La meritocracia, esa desconocida
Francisco Nunes
Estudiante de economía en la Universidad Complutense de Madrid y de Matemáticas en la UNED
-Actualizado a
En España y el resto del mundo tenemos, desde hace un tiempo, un encendido debate sobre el mérito detrás de la situación económica de los ciudadanos. Por una parte, los sectores más liberales y conservadores defienden que la distribución actual de la riqueza y la renta se debe al mérito de los agentes para conseguir sus posesiones y superarse a sí mismos. Otra visión tienen los socialdemócratas y la izquierda en general, que opinan que los resultados actuales dependen de factores como la desigualdad y las herencias, factores que, a priori, no podemos controlar.
¿Quién de los dos tiene razón? El discurso meritocrático (el elegido por los liberales y conservadores) ha gozado de gran popularidad. Sin embargo, no parece que esta popularidad vaya a durar para siempre. Seré claro: la evidencia empírica más reciente juega en su contra. Vamos a ver primero una serie de datos, simples correlaciones, para intuir lo que luego confirmaremos con estudios empíricos que confirman relaciones causales: que la situación que tengamos al nacer, así como la riqueza que nos legan vía herencias, condicionan nuestra posición socioeconómica.
Indicios del problema
En el primer gráfico, podemos apreciar cómo a mayor percentil de ingreso parental (siendo el percentil 100 el 1% de mayor ingreso), mayor porcentaje de los hijos acaban en el top 1%. Como es notorio, la gráfica no es una línea recta sino que toma valores más altos cuanto más avanzamos en el percentil de ingreso parental. Así, el 38,88% del top 1% proviene de familias en el top 10% de mayor renta, cuando en una distribución igualitaria esta cifra sería del 10%.
En el segundo gráfico podemos apreciar cómo a mayor percentil de ingreso parental, mayor percentil medio alcanzan sus hijos, llegando los del top 1%, de media, a prácticamente el percentil 70 y llegando también más alto los hombres que las mujeres.
La probabilidad de acceder a puestos de trabajo de alta responsabilidad también es mayor cuanto más ingresos tuvieran tus padres. En el siguiente gráfico podemos observar este hecho, donde incluso las personas con estudios universitarios logran un mayor acceso a puestos de responsabilidad según su renta inicial.
Vamos a acabar esta parte con un dato: en España, el top 10% con mayor renta gana 11,8 veces más que sus compatriotas del 10% de menor renta, como se ve en el siguiente gráfico.
¿Está justificado por mérito? ¿Si ganasen 20 veces más, también lo estaría? ¿Y 40? Los salarios no dependen directamente del esfuerzo, sino de la productividad y del poder de mercado de los agentes económicos. Ahora bien, ¿son 11,8 veces más productivos los pertenecientes al top de 10% que los pertenecientes al 10% de menores ingresos? Así pues, tenemos indicios de que la desigualdad de oportunidades juega un papel importante a la hora de determinar el futuro de los individuos.
Diagnóstico de la enfermedad
Para determinar si las condiciones iniciales determinan las condiciones en las que se encuentran los individuos, debemos empezar por el principio, por lo que viene normalmente antes de entrar al mercado laboral: la educación. Un análisis del ISEAK destaca algo que debería hacer saltar todas las alarmas: el 80% de la desigualdad en el nivel educativo alcanzado por los españoles se debe a la desigualdad de oportunidades.
¿Y qué hay de la desigualdad de renta en España? Según el mismo estudio, el 52% se debe a la desigualdad en las condiciones de partida. Estamos viendo cómo más de la mitad de la desigualdad de ingresos de los españoles se debe a factores que no pueden controlar, como la renta de sus padres. Creo sinceramente que da qué pensar. Sigamos.
En 2020 se publicó un estudio que estimaba qué porcentaje de la desigualdad de riqueza en España se debe a herencias. Los resultados son incluso más impresionantes que para la desigualdad de renta: en España, casi el 70% de la desigualdad de riqueza está asociada a las herencias. El porcentaje es de 65% para riqueza financiera y 75% para la riqueza no financiera, destacando en este último el elevado peso de la vivienda en propiedad en nuestro país.
¿Entonces?
Con un 52% de desigualdad de renta y un 70% de la de riqueza en España dependiendo de la desigualdad de oportunidades, ¿Cómo podemos pensar que vivimos en un sistema meritocrático? Sí, el esfuerzo individual importa, pero hay factores que no podemos controlar y esos factores parecen tener más peso sobre nuestro futuro que nuestras acciones. Mientras antes lo entendamos, mejor. ¿Qué podemos hacer sobre ello? Considero importantes las políticas públicas como becas en función de la renta, servicios básicos en barrios de menor renta e impuesto de sucesiones, sobre lo que ya escribí en su día. Por otra parte, ya fuera de medidas concretas, me parece sinceramente fundamental un cambio de mentalidad general en este aspecto, dejando de lado la creencia de que todos pueden llegar al top por sus propios medios y aceptando nuestra dependencia de condiciones iniciales que escapan a nuestro control.
Sólo entender la extrema dependencia entre desigualdad de riqueza y renta y condiciones iniciales y herencias nos hará avanzar en el necesario debate al que nos enfrentamos. No caben aquí posiciones que defienden la desigualdad actual sin argumento alguno más allá del falso mérito con el que se justifica lo injustificable. Necesitamos una intervención activa contra la injusticia, pues como dijo Lacordaire: “Entre el fuerte y el débil, la libertad oprime y la ley libera”.






