La vivienda, cómo blindarla como un derecho

Moderadores
-
Ignacio Muro Benayas
-
Lourdes Lucía
Vicepresidenta Fundación Espacio Público
La vivienda, cómo blindarla como un derecho
La apuesta histórica por la especulación, el urbanismo sin control, la privatización de las viviendas públicas (más de seis millones), el todo urbanizable que ha traído consecuencias catastróficas como las inundaciones de la DANA, así la falta de regulación del mercado inmobiliario ha provocado una situación de crisis habitacional. Una crisis que es múltiple y está causada por un modelo inmobiliario que antepone la vivienda como inversión, en lugar de como derecho ciudadano de forma histórica. Crisis que ha ido mutando,desde el estallido de la burbuja inmobiliaria con la ejecución masiva de cientos de miles de procedimientos de ejecución hipotecaria y el rescate bancario hasta la actualidad donde, nos encontramos inmersos en una burbuja de precios del alquiler que es consecuencia directa, por acción u omisión, de las políticas públicas realizadas.
Es necesario apuntar que además de las consecuencias sociales evidentes que genera la crisis de la vivienda, las consecuencias climáticas y ambientales han de tenerse también presentes. La urbanización sin control sumado a un existente parque de vivienda envejecido e ineficiente es un problema que ha de abordarse de inmediato.
En la actualidad, la vivienda se ha convertido en la primera gran preocupación ciudadana según el CIS. La dificultad en el acceso a la vivienda como consecuencia de los elevados precios de esta, ya sea en compra o en alquiler está suponiendo de facto una brecha de desigualdad que no hace más que agravarse con el paso del tiempo y la ausencia de decisiones políticas que pongan freno a políticas especulativas. La vivienda es cada día más inasequible para la mayoría de la sociedad. La actual combinación de precariedad laboral, exiguos salarios y vivienda inasequible produce en estos momentos, en los que “la seguridad” está en boca de todos, inseguridad real para las mayorías sociales de nuestro país.
Inseguridad para trabajadores y autónomos que no saben si van a subirles el alquiler o no les van a renovar el contrato, inseguridad para los jóvenes que no pueden aspirar a emanciparse, inseguridad para las familias cuya cuota hipotecaria variable puede aumentar si así lo decide el BCE, inseguridad de personas en situación de vulnerabilidad que llevan años en listas de espera para poder acceder a una vivienda protegida, inseguridad para las personas en situación de sinhogarismo para las que tampoco existen sistemas de acogida suficientes, etc, etc.
Resulta necesario entender las causas estructurales que subyacen a esta cuestión, así como la posición de los poderes públicos hasta la fecha.
En ese sentido podemos afirmar que:
Llevamos 47 años de democracia con un derecho (artículo 47 CE) que no ha sido configurado como Derecho Fundamental a pesar de serlo materialmente. Un derecho que da acceso a otros derechos y eso tiene que ver con su ubicación en el texto Constitucional que convierten el mismo en un derecho que no es materialmente exigible, justiciable, ni subjetivo a día de hoy. ¿Sería necesaria una reforma constitucional para “fundamentalizar” el derecho a la vivienda y que deje de ser un principio rector de la política social y económica? O, con su configuración actual ¿es suficiente? Teniendo en cuenta que, en todo caso, el derecho a la vivienda es un Derecho Humano (artículo 25 DUDH y artículo 11 PIDESC), se reconoce en la Carta Social Europea Revisada y en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, y en aplicación del artículo 10.2 y 96 de la Constitución “los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento jurídico interno”.
A su vez, resulta necesario reflexionar sobre la distribución competencial del derecho a la vivienda, cuestión que está sirviendo de excusa para algunas administraciones públicas y en particular gobiernos autonómicos ubicados del lado de la especulación inmobiliaria para ejercer una inacción consciente y contumaz en cuanto al desarrollo, promoción y garantía del derecho a la vivienda.
Sabiendo que la vivienda es competencia autonómica plena al mismo nivel que ordenación del territorio y urbanismo, pero que el Estado es competente en la planificación general de la actividad económica, bases y coordinación ¿existe margen de maniobra para que desde la Administración Central se obligue a actuar a aquellas Comunidades autónomas en franca rebeldía constitucional?
Igualmente ha de tenerse en cuenta la actuación dispar de las diferentes Administraciones Públicas, algunas con voluntad real de garantizar el derecho a la vivienda con legislación, mecanismos y organismos en marcha para su garantía frente a otras donde únicamente impera el libre mercado.
