Transición ecológica: Sí hay futuro y tenemos que construirlo juntas
Eva Saldaña Buenache
Directora Ejecutiva de Greenpeace España
“El futuro no está escrito, nunca lo está. Depende solo de nosotros, de que seamos capaces de construir un contrapoder lo suficientemente fuerte como para derribar al capitalismo y crear una forma de organización social diferente. Debemos además hacerlo pronto, la crisis ecológica avanza deprisa y nos dificulta cada vez más la tarea. No es una labor fácil, nunca lo ha sido. Es normal sentir miedo y tener vértigo, pero lo importante es lo que hacemos con ello, si dejamos que nos paralice o lo convertimos en combustible para la lucha”. Layla Martínez(1).
1. Un poco de contexto: mirando alrededor se ponen los pelos de punta…
Mientras escribo estas líneas ya vamos por la tercera ola de calor con más de 40ºC de temperatura, estamos viendo avalanchas de hielo de los glaciares en los Alpes y toda España está sumida en llamas. La superficie quemada en 2022 hasta el pasado 17 de julio se ha incrementado en un 80% respecto a la media de los últimos diez años. La dinámica de los fuegos ha cambiado enormemente con una tendencia muy extrema y con unas raíces más graves y profundas que los hacen prender: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, los cambios de uso de suelo, el despoblamiento y el abandono rural(2).
Con el actual ritmo de consumo, necesitaríamos tres planetas para suplir la demanda actual de todo tipo de artículos. La desaparición de la biodiversidad global ha estado ocurriendo mil veces más rápido que si ocurriera naturalmente. El 66% de los mares muestra una alteración severa por el impacto humano, lo que está provocando el declive en la cantidad y diversidad de vida marina mientras que sólo el 3% de las aguas internacionales están protegidas. La ONU alerta de que un millón de especies están al borde de la extinción. El 30% de las estaciones que controlan el agua subterránea y el 50% de las del agua superficial indican contaminación por nitratos, provocada principalmente por la agricultura y ganadería industriales. ¡Un horror! y de momento, por mucho que busquemos ahí fuera no hay otro Planeta Tierra tan bello y habitable. Lleno de montañas, playas, océanos, selvas, desiertos, tundras, especies hermanas maravillosas y únicas.
Dos años después de una pandemia global, en medio de una emergencia climática acelerada y el colapso de la biodiversidad, lo último que necesitaba el mundo era otra guerra, pero llegó. La invasión ilegal de Ucrania por parte de Rusia y la tragedia humanitaria que está provocando, ya está impactando al mundo de diferentes maneras. Pero las condiciones que permitieron que sucediera son universales y prueban que los sistemas económicos y sociales que nuestros gobiernos han construido para nosotras, no están funcionando, generando una y otra vez conflictos para alimentar una rueda de egoísmo y lucro que se cree sin fin. El informe anual de riesgos del Foro Económico Mundial y el último informe del IPCC dan mensajes claros y alarmantes: nos enfrentamos a enormes crisis, todo está en riesgo, “Código Rojo para la Humanidad”. Nuestra economía y nuestros sistemas sociales deben ser rediseñados de una vez por todas.
Nadie quiere la guerra. Todo el mundo quiere vivir en paz, uno al lado del otro. Así es que no puede ser que, una vez más, las consecuencias del fracaso colectivo de los líderes políticos recaigan sobre civiles. La geopolítica que nos deja una economía basada en combustibles fósiles es muy inestable, camina continuamente en dirección opuesta a la paz, la justicia climática y arrasa con las comunidades más vulnerables.
Además, mientras unos sufren otros siguen engrosando sus arcas. Veamos algunos datos:
Rusia es la mayor fuente de importaciones de combustibles fósiles de la Unión Europea. Gastamos hasta 285 millones de euros al día solo en petróleo ruso. España depende en torno al 10% de importaciones de gas y al 4% de petróleo de Rusia. En el caso del transporte, la dependencia energética de Rusia es brutal: uno de cada cuatro coches, motos, camiones o aviones que se mueven en Europa lo hacen utilizando combustible ruso. Todo ese dinero sale de nuestros bolsillos, cada día más menguados. El precio del gas usado para calentar siete millones de hogares en España, generar electricidad y fabricar bienes esenciales ha subido cuatro veces más que el año pasado.
