Ni es posible ni es deseable
Ivan Rodriguez
Geólogo ambiental
No podemos arreglar el paro, por varias razones. La primera es que el planeta no podría soportar la extracción de recursos y el consumo energético que supondrían 3.500 millones de seres humanos trabajando a jornada completa con la enorme capacidad tecnológica actualmente disponible.
Tampoco es necesario: hace cincuenta años un 25% de la población producía en nuestro país los alimentos que hoy produce el 3%. ¿Alguien propone que vuelva toda esa población al campo con tractores y riego por goteo a producir diez veces los alimentos que necesitamos? ¿Sería razonable promover que comiéramos diez veces los alimentos que precisamos para que esos trabajadores no perdieran su trabajo?
Reconozcámoslo: los avances tecnológicos hacen innecesaria la fuerza laboral que antes se precisaba. La solución al paro no puede ser consumir más y más para crear demanda de productos y que la gente pueda trabajar en su fabricación. Tampoco el planeta puede soportar indefinidamente esta presión creciente.¿No resulta más razonable consumir lo preciso, repartiendo el trabajo que haga falta para generarlo? Claro que sí, eso es fácil de entender, pero ¿cómo se hace?
Recomiendo hojear el informe "21 horas" de la New Economic Foundation, que versa precisamente por el reparto del empleo: 21 horas a la semana es la cifra que resulta de dividir las horas trabajadas entre las personas en edad de trabajar (en el Reino Unido, pero aquí es más o menos igual)
Mientras pensamos el cómo repartir el empleo disponible, una vez alcanzada la mayoría social necesaria a favor de ello, podemos tomar un atajo: en realidad no existe el hoyo del paro, sino el de la pobreza y la precariedad. La necesidad del trabajo remunerado no es tal, como demuestran los millones de pensionistas existentes en nuestro país, los agraciados con la lotería o quienes viven de las rentas de sus ancestros.
Lo que las personas necesitan es simplemente que se cumplan los derechos humanos, que en su artículo 25 establecen el derecho a vivienda, alimentación y un nivel de vida digno. El nivel de la dignidad no lo pondremos donde los políticos lo sitúan para sí, sino sólo donde lo sitúan los acuerdos internacionales suscritos por nuestro país hace décadas: en el 60% de la renta media, unos 800€ mensuales.
Una vez garantizados esos ingresos a través de una renta básica universal (de las iguales), sufragada por una fiscalidad justa y eficiente (los números ya están hechos), podemos relajarnos con respecto al desempleo, ya que al menos éste no dará lugar a pobreza en nuestro país.
En todo caso, para quien le preocupe ese extremo, apuesto a que muchas personas trabajarán -aunque sea sin cobrar- en tareas de voluntariado (social, ambiental, comunitario), muchas familias con ambos miembros "activos" reducirán su estrés y su jornada laboral para dedicar más tiempo a cuidarse, y muchos artistas, políticos y profesionales liberales se lanzarán a la arena de su vocación confiados en la red que esa renta supondrá si fracasan.