Si bien la primera Ley de Derecho a la Vivienda aprobada recientemente constituyó un paso adelante, quedan muchos elementos pendientes. La sociedad española en general y su sector público en particular tienen el deber desarrollar un sistema de vivienda como un pilar más del Estado del Bienestar, convergiendo así con Europa. Eso significa desarrollar un servicio público de vivienda y una normativa que evite la especulación, proteja a los residentes y garantice la función social de la propiedad, haciendo así efectivo el derecho a la vivienda.
Para ello resultaría necesario poner límites a un modelo cada vez más financiarizado, globalizado, especulativo, oligopolístico y extractivista, donde la concentración de la propiedad se encuentra cada vez en menos manos, según datos del propio Ministerio de Vivienda.
De hecho, de los casi tres millones de viviendas en alquiler, la mitad pertenece de multipropietarios, rentistas o fondos que cada vez concentran más propiedades y además, en algunos casos, gozan de una fiscalidad privilegiada.
Existe, además, un desvío de la oferta de vivienda hacía el alquiler vacacional, temporal y de habitación y todo ello sumado al dato de 3,8 millones de viviendas vacías según el Banco de España. ¿Hay realmente un problema de oferta o el problema radica en el desvío fraudulento de la misma? ¿Pueden ser esas prácticas constitutivas de usos antisociales de la propiedad privada proscritos en la Constitución (artículo 33)?
¿Cuáles son las medidas más adecuadas para corregir esta situación? ¿Cómo es posible solucionar este gran problema destinando menos del 0,20% del PIB a la partida de vivienda, mientras se habla de aumentar exponencialmente otras partidas en una situación de ausencia de Presupuestos?
Teniendo en cuenta el aumento del número de operaciones de la compra de viviendas para inversiones; la proliferación de los abusos inmobiliarios; la participación de múltiples actores con intereses económicos; la discriminación que produce el propio mercado inmobiliario, dejando fuera a una parte de la población por razón de raza, género o capacidad económica; la sofisticación y profesionalización de los operadores del mercado inmobiliario; los procesos de turistificación y gentrificación que asolan los centros de las ciudades con la proliferación de viviendas turística (sólo en Madrid operan de forma impune más de 15.000 de ellas, sin licencia) y la extensión del negocio y el discurso del miedo. ¿Qué podemos hacer?
¿Están funcionado la regulación de precios que prevé la Ley de Vivienda? Los datos apuntan que sí, que mientras en Barcelona bajan los precios un 6%, en Madrid suben un 18%. Sin embargo, ¿es esto suficiente? ¿podría ser el alquiler indefinido un antídoto frente a la espiral especulativa de precios?
La sociedad civil organizada demanda soluciones urgentes al principal problema que adolece hoy la sociedad en su conjunto, movilizándose masivamente en las principales capitales del país, organizándose en colectivos como los Sindicatos de Inquilinas y otras organizaciones vecinales en defensa del derecho a la vivienda. Sin embargo, no esperan ya políticas públicas a la altura pues la desconfianza y la desafección justificada por la falta de resultados empieza a emerger.
Es el momento de ser capaces de diseñar un plan de intervención, contundente, concreto, materializable, exigible que, de resultados a corto, medio y largo plazo, siendo conscientes de que estamos inmersos en un conflicto, donde la conciliación de intereses resulta imposible y donde aparece como condición necesaria limitar los beneficios económicos del sector inmobiliario (en sentido amplio) para garantizar al acceso a la vivienda y otorgar seguridad residencial a la población. No hacerlo, pasará factura.
Intervenciones
Alquiler indefinido: garantías para un hogar estable
Madrid, a pesar de los discursos triunfalistas sobre su progreso económico, se está volviendo una ciudad donde cada vez es más difícil vivir y sostenerse. Sus vecinos y vecinas miran con preocupación el incremento imparable de precios de la vivienda y el calendario para la renovación de su contrato de alquiler que les pueda abocar a una nueva mudanza. Una amenaza constante que condiciona vidas, precariza proyectos personales y trunca expectativas de futuro. Esa espiral de incertidumbre, ese miedo que ya se ha instalado en demasiadas casas, es hoy uno de los rostros más crueles y silenciados de la crisis habitacional que atraviesa la ciudad.