Una investigación de Greenpeace sacó a la luz, en abril, que las petroleras habían ingresado en sus cuentas 3.000 millones de euros adicionales desde que comenzara la invasión de Ucrania. 30 millones al día, cada día(3).
En el nuevo informe de Oxfam Intermón Las desigualdades matan(4), publicado con motivo de la "Agenda de Davos” del Foro Económico Mundial, la organización afirma que luchar contra las desigualdades evitaría la muerte de 21.000 personas al día, o dicho de otra manera, de una persona cada cuatro segundos. Se trata de estimaciones conservadoras basadas en el número de muertes causadas a nivel global por la falta de acceso a servicios de salud, la violencia de género, el hambre y la crisis climática. Los diez hombres más ricos del mundo han más que duplicado su fortuna durante los primeros dos años de una pandemia que ha empeorado los ingresos del 99 % de la humanidad y ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas, actualmente, acumulan seis veces más riqueza que los 3.100 millones de personas más pobres del mundo juntos.
Todo esto son cifras obscenamente injustas ¿Realmente ha sido la invasión ilegal de Rusia en Ucrania o la Covid-19 lo que nos está desbaratando todo? ¿O quizás hemos llegado aquí por los decenios de guerra CAPITAL-VIDA que llevamos?
Ahora que las pandemias, las guerras, los eventos climáticos y otros desastres provocados por el traspaso de los límites planetarios parece que ya forman parte de nuestro día a día, algunos todavía los miran con sorpresa, pero no son más que las dramáticas consecuencias de un modelo socio-económico destructivo y opresor que hemos dejado que opere todo este tiempo sin freno y que incluso hemos integrado en nuestras almas.
No me cabe duda que la guerra de Ucrania ha agravado la encrucijada en la que estamos, provocando movimientos geopolíticos fuertes y excavando en las enormes grietas que ya tenían los sistemas energéticos y agroalimentarios, entre otros, potenciando auténticos abismos de desigualdad y dejando el concepto Paz del tamaño de ese folio en blanco que con tanta valentía levantaban las activistas rusas al comienzo del conflicto.
Pero, aunque los retos pinten feos ¿Nos vamos a rendir? ¡Por supuesto que no! Tenemos que seguir confiando unas en otras, construyendo sistemas que sostengan el tejido de la vida, de una vida digna, de todas las vidas. Vamos a empujar juntas las soluciones que distribuyan riqueza y poder, que generen justicia y cuidados, que reparen, que transformen no solo coyunturalmente sino estructuralmente, que nos hagan resilientes frente a lo que nos toca vivir.
Pero sobre todo toca acabar con la visión cortoplacista y los intereses económicos de un puñado de empresas y su greenwashing, forzar la ambición y el despertar de la gobernanza real y transitar hacia un modelo que sitúe a la vida y al Planeta en el centro.
2. ¿Por dónde empezamos? Veamos algunos pasos a dar:
I. Ambición política
Necesitamos gobiernos que…
● Marquen y ejecuten más ambición climática, sobre todo en la reducción de emisiones.
● Aumenten la transparencia en los procesos políticos y económicos.
● Promuevan una participación ciudadana real.
● Prioricen y mejoren la paz y la cooperación entre países.
● Implementen políticas y mecanismos que responsabilicen al estado y a las corporaciones.
● Y como dice Yayo Herrero, necesitamos que toda esta inversión millonaria (actualmente con los fondos Next Generation) se canalice a través de un sistema de indicadores multicriterio que integre el bienestar y la seguridad de los seres vivos y la necesidad de reducir drásticamente la huella ecológica global(5).
