Hay que salir del paro pero también de la precariedad
Adoración Guamán
Profesora de Derecho del Trabajo
Recuperando a Polanyi, es posible afirmar que durante los últimos treinta años, las relaciones de trabajo han sufrido, en el ámbito de los países donde se desarrolló el constitucionalismo social, una Gran Transformación. Los dos pilares de ésta serían el desempleo masivo, tema del que trata el texto inicial de esta conversación, y la precarización de las relaciones de trabajo. Si la lucha contra el desempleo ha sido el argumento (al menos en el papel) de las actuaciones normativas sobre el mercado de trabajo realizadas en las últimas décadas, con mayor o menor acierto, la cuestión de la precariedad ha recibido un tratamiento menos lineal. En efecto, la precarización de las relaciones de trabajo no ha sido comúnmente aceptada como un problema a solucionar sino, en abundantes ocasiones, incluso como una vía para solventar la extensión del desempleo.
No obstante, hemos llegado a un punto en el que no podemos disociar una cosa de la otra y por tanto no podemos tampoco distinguir la estrategia económica de la normativa en el ámbito laboral. No bastaría pues con una propuesta de norma que redujera la jornada, propuesta que compartimos absolutamente, ni con una reforma tendente a la corresponsabilidad para evitar la discriminación laboral, cosa más que necesaria, sino que es fundamental volver a utilizar la norma laboral como vía para evitar la competencia empresarial fundamentada en la rebaja de los costes laborales.
El derecho del trabajo no puede seguir utilizándose para extender la precariedad, en otras palabras, debe frenarse la dinámica de trasladar los riesgos y las responsabilidades a los trabajadores como vía para aumentar los beneficios empresariales. El trabajo precario, realizado tanto en la economía formal como en la informal, se caracteriza por las variables de incertidumbre e inseguridad en distintos grados y planos todos ellos interrelacionados: duración del trabajo, indeterminación del empresario, regularidad o irregularidad de la prestación laboral; insuficiencia de ingresos y de protección social e incluso dificultades para la afiliación a un sindicato y para el acceso al derecho de negociación colectiva. Todas estas situaciones que tienen como efecto la incertidumbre de las y los trabajadores acerca del acceso a los recursos que le permiten una vida digna, están extendiéndose (repetimos, por vía normativa y planificada) al conjunto de los trabajadores como "antídoto" afirmado contra el desempleo.
La posibilidad de recuperar el empleo en un mercado de trabajo de precarios es un futuro que se presenta cada vez más cercano, por ello es necesario articular propuestas que planteen modos de regulación de las relaciones de trabajo alternativas a las existentes, que puedan, al menos, poner freno a la precarización desbocada.
Algunas las propusimos aquí: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=173735