Cambio, capitalismo y centralidad
fluengoe
El objeto de las líneas que siguen es reflexionar sobre dos aspectos, en mi opinión decisivos, a la hora de enfrentar la salida a la crisis económica.
El primero de estos asuntos, por lo general omitido o ignorado, se refiere a las profundas transformaciones, diría que sistémicas, experimentadas por los capitalismos europeos. Por decirlo con claridad: los capitalismos que surgen de la crisis (que, por cierto, estamos muy lejos de haber superado) son, en aspectos sustantivos, distintos de los que la provocaron.
No son un suma y sigue de lo conocido hasta ahora. Se aprecian transformaciones de gran calado que apuntan, entre otros factores, a los mecanismos de acumulación; transformaciones que tienen su origen en la privilegiada posición del capital frente al trabajo. No hace falta decir que esta relación asimétrica forma parte del adn del capitalismo, pero sí hay que aclarar que el desequilibrio en la relación de fuerzas ha alcanzado proporciones desconocidas en la historia reciente, tanto en la economía española como en el conjunto de los capitalismos europeos.
Esta ha sido una de las consecuencias más trascendentes de la Gran Recesión que ha abierto las puertas a la Gran Transformación. La gestión oligárquica y autoritaria de la crisis ha sido, desde esta perspectiva, un éxito indiscutible para el poder.
Estos años hemos asistido a un formidable proceso de extracción de renta y de riqueza desde la población hacia las élites. Más allá de la austeridad (término confuso y desgastado, instalado más en el territorio de la política económica que en el más relevante de la economía política), estamos ante la consolidación de un capitalismo patrimonial y extractivo, que ha llegado para quedarse.
Un capitalismo que, aprovechando el desorden y la inseguridad provocados por la crisis, beneficiándose de la inacción o la complicidad de la izquierda tradicional y ante la incapacidad de sostener un crecimiento prolongado y suficiente desde el que generar nuevos consensos, ha roto los puentes institucionales alrededor de los que se articulaban las políticas redistributivas.
El conflicto por la apropiación del excedente, consustancial en el capitalismo, se resuelve en este escenario a través de la confiscación.
¿Son conscientes las izquierdas y los partidos que quieren poner a la gente en el centro de sus políticas del alcance y de las consecuencias de esta verdadera refundación del capitalismo? Creo que no, o al menos no lo suficiente.
Las urgencias electorales y el deseo de situarse en la zona tibia del electorado dificultan esta reflexión. Y, claro está, hace difícil extraer las conclusiones que se derivan de este diagnóstico, piedra de toque para hacer otra política que tendrá que combinar lo urgente y lo necesario; llevar a cabo un plan de emergencia económica y social y al mismo tiempo tomar medidas encaminadas a desactivar los nudos gordianos sobre los que se levanta este capitalismo.
Esta perspectiva es, además, crucial para hacer pedagogía entre la ciudadanía que, en definitiva está llamada a protagonizar los cambios.
El segundo de los asuntos que deseo comentar se resume en un término, continuamente invocado por partidos de todos los colores: la centralidad. En su acepción más extendida, y más banal, se trataría de ocupar el centro del tablero político, espacio supuestamente habitado por un amplio espectro del electorado, cuyo voto y aspiraciones oscilarían entre la derecha moderada y la izquierda razonable.
Los partidos, también los del cambio, convertidos en máquinas electorales en busca del voto, han puesto su punto de mira en ese electorado de centro. Como quiera que se razona que esos votantes potenciales son pragmáticos, poco amigos de radicalismos, se han puesto manos a la obra para remodelar sus programas, eliminando algunos de sus objetivos –que en algunos casos eran una seña de identidad de los movimientos sociales de los que surgieron- o suavizándolos para hacerlos más digeribles.
Ha quedado diluida o simplemente pervertida otra aproximación de la centralidad, muy distinta de la anterior, y muy necesaria si queremos avanzar en una salida de la crisis sostenible, equitativa y democrática. Sin ignorar la estructura de clases del capitalismo contemporáneo –sin desconocer tampoco la complejidad de la misma- y los intereses distintos y a menudo contradictorios que emergen de esa estructura, se propone desde esta otra perspectiva una problemática que, en buena medida, trasciende el perímetro de las clases sociales, que tendría capacidad para recorrerlas transversalmente, generando una comunidad de intereses, un sujeto político.
