Hablemos más de políticas que de meritocracia: el Plan piloto de renta básica de Catalunya
Sergi Raventós
Director de la Oficina del Plan Piloto para Implementar la Renta Básica Universal de la Generalitat de Catalunya
-Actualizado a
No hay duda de que, a día de hoy, se han aportado muchas razones y argumentos en lo que llevamos de debate en estas páginas desde el primer artículo publicado en febrero. Algunas aportaciones han sido francamente muy interesantes y creo que no hace falta seguir redundando en ellas.
Quiero traer aquí a colación un par de ejemplos que tal vez pueden ilustrar esta falsa idea preconcebida de la meritocracia de que las recompensas económicas y la asignación de responsabilidades y cargos en nuestras sociedades capitalistas se asignan en función de los méritos individuales.
Un ejemplo reciente, de hace unas pocas semanas, fue protagonizado por Beatriz Fanjul, presidenta de Nuevas Generaciones del PP. Esta mujer se despachó con unas declaraciones que vienen a cuento de lo que se está debatiendo en este foro. Concretamente, llegó a decir en una entrevista que “la cultura del esfuerzo trae progreso y futuro” y “los jóvenes no queremos paguitas”. Pero sus palabras tuvieron varias respuestas y no se fue de rositas.
Una de las mejores respuestas fue a cargo de Julen Bollaín, participante en este mismo espacio de debate el pasado abril, recordándole que “habla de cultura de esfuerzo una persona de 31 años, que no terminó la carrera de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Deusto, y que cobra 88.175,64 euros al año (7.347 euros brutos al mes).” Luego Bollaín también apuntó que “no estoy diciendo que haya que tener un título universitario para tomar parte activa en política. Ni mucho menos. Lo que quiero criticar es ese discurso rancio de la cultura del esfuerzo cuando no existe una igualdad de oportunidades real entre la ciudadanía”.
Creo que en esta impecable respuesta de Bollaín, aunque limitada por los espacios de Twitter, nos está recordando lo que ya dejó escrito hace unas semanas: “En España, el 80% de los niños y las niñas que nacen en familias pobres, mueren pobres. Además, se necesitan 120 años -cuatro generaciones- para que una familia del 10% más pobre alcance ingresos medios. Es interesante observar, por otro lado, cómo según la revista Forbes, 74 de las 100 personas más ricas españolas lo son por haber heredado. ¿Se han esforzado? Seguramente algunas sí lo habrán hecho. Pero, independientemente de su esfuerzo o mérito, hay una realidad incontestable: son ricas por haber heredado. Es decir, actualmente, nacer en una familia o en otra, algo que no es que no sea meritorio, es que ni siquiera está en nuestras manos, condiciona nuestras vidas”.
Un ejemplo muy diferente, en todos los sentidos, al de la dirigente de Nuevas Generaciones, es el de Pep Guardiola, entrenador del Manchester City y que recientemente nos ha dado una vez más otra lección de buen fútbol, esta vez a costa del Real Madrid, en las semifinales de la Champions League.
Guardiola pronunció en septiembre de 2011, con motivo del recibimiento de la medalla de honor de oro del Parlamento de Catalunya, un discurso del que la mayoría de gente sólo recuerda una frase que ya es un clásico en Catalunya. Se trata de aquella ya famosa intervención que decía que “si nos levantamos muy temprano, muy temprano, muy temprano y sin reproches y nos ponemos a trabajar… seremos un país imparable”. Esto de levantarse “muy temprano” ya se ha convertido en una expresión humorística en Catalunya para decirle a uno, en cachondeo, que si le pone mucha voluntad y esfuerzo lo conseguirá. Esta es tal vez la única parte que seguramente recuerda la gente de ese discurso, pero dijo también algo más suculento, en relación a lo que estamos tratando: “Yo fui escogido. Cualquier otro hubiera podido estar aquí y el mérito es de la gente que me escogió a mí. Ésta es la mejor manera de tomarme mi profesión. Los conocimientos, los que sé, no me pertenecen a mí. Son de los entrenadores que he tenido. Y de los jugadores que he tenido la suerte de dirigir”. Un caso curioso y no muy frecuente de reconocimiento al azar y a los demás de sus éxitos profesionales.
