Alquiler indefinido: garantías para un hogar estable
Lucía Lois
-Actualizado a
Madrid, a pesar de los discursos triunfalistas sobre su progreso económico, se está volviendo una ciudad donde cada vez es más difícil vivir y sostenerse. Sus vecinos y vecinas miran con preocupación el incremento imparable de precios de la vivienda y el calendario para la renovación de su contrato de alquiler que les pueda abocar a una nueva mudanza. Una amenaza constante que condiciona vidas, precariza proyectos personales y trunca expectativas de futuro. Esa espiral de incertidumbre, ese miedo que ya se ha instalado en demasiadas casas, es hoy uno de los rostros más crueles y silenciados de la crisis habitacional que atraviesa la ciudad.
La vivienda se ha convertido en la principal preocupación de la ciudadanía madrileña, y no es casualidad. Desde la crisis financiera de 2008, el acceso a la propiedad se ha complicado para amplias capas sociales, mientras el mercado de alquiler se ha transformado en el nuevo terreno de juego de fondos de inversión, grandes tenedores y pequeños rentistas, atraídos por su altísimo rendimiento inmobiliario. El resultado es un mercado de alquiler cada vez más caro, cada vez más inseguro y cada vez más condicionado por dinámicas especulativas. Y Madrid, que ha hecho bandera de su laissez faire urbanístico y residencial, es un caso paradigmático.
Radiografía de la crisis habitacional en Madrid
Los datos de esta crisis habitacional hablan por sí solos. Según el último Panel de Hogares del Ayuntamiento de Madrid (2023), cerca del 30% de la población de la ciudad vive de alquiler, alcanzando el 44% en las zonas centrales. Y, sin embargo, esa población inquilina carece de las mínimas garantías para poder desarrollar una vida estable en su hogar. Los precios han marcado máximos históricos este 2025, con una subida interanual del 15% y una media de 21€/m² para el alquiler y de, lo que sitúa a Madrid entre las capitales europeas más caras en relación con los salarios medios, que se sitúan en torno a los 2.273€ pero con diferencias cada vez más acusadas entre diferentes sectores de la población. La compra de vivienda es un horizonte cada vez más inaccesible para la clase trabajadora, pues se necesita más de una década de salarios íntegros para poder comprar una vivienda en la capital en un panorama que avoca al 90% de la juventud a compartir vivienda si quieren lograr emanciparse.
Esta situación se agrava con fenómenos como el alquiler por habitaciones —cuyo precio se ha duplicado en la última década—, el creciente número de hogares que destinan más del 40% de sus ingresos a la vivienda y un mercado hipotecario restrictivo que impide el acceso a la propiedad a buena parte de la población joven y trabajadora. Todo ello deriva en una precarización residencial que alcanza incluso a familias completas, abocadas a compartir habitaciones o a mudanzas forzadas ante cada renovación de contrato.
El resultado es una ciudad donde la mayoría de los desahucios ya no proceden de ejecuciones hipotecarias, sino de impagos de alquiler. En la Comunidad de Madrid, 8 de cada 10 lanzamientos judiciales tienen esta causa según datos del Consejo General del Poder Judicial. Y mientras tanto, la política de vivienda pública permanece paralizada, la vivienda social o pública sigue sin alcanzar ni de lejos los estándares europeos y las medidas de control de precios se enfrentan a resistencias políticas y económicas constantes.
La propuesta: alquiler indefinido para garantizar estabilidad
Frente a este escenario, desde Más Madrid hemos planteado una propuesta clara y viable: instaurar en España el alquiler indefinido como figura contractual principal en la Ley de Arrendamientos Urbanos. Una medida sencilla desde el punto de vista técnico-legislativo y que supondría un cambio sustancial en la vida de millones de personas.
El contrato indefinido de alquiler establece que la duración del arrendamiento no tenga límite de tiempo, salvo causas justificadas recogidas en la ley —como la necesidad del propietario de recuperar la vivienda para uso propio, impagos reiterados o daños graves al inmueble—. Esto significa blindar la estabilidad residencial de los inquilinos y evitar los abusos que se producen actualmente cada cinco años, cuando el vencimiento del contrato y las subidas de precio pueden dispararse, provocando desahucios invisibles, mudanzas obligadas y rupturas de vínculos comunitarios.
Igual que en el ámbito laboral se entiende que el contrato indefinido es sinónimo de estabilidad, derechos y posibilidad de construir un futuro, en el residencial debería aplicarse la misma lógica. El alquiler indefinido permite a las familias planificar su vida sin temor, a las personas jóvenes emanciparse sin hipotecas emocionales, y a los barrios consolidar relaciones vecinales, redes de cuidado y tejido social, que se han demostrado la mejor garantía en los tiempos convulsos que vivimos.
Europa ya lo hace: una medida normalizada en países de nuestro entorno
El alquiler indefinido es una realidad en las principales ciudades europeas. Existe y funciona con éxito en buena parte de Alemania, Austria, Suecia, Dinamarca o Francia, donde llevan décadas aplicando esta modalidad contractual, lo cual explica por qué en esas ciudades los índices de alquiler son mucho más altos que en España, pero gozan de muchísima más estabilidad.
De hecho, la evidencia es clara: allí donde se ha combinado la duración indefinida de los contratos con políticas de control de precios y parques públicos fuertes, se ha contenido la inflación del alquiler y se ha reducido la exclusión residencial. La propia Barcelona, tras extender en 2019 la duración de los contratos y declarar zonas tensionadas, ha conseguido frenar la subida de precios y reducir la rotación forzosa de inquilinos.
La vivienda, cuestión de derechos o de privilegios
En definitiva, este debate no va solo de contratos, sino de modelo económico de ciudad y de modelo de convivencia. Hay quien quiere una Madrid ordenada al servicio de la inversión inmobiliaria, de los pisos turísticos y de los fondos de inversión. Y hay quienes defendemos que la vivienda debe ser, ante todo, un derecho. Que nadie tenga que vivir con miedo a que mañana le suban el alquiler o lo echen de su casa. Que ningún proyecto de vida se vea truncado por un mercado desregulado y voraz.
Porque la vida no es lo que sucede entre mudanza y mudanza. El alquiler indefinido es una medida necesaria, realista y sensata para escapar de la trampa de la compra de vivienda y el endeudamiento de por vida. Un primer paso para devolver tranquilidad, dignidad y horizonte a los hogares de esta ciudad. Porque solo desde la estabilidad se puede construir comunidad, convivencia y futuro.