No bastará con ajustar las velas
Matías Nso
CEO y co-fundador de Kuorum.org
"No es país para innovadores". Desde que nuestra organización ha trasladado su sede a las instalaciones de la incubadora del Instituto de Empresa, no dejo de escuchar esta frase. Sin embargo, cuando compartes tu día a día con algunos de los emprendedores más brillantes del momento resulta difícil pensar que la innovación sea algo que se le pueda negar así como así a todo un país. Incluso cuando se intenta con ahínco, como parece que ocurre en España. La innovación se abre camino de las formas más insospechadas; con el ímpetu de Marte, con la velocidad de Hermes. Y lo hará también en las instituciones legislativas y judiciales, sin duda. La pregunta es si lo hará con ellas o a pesar de ellas.
Hace dos años fundamos Kuorum.org, una empresa social cuya misión es mejorar la comunicación entre los ciudadanos y sus representantes políticos a través de la tecnología. El apelativo "clase política", acuñado en los últimos tiempos, da una idea del grado de desconexión que existe entre representantes y representados, entre las leyes que se promulgan y la sociedad que las "padece". La naturaleza del conflicto es compleja, pero a grandes rasgos podemos identificar dos retos importantes: los estructurales y los culturales. Los estructurales tienen que ver con la manera en la que nuestras instituciones están pensadas, mientras que los culturales tienen que ver con nuestra capacidad como sociedad para cambiarlas. Y aquí es donde viene aquello del huevo y la gallina: ¿Necesitamos nuevas instituciones que cambien nuestra forma de proceder o necesitamos nuevas formas de proceder que cambien nuestras instituciones?
La teoría de la nueva economía institucional que le valió el premio nobel a Ronald Coase en 1991 puede aportar un poco de luz a este dilema. El economista británico definía las instituciones como las reglas del juego; las entidades normativas que rigen nuestro comportamiento a través de incentivos, positivos o negativos. La gestión de esos incentivos supone un aumento de los costes de transacción y reduce la eficiencia de nuestros sistemas. Sin embargo esos costes son más moderados cuando los incentivos que nos llevan a superar los conflictos sociales ya forman parte de nuestra cultura, de nuestra educación consuetudinaria. Y es por eso que acabar con la corrupción en España requiere ingentes esfuerzos legislativos y judiciales, mientras que en países como Dinamarca ser honesto y transparente es una mera cuestión de educación.
Entonces, si la manera más eficiente de reinventar la justicia - de reinventar nuestras instituciones - es propiciando un cambio cultural ¿por dónde empezamos? Mi formación técnica me devuelve siempre al método científico. Empecemos por la práctica.
Un caso práctico
“Las ideas son inútiles a menos que se usen” Theodore Levitt
Manuela Carmena señala en su ponencia una necesidad de la justicia que es precisamente la razón de ser de Kuorum.org: La innovación en los procesos de redacción de normas. En la web de Kuorum.org parlamentarios y ediles de todo el mundo pueden publicar sus proyectos políticos para que los ciudadanos les hagan propuestas de mejora. Los usuarios de la herramienta también pueden apoyar las propuestas de los demás ciudadanos, de forma que éstas se jerarquizan democráticamente. Es una forma sencilla de involucrar a los representados en la redacción de leyes a través de la tecnología, de hacerles partícipes de la toma de decisiones, de abrir el Parlamento, el Senado, las asambleas regionales y los ayuntamientos.
El año pasado el diputado en las Cortes Carles Campuzano utilizó nuestra herramienta para recabar propuestas sobre su Proposición de Ley de mejoras en la prestación económica por hijo o menor acogido a cargo. Unos meses después celebramos un encuentro presencial entre Carles, Federico Buyolo - también diputado en las Cortes-, organizaciones del ámbito de la infancia como Unicef, Save the Children o porCausa, y ciudadanos. El resultado fue tremendamente positivo. En las ponencias se habló sobre la cuantía de las prestaciones y las condiciones para acceder a ellas. Y se profundizó en debates tangenciales sobre nuevas perspectivas como la de los hijos de inmigrantes en situación irregular. En el turno de intervenciones del público, abierto por los autores de las propuestas online más relevantes, se sugirió un subsidio variable en función del coste de la vida en las diferentes comunidades autónomas. Propuestas todas que el diputado pudo debatir abiertamente con los asistentes tan sólo unas semanas antes de defender su Proposición de Ley en el Pleno del Congreso.
Este es sólo un ejemplo de cómo los problemas estructurales de nuestra democracia se puede hackear si existe voluntad política para hacerlo. Como sin necesidad de transformar la institución - en este caso el Congreso - y sus comportamientos decimonónicos hemos conseguido socializar, aunque sólo sea un poco, el legislativo. Y es en esto en lo que consiste la nueva cultura de la participación ciudadana. ¿Qué hubiera pasado si los autores de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 2000 se hubieran sentado con familias desahuciadas antes de tramitar el texto? ¿O si se hubiera involucrado a los vecinos del barrio de Gamonal en el diseño del plan urbanístico de Burgos?
Vientos de cambio
“No hay educación como la que da la adversidad” Benjamin Disraeli
Vivimos un tiempo crítico para el futuro de nuestras instituciones legislativas y judiciales. Soplan vientos de cambio para Europa y ya se sabe: Unos se quejan, otros esperan, y los más inteligentes ajustan las velas. En un mundo que muta a un ritmo cada vez mayor no serán tan determinantes los cambios ideológicos como los formales. Justicia cercana, independiente, humana, con una gestión profesionalizada y un legislativo conectado con la ciudadanía. Todos ellos son cambios formales acertados.
Pero no olvidemos que la crisis que nos ha traído hasta aquí no es sólo una crisis económica e institucional sino también, y de forma más preocupante, una crisis de valores. La solución, por tanto, no vendrá de las instituciones sino de las personas. Tenemos que hacer una reflexión más profunda sobre el rumbo que queremos tomar como individuos y como sociedad. En esta ocasión no bastará con ajustar las velas. Zeus debe morir.