Tiene su interés esta constatación, pues, como bien es sabido, en el Reino de España el mercado del deporte valora el fútbol por encima de otros deportes y de otras gestas, como por ejemplo el alpinismo. Un ejemplo evidente lo tenemos en el atleta catalán Kilian Jornet. En cuanto a esfuerzo y méritos deportivos hay muy poca gente que se le pueda comparar, pero la atención mediática y el mercado valora mucho más el fútbol o el tenis que las carreras o el esquí de montaña. Un caso evidente donde el mérito no está basado en el esfuerzo, sino en la suerte social.
Nos decía acertadamente hace unas semanas Juan Carlos Monedero en este mismo foro que “en una sociedad de desigualdades múltiples, la posibilidad de que el esfuerzo personal se transforme en una mejora personal está sometida a otros muchos elementos que invalidan el propio principio meritocrático: la familia, el apoyo, los idiomas, el estatus social, la apariencia, el barrio, el sexo, la raza, el credo, lo agotador del trabajo, el mejor o peor acceso a salud, la existencia de servicios sociales en donde vives… Siete de cada diez ricos lo son por herencia”. Poca cosa más a añadir.
Es por ello que creo que más vale seguir el consejo de Carlos Gil que inauguraba este debate y que no es otro que nos tenemos que esforzar por debatir más de políticas que de meritocracia. Coincido con él en que, en estos momentos hablar de meritocracia sin aportar propuestas políticas que nos acerquen o aproximen a una igualdad de oportunidades, desvía la atención de las políticas para diseñar sociedades más justas.
En este sentido, para dar pasos hacia la construcción de sociedades más justas, redistributivas y menos desiguales, y para avanzar en el conocimiento y la evaluación de una política de ingresos universal que supondría garantizar que todo el mundo tuviese acceso a unos recursos básicos que permitiesen vivir y prosperar partiendo de la independencia y la libertad de cada persona, en Cataluña se inició en esta legislatura la puesta en marcha desde el Govern de la Generalitat de un Plan piloto de renta básica universal (RBU).
La RBU es una propuesta política que en los últimos años de pandemia y de postpandemia está teniendo una repercusión importante, pues desde ámbitos muy diversos se ha visto como una solución a una parte de los problemas existentes en nuestras sociedades. En Cataluña la propuesta de la renta básica ha tenido cierto recorrido y aceptación desde los primeros escritos y el trabajo realizado por la Red Renta Básica desde su constitución en el año 2001.
La RBU es una asignación monetaria de cuantía suficiente, pagada por el Estado o una administración pública, que se otorga al conjunto de la ciudadanía de un territorio universal, individual e incondicional.
La RBU tiene cinco características principales:
Individual: se destina a la persona, no al hogar, la familia o la unidad de convivencia.
Incondicional: la recepción no está condicionada a ningún requisito o condición.
Universal: tiene derecho a percibirla toda la población, no se dirige a un grupo social específico.
Suficiente: la cuantía ha de ser la necesaria para cubrir las necesidades materiales básicas para una vida digna.
Regular: se paga de manera periódica y tiene un carácter estable en el tiempo.
Aunque la RBU ha ido ganando terreno en los últimos años, la idea no es nueva: sus precedentes históricos están bien documentados y existe desde hace décadas una extensa investigación académica sobre su justificación ética y viabilidad económica, con el apoyo de la Red Global de la Renta Básica (Basic Income Earth Network, BIEN), creada en 1986. Desde los primeros planes piloto de RBU en EEUU, pasando por Manitoba (Canadá) en los setenta, se han realizado decenas de proyectos similares en EEUU, Canadá, Brasil, Países Bajos, Namibia, Kenia, India, Corea del Sur, Irlanda, Gales o Barcelona, entre otros.
El Plan piloto catalán puede aportar mucha información sobre el impacto de una RBU en ámbitos tan diversos como los sistemas de protección social, la salud, la educación o las relaciones de género. Se prevé observar efectos en la reducción de la pobreza, la salud mental y la autonomía personal, y cambios en la redistribución del trabajo doméstico y de cuidados, así como cambios en el uso y funcionamiento de algunos servicios públicos. Se le ha llamado el "plan piloto más grande de Europa", ya que involucraría a unas 10.000 personas, de las cuales 5.000 recibirían la asignación monetaria.
