La infección, la violencia y la ley
Jorge Fernández Guerra
Compositor. Premio Nacional de Música
El ascenso de fuerzas de extrema derecha en Europa enciende numerosas alarmas, algunas de ellas remiten a las urgencias, a la organización inmediata de cortafuegos o al análisis apresurado de los contextos sociales. Pero hay otras alarmas que alumbran desde muy atrás, parecería que la extrema derecha funciona como una infección bacteriana, algo que está siempre ahí pero que solo se torna grave en momentos delicados del equilibrio social. Esta forma de enfocar el fenómeno presenta un desagradable automatismo que parece desmovilizar al pensamiento; como si un fenómeno así se situara al margen del análisis.
Puede que el recurso a la algo gastada comparación con el periodo de entreguerras deba ponerse en cuarentena, pero en materia de ascenso del fascismo el ejemplo es demasiado grande como para despejarlo sin más.
Al margen de la sintomatología social que lo diagnostique, el ascenso de la extrema derecha está generalmente ligado a la violencia, por lo que debemos poner el foco sobre ella. El primer tercio del siglo XX ofreció ejemplos de violencia política de muy diverso signo, pero solo la extrema derecha desarrolló un programa de violencia política específico, y no nos dejemos embaucar con el manoseado pretexto de que los nazis llegaron al poder por elecciones, sin un programa violento, los nazis no habrían adquirido el tamaño suficiente para ello.
A inicios de los años veinte, Walter Benjamin redacta un ensayo luminoso: “Para una crítica de la violencia”. Pronto este escrito se convierte en una polémica con Carl Schmitt, denominado como el “teórico fascista del derecho público”. El filósofo italiano Giorgio Agamben subraya en esta polémica elementos muy esclarecedores: “El objetivo del ensayo de Benjamin es el de asegurar la posibilidad de una violencia absolutamente ‘fuera’ y ‘más allá’ del derecho, que, como tal, podría romper la dialéctica entre la violencia que funda el derecho y la violencia que lo conserva”. (Agamben: Estado de excepción)
Benjamin, en su escrito, se planteaba confirmar: “la existencia de una violencia pura y anómica.” Mientras que Schmitt negaba la existencia de una violencia pura, esto es, fuera del derecho, ya que: “en el estado de excepción, está incluida en el derecho a través de su propia exclusión. Así pues, el estado de excepción es el dispositivo mediante el cual Schmitt responde a la afirmación benjaminiana de una acción humana integralmente anómica.”
El concepto de anómico es clave en la disputa. Para las ciencias sociales, la anomia es un estado que surge cuando las reglas se han degradado o directamente se han eliminado y ya no son respetadas por los integrantes de una comunidad. El concepto, por lo tanto, también remite a la carencia de leyes. Para el teórico fascista, Schmitt, no hay violencia fuera de la ley si consideramos que el estado de excepción funda la ley. Benjamin parece sugerir que la violencia anómica, o digámoslo así, la violencia caótica: “no puede ser reconocida como tal por medio de una decisión.”
Los objetivos de cada una de las partes de esta polémica eran, desde luego, divergentes. Para Benjamin se trataba de comprender los movimientos profundos que estaban dando forma a su época; mientras que para Schmitt se pretendía conformar un estatuto jurídico y de derecho a la violencia que contiene en sí misma su propia legitimidad, en suma, el movimiento fascista.
Lo que esta polémica nos dice aún hoy es que existe una tendencia sobreentendida a que la violencia contenga su propio derecho, lo único que necesita para ponerlo en marcha es ganar, lo que constituye la viga maestra de la extrema derecha.
Algunos pueden hacer valer el argumento de que este concepto es igual para violencias de extrema derecha y de extrema izquierda. Pero está claro que una violencia izquierdista es claramente anómica, es decir, surge en ausencia de reglas sociales o cuando estas se encuentran profundamente violentadas por los beneficiarios del caos, que no son otros que los poderosos organizados.
La experiencia de varias generaciones nos dice que la extrema derecha hace de la violencia el primer paso de una apropiación de los poderes que se legitiman desde la necesidad de la excepción. Y la excepción, en cuestiones de estado, es ya la verdadera norma, como señalaba Benjamin.