Esta problemática tiene que ver, entre otros temas, con la sostenibilidad de los procesos económicos y de nuestra manera de vivir y de consumir, con la conquista de empleos decentes, con el ejercicio de los derechos ciudadanos, con la transparencia, el control y la proximidad de las instituciones con la igualdad de oportunidades, con la defensa de la equidad y la cohesión social y con la aplicación de políticas reparto de tiempos, renta y riqueza.
Todo ello supone trascender la lógica del crecimiento, que unos y otros invocan continuamente, y también la recuperación de los viejos modelos de estado de bienestar, instalados en esa misma lógica y en unos equilibrios de poder que han sido dinamitados por la crisis y la gestión de la misma que han impuesto las élites.
El capitalismo, cada vez más oligárquico, nos empuja hacia un escenario de degradación social, institucional y medioambiental. Por esa razón, el desafío al que se enfrentan los partidos del cambio es enfrentar de manera decidida la referida problemática y convertirla en objetivos sólidamente anclados en la agenda política.
Más intervenciones
Confluencias y remontada
De acuerdo a las últimas encuestas, las candidaturas de confluencia articuladas por Podemos en Catalunya, Galiza y País Valencià han supuesto el paso de Pablo Iglesias a tercer presidenciable, desbancando a Albert Rivera y situándose en el empate técnico con Pedro Sánchez. Por más que tardase en cuajar, el complicado proceso de negociaciones que siguió a las elecciones catalanas ha comenzado a dar sus frutos y en cosa de un mes Podemos se ha situado en condiciones de dar la vuelta al marcador. Es lo que las redes sociales identifican con el hashtag #remontada.
De acuerdo con Carlos Huerga
Cuando Carlos Huerga afirma que «Una sociedad civil crítica, exigente y empoderada es un elemento básico de una democracia sana», está diciendo una verdad como un templo.
20D: El imprescindible relato emocional de un estado plurinacional
El debate sobre cuál es el mejor modelo de estado es sin duda político y jurídico, pero también emocional. Mientras el centralismo y el independentismo han sabido construir relatos emotivos con capacidad de empatizar y movilizar, la propuesta plurinacional ha transmitido poco, de forma plana, técnica y, a menudo, con actitud acomplejada. El 20D quizás está empezando a cambiar eso.
De acuerdo con Carlos Huerga
Cuando Carlos Huerga afirma que «Una sociedad civil crítica, exigente y empoderada es un elemento básico de una democracia sana», está diciendo una verdad como un templo.
El cambio desde el patriarcado, no es cambio
Las elecciones del 20D no serán las del cambio real. El nulo cuestionamiento del sistema patriarcal por parte de las fuerzas que representan el “cambio” supondrá el mantenimiento de un modelo de relaciones jerarquizado en el que los hombres, por el mero hecho de serlo, son situados en la parte superior (economía, poder, decisión) y las mujeres seguimos en la zona de la subordinación.
Un cambio necesario y posible
El 20D no es solo una oportunidad, sino una necesidad, una obligación de los ciudadanos de forzar un cambio con su voto, aunque solo sea por higiene, para poder tirar a la basura tanta miseria, mediocridad, mentiras y corrupción como se han ido amontonando en este país en estos largos años, hasta rebosar con los últimos gobiernos del PP.
El 20D y el cambio, visto desde Europa
Es importante recordar que desde un punto de vista europeo, el debate del cambio en España en torno al 20D, tanto ideológicamente (¿qué cambio?) como estratégicamente (¿quién y cómo?) es ilusionante, a pesar del difícil marco del « Diktat » a Tsipras del 13 de julio. Tanto el 15M, como su mutación en mareas temáticas multicolores o la aparición posterior de Podemos y de las plataformas ciudadanas que conquistaron a ciudades centrales, han atraído sobre España las miradas de las fuerzas transformadoras de todo un continente.
Experiencias del Cambio, para afrontar el Cambio
Tras siete años de crisis económica y una política que ha castigado a las clases populares con la excusa de que han vivido por encima de sus posibilidades, nos enfrentamos al 20D, momento en el que la ciudadanía tiene la oportunidad de validar esta gestión o traer un cambio.
