EL EURO Y EL EMPLEO
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
La tesis principal del documento que adjunto es que existe una incompatibilidad manifiesta entre, por una parte, lo expuesto en el Tratado de Lisboa (2007), donde se afirma que la Unión Europea tiene entre sus objetivos alcanzar una situación de ‘pleno empleo’ y de cohesión económica, social y territorial, y, por otra parte, los objetivos económicos de la Unión Monetaria Europea, un exquisito club que se ha impuesto a sí mismo el ambicioso objetivo de desbancar a Estados Unidos como hegemón económico mundial. Creemos que esto era lo que quería dar a entender el Premio Nobel de Economía Franco Modigliani, cuando afirmó que “Europa tenía que elegir entre el honor y el empleo”.
Nos parece evidente que una condición necesaria para lograr el pleno empleo en nuestro país pasa por la salida de la Unión Monetaria Europea. Esta es una condición necesaria pero no suficiente: el pleno empleo requiere, además, que todos los instrumentos de la política económica se pongan a su servicio.
Sin embargo el objetivo del pleno empleo, en el siglo XXI, no puede ser el mismo que se trató de lograr al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Debe ser cualitativamente distinto, recogiendo al menos las siguientes aspiraciones:
1) no ser unilateral, en el sentido de que su logro no se haga a costa de desencadenar desequilibrios monetarios, financieros, comerciales o medioambientales insostenibles a medio y largo plazo; por tanto, la política de pleno empleo debe ser vigilante e imaginativa.
2) No ha de ser autoritaria, es decir impuesta de arriba abajo por los poderes públicos, sino negociada y consensuada con los agentes sociales.
3) No ha de ser un fin en sí mismo, sino un medio de promover el desarrollo personal y la igualdad entre los grupos sociales y los sexos, sea cual el territorio al que pertenezcan.