Un presente incierto, un futuro sin casa
En España, emanciparse siendo joven se ha convertido en un privilegio, un hecho que sucede muy pocas veces y siempre en condiciones precarias. Miramos a nuestro alrededor y no vemos la imagen idílica del joven que, tras formarse en aquello que le gustaba, obtiene un trabajo con condiciones dignas y se independiza pronto para construir su vida adulta. Sin embargo, se nos hace mucho más común encontrar sueldos precarios, alquileres imposibles, condiciones laborales del siglo pasado y un sistema económico que, no solo perpetúa, sino que cada vez acentúa más las desigualdades sociales. Todo esto mientras nos bombardean con el discurso de si quieres, puedes.
Poder inquilino, conflictos colectivos y desobediencia organizada: así se blinda el derecho a la vivienda
Los derechos no se conceden. Se luchan y se conquistan. Ahora, más que nunca, nos toca disputar nuestro derecho universal a una vivienda digna, estable y de calidad. Y solo hay una manera de lograrlo: acabando con el negocio de la vivienda. Porque, hoy en día, o te rindes ante el rentismo o te organizas contra él.
Una vivienda propia
Seguramente si Virginia Wolf hubiese nacido un siglo más tarde y fuera una escritora precaria más que tiene que compartir casa, no se habría limitado a la habitación propia, lo habría ampliado a un pisito que no cueste un riñón a ser posible. Igual que la habitación propia se convirtió en una reivindicación feminista que representaba la independencia económica para que las mujeres pudiéramos crear y desarrollarnos intelectualmente, hoy la clase trabajadora reclama el acceso a una vivienda digna como necesidad indispensable para poder desarrollarse.
Arquitecto con más de 40 años de experiencia en el campo del urbanismo Ha ganado en cuatro ocasiones el Premio Nacional de Urbanismo.
El espectro autista de las viviendas vacías
La realidad cotidiana es avasalladora, ya que acontecen muchas cosas a la vez, de modo que los hechos nos aturden, se muestran contradictorios o nos resultan del todo incomprensibles….Sin embargo en épocas como estas es cuando más necesario resulta teorizar al tiempo mismo que se narra. Es cuando más necesitamos hilos de los que tirar y análisis que clarifiquen nuestra mirada: es cuando más imprescindible resulta buscar el conocimiento. “El nuevo espíritu del mundo”. Esteban Hernández. Ediciones Deusto. Mayo 2025.
Profesor Universidad Pablo de Olavide. Área de Análisis Geográfico Regional; Departamento de Geografía, Historia y Filosofía
El derecho a la vivienda…pero ¿qué vivienda y para quién?
Cuando el director general de Airbnb en España afea a las Administraciones públicas la utilización de su compañía como una excusa conveniente para no asumir responsabilidades políticas, visualiza públicamente lo que los principales agentes sociales venían denunciando desde hace décadas. La progresiva y constante desaparición de lo público en la gestión urbana y más concretamente de las políticas de vivienda ha llegado a un nivel límite. No hay nadie en el timón del barco. O mejor dicho, el mercado lleva siendo desde hace tiempo el principal planificador de la ciudad.
Impedir la especulación: regular la utilización del suelo de acuerdo con el interés general
La vivienda es un derecho humano no una mercancía. Esta consigna nos ayuda a pensar cómo debemos cambiar las políticas públicas de vivienda, del espacio público y de ciudad, para frenar y revertir la vulneración del derecho a la vivienda, la conversión de viviendas en alojamientos turísticos, la gentrificación de los barrios y defender el derecho a la ciudad de raíz mediterránea.
Málaga: ¿ciudad para vivir o para rentabilizar?
Málaga atraviesa la crisis de vivienda más grave de su historia reciente. Mientras la ciudad se proyecta al mundo como destino turístico global y polo de inversión inmobiliaria, el acceso a la vivienda para su población residente es cada vez más inalcanzable. Esta crisis no es coyuntural, forma parte de un patrón global donde la vivienda ha sido transformada en activo financiero, vehículo de rentabilidad para elites locales e inversores globales.
Derecho a la vivienda: Organización y sindicación como palanca de cambio
No esta de más empezar por recordar la gravedad de la situación. El acceso a la vivienda es hoy el principal elemento de desigualdad en España. La subida abusiva y desorbitada de los precios de alquiler afianza la posición de los rentistas, de las oligarquías financieras, que extraen sus grandes plusvalías de las personas inquilinas, de los salarios de la clase trabajadora. Riesgo de exclusión social, hacinamiento, incertidumbre y ansiedad, proyectos vitales rotos son algunas de sus consecuencias.
