Hay que imaginar un mundo nuevo
Marià de Delàs
“Volver atrás, al modelo de crecimiento y a las relaciones y estructuras productivas previas, no resolvería ninguno de los problemas que esta crisis sanitaria ha desvelado”, afirman taxativamente los autores de la ponencia de arranque de este debate.
No son pocos los intelectuales y dirigentes políticos que se han expresado en tal sentido, a veces con la ingenuidad de quien ha confundido sus deseos con los pronósticos y ha alimentado la idea según la cual la covid-19 se llevará por delante el actual sistema.
No es el caso de Enrique del Olmo y Gabriel Flores, que lejos de alinearse con quienes esperan que tras la pandemia nacerá espontáneamente una forma de vida mejor, reflexionan sobre la manera de “afrontar en común la búsqueda de soluciones a una parte de los grandes retos y problemas que plantea la actual crisis a nuestra sociedad y a nuestro país”.
Ocurre, no obstante, que cuando apuntan vías de solución se expresan en un sentido que tiene más que ver con el retorno al “modelo de crecimiento y a las relaciones y estructuras previas” a la crisis que con la búsqueda de nuevas formas de producción y consumo.
Afirman, por ejemplo, que para “impulsar lo más rápidamente posible la actividad económica” no habría que “limitarse a reconstruir o recuperar el tejido productivo y empresarial y el modelo de crecimiento destruidos o dañados”. Habría que utilizar la “reactivación económica” para “aspirar a dirigir las tendencias y los nuevos factores que surgen de esta situación crítica y que terminarán alumbrando las nuevas estructuras y especializaciones productivas, las actividades, relaciones económicas y empleos del futuro”.
Sobre esas nuevas estructuras nada dicen, pero sí plantean un listado de temas sobre los cuales convendría alcanzar acuerdos. Todos ellos deseables, pero ninguno apunta a un cambio de modelo.
Se necesitan, dicen los autores de la ponencia, mejoras de la sanidad pública, de los servicios sociales, de la protección de trabajadoras y trabajadores afectados por la crisis y con mayor riesgo de exclusión social, de la calidad de la educación pública, de las políticas de vivienda, … indudablemente. Y habría que tomar como referencia, señalan, dos aspectos transversales: la transición ecológica y las políticas de género.
Dicen claramente que no se trata de imaginar “un mundo nuevo”. No invitan a ello, a pesar de que los primeros párrafos de su ponencia los destinan a la constatación de la existencia de una “crisis global y multidimensional”.
Tal como dice Carlos Berzosa en su intervención en el anterior debate, los días de confinamiento son buenos para la reflexión y para hacerse preguntas.
Con todos los respetos por los defensores del posibilismo y de sus efectos benéficos, para que el debate abierto por Gabriel Flores y Enrique del Olmo sea fructífero y esté realmente “cargado de presente y de futuro” es preciso discutir de algo más, ir más allá de los avances efectivamente conseguidos recientemente en materia social y de los que se puedan plantear desde el actual Gobierno. Habría que intentar dar respuesta a dos grandes preguntas.
La primera tiene que ver con las esperanzas puestas en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados: ¿Se puede acordar algo hoy en día con las fuerzas del nacionalismo español de derechas para hacer frente a los “graves y urgentes problemas que amenazan las condiciones de vida y trabajo de la población, el futuro del país y nuestra convivencia” que señalan los ponentes? ¿Se pueden negociar políticas de igualdad con quienes exhiben machismo y demofobia y se empeñan ahora en colocar el origen de la epidemia en las manifestaciones del 8 de marzo?
Y la segunda sería para entrar en el debate sobre la degradación del capitalismo, de la “globalización neoliberal, de la cohesión económica, social y territorial o el medio natural del que depende la vida y la civilización” denunciada por los propios autores de la ponencia.
¿Es posible empezar a plantear el propósito de recuperar para el patrimonio colectivo aquellos bienes que nunca deberían haber pasado a formar parte del sector privado? ¿Qué ha de pasar para que empecemos a pensar en concreto en una nueva economía, que no esté al servicio del crecimiento sin límites? La reivindicación de “nueva normalidad”, ¿no debe poner en cuestión el beneficio que unos pocos obtienen de los créditos, los seguros, los suministros de energía, la vivienda, la explotación de las telecomunicaciones, los medios de transporte, la construcción de infraestructuras, la fabricación y distribución de medicamentos, la industria militar…?
Se dirá que los que deseen tal cosa no cuentan con la correlación de fuerzas necesaria para llevarla a la práctica. Es probable. Nunca contarán con peso suficiente si nunca lo proponen y lo argumentan para el conjunto de la población.