Municipalismo y Servicios Públicos
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
Remito un nuevo documento donde hablo de los servicios públicos, tema este que debería ser central en todo discurso progresista.
Como expongo en este documento, para que existan servicios públicos no es condición necesaria que sean suministrados por el Estado. Tampoco resulta suficiente esta titularidad estatal si queremos unos servicios públicos eficaces, eficientes y de calidad, pues el modo en que se realice la gestión será un factor condicionante de vital importancia. Por ello, y como bien ha enfatizado el economista Fernando Prieto (“En España no existe evaluación de políticas públicas”, Público.es, 06.03.2014), se hace imprescindible la existencia de centros independientes de EVALUACIÓN de políticas públicas que chequeen constantemente el rendimiento de estos servicios. Pues si bien los servicios públicos operan al margen de los criterios de rentabilidad (total o parcialmente) de las empresas privadas, ello no quiere decir que actúen de cualquier modo o se abandonen a la irracionalidad.
Por lo tanto hay que exigir la evaluación constante y sistemática de las políticas públicas, y con la mayor implicación social posible: de los usuarios y de los trabajadores. Al mismo tiempo, se debería incorporar la nueva estrategia de control de calidad de las organizaciones conocida como ‘benchmarking’ (evaluación comparativa), y que consiste, según la Wikipedia, en buscar las mejores practicas que se pueden encontrar fuera o a veces dentro de una organización, en relación con los métodos, procesos de cualquier tipo, productos o servicios, siempre encaminada a la mejora continua. La ‘benchmarking’ implica aprender de lo que esta haciendo el otro y entonces adaptar sus propias prácticas según lo aprendido, realizando los cambios necesarios; pero no se trata sólo de copiar una buena practica, sino que debe efectuarse una adaptación a las circunstancias y características propias.
Así pues la divulgación y comunicación de las diferentes experiencias municipales en el área de los servicios públicos, debe ser una tarea ineludible: un Ayuntamiento no puede ser una mónada aislada, un ente que flota en el vacío. Pero esto es sólo la mitad del camino. De la EMULACIÓN hay que pasar a la COOPERACIÓN, aprovechando las mejoras de eficiencia económica que proporcionan las economías de escala y la división del trabajo entre municipios distintos pero próximos.
En resumen, la defensa de los servicios públicos no será más que un cliché vacío y un objetivo sin porvenir si no dotamos a estos servicios de una operatividad real y progresiva, que la haga superior a los servicios suministrados según las reglas del mercado. A este respecto, resulta conveniente recordar a la escuela económica de la ‘Public Choice’ (Elección Pública), que a pesar de su carácter conservador, proporciona una auténtica verdad que podemos aprender de ella: la alternativa a los ‘fallos del mercado’ no es la intervención pública sin más, sino una intervención pública con mejores resultados.