Más espacio político para la democracia local
Francisco Ramos Antón
Sociólogo. Parlamentario socialista en las Cortes de Castilla y León
El conocido trilema de Rodrik, que propone la incompatibilidad de globalización, democracia y soberanía nacional, deja una “salida” para la democracia y su profundización en el ámbito y en el espacio político local.
Dani Rodrik afirma que puede haber globalización y democracia -en instituciones supraestatales-, pero sin soberanía nacional, de ahí la deriva soberanista de las nuevas políticas emergentes y sus marcas.Puede haber también globalización y soberanía nacional pero ésta deberá ejercerse en coherencia con los imperativos de la globalización y no de la ciudadanía. Es también posible que exista democracia y soberanía nacional, pero eso exige poner coto y cambiar de signo la globalización.
En este escenario, la incapacidad de los actores políticos estatales para enfrentar los efectos de una crisis global – más en el caso de los países de la zona euro de la UE- es una de las causas de la pérdida de confianza ciudadana y del vínculo democrático con sus electores.
Queda un margen para la democracia, la participación y la implicación ciudadana con lo público en el espacio local. Es difícil, pero es posible, siempre que no interfiera los intereses materiales de la globalización.
Los obstáculos no son pocos. Habrá que reinventar el modelo de individuo obstinado en su individualidad, fruto maduro de la cultura neoliberal. Habrá que equilibrar las políticas paliativas de urgencia centradas en las personas, con las políticas preventivas centradas en las relaciones y sus desequilibrios: en las desigualdades y sus causas. Habrá que combatir un modelo de transparencia que oculta la información tras una plétora de irrelevancia. Habrá que denunciar un modelo de gobierno abierto que nace esclerotizado en la cultura del “participa y calla”. Pero es posible.
Por eso la reforma local del PP ha pretendido achicar el espacio político de lo local. Para limitar el derecho ciudadano al gobierno de proximidad a su mínima expresión. Como hizo con los derechos laborales de los trabajadores y con los sindicatos en la reforma laboral.
El hecho de que las administraciones locales sean las únicas que cumplen, y con creces, los objetivos de déficit público demuestra la capacidad de control que tiene el Gobierno sobre el mundo local en el Estado de las Autonomías. Por tanto la reinvención democrática de lo local exige la recuperación de una autonomía local que el gobierno del PP ha tenido secuestrada con la reforma local y sus amenazas, y con la legislación sobre estabilidad presupuestaria, sin entrar en otras circunstancias constituyentes de nuestro modelo de régimen local.
Respecto al debate sobre la planta local, ninguna objeción a la adaptación del modelo institucional a las nuevas realidades geográfica, económica y social, pero la clave no pueden ser las escalas de eficiencia, como plantea el PP, sino el vínculo ciudadano que convierte la política local en política de proximidad.
Aquí todo el que tiene una ocurrencia pretende acabar con unos miles de municipios –que funcionan- para crear otros más grandes -que nadie sabe si van a funcionar- y ahorrar unos miles de millones, que nadie sabe de dónde salen, porque los pueblos -que son la unidad básica de gasto- iban a seguir en su sitio, demandando servicios públicos. A partir de aquí la supramunicipalidad basada en la cooperación voluntaria de los municipios es la clave ¡Como siempre, la política! Sin mediaciones, es decir sin diputaciones.
Los datos sobre la deuda de los municipios demuestran que en la evaluación de las escalas de eficiencia encontramos más deseconomías derivadas del tamaño de las grandes ciudades que del inframunicipalismo. En todo caso, en este debate Jordi Borja escribe desde Cataluña y yo desde Castilla y León, donde las 2.224 entidades locales menores que forman parte de 441 de sus 2.248 municipios tienen unos costes de transformación de los servicios públicos que prestan, que en personal no llegan al 4 por ciento, según datos recientes del Consejo de Cuentas de esta Comunidad. ¿Alguien puede igualarlo?
Finalmente, la política. En mi partido, comprometido con la política de proximidad como ninguno, en mi opinión, he visto muchos municipalistas que dejaban de serlo en cuanto prometían el cargo de ministro o director general. Hay excepciones.
A los partidos emergentes, los que aún existen como marca en el espacio creado por la desafección, la indignación y el recuerdo de una movilización que han contenido, explícitamente no les interesa la política local salvo como escalón para la gran política, aquella que parece imposible en la lógica del trilema de Rodrik. Si su objetivo prioritario desde el punto de partida fuera mantenerse en el poder con la coartada del tiempo de maduración de sus políticas, olvidarían pronto la diferencia entre el éxito electoral –mantenerse en el poder- y el éxito político –mejorar la vida de la ciudadanía y sus oportunidades-.
El PP no gobierna las instituciones, tampoco las locales, sino que las ocupa para evitar lo posible. A los nacionalistas siempre les resulta molesta cualquier competencia con el gobierno nacional.
Los primeros ayuntamientos democráticos dieron credibilidad al modelo político de la transición, centrados en la dignificación de las condiciones materiales del espacio público. Los que salgan de las próximas elecciones municipales están llamados a reconstruir la confianza ciudadana en las instituciones y a dar credibilidad al proyecto de regeneración democrática, dignificando las condiciones sociales y de convivencia en el espacio público local, mediante el ejercicio de las competencias hipotecadas por la reforma local.
En la maleta de las grandes reformas no hay que olvidar constitucionalizar el derecho al gobierno local y el espacio político de las competencias locales, para que no se lo lleve el viento. De momento los programas-marco para las elecciones municipales –también el del PP- declaran fallida la reforma local.
Lo que hace irreversibles las políticas no es el tiempo, sino la proximidad, por eso en Madrid o Barcelona pueden cerrarse servicios locales que nadie ha cerrado en una ciudad media o pequeña.
Respecto a las actuaciones llamadas “potentes”, referidas al urbanismo, creo que hay tiempo para pensar y para engramarlas en las políticas sociales, para que pierdan potencialidad especuladora y ganen capacidad transformadora en la nueva política local.
Por lo demás, el escenario político tiende al mismo esquema del origen de la transición, de las primeras elecciones locales, con dos partidos a la derecha y otros dos a la izquierda. La extracción de candidatos de la empresa, y la llamada sociedad civil –el mercado- en la derecha y de las plataformas y movimientos sociales en la izquierda también se repite. La memoria es buen recurso para conocer el futuro.