II. Transformación radical del sistema
Donella Meadows, muy conocida por su estudio sobre los límites planetarios en los 70’s nos decía que “El futuro no se puede predecir, pero se puede imaginar y traer amorosamente a la existencia. Los sistemas no se pueden controlar, pero se pueden diseñar y rediseñar. No podemos avanzar con certeza en un mundo sin sorpresas, pero podemos esperar sorpresas y aprender de ellas e incluso sacar provecho de ellas. No podemos imponer nuestra voluntad sobre un sistema. Podemos escuchar lo que el sistema nos dice y descubrir cómo sus propiedades y nuestros valores pueden trabajar juntos para producir algo mucho mejor de lo que jamás podría ser producido por nuestra sola voluntad. No podemos controlar los sistemas ni descifrarlos. ¡Pero podemos bailar con ellos!”(6).
Hacer frente a la crisis ecosocial obliga a una radical y urgente transformación económica, social y política del sistema, que cambie la manera en la que producimos, que pase por la reducción de las necesidades energéticas y del consumo, apueste por una manera distinta de alimentarnos y movernos, y abandone definitivamente los combustibles fósiles.
Parece que tendremos que bailar mucho con el sistema como nos indica Donella, suprimir todo lo que nos hace daño, decrecer en lo material es una realidad sin opción y crecer en todo aquello que sustenta la vida, para alcanzar un modelo socioeconómico con una perspectiva muy sistémica que cumpla al menos estos cinco principios de cambio(7):
● respete los límites de la tierra, nuestro aire, agua, bosques y clima y ponga a todos los seres vivos y al planeta antes que las ganancias y el crecimiento infinito.
● proporcione una distribución justa de la riqueza y el poder.
● mejore el bienestar de las personas.
● sea inclusivo, justo y diverso.
● promueva la resiliencia de nuestras comunidades
III. Y algunas REVOLUCIONES imprescindibles(8):
Hemos conseguido avances: una mayor concienciación medioambiental en nuestras sociedades, tratados internacionales como el Acuerdo de París y el desarrollo de estándares de protección para reconocer el valor y proteger nuestros ecosistemas. Pese a todo, el conjunto de medidas aprobadas, los plazos y el carácter voluntario de una gran mayoría de los acuerdos son insuficientes. La comunidad científica coincide: con los acuerdos conseguidos el mundo se dirige al menos a un calentamiento de entre 2,4 y 2,7 °C, si no más, muy por encima del umbral crítico de 1,5 ºC.
LA EMERGENCIA CLIMÁTICA: MUCHO AHORRO Y UN SISTEMA ENERGÉTICO 100 % RENOVABLE
La crisis climática presenta un reto sin precedentes y estamos en la década clave para frenarla.
La causa la encontramos en gran medida en la quema de combustibles fósiles. El 79% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea son debidas a la quema de combustibles para usos energéticos o de transporte, según datos de Eurostat. En España, las grandes eléctricas —encabezadas por Endesa, Iberdrola y, Naturgy, a las que se han unido petroleras como Repsol o Total— siguen abusando de su posición de dominio en el mercado eléctrico para favorecer sus negocios vinculados a combustibles fósiles a la vez que utilizan el discurso de la sostenibilidad para hacer campañas de lavado verde.
Y la guerra de Ucrania(9) nos ha mostrado nuestra falta de independencia energética. Pero esta situación no puede servir como excusa para buscar otras fuentes de combustibles fósiles ni para invertir un solo euro en la construcción de nuevas infraestructuras de gas, carísimas e inútiles a corto plazo, y que nos sigan atando al consumo de estos combustibles altamente contaminantes.
Tenemos las soluciones para reducir al menos a la mitad las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de aquí a 2030, con un bajo coste o incluso beneficios económicos. En España es el momento de acelerar la transición energética hacia las energías renovables y la eficiencia, y abandonar cuanto antes los combustibles fósiles. Hay que reformar el mercado eléctrico, poner fin al poder del oligopolio energético e impulsar las alternativas (10) que permitan a la ciudadanía beneficiarse de las ventajas económicas y ambientales de las energías renovables, como el autoconsumo y las comunidades energéticas(11).
