El mito de la meritocracia: en búsqueda de un bien común decolonial
Viviane Ogou Corbi
Investigadora de las relaciones UE-África y el Sahel
-Actualizado a
Hemos comprado un discurso invasivo que nos dice que tenemos que ser mejores unos que otros. Un sistema jerarquizado, basado en el capitalismo racial y con mucha violencia estructural a las comunidades del sur global. Es imposible que exista la meritocracia. Y aunque se diera la igualdad de condiciones, ¿para qué competir? Se trata de organizarnos para tener la mejor gestión social posible.
Es por esto que en este artículo compartiré mi opinión sobre dos temas: el racismo estructural, y como es imposible que las personas racializadas podamos desarrollarnos para competir en igualdad de condiciones. Y por qué deberíamos dejar de considerar las posiciones laborales como puestos de prestigio, sino como espacios en los que desarrollar nuestro talento y usar nuestra creatividad. Es decir, por qué no debemos usar el mérito como ascensor social.
El racismo y la colonialidad previenen la meritocracia
La meritocracia podría darse en un sistema donde no hubiera una jerarquización del poder, particularmente vinculado a no ser blanco, a ser mujer o a ser disidente sexual, entre muchas otras intersecciones. La violencia que sufren tanto en los países de origen o círculos de socialización primarios, como la discriminación, maltrato e incluso homicidios por omisión masivos, que siempre recuerdo que deberían ser investigados como un crimen contra la humanidad.
Las personas que no son blancas, con pocas excepciones, tienen menos oportunidades: cobran menos, hacen los peores trabajos, viven en los peores barrios y tienen miedo constante porque el sistema les vigila con hostilidad. Es imposible que una interna, que trabaja casi todo el día, vive en una casa que no es suya, y sufre una serie de hostilidades, por un mal salario y poco tiempo para ella misma ”no se esté esforzando”. Se esfuerza muchísimo más que aquel que trabaja de 9-5, cobra una millonada y puede coger una baja laboral sin miedo. ¿Qué ocurre, que el esfuerzo que cuenta es solo el que te pueden pagar tus padres? ¿El que haces de los 7 a los 25?
Es imposible que haya meritocracia cuando las personas indígenas de Abya Yala ven sus tierras expropiadas para servir al interés de unos pocos. La meritocracia no es más que un constructo capitalista que nos niega más allá de nuestro empleo y nos dificulta si no somos de una minoría de la población. Es imposible que haya meritocracia cuando la explotación de los recursos africanos está en manos de empresas multinacionales que poco o nada repercuten en la población local.
Solo se daría la meritocracia en un mundo donde se pudiera convivir en equidad, y eso pasa por que haya unas relaciones internacionales justas, y que todos los gobiernos miren por su pueblo de manera inclusiva y justa. Eso no se da. El sur da de comer al norte y se queda sin comida. El sur paga los caprichos del norte. Y el norte se dice a sí mismo merecedor de la dirección global porque ha conseguido “desarrollarse” e instaurar “democracias” a la vez que sostiene gobiernos de elites que poco miran por los pueblos de África y Abya Yala.
Por qué el mérito no es un buen ascensor social
Confuncio, un filosofo asiático, planteaba la noción de “harmonía”. En la justicia africana, la justicia restaurativa, no se busca castigar, sino hacer que la comunidad vuelva a la “harmonía”. La harmonía es un concepto y un valor que no está suficiente en la cosmología occidental. No hay una búsqueda del bienestar de la comunidad, y la organización para un objetivo conjunto, sino que más bien nos dividimos en objetivos individuales y que nada tienen que ver con el bienestar colectivo.
El mérito no es un buen ascensor social porque no debería existir la necesidad de escalar en la sociedad. Deberíamos de tener retos y ser productivos, pero al mismo tiempo deberíamos tener las necesidades básicas cubiertas por el simple hecho de vivir en sociedad. Y a partir de ahí que el ascensor social fuera la sensación de reconocimiento o satisfacción al desarrollar habilidades. Sí, parece utópico. Pero lo que vengo a decir es que, es importante tener un modelo productivo funcional y que satisfaga nuestras necesidades, pero nuestra posición en ese sistema debería basarse en el bien común y en cómo, con nuestras habilidades, aportamos al mejor funcionamiento.
Necesitamos la harmonía como objetivo de organización, y no el poder. Que es lo único a lo que refiere el mérito. Al poder estar por encima de los demás y sentir control sobre la vida de muchas personas. El estar en “una posición más alta” con “más privilegios”, en vez de conseguir posiciones en la sociedad que te permitan contribuir a la par que sentirte satisfecho con tu día a día.
Para ello, es importante que todas nos comprometamos con el trabajo contra todas las opresiones. Que hagamos actos de resistencia, desde nuestras capacidad en cada momento, pero actos de resistencia la final y al cabo para terminar con el sistema de capitalismo racial que no nos permite ser todos iguales, y que condena al sufrimiento a las personas del sur global.
La meritocracia no existe es solo un discurso legitimador de las desigualdades.