Hay algunos aspectos diferenciales de plan piloto catalán respecto a la mayoría que se han realizado anteriormente. Ha querido centrarse en concreto en dos características de la RBU menos estudiadas: la universalidad y la suficiencia de la cuantía. A diferencia de otros planes centrados en observar los efectos de la renta básica en colectivos determinados (personas vulnerables, desempleadas, jóvenes extutelados, etc.), el catalán no contempla ningún tipo de focalización: solo se establece un criterio económico para excluir la participación al 10% más rico de la población catalana. El carácter suficiente de la asignación también es un rasgo diferenciador de este piloto, ya que la cuantía de 800 euros por adulto y de 300 euros por menor de edad se ha hecho teniendo en cuenta el umbral de pobreza en Cataluña, para garantizar que esta cuantía sea realmente básica.
A diferencia de la mayoría de prestaciones actuales, cabe destacar la individualidad de la asignación monetaria del Plan piloto, lo que fomenta relaciones de equilibrio de poder en el seno del hogar y reconoce a las personas menores como miembros relevantes y activos de la sociedad.
Los resultados y conclusiones del Plan piloto que se obtengan aportarán valor y conocimiento no solo aplicable y relevante para Cataluña sino también a nivel internacional y permitirán centrar el debate de la implementación de la RBU en Cataluña.
Uno de los principios que debe guiar la actuación de las administraciones públicas es el de la planificación y evaluación de las políticas públicas. El Plan piloto se ha diseñado desde el inicio para garantizar su evaluabilidad, en el marco de las buenas prácticas de diseñar políticas públicas. La Oficina del Plan Piloto e Iválua - Instituto Catalán de Evaluación de Políticas Públicas - han trabajado en el diseño de un plan piloto que permitirá recopilar la máxima información posible para analizar los efectos a nivel individual, familiar y comunitario.
Todo lo anterior ha llevado a la Oficina del Plan Piloto a decantarse por un doble diseño, en el que se combina la aleatorización de domicilios por toda Cataluña (asegurando la igualdad, no discriminación y que toda la población de Cataluña tenga las mismas posibilidades de ser seleccionada para participar y recibir la asignación monetaria) y la saturación de dos municipios. Esto permite estudiar de forma pionera en Europa la característica de universalidad y acercarse lo máximo posible a una RBU genuina. Este doble diseño ha sido reconocido y elogiado tanto a nivel nacional como internacional.
Una reciente encuesta ha revelado que la RBU, como propuesta, tiene un amplio apoyo social, independientemente del nivel de estudios, de la edad, del sexo, e incluso del partido por el que se simpatiza. Los simpatizantes de los tres partidos principales del Parlament de Catalunya aprueban la implantación de la RBU, y lo hacen con un grado de acuerdo (7,1 sobre 10 los simpatizantes de ERC y 6,7 los de Junts y del PSC) que se sitúa por encima de la media de la población (6,6).
El apoyo al despliegue de una prueba piloto antes de implementar la renta básica universal en Cataluña es aún más transversal: no hay ningún partido en el que sus simpatizantes no lo apoyen por mayoría. Los partidos donde menos porcentaje de simpatizantes apoyan son Vox y el PP, con un 56% y 60% de simpatizantes, respectivamente. El resto de partidos tienen una base muy amplia de personas a favor. Concretamente, el grueso de los simpatizantes de ERC (82%), Junts (80%), el PSC (79%), En Comú Podem (78%), la CUP (76%) y Ciutadans (64%).
En definitiva, el Plan piloto catalán, por las innovaciones metodológicas y de contenido, dará respuestas que no se han podido dar antes a muchos niveles. Además, los datos muestran que existe una clara mayoría social y refuerzan la necesidad de realizar el Plan piloto.
Este plan piloto de Catalunya es una oportunidad importante para avanzar en el conocimiento de políticas de ingresos incondicionales y universales. Pero también para no tener que seguir soportando un sistema asistencialista y focalizado en el que ya se deje de hablar de “paguitas para jóvenes” “desempleados” o “pobres” y podamos hablar de derechos humanos universales y de ciudadanía, y, así, dar pasos hacia una sociedad más justa y más redistributiva de la riqueza, para poder disponer, en definitiva, de una seguridad económica para todo el mundo, cada vez más necesaria e imprescindible en un mundo lleno de incertidumbres y crisis.