Ni asunto doméstico, ni grandes ventajas comparativas
Rosa de la Fuente
Profesora de Ciencia Política en la UCM
Coincido con mis colegas en que éste es el momento de pensar la política desde otros márgenes, de recuperar la democracia y la vocación cívica. Sin embargo, las instituciones tradicionales y las nuevas formas de hacer política deben convivir al menos por el momento, mientras se diseña un modelo de democracia participativa, que sea sustancialmente, y no “retóricamente”, diferente.
Con la mirada en ese nuevo modelo de democracia participativa, que recoja el espíritu de crítica surgido desde el 15M, y que también invite a los “ausentes” a ser copartícipe de las decisiones y de las responsabilidades de la gestión de lo común, se ha trabajado desde la ciudadanía en diversos movimientos, organizaciones y compromisos.
Creo que hasta ahora se ha horadado en el escenario de la individualidad de la ciudad, en las pequeñas parcelas de las luchas de barrio y en grandes batallas como las libradas por la PAH, especialmente llevando un debate cívico al escenario de la confrontación de la arena legislativa.
Sin embargo, discrepo del enfoque de prolegómeno, o introducción excesiva, que las elecciones locales y regionales están teniendo en la escena política general, porque el modelo de pueblo, ciudad, localidad o región que tendríamos que estar discutiendo en cada caso, pierde fuerza e interés, en el marco del debate general de la crisis del sistema político, de la corrupción y del fin del bipartidismo. Porque el lugar sí importa, y cómo se construye y se modifica también.
Desde luego, el modelo de ciudad es un modelo político, articulado con el modelo de organización del Estado, y de otras escalas políticas como la Unión Europea y el escenario global, pero la crisis no ha impactado en todos los municipios por igual. Existen ciudades y barrios golpeados por la crisis con más dureza que otros, donde la gestión de la crisis social es más urgente o donde el tejido social es más endeble.
Hay otros en los que la corrupción y la deuda no están presentes y la crisis de gobernabilidad no existe, o donde la capacidad de respuesta a la crisis está siendo mayor desde la ciudadanía. Y también existen ciudades y barrios donde la quiebra es tal que parece difícil proponer algún modelo alternativo de organización y gestión de lo público.
Así, surgen muchas preguntas más centradas en cada escala local como:
¿Cómo se puede sustituir el urbanismo neoliberal del ciclo expansivo de la economía por un urbanismo social en un contexto de contención de las inversiones públicas o privadas?
¿Qué instrumentos vamos a utilizar, los planes de urbanismo, los planes estratégicos, los consorcios, la gestión mancomunada, las alianzas público-privadas transparentes?
¿Cómo vamos a gestionar la reducción de emisiones contaminantes concentradas en ciertos barrios, lugares, e incluso parques?
¿Es posible preservar lógicas locales y/o aprender a articularlas con el turismo y la innovación?
¿Hay espacios públicos que se podrían auto/gestionar para generar espacios comunes de corresponsabilidad?
¿Qué margen -en definitiva- queda entre la crisis, la austeridad, las demandas ciudadanas que reclaman mejores servicios de proximidad y la gestión de los bienes y recursos comunes?
Preguntas todas fragmentadas, que requieren de un debate localizado y complejo al mismo tiempo.
….pero este debate en la calle, yo no lo oigo tanto como quisiera.
Por ejemplo, si analizamos la propuesta del Partido Popular “Aún queda mucho por hacer. Manifiesto electoral local: Un compromiso con los ayuntamientos”, vemos cómo el modelo de las ciudades y localidades que proponen ocupa un lugar secundario, mientras que en primer lugar, es el proyecto nacional de recuperación el que ocupa el objetivo prioritario del partido. Así, dice textualmente: “Nuestra meta no sólo es la recuperación, sino la transformación económica y social de la Nación, encaminándonos con paso firme y rumbo decidido hacia la prosperidad. Estamos construyendo un nuevo futuro para España.” (p.4) Y el “ajuste municipal” se percibe como un logro para las cuentas españolas; “El camino recorrido por los ayuntamientos, pasando del déficit al superávit en solo dos años, ha contribuido a la consolidación fiscal y al saneamiento de las cuentas públicas españolas. España se merece unos ayuntamientos modernos (…) una administración municipal que tenga una relación cercana y sencilla con el ciudadano (p. 9)”.
Por ejemplo, en Madrid, según el Avance del Plan de Ajuste del Ayuntamiento de Madrid, se ha conseguido reducir el presupuesto del Ayuntamiento al mismo que tenía la ciudad en 2004, pero sigue habiendo una deuda financiera de más de 6.000 millones de euros. El Plan de Ajuste que se ha cumplido únicamente en dos años como en muchos otros ayuntamientos, ha servido únicamente para reducir el personal, el patrimonio y la capacidad de prestación de servicios. Esto significa que aunque en parte podido cumplir con el ajuste presupuestario exigido por el Gobierno Central, sin embargo, este proceso tiene unas implicaciones que plantean un panorama muy complejo para los próximos cuatro años, y de eso no se habla.
El debate público en relación a la candidatura del PP en Madrid está centrado en los casos de corrupción y en el debate abstracto general, y un poco en la elaboración de las listas. Pero el debate del modelo de la ciudad se reduce a un asunto doméstico que tiene que ver con las demandas individuales de los vecinos, a los que la candidata de Madrid, pregunta “individualmente” en su sillón televisivo como si de un programa a la carta pudiera hacerse.
Mientras, siguiendo una estrategia que parece ya caduca en el contexto de la crisis, el candidato del Partido Socialista, Antonio Carmona, continúa ofreciendo propuestas megalómanas para ubicar Madrid en la jerarquía de ciudades mundiales, a través de un nuevo modelo económico “endógeno” basado en convertir Madrid en la capital mundial de la lengua española, teniendo su sede en el “Palacio” del Español, en el antiguo mercado de frutas y verduras de Legazpi, justo en el mismo espacio que reclama un colectivo de vecinos de Arganzuela (EVA) como un posible espacio co-gestionado, después de haber estado abandonado durante más de una década.
Desde luego, yo creo que Ahora Madrid ha sido una opción muy valiente, mostrando desde el principio su programa, en el que se ha trabajado uniendo distintas voces en múltiples espacios, y cuya legitimidad también ha emanado del proceso de primarias. Aunque sabemos que hay que detallar más cómo, con qué prioridad, y a qué coste.
Además, quizás por los tiempos electorales que obligan a defender posiciones generales, pareciera que también la discusión del modelo estuviera desdibujándose, dando prioridad a la difusión del proyecto en sí, más que a la discusión del modelo de ciudad y cómo financiarlo, porque el primer objetivo es convencer de que sí es posible cambiar el modelo de ciudad de Madrid y hacer las cosas de otra manera.
Sin duda, las posibilidades de gestión de lo público local con los niveles de deuda y ajuste presupuestario son pocas. Por ello, debemos ser imaginativos también en la discusión sobre cómo hacerlo, para qué y para quién en cada localidad, ya sea rural o urbana.