos recientes confirman esta opinión. Es decir unos sectores burgueses están reemplazando a otros en la conformación del “bloque en el poder” y en la dirección del Estado, lo cual es de esperar que tenga incalculables consecuencias tanto en la esfera nacional como internacional.
El miedo de la burguesía a los trabajadores responde al hecho -bien conocido por los economistas desde los tiempos de David Ricardo- de que la tasa de beneficios es inversamente proporcional a la tasa salarial. Pero aparte de esta circunstancia, que es general y abstracta, existen otras muchas circunstancias concretas que dividen a la clase burguesa –igual que a la trabajadora- en multitud de “fracciones” independientes e incluso opuestas. Esta es una realidad que merecería una mayor atención por parte de los estudiosos de las ciencias sociales, pues apenas se la menciona en la actualidad. Pongamos unos ejemplos relativos a la burguesía, que consigno de forma improvisada y que distan mucho de ser exhaustivos.
En primer lugar podríamos hablar de la pequeña, mediana y gran burguesía. La primera, o bien subsiste malamente (en empresas marginales) o bien extrae rentas de monopolio dependientes de su ubicación espacial (Piero Sraffa). La gran burguesía está hoy concentrada en grandes oligopolios, con frecuencia vinculadas al Estado (constructoras, farmacéuticas, armamentísticas, bancos, etc.), que hacen del cabildeo y las puertas giratorias su inversión más productiva. En cuanto a las medianas empresas, serían las únicas que se acercan al modelo walrasiano de mercado competitivo - pero de estas hay pocas en España.
En segundo lugar tenemos a las empresas vinculadas al mercado nacional, las ligadas al mercado internacional o a ambos mercados.
Finalmente tenemos al capital agrícola, el industrial, el mercantil y el financiero (o dinerario), cuyos conflictos de interés fueron bien estudiados por Marx.
En fin esta constelación de “fracciones”, que de ningún modo se excluyen las unas a las otras sino que se solapan, hacen del análisis social algo extraordinariamente complejo y difícil, pero no imposible. Un análisis que tiene mucho más mérito que el análisis matemático y el de las ciencias naturales, que parten de modelos simples y relativamente estables. Ello supone todo un reto: una invitación en definitiva a salir de los discursos hueros y el lenguaje rutinario, y avanzar por el camino del “análisis concreto de la realidad concreta”.