¿Y dónde está la clase social?
Anibal Garzón
Sociólogo, docente y analista internacional
He podido tener el privilegio, o la desventaja, según como se mire, de participar placenteramente una vez más en los interesantes debates de Espacio Público tras la intervención de más de una decena de colaboradores y colaboradoras. Digo desventaja porque odio repetir ideas anunciadas que comparto, que hay muchas, y que ya han sido expuestas con amplios argumentos. Reiterar puede no ser productivo para el lector. Y digo privilegio porque tengo la posibilidad de hacer un análisis sociológico del discurso hegemónico en este debate para aproximarme qué es visible y qué invisible en la izquierda española del siglo XXI.
Con la posibilidad tecnológica de buscar rápidamente palabras en todas las intervenciones, busqué término Clase (en referencia a clase social), y solamente aparecieron 6 veces, 3 en un mismo párrafo. Parece que el modelo neoliberal de la Escuela de Chicago, e implementado en los años 80 por los Presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher con su posterior expansión internacional al final de la Guerra Fría, no solo se nos impuso en la estructura económica (infraestructura) con su flexibilización y precariedad laboral sino también en la ideología dominante (superestructura).
Como decía Thatcher “todos somos clase media”, “la sociedad no existe, sino individuos”, o “la meritocracia es el motor económico”. Fue justo el joven Owen Jones en su excelente obra “Chavs: la demonización de la clase obrera”, y más tarde Arantxa Tirado y Ricardo Romero (con nombre artístico NEGA) analizando el contexto español con su ensayo “La Clase Obrera no Va al Paraíso: Crónica de una Desaparición Forzada”, que hacían un una crítica marxista al neoliberalismo recuperando la centralidad de la clase trabajadora. Dos obras de gran audiencia pero parece ser, según este debate, que falta todavía mucho para volver a hacerse hegemónica la clase trabajadora en los debates como sujeto de cambio.
Estas largas semanas de confinamiento, como dicen Paco Cano y José Errejón, era una oportunidad para construir “la sociedad de la reflexión”. Reflexión para hacer más visible lo invisible, para valorar lo que es importante en nuestra sociedad y que el capitalismo, por línea histórica e intereses del stablishment, ha desvalorado. Nos dimos cuenta que podemos vivir sin un gol de Messi o sin escuchar en directo un concierto de Sábina -posiblemente siendo la vida algo más aburrida para algunos-, pero no podíamos vivir sin los trabajadores del campo, los obreros de las fábricas, los transportistas, los del camión de basura del barrio, personal de limpieza, el o la cajera del supermercado, o el camillero del hospital,… en definitiva la clase trabajadora.
Como se construye en este debate, algunos han hablado de “nueva normalidad”, “más solidarios”, “nueva civilización”, “un mundo nuevo”, “más comunidad”, “refundación”, “nuevo rumbo”, “otro paradigma”, pero viviendo las primeras semanas del levantamiento del Estado de Alarma, si gana el Barça o el Real Madrid la Liga de Fútbol parece que vuelve a tener más importancia social que miles y miles de trabajadores pierdan sus trabajos, padezcan recortes salariales, o hagan miles de horas extras. Pérdidas de derechos laborales por la vulnerabilidad del sistema capitalista como base, no por la pandemia. Derechos que se perdieron en 2008 y no existía el Covid-19.
A pesar de la ausencia del concepto clase social y esa vuelta a la normalidad de invisibilizar a la clase trabajadora (ya no hay aplausos en los balcones), algunos dicen que el gobierno progresista del PSOE-UP ha lanzado el Acuerdo Amplio Político y Social para la Reconstrucción del País, además de algunas políticas sociales y laborales, para paliar los duros efectos de esta crisis. Como bien dice Jaime Pastor políticas enfocadas en el cortoplacismo, como puede ser el Ingreso Mínimo Vital tan laureado por la izquierda española, cuando fue aprobada en 2017 por la derecha catalana una política similar con el nombre de Renta Garantida Ciudadana mediante el mecanismo social de Iniciativa Legislativa Popular. O varios años siendo aplicada en el gobierno vasco, controlado por la derecha del PNV, la Renta Garantía de Ingresos.
