La meritocracia como causa de la segregación escolar
Cynthia Martínez Garrido
Profesora del área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid
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El problema de la segregación escolar es un tema de Derechos Humanos y de Justicia Social cuyas causas son de carácter estructural, afecta al desarrollo de personas concretas y tiene profundas implicaciones para el desarrollo de toda la sociedad. La naturaleza multifactorial del fenómeno de la segregación escolar y las causas que lo provocan e incentivan se articulan en forma de red, como un engranaje interrelacionado en el que no basta actuar sobre uno de los ejes, sino que, como parte de un todo, requiere del diseño de medidas completas para frenarla.
La segregación escolar no es un fenómeno que se comporte bajo un proceso lineal donde se relacionan unas causas determinadas a consecuencias concretas, sino muy al contrario. Concretamente, existe el conocido como círculo vicioso de la segregación. Por ejemplo, las dificultades de un centro educativo pueden generar que no sea el elegido por las familias más adineradas, a consecuencia de ello, la situación del propio centro educativo irá poco a poco siendo más compleja y ello traerá asociado dificultades como: mayores dificultades para realizar la labor de enseñar en el aula, mayor necesidad de disponer de recursos educativos especializados, desánimo entre el profesorado e inestabilidad en la plantilla que generará deficiencia de recursos materiales y humanos en el centro, dificultades para el desarrollo de iniciativas de innovación educativa o el desarrollo de proyectos de mejora para el centro... Este círculo vicioso de la segregación escolar implica que lo que causa la segregación escolar es, a la vez, la consecuencia de que esta se desarrolle. Sin medidas globales, completas y orientadas a luchar contra la segregación escolar, será imposible revertir la situación.
Desde una perspectiva global, podemos identificar tres macrofactores que resultan determinantes en la segregación escolar como son, por supuesto, la estrecha relación entre la segregación residencial y la segregación escolar. Se produce lo que se conoce como efecto de arrastre por el que la concentración de familias de determinado nivel socioeconómico, origen nacional u origen cultural en los barrios explicaría una composición análoga en sus centros educativos. Sin embargo, la investigación nacional e internacional ha demostrado con toda claridad que la segregación escolar tiende a ser mayor que la residencial, especialmente en aquellos lugares donde se desarrollan políticas de libertad de elección de centro.
La existencia de la triple red de centros es el segundo macrofactor causante de la segregación escolar. Esta triple red cumple ya 38 desde que se implantó en la LODE de 1985. Efectivamente, el Título IV de la mencionada ley regula el régimen de conciertos a través del cual se materializa el sostenimiento público de los centros privados concertados que, junto con los públicos, contribuyen a hacer eficaz el derecho a la educación gratuita. Y todo ello, de acuerdo con el artículo 27.9 de la Constitución que establece que los poderes públicos están obligados a ayudar a los centros docentes a incorporarse en el sistema público, constitucionalizando así el régimen de conciertos.
La norma, vigente en nuestros días, ha permitido que la educación privada en nuestro sistema educativo se rija por una política de financiación mediante fondos públicos. Recordemos que España se encuentra a la cabeza de la OCDE con un 32% de sus estudiantes de etapas no universitarios matriculados en centros privados, 14 puntos porcentuales por encima de la media. Y es que, aunque la norma dice claramente "contribuir a hacer eficaz el derecho a la educación gratuita" contamos con demasiadas evidencias de que las familias que acuden a estos centros son forzadas a pagar: donativos, formación en los tiempos de descanso, clases obligatorias a mitad de jornada...
Por último, la lógica de mercado aplicada al ámbito educativo puede ser considerado como el tercer macrofactor que afecta a la segregación en las escuelas. La lógica de mercado en la educación se lleva a cabo a través de dos mecanismos principales, la libertad de enseñanza y la libertad de elección. Bajo esta lógica, la competencia es la base de la mejora de la calidad y eficiencia de los sistemas educativos. Así, es necesario que haya una variada oferta educativa, pero también facilidades para que las familias, convertidas en clientes en este juego de la oferta y la demanda, puedan elegir libremente el centro educativo al que asisten sus hijos e hijas.
Es aquí donde entra en juego el principio de acceso igualitario que pauta nuestra ley educativa. En contextos donde existen altos niveles de asimetría en cuanto a la calidad de la oferta educativa resurgen posturas y presiones que, en vez de sustentarse en asegurar el acceso a la educación de todos y todas, defiende la meritocracia como valor que hace justicia al mérito y esfuerzo personal. El estudiante que ya no es considerado como tal, sino como cliente, es organizado en función de su mérito suponiendo que no todos los estudiantes son igual de deseables por las escuelas.
Esta perspectiva del mérito aplicada al sistema educativo está viviendo ahora más si cabe su protagonismo a lo largo del año académico. Nos encontramos en el periodo de tiempo dentro del curso escolar en el que se encuentra abierto el trámite de solicitud de matrícula en los centros escolares y aprovechando la situación afloran los famosos rankings de colegios. Con todas sus variantes: los 100 mejores colegios del país, el ranking de los mejores centros en función de su nota a la prueba de acceso a la universidad, los 100 mejores colegios internacionales, o la lista de los 100 colegios "notables", todos ello, organizados por provincias y con puntuaciones directas que nadie sabe cómo han sido obtenidas, ni en base a qué criterios han sido seleccionados y casi lo más importante, qué entidades u organizaciones están al mando de dichos listados, su publicidad y su financiación. Quizá el más desolador de todos los rankings que se publicitan es aquel que identifica los 100 mejores colegios privados y concertados del país, dando a entrever quizá que la escuela pública no es una opción. Y es que la presencia de la escuela pública en estos famosos rankings no suele alcanzar el 25%.
Si ya resulta poco alentadora la publicación de estos rankings para la lucha contra la segregación, mucho peor es la consideración de que toda esta publicidad basura llega a las familias que inocentemente confían en las posiciones alcanzadas en estos listados para definir sus preferencias para matricular a sus hijos. Y no digamos la presión automática que se genera en estas familias por saber si sus hijos serán lo suficientemente buenos para ser "los elegidos" por una determinada escuela, si cuentan con ese mérito.
Si queremos acabar con la segregación escolar es fundamental partir de una defensa expresa de la escuela pública. No sólo la política debe posicionarse al respecto, también los y las docentes. Y quizá ahora más si cabe reforzar el desarrollo de mejores mecanismos de información a las familias para que no tengan dudas de que la escuela pública en este país no solo cuenta con los y las docentes mejor formados sino también con los y las mejores especialistas.