LA CRISIS DE LA PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD: PROTEJAMOS NUESTROS BOSQUES Y OCÉANOS
La biodiversidad regula el clima y la temperatura del planeta, y sus ecosistemas nos suministran alimentos, energía, agua y nutrientes de los que depende cualquier tipo de vida, también la nuestra.
Para frenar la pérdida de biodiversidad, hay soluciones al alcance de cualquiera, como exigir políticas que limiten la acción de las industrias depredadoras del medioambiente o cambiar nuestros hábitos de consumo, apostando por consumo local, ecológico y de temporada. A nivel internacional este año se podría conseguir la firma de un Tratado Global de los Océanos, que proteja el 30% de nuestros mares antes de 2030, con un plan claro y recursos suficientes para hacerlo realidad.
AGUA ESCASA, CONTAMINADA Y MAL GESTIONADA: PONGAMOS FIN A LAS MACROGRANJAS
Que en España tenemos un problema con el agua es algo que todo el mundo sabe.
El primer factor de la disminución del agua disponible es su nefasta gestión, muy relacionada con un modelo agroalimentario inadecuado y depredador de recursos hídricos. Regadíos sobredimensionados, robo de agua, pozos ilegales, trasvases innecesarios, urbanismo desmedido, campos de golf en secano, cultivo de alimentos típicos de otros climas, y un largo etcétera que pone de manifiesto que la política de gestión del agua en España ha estado al servicio de cualquier demanda por insostenible que fuese(12).
Y a la mala gestión hay que sumar los impactos del cambio climático: ya llueve menos, y lloverá menos, según las proyecciones realizadas por la ciencia. España es ya el país más árido de Europa y el 75 % de su territorio está en riesgo de convertirse en desierto a lo largo de este siglo.
Pero además de escasa y mal gestionada, el agua que tenemos en España está altamente contaminada. La ganadería industrial, con sus macrogranjas y sus excesivos excrementos, y la agricultura industrial, con su uso masivo de fertilizantes, son los responsables de que tengamos un #AguadeMierda, que en muchos lugares de España ya no es potable. El último informe del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD) ya dice que el 30% de las estaciones de control de las aguas subterráneas y el 50% de las superficiales indican una mala calidad debido a la contaminación por nitratos. Por si hubiera dudas, la Comisión Europea llevará a España ante el Tribunal de Justicia de la UE por esta razón.
Debemos exigir un plan para la reducción progresiva de la cabaña ganadera en intensivo hasta alcanzar un 50% menos en 2030, no conceder autorizaciones para nuevos regadíos intensivos y fomentar y adoptar la “dieta de salud planetaria” que lleve a una reducción drástica del consumo de carne hasta alcanzar un máximo semanal de 300 gramos a la semana por persona, así como de los demás alimentos de origen animal.
UNA MOVILIDAD QUE CONTAMINA: CUIDEMOS EL AIRE QUE RESPIRAMOS
El modelo de movilidad que tenemos en España es responsable del 29 % de las emisiones de C02 a nivel nacional, y la contaminación atmosférica causa 16.000 muertes prematuras al año en nuestro país.
Hay que dejar atrás el actual modelo contaminante e individualista y avanzar hacia un modelo de movilidad basado en el transporte público, con más espacio para las personas y menos para los coches, y comprometido con el abandono del diésel y la gasolina antes de 2028; la implantación de Zonas de Bajas Emisiones que realmente sirvan para reducir la contaminación atmosférica, el ruido y las emisiones de gases de efecto invernadero, y la prohibición de vuelos cortos donde haya una ruta equivalente en tren, entre otras medidas imprescindibles.
UN SALTO CUÁNTICO EN LA MOVILIZACIÓN CIUDADANA Y EL CAMBIO CULTURAL
Actualmente nos encontramos al borde de los límites planetarios y sociales causado por la codicia de las élites financieras y políticas y su hambre insaciable de ganancias y crecimiento infinito, posibilitado por una cultura del individualismo. Pero somos muchas las personas que creemos que es posible un futuro alternativo, un futuro que podemos construir juntas, el reto está en que nos lo creamos muchas más.
