¿Reinventar la justicia? No, construirla
Piter
¿REINVENTAR LA JUSTICIA? NO, CONSTRUIRLA
Con todos mis respetos hacia la ponente (de quien tengo alto concepto) y hacia el resto de comentaristas, aunque pueda estar de acuerdo con bastantes cosas de las que se dicen, no estoy de acuerdo con la cuestión fundamental que se plantea. Ello es debido a que, al menos desde mi punto de vista, se están entremezclando dos cuestiones: El concepto en sí de Justicia, y su puesta en práctica. Probablemente tendré que hacer varios comentarios y, aviso, voy a ser especialmente duro con “la justicia”. Todo ello puntualizando que no tengo ningún tipo de estudios de Derecho pero que, por desgracia, el propio Derecho y la “justicia” no me son en absoluto desconocidas.
Las leyes se hacen para los robagallinas. La justicia, también
Si escuchamos que alguien pide justicia, todxs comprendemos enseguida qué es lo que quiere decir. Entendemos que las leyes son las normas que rigen la convivencia del colectivo, y que por tanto definen los derechos y obligaciones de cada una de las partes que forman el colectivo, sean individuos o agrupaciones de individuos y que cuando existe una vulneración de esas normas de convivencia por parte de quien sea, que afecta a los derechos de otra parte del colectivo, la Justicia consistiría en la restitución de tales derechos y, si es necesario, la toma de medidas para que ello no se vuelva a repetir. Lo mismo se puede decir del cumplimiento de las obligaciones.
Por tanto la Justicia en sí misma es un derecho, y a la vez, una obligación y una de las normas que rigen la convivencia en elolectivo, ya que caso contrario no tendría sentido elaborar leyes si la primera de esas leyes no fuera la obligación del cumplimiento del resto de leyes.
Éste sería, desde mi punto de vista, el concepto de la Justicia. A partir de aquí, nos encontramos con el problema llevar la aplicación de ese concepto a la realidad y a ese traslado a esa aplicación práctica del concepto, también le llamamos justicia, aquí considerada como institución, como poder y/o como servicio. En realidad, al planteamiento como Derecho Humano o su traslación constitucional como derecho fundamental, se le da el sentido de la aplicación del concepto “Todo el mundo tiene derecho a la tutela judicial efectiva”. O lo que es lo mismo, a que exista un mecanismo real que garantice plenamente sus derechos establecidos en las leyes.
Sea considerada como institución, como poder o incluso como servicio, desde mi punto de vista en cada caso existe una pequeña parte de razón, pero todo ello está muy alejado de la Justicia como derecho y como norma. Quizás podríamos imaginar muchas maneras de llevar a
la práctica la idea, pero no se trata de reinventar la justicia, puesto que la idea continúa siendo la misma, sino de construirla puesto que hasta ahora no se ha llevado a término. El sistema que se ha elegido para llevar a la práctica la idea se ha demostrado erróneo y por lo tanto, no se ha alcanzado la Justicia, ni siquiera de manera imperfecta.
Dice Manuela Carmena (y reiteran varixs comentaristas) que hay que hacer leyes “más justas”. Entendemos por leyes justas aquellas que garantizan el equilibrio entre los derechos y obligaciones de cada uno de los grupos o individuos que conforman el colectivo. Otro requisito indispensable es que, al existir una jerarquía de las leyes (leyes ordinarias, constitución, derecho comunitario y DDHH), son justas aquellas leyes que cumplen y obligan a cumplir las leyes de rango superior. Y aquí vendrá una de las primeras críticas duras hacia la “justicia”. Ladivisión de poderes atribuye unas competencias a cada uno de ellos y la competencia de la justicia (ahora ya como poder o institución) es garantizar el cumplimiento de esas leyes, de todas pero especialmente las de rango superior, puesto que una infracción en las normas de rango inferior tiene mucho menos efecto sobre el colectivo que la vulneración de una norma
de rango superior. Y aquí es donde falla la cosa.
El Presidente del CGPJ, Sr. Lesmes dijo que “la ley está hecha para el robagallinas, pero no es sólo la Ley, sino la propia institución que denominamos justicia (la puesta en práctica de la idea) la que está hecha para lxs robagallinas, y eso, se mire como se mire, no es justicia puesto que un derecho que se supone que es de todxs, si realmente no es de todxs, no es un derecho sino un privilegio. Y en sucesivos comentarios pondré algún ejemplo más que ilustrativo.
Contrariamente a lo aquí expuesto, se pone mucho énfasis en los problemas materiales de la institución, en su politización, falta de medios, etc., pero se pasa de puntillas sobre este hecho fundamental. Únicamente se hace algo de referencia cuando Manuela Carmena nos habla del ENEM y sus criterios de selección de lxs juezxs. Y sin embargo, por encima de todos los problemas, a mi juicio ése es el principal.
Ya sabemos que lxs legisladorxs hacen las leyes a su imagen y semejanza, que no representan realmente la soberanía popular sino los intereses de pequeños grupos de poder, especialmente económico. Y la responsabilidad de lxs juezxs es “impartir la justicia”, y por
tanto garantizar que se cumpla la ley, pero todo el cuerpo de leyes, especialmente las de mayor rango.
Desgraciadamente esto no es así. Lxs juezxs (salvo raras y honrosas excepciones) no se mojan, no se implican, no tutelan que las normas de rango inferior sean acordes con el contenido de las de rango superior. Aplican el principio de obediencia debida a las jerarquías judiciales superiores (muy politizadas) por encima del principio de independencia judicial y de respeto a las normas de rango superior. No cuestionan las decisiones de los órganos superiores, aunque vean con claridad que puedan estar contraviniendo la Constitución u otras normas. Aplican el derecho nacional sin cuestionar que pueda entrar en contradicción con otras normas de rango mayor. Es decir, actúan como simples burócratas, no imparten justicia.
Y a continuación, en los siguientes comentarios, expondré ejemplos de esta cuestión:
- Las hipotecas
- La presunción de inocencia
- Los derechos políticos
Salut i llibertat