Entonces, ¿dónde está la diferencia entre las derechas periféricas y la izquierda estatal? Además, es difícil hablar de cambio de modelo cuándo no se ha aprobado ni el impuesto a las grandes fortunas o la derogación de la reforma laboral. Algo que ya nos lleva a ni pensar en nacionalización de factorías de empresas como Nissan o Alcoa, empresas privadas que se beneficiaron de ayudas públicas, o menos hablar de economía planificada ya que huele a “sovietización” u hoy, según dicen los medios españoles, a “chavismo y castrismo”.
El IBEX35 y la CEOE, críticos con el asistencialismo de los ERTE (con irregularidades por parte de muchas empresas), siguen decidiendo hacía dónde va la economía del país con un modelo turístico no sostenible y discriminando con salarios indignos a la fuerza de trabajo que mueve esa economía, la clase trabajadora. Y mientras gran parte de la izquierda institucional (liderada por una clase media) solo nombra a la clase trabajadora -en referencia a clase tanto en sus factorías como en sus vidas cotidianas en los barrios obreros- en campañas políticas olvidando su papel como sujeto del cambio.
Una izquierda que cae en el modelo de la democracia representativa no participativa que conduce al grave peligro que una parte de la clase trabajadora se cobije en discursos chovinistas, siendo una oportunidad para la ultraderecha. Si el lema utilizado en Occupy Wall Street era “somos el 99%” y fue replicado en campañas políticas y discursos de la izquierda española para unir en un mismo bloque a las mayorías sociales, la clase trabajadora, pequeñas y medianas empresas, estudiantes, pero electoralmente en España un 50% vota por VOX, PP O CIUDADANOS, quiere decir que una parte de la clase trabajadora y las mayorías sociales se decanta por la derecha y ultraderecha del neofascismo. Entonces algo está fallando en esta izquierda de la democracia representativa.
A la tesis de “Sociedad del Riego” del sociólogo Ulrick Beck justamente se le criticó que tuvo en cuenta problemas de la globalización como catástrofes ecológicas, terrorismo, guerras preventivas, crisis financiera, pero se olvidó del concepto clase social, o incluso la desigualdad en el Sistema Mundo entre países desarrollados y subdesarrollados para hacer frente a estos problemas. Para quien tiene mayores recursos económicos dispone de más medios para hacer frente a una crisis, y en la crisis del coronavirus esto se repite. La llamada “vuelta a la normalidad” es volver a legitimar la explotación que padece la clase trabajadora, no solo por su salario, sino por su bajo reconocimiento social a su trascendental labor.
Entonces, la pregunta es, ¿volver al Consenso del Régimen del 78 por parte de la partidocracia es la solución? Mientras la clase trabajadora no disponga de empoderamiento social y movilización, el consenso es batalla partida. Mientras la clase trabajadora no disponga de proyecto a corto, medio y largo plazo, es derrota constante.
A corto plazo el asistencialismo para achicar algunas consecuencias emergentes de la pandemia a la población más vulnerable de la clase trabajadora, pero a medio y largo plazo un proceso constituyente para legitimar lo que hoy es ilegítimo, recuperar derrotas perdidas sin olvidar que el Partido Socialista fue nuestro rival en estas derrotas. Un partido, bajo Felipe González, que inició las privatizaciones de las grandes empresas públicas o insertó el modelo neoliberal de la precariedad laboral inspirado en el proyecto de Reagan y Thatcher.
Por ello es necesario, pero no fácil, trabajar desde movimientos sociales que recuperen el 15M, volver a las plazas de los barrios, hacer política comunitaria y vecinal, trabajar por la democracia participativa y directa, recuperar la conciencia popular y de clase obrera (una robada por el PP y otro por el PSOE), defender tras vivir un momento tan duro como este la sanidad universal y de calidad para todos y todas, recuperando su gestión pública, seguir luchando por la educación pública y contra la estafa de matriculas universitarias, contra la mafia inmobiliaria, conseguir mejoras en las condiciones laborales derogando la Reforma Laboral, recuperar un sindicalismo de clase.
La única manera para conseguir todo esto, y mucho más que no se ha nombrado, en este momento histórico bajo un diálogo y una negociación con empoderamiento es volver a recuperar nuestra identidad, vivir la verdadera transición, “de clase en sí a clase para sí”, para decir con orgullo “somos clase trabajadora”. Seguro que más analistas, por lo tanto, escribirán más sobre clase social.