Cada una de nosotras importa en el proceso de transformar nuestro futuro, pero ¿realmente creemos eso? ¿Qué pasa si estamos subestimando nuestra capacidad individual y colectiva para cambiarnos a nosotros mismos, nuestras culturas y nuestros sistemas para crear un futuro próspero para todas? nos pregunta Karen O’Brien, en su libro “Eres más importante de lo que crees”(13).
Está claro que si hay una revolución imprescindible es la del cambio cultural, juntas podemos detener la crisis climática, prevenir la pérdida de biodiversidad y reducir la brecha de desigualdades, pero requiere una cooperación a unos niveles sin precedentes. Podemos construir un futuro verde, justo y pacífico donde el bienestar de las personas y el planeta estén por encima de las ganancias. No hay una sola, sino muchas formas de desarrollo alternativo.
Al final, todo se reduce a hacernos las preguntas que nos lanza Daniel Wahl(14): ¿seguiremos esforzándonos por superarnos unas a otras y, en el proceso, desenredar el hilo del que depende toda la vida? ¿O aprenderemos a colaborar en la restauración del todo a través de la innovación transformadora y el diseño regenerativo creando culturas vibrantes y comunidades prósperas para todas?
Como dice Eric Oline Wright (15), no podemos pintar un Edén sin conflictos, este camino no va a ser fácil, pero también necesitamos palpar Ecotopías reales y tangibles, quizás menos deseables y apetecibles pero sí más humanas, horizontes revolucionarios con paradas intermedias. También es evidente que las responsabilidades son asimétricas y que cada una tiene que explotar su capacidad política al máximo, unas más que otras, para conseguir soluciones basadas en alianzas sobre los comunes.
Yo estoy convencida de que el cambio ya está ocurriendo, las alternativas ya existen y son muchas según el contexto y las realidades. Necesitamos escuchar y aprender de las comunidades indígenas y locales, necesitamos re-organizarnos de muchas otras formas diferentes, pero confío en nuestra capacidad para co-crear propuestas regenerativas y resilientes. Un futuro con una sociedad equitativa, inclusiva y diversa es posible. Pero para vivir en este mundo arraigado en la cooperación y la solidaridad, debemos ACTUAR YA, ACTUAR JUNTAS. ¿Tú qué opinas?.
DOCUMENTOS DE REFERENCIA:
(1) Utopía no es una isla, catálogo de mundos mejores. Layla Martínez. Ed. Episkaia.
(2) Proteger el medio rural es protegernos del fuego
(3) Petroleras, las grandes beneficiadas de la guerra de Ucrania
(4) Las desigualdades matan. Oxfam Intermón. https://www.oxfamintermon.org/es/publicacion/las-desigualdades-matan?hsLang=es
(5) Los cinco sentidos. Yayo Herrero. Ed. Arcadia
(6) Dancing with systems. Donella Meadows. https://donellameadows.org/archives/dancing-with-systems/
(7) Informe “Darle la vuelta al Sistema”. Greenpeace https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/documentos/darle-la-vuelta-al-sistema/
(8) Alternatives futures: https://sites.google.com/greenpeace.org/alternativesocioeconomicmodels/home
(9) Propuestas de Greenpeace frente a la Guerra de Ucrania: https://es.greenpeace.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2022/03/SEIS-peticiones-GP-guerra-Ucrania.pdf
(10) Alternativas de energía ciudadana frente al cambio climático https://es.greenpeace.org/es/en-profundidad/cambia-la-energia-no-el-clima/alternativas-energia-cambio-climatico/
(11) Medidas para afrontar la crisis de Ucrania desde el sistema eléctrico:
(12) Las 5 claves de Greenpeace para cuidar el planeta:
(13) You matter more than you think. Karen O’Brien. Ed. cChange Press.
(14) Designing Regenerative Cultures. Daniel Wahl. Ed. Triarchy Press.
(15) Construyendo utopías reales. Eric Oline Wright. Ed. Akal.