Socióloga y Activista por el Derecho a la Vivienda, Cofundadora de la Asamblea de Vivienda de Usera (Madrid), coautora de "La vivienda no es delito. Quién y por qué se okupa en Madrid". IG: @laurabarriorecio X: @laurisonBR
La vivienda. Del debate a la acción
Después de años de militancia tengo claro que el debate por el derecho a la vivienda es infructuoso porque no disponemos de un concepto común de lo que implica el bienestar residencial, el disfrute real de este derecho, los mínimos imprescindibles que habrían de estar garantizados para todos. Los elementos de bienestar se van desvaneciendo porque cada vez son más caros: el mercado se los come.
La vivienda, un derecho constitucional
Cuando me preguntan por el derecho a la vivienda, creo oportuno recordar amablemente a mi interlocutor que el Tribunal Constitucional, en el año 2024, declaró de forma solemne que el derecho a la vivienda es, efectivamente, un derecho constitucional. Ni más ni menos que 46 años después de que se aprobara el tristemente célebre, por haber sido incumplido de forma reiterada, artículo 47 de la Constitución Española que habla precisamente de este derecho, pero en el marco de los principios rectores de la política social. Personalmente, quiero dejar claro de antemano que entiendo que este encuadramiento no sirve de excusa para ignorar la existencia del derecho porque en el mismo Título de la Constitución se encuadran derechos como el acceso a la Salud y la Seguridad Social, cuya exigibilidad por la ciudadanía a las Administraciones Públicas nadie ha puesto en duda.
Queremos una ciudad para vivir: de la vivienda como derecho a la ciudad como bien común
Desde la red ciudadana Sevilla para Vivir, impulsada por asociaciones vecinales y colectivos sociales, nos sumamos al debate propuesto en Espacio Público sobre el derecho a la vivienda. Lo hacemos desde una ciudad inmersa en una profunda crisis habitacional, marcada por un proceso acelerado de transformación turística, acumulación especulativa y expulsión de vecinas, de sus barrios. Lo hacemos, también, con la convicción compartida de que el problema de la vivienda no se resolverá sólo con reformas legales, sino que exige una transformación radical del modelo de desarrollo que ha transformado la vivienda en una fuente de negocio especulativa y la ciudad misma en una mercancía.
No es nuevo, no es justo y no es natural
Hola, soy Quique Villalobos, tengo 56 años, me estoy comprando un piso y no he matado a nadie.
El derecho a la vivienda como emblema de la lucha de clases
No pasa una semana sin que políticos representantes de opciones conservadoras se empeñen en negar la existencia de las clases sociales. Un caso muy significativo es la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que ya se opuso a su reconocimiento alegando que una 'pretendida lucha de clases [...] es como tratar de borregos a los ciudadanos y a los alumnos [en relación a la reciente propuesta de reforma en la creación de universidades]. No es la primera vez que la Presidenta madrileña se posiciona en contra de una estructura social conformada por clases. Tampoco es la única que lo hace. Son numerosos los medios de comunicación, a izquierda y derecha, que cuentan con tertulianos o representantes de partidos que se enervan cada vez que escuchan hablar de clases sociales. Para éstos, siguiendo la lógica establecida por el neoliberalismo thatcheriano de los años 80, 'solo los individuos y sus familias' existen.
Ha sido presidente del Banco Hipotecario de España y de la Caja de Ahorros de Granada. En la actualidad es Vocal del Consejo Superior de Estadística del INE
La vivienda, un problema sin resolver
En la primavera de 2025 persiste la gravedad y el alcance del problema de la vivienda. Los precios de las viviendas y los alquileres están desacoplados respecto de los niveles de ingresos de la mayoría de los hogares de España. En los últimos años se ha reforzado el carácter de activo de la vivienda. Esto lo confirma el que se vendan más viviendas pagadas sin préstamo hipotecario que las financiadas por medio de dicho tipo de préstamos. Se compran viviendas por parte de extranjeros (14,5% de las ventas de 2024) y de otros no residentes con fines de inversión, para mantener el poder de compra del ahorro, así como para lavar dinero. Las compras de viviendas por parte de no residentes se aproximan al 10% del total de las ventas.
¿Quieres participar en este debate?
Ve al apartado 'Cómo participar' y revisa los pasos necesarios para poder intervenir en los debates abiertos.