LA SOCIEDAD DE LOS TRES TERCIOS ¿YA NOS HEMOS OLVIDADO?
Juanma Villatoro
Abogado - Mediador
De todas las trampas del capitalismo, la más perniciosa e ignominiosa es la que nos impone a la conciencia moral individual y a la colectiva, el deber de ganarse el sustento presente con el esfuerzo y el futuro con la privación y el sacrificio.
Recuperando al mencionado Michal Kalecki, éste decía: >.
El mantra del "sudor, el esfuerzo, el sacrificio.." sólo es ética para los otros; el capitalismo financiero ha sabido como hacer crecer la riqueza de lo inexistente, de lo falaz; el valor de la especulación representa hoy casi nueve veces el valor de lo real, el 90% de la riqueza mundial es financiera, sólo obra en los registros contables de lo ficticio. La economía real ya ni siquiera constituye el basamento material del souffle especulativo global, se ha convertido en una realidad residual de transacciones materiales dentro la Economía Mundial.
El crecimiento de la población, el crecimiento de la tecnología dio origen en la segunda mitad del siglo pasado a la Revolución Postindustrial en la que se gestó una sociedad de la Producción Infinita, las condiciones de vida, la sanidad y la salubridad, el ingenio y la medicina, hacían vislumbrar la SOCIEDAD DE LOS TRES TERCIOS: uno de productores, otro de ociosos y otro en el disfrute de un retiro subvencionado; no sólo no era preciso contar con toda la fuerza productiva sino que no era ni siquiera una aspiración. Ni siquiera era preciso el reparto equitativo, la riqueza rebozaría de cuenco glogal y alcanzaría a todos los seres humanos en menor o mayor medida, sobre todo en nuestro Occidente.
Ello era lo esperable como resultado de nuestro crecimiento humano: tecnológico, científico, económico y cultural. Pero, en esto que llegó LA REBELIÓN DE LA ÉLITES, el diseño inteligente hacia la demolición de lo público, el latrocinio de los puestos de mando de la economía, la globalización: la confusión entre lo real y lo ficticio, la importancia de la imagen y de lo imaginario, del valor fraudulento de mercado, del valor fiduciario de la moneda, la destrucción de los patrones tangibles, el dominio de lo intangible, el poder de la volatilidad, el apalancamiento, la capacidad de endeudarse frente al valor de los activos, la eclosión de los pasivos, el reino de la apariencia, el imperio de lo artificioso, los dominios de lo superficial, LA MENTIRA.
Todos lo compramos y ahora nadie lo puede vender.
La concentración del poder y de la riqueza es de proporciones universales, y sin embargo caminamos con la cabeza baja.
EL TRABAJO asalariado NO DIGNIFICA, LA DIGNIDAD ES NUESTRA ESENCIA HUMANA CONCRETADA EN LA LIBERTAD, EN NUESTRA CAPACIDAD CREADORA Y MODIFICADORA DEL MUNDO. La falacia capitalista de identificar Trabajo con la mera prestación asalariada es un acto supremo de fascismo, de sometimiento humano por la élite, de simplificación anti-natura que nos deshumaniza.