El pasado es nuestro mayor problema
Rafael Timoteo
España es un Estado parcialmente fallido. Nos hemos acostumbrado, a lo largo de las décadas y siglos, a que las clases sociales y los poderes fácticos son normales, casi les hemos dado carta de naturaleza en nuestro carácter como Ciudadanía. Aquí se discute mucho lo Público pero se tragan sapos y culebras por miedo a lo "Privado". Aquí se critica y grita mucho pero se reclama poco y, desgraciadamente, bastante mal. A la postre somos un pueblo realmente dócil de tanta leña como nos han dado.
Nos hemos acostumbrado a que nuestro mercado laboral sea escaso, ralo en cuanto a su diversidad, dependiente de cualquier ventolera que pase por encima de nuestras cabezas y más quebradizo que un yunque de yeso.
Nos hemos acostumbrado a que en los períodos de bonanzas haya dos millones de parados y que eso es normal, que es un "paro estructural".
Hemos hecho nuestras reformas económicas bombardeadas desde dentro. La reforma agraria nunca prosperó. Las desamortizaciones sólo sirvieron para enriquecer aún más a las grandes fortunas porque los nuevos propietarios no tenían forma de hacer sólida su inversión ni recursos para subsistir, por tanto al final acababan agotados, sin recursos y endeudados. Consecuencia: mayor acumulación de riqueza para unos y más desigualdad para todo el resto.
La pasada "década de oro" (como algunos la llaman) hincó sus pies sobre dos formas especulativas de producción. Por un lado el ladrillo con su peor lacra.- la especulación urbanística. Por otro en el turismo que no deja de ser un sector especulativo en tanto funciona en torno al bienestar de los demás Estados y sus Ciudadanos. El turismo en realidad especula sobre la base de si podrán o no viajar esos ciudadanos al margen de que fue una herramienta más en la lacra del "ladrillazo" que vivimos hasta hace pocos años. Sumémosle que nuestro sistema educativo está en permanente deconstrucción para tener la bomba de relojería que caracteriza nuestro Mercado Laboral.
Tenemos miles de buenos empresarios pero a la par tenemos a miles de lobos disfrazados de empresarios. Son esos que ven en sus trabajadores una carga y no una herramienta laboral. Que ven en el trabajo de los demás problemas y no valores añadidos a su producción. Nuestro sistema de protección laboral es más buenista que bueno. Por ejemplo, pretendemos tener servicios de vigilancia e inspección laboral pero, aún existiendo, están poco dotados técnica y humanamente. Súmenle nuestra sempiterna lentitud de la justicia y tendrán las consecuencias que cada día observamos (tasas aparte).- explotación laboral por doquier sin remisión.
Seguramente saldremos de esta crisis pero rascados de los bolsillos, sin expectativas más allá del plato de sopa casi boba y sin verdaderos eslabones sólidos en la cadena productiva y económica del país. Seremos casi nada en I+D+i y continuaremos siendo tratados como los morenitos improductivos pero graciosos del Sur.
Y eso sin hablar de economía sumergida a la que mal entendemos como supervivencia.