La extrema derecha en Europa
Ska Keller
Presidenta del grupo Los verdes / ALA en el parlamento europeo
Crecí en una pequeña ciudad de Alemania, en la frontera con Polonia. A principios de los años noventa, esta ciudad no era sólo mi hogar y el de mi familia, también lo era de los neo-Nazis, y había muchos.
Regresar de la escuela, del trabajo o de una fiesta era siempre potencialmente peligroso: encontrarse con un neonazi era siempre una posibilidad. La extrema derecha era una amenaza física para todos los que no formaban parte de ella, o peor, para los que luchaban activamente contra ella. Huelga decir que para mis amigos de color los nazis de mi ciudad representaban un peligro aún mayor y más violento.
Estábamos acostumbrados a tener prevista una via de escape, caminando hacia casa en parejas o grupos, y desconfiando de nuestro entorno. Sin embargo, luchábamos por la democracia, contra la discriminación y nos enfrentábamos a los que propagan la violencia, el odio y el racismo a diario.
Hoy en día, ahora que soy diputada en el Parlamento Europeo, dos décadas después, la extrema derecha sigue en pie y sigue representando una amenaza. Algunos de ellos colgado las botas de combate y ya no se les puede identificar simplemente por la marca de su ropa. Pero la extrema derecha aún incita al odio, a la división y al miedo. Lo hace en los parlamentos democráticamente elegidos a lo largo y ancho Europa, durante las campañas electorales y en los barrios. Lo que une a los nazis de mi ciudad natal con los miembros de la extrema derecha en los parlamentos de todo el continente es su ideología favorable a la desigualdad y la exclusión. La derecha siempre y en todo momento hará una distinción entre seres humanos dignos e indignos, basados en nociones racistas, sexistas, antisemitas y segregadoras entre el género humano. Con sus actividades, publicaciones y apariciones públicas, los miembros de la extrema derecha crean y manifiestan una diferencia entre "nosotros" y "ellos". Es esta división, sus actitudes autoritarias y nacionalistas lo que hace tan peligrosa a la extrema derecha.
Las opiniones que expresa la extrema derecha resuenan en buena parte de la sociedad en toda Europa. En Alemania, sabemos por un estudio realizado por la Universidad de Leipzig, que el 34% de la población está de acuerdo en que el país alberga demasiados extranjeros, mientras que una de cada diez personas cree que los alemanes son superiores a otras naciones. Un estudio reciente de YouGov reveló que el apoyo popular a las actitudes autoritarias populistas se está disparando: los números son tan altos como el 82% en Rumania, el 78% en Polonia y el 63% en Francia. Por lo tanto, no es de extrañar que actualmente los miembros de los partidos de derechas constituyan los grupos más grandes británicos y franceses del Parlamento Europeo.
Parece que las ideas de extrema derecha se han convertido en hegemónicas en algunas sociedades europeas y eso amenaza nuestra democracia. Exige toda nuestra atención aquí y ahora: es un desafío político y colectivo al que tenemos que tenemos que enfrentarnos. Tenemos que reconocer el hecho de que la extrema derecha no está tan lejos como nos gustaría creer. Por el contrario, está muy cerca y al crear estrategias sobre cómo contrarrestar el populismo de extrema derecha y de derecha, tenemos que tomar esto en consideración.
En primer lugar, sugiero que nos diferenciemos oponiéndonos enérgicamente al lenguaje de la división y el odio, usado por la extrema derecha y ofreciendo una alternativa. El lenguaje moldea nuestra percepción: No hablemos de "inmigración incontrolada" cuando una parte de los que huyen de la guerra y de condiciones de vida insoportables buscan refugio en Europa. Podemos desconstruir el mito alimentado por la extrema derecha utilizando un lenguaje diferente, que respete nuestros valores europeos. Hay que difundirlo a través de ámbitos culturales y mediáticos, sin subestimar la importancia del discurso público.
En segundo lugar, vivamos de acuerdo con nuestros propios principios de tolerancia, diversidad y democracia. El apoyo a un club de fútbol local en su lucha contra las influencias derechistas es tan significativo como oponerse públicamente al acoso y a la discriminación. Organizar una mesa redonda interreligiosa con miembros de una comunidad local puede significar tanto como hacer campaña en favor de un concejal democrático. A nivel local, podemos demostrar que escuchamos, comprendemos y reaccionamos. De esta manera, ya ofrecemos una alternativa a la división y al miedo y probamos que esta alternativa será inclusiva y mejor para todos.
Por último, pero no por ello menos significativo, es sumamente importante que reduzcamos, en la medida de lo posible, la base económica y social de la envidia y del miedo a perder lo propio. Esta es la razón por la cual la justicia social, la educación democrática y una sociedad civil fuerte son las claves de cualquier estrategia contra la extrema derecha. Como políticos progresistas, estamos en una batalla que hay que librar dentro de los gobiernos, los parlamentos y las ciudades de toda Europa. Al hacerlo unidos en toda Europa conseguimos una ventaja que la extrema derecha nacionalista nunca podrá conseguir.
La extrema derecha puso ya una vez a Europa al borde de la destrucción. El año pasado nos recordó que la lucha contra la extrema derecha nunca se ganó y que tendrá que continuar. Será difícil, larga y dolorosa. Pero no hay manera de evitarla, igual que era inaceptable el dominio nazi en mi ciudad natal hace veinte años. Las batallas a lo largo del tiempo serán europeas en espíritu y sin embargo estarán muy localizadas. No nos resignaremos ante el nacionalismo beligerante: tenemos que defender nuestros derechos como ciudadanos y seres humanos, el proyecto europeo y nuestro modo de vida democrático.