Cambios desde la modestia (y en pocas palabras, demasiado pocas)
Romulo
La ponencia nos plantea los problemas clásicos de los pactos para controlar una parte del poder, y tres sugerencias de uso de ese pacto. Me gustaría hacer una pregunta, ¿pactar con la socialdemocracia ha dado poder a la izquierda alguna vez? Más concreto, ¿el pacto con la socialdemocracia daría poder a la izquierda esta vez?
La respuesta a ambas preguntas es no. No en el marco del Estado-nación, en el entorno económico globalizado y en un contexto de crisis capitalista. Crisis real, aparte de las ingenierías que se hacen para que sus efectos recaigan sobre los de casi siempre.
La ponencia está proponiendo una nueva política fiscal, una paralela política laboral y una estrategia sobre la deuda. A aplicar desde el Estado, con unos socios cuya política nunca ha ido por esos derroteros, y que se han vanagloriado de ello y han sido vanguardia de la liberalización y la desregulación, por no nombrar las NATOS y otras políticas de la II Internacional.
Pero es que sin políticas que impliquen a nuestro bloque económico al completo, el mayor mercado del mundo, no sería necesario ni que nos hiciera la competencia China o Bangladesh. Nos la iba a hacer Portugal, y otra nueva planta robotizada en Turín. ¿Pactar con el PSOE , o con el PSM, o con el PSC-L ? ¿Qué peso tiene el estado Español o el de la Comunidad de Madrid o la de Castilla y León para poner en marcha esas políticas, es suficiente contra el dumpin que nos pueda hacer Extremadura, Portugal o los socios preferentes de la UE? ¿Se podrían mantener esas políticas durante cuatro años, mientras el capital se refugia además donde le da la gana? ¿Para que además el costo político de la crisis se cargue a la izquierda que trate de hacer en el Estado lo que la propia naturaleza del Estado de Beneficencia no puede hacer?
Ya Habermas denunció en 1970 que la esfera económica había desviado al Estado su propio déficit de legitimidad, mientras el Estado es incapaz de cubrir las demandas que se le hacen porque el valor económico de esas demandas se va a los (Santos) Beneficios. Confiar en que desde el Estado Bienhechor se pueda sin más influir, desde poderes locales, sin realizar cambios a fondo en la manera de plantear la relación entre Economía y Estado, es más utópico que las fantasías del conde de Saint-Simon y de Robert Owen, de los que aún nos queda mucho que aprender.
Creo que estamos planteando erróneamente las tareas, porque lo que estamos pensando hacer desde el Estado sigue dejando que la economía y sus mecanismos sigan en manos del Capital. Renunciamos demasiado fácilmente a intervenir como agentes económicos y a apoyar desde el poder esas políticas, de modo que toda la actividad política transformadora sea homogénea, orgánica, que se vea claramente qué buscamos del Estado liberal, que no parezca lo que no debe ser.
Y volviendo a Owen tanto como a Marx, debemos cambiar tanto o más al margen del Estado. El ilustre leninista Arizmendiarrieta demostró que se puede mucho más de lo que creemos.