Una oportunidad que no se puede perder
BusinessEurope
Hasta hace poco, el comercio solía ser un asunto técnico que atraía poco la atención más allá de especialistas y expertos. Pero a día de hoy, todo lo que concierne al comercio internacional se debate ya entre mucha más gente, y TTIP es un acrónimo que está prácticamente en boca de todo el mundo. Sin embargo, la mayor parte de la población todavía tiene muy poca información sobre lo que en realidad significa el acuerdo transatlántico.
Esta falta de conocimiento abre la puerta a miedos que vienen de sentimientos de anti-americanismo ampliamente contagiados, sentimientos contra las grandes corporaciones o sectores antiglobalización para quienes el acuerdo es una amenaza a la democracia y sólo persigue el interés de las grandes multinacionales.
Aunque las críticas siempre son bienvenidas, no debemos olvidar que existe una completa supervisión democrática sobre el proceso de negociaciones, ya que el TTIP está siendo negociado respetando las reglas del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y sobre las bases de un mandato que los gobiernos democráticamente elegidos de los estados miembros dieron a la Comisión Europea: si ese mandato no es respetado, los gobiernos y el Parlamento Europeo siempre pueden rechazar la ratificación del acuerdo.
No debemos olvidar que Estados Unidos es el mayor socio comercial y geopolítico de la UE y que los tratados bilaterales son, por el momento, la única herramienta disponible para abrir de forma efectiva los mercados y dar forma a la globalización desde que las negociaciones se mantienen a nivel multilateral. Otros países están negociando tratados comerciales entre sí: hace apenas unos días, 12 países en la zona del Pacífico (incluyendo a EEUU, Japón y Canadá)concluyeron las negociaciones del Tratado Transpacífico (TPP). Sin el TTIP, Europa se verá excluida de participar en la elaboración global de normativas, en su propio perjuicio.
Los tratados comerciales son el instrumento más poderoso para asegurar que las firmas europeas siguen siendo competitivas y que de los acuerdos que la UE negocia actualmente (incluyendo las reuniones con Japón, Vietnam y China sobre inversiones) el TTIP es uno de los que tienen un mayor potencial, porque beneficiaría especialmente a pequeñas y medianas empresas, que son mayoría en nuestra economía. Esta es la razón por la que BusinessEurope, cuyos miembros son las llamadas patronales en la EU –la CEOE en España- están a favor del acuerdo.
Las grandes compañías no necesitan un acuerdo comercial para acceder al mercado de EEUU. Son las pequeñas compañías con recursos limitados las que no pueden afrontar el gasto de consultores y abogados para navegar en un entorno legislativo y regulador que es diferente al doméstico, en el que están acostumbradas a operar. Por citar un ejemplo que viene de nuestros miembros: una compañía danesa que fabrica carritos para mover ítems fácilmente en los supermercados. Tienen las certificaciones europeas para sus productos que no son reconocidas por las autoridades de Estados Unidos. Cuando la compañía intentó obtener las certificaciones en EEUU, ninguna autoridad accedió a hablar con ellos hasta que fueran capaces de identificar correctamente los productos sobre los que estaban pidiendo información; después, tras contactar con una agencia norteamericana, la compañía aprendió que debía pasar un largo y costoso procedimiento para obtener los certificados necesarios, incluyendo una visita anual de inspectores de EEUU, todo con cargo a la empresa.
Aunque la compañía ya había superado una inspección de las autoridades europeas, esto no se reconoce por las autoridades de EEUU. ¿No podrían las autoridades de EEUU y la UE acordar las reglas para reconocer sus respectivos trabajos y reducir así los costes administrativos y financieros para compañías como ésta? Este tipo de procedimientos es el que, en el capítulo de Cooperación Reguladora, se intentará hacer más suaves para las compañías.
Business está intentando simplificar la burocracia, no bajar el alto nivel de estándares existente. De hecho, bajar los estándares sería bastante contraproducente para las compañías europeas que basan su ventaja competitiva en la alta calidad de sus productos. Su modelo de negocio está basado en el hecho de que los consumidores a menudo están dispuestos a pagar más altos precios por productos de la UE solo porque son más innovadores y tienen mayor calidad.
Hoy por hoy, sólo el 13% de las pequeñas empresas europeas están en condiciones de exportar fuera de Europa. Recientes encuestas entre la comunidad empresarial muestran que una mayoría de compañías podrían contratar un mayor número de personas si pudieran incrementar sus ventas al mercado de EEUU.
Un aumento de ventas sería posible no solo para el sector industrial o para los servicios, sino también para la agricultura de la UE y la comida procesada. En Europa, las llamadas “denominaciones de origen” ofrecen una protección especial gracias a las disciplinas específicas en Derechos de Propiedad Intelectual. Pero este no es el caso de otros países, donde los productores locales pueden vender sus productos en el mercado bajo nombre europeo. En la práctica, un queso puede ser comercializado como ‘queso manchego’ aunque no se produzca en La Mancha. En el tratado con Canadá, fue posible cerrar un buen trato que protege las denominaciones de origen. El TTIP debería permitir introducir una solución similar que asegure los intereses europeos.
Estas son las oportunidades que el TTIP abriría y que en ocasiones no se dan a conocerlo suficiente. Otra oportunidad importante que ofrecería el TTIP es reformar el polémico mecanismo de resolución de disputas ISDS (Investor State Dispute Settlement). La Comisión Europea ha presentado una propuesta para reemplazar este viejo mecanismo, que lleva funcionando desde los años 60 en más de 3.000 acuerdos bilaterales en todo el mundo. Sin TTIP, algunos de los viejos tratados de inversión bilaterales cerrados por varios de los 28 estados miembros seguirán en activo. Con el TTIP, tenemos la oportunidad de modernizar el sistema, acorde con los métodos actuales en materia de comercio e inversiones, y equilibrar la balanza entre el derecho a regular de los estados por el interés público, y el derecho de los inversores a verse protegidos de tratos injustos o discriminatorios.
El acuerdo constaría de veinticuatro capítulos. A día de hoy, ninguno de ellos está aún redactado por completo. La Comisión Europea ha publicado en su página web sobre el TTIP un gran número de documentos que explican por dónde van las negociaciones, incluyendo la publicación de sus propuestas de negociación presentadas ante EEUU- este nivel de transparencia nunca se había conseguido en ningún otro acuerdo-. Las consultas públicas sobre cada uno de los asuntos que se negocia tienen como objetivo que los intereses europeos estén situados en el centro de las negociaciones.
El TTIP ofrece una oportunidad que no se puede perder. Una oportunidad para tener más compañías, especialmente Pymes, que vendan sus productos y servicios en el mercado norteamericano. Pero también se trata de una oportunidad para fijar normativas y estándares en línea con los valores europeos. Y una ocasión única para revivir nuestra histórica y cercana relación con EEUU en un momento crítico desde el punto de vista geopolítico. Así que tenemos todos los motivas para lograr este acuerdo de forma que beneficie a los trabajadores, los consumidores y a la sociedad europea como conjunto.