El cambio y el proyecto de futuro de la izquierda para España
El cambio pasa porque la izquierda tenga un proyecto de futuro para España que implique una transformación profunda –económica, política y social- que sea creíble para una mayoría de la ciudadanía para que les vote, y factible de realizar desde el poder alcanzado democráticamente.
Saber leer el momento, evitar debates estériles y avanzar en la unidad política, grandes retos
Estando tan cerca unas elecciones generales tan decisivas me sorprenden la dispersión ideológica que este debate manifiesta. Y sin embargo, es a la vez lógico pues representa las dudas que la incertidumbre del resultado y la complejidad de la situación despierta. Es esa contradicción entre el debate ideológico, tan querido por la izquierda, y la necesidad de converger políticamente la que motiva mi intervención.
20D: Consideraciones sencillas sobre unas generales complejas
Las próximas elecciones generales serán un buen termómetro para saber hasta que punto la hegemonía cultural neoliberal, impulsada desde hace décadas por el PP y el PSOE, se resquebraja dando opción a un agente antagónico plural, o si por el contrario se consolida, apoyada en un actor impulsado desde el núcleo del propio sistema, como es el caso de Ciudadanos.
El centro no existe
La celebración de generales el próximo 20 de Diciembre ha contribuido, una vez más, a poner blanco sobre negro un déficit democrático en España, que evidencia la incapacidad de las formaciones políticas para presentarse ante la ciudadanía con programas reales que tengan la voluntad de cumplir y un posicionamiento ideológico firme.
Democracia y transición energética
La imparable irrupción en todo el mundo de un nuevo paradigma energético basado en los avances tecnológicos de las energías renovables y en la ya indiscutible urgencia de frenar el consumo incontrolado de combustibles fósiles, podría coincidir con la excepcional oportunidad para España, dentro de unos días, de una renovación democrática de nuestro sistema político que sea capaz, entre otras muchas cosas, de enfrentarse a la caótica, irracional e insostenible gestión de la demanda y de la producción de energía en nuestro país y tal vez, de abordar una esperanzadora transición energética.
Catedrático emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
El 20-D: Una oportunidad que se puede malograr
Las próximas elecciones generales están levantando muchas expectativas. Se esperan cambios significativos para acabar con la vieja política que se encuentra muy desprestigiada. En realidad nunca pensé que se podía caer tan bajo. La incompetencia de gran parte de los líderes políticos con capacidad de decisión, así como el bajo nivel cultural, intelectual y de razonamiento que ponen de manifiesto cada vez que hablan son un reflejo de la devaluación que ha sufrido la política en nuestro país y con ello también las instituciones.
Activista de Ecologistas en Acción
Habrá cambio cuando la izquierda vaya en serio
Durante la legislatura del Partido Popular se ha aplicado el mayor ajuste social en tiempos de paz. Se han devaluado los salarios, la reforma laboral abarata y descausaliza el despido, aumenta la precariedad del empleo, se deteriora la sanidad y la educación públicas, hay desahucios masivos y siguen las privatizaciones. La protesta social se ha criminalizado con un duro recorte de libertades ciudadanas.
Hacia una ciudad próspera. Un modelo responsable y sostenible
La llegada de los gobiernos del cambio a los Ayuntamientos de las principales ciudades trajo una ola de ilusión y de esperanza capaz de superar el hastío y el descrédito que desprendía hasta entonces la política institucional. En Madrid, tras más de dos décadas de gobiernos del Partido Popular, la ciudad celebraba a una nueva alcaldesa, Manuela Carmena, cuya victoria reflejaba la necesidad de poner en marcha una política responsable y alternativa a la que se venía aplicando durante los últimos años.
Cambio, recambio y autoritarismo
Pese a que el reloj de la historia carece de manecillas, cabe afirmar que pocas oportunidades de cambio van a poder presentarse a corto y medio plazo si el movimiento popular no logra el cambio democrático que demanda hoy la inmensa mayoría de la sociedad española. Porque entre las próximas urnas del 20 de diciembre y las que se abran posteriormente, tras la inevitable convocatoria anticipada de elecciones, la nueva legislatura será la más breve desde hace cuarenta años.
Mientras llega el 20D
Las elecciones del 20D cerrarán el ciclo de movilizaciones y protestas inaugurado por el 15M y expresarán su capacidad de representación política. A partir de esa fecha se abre otro escenario social y político, novedoso porque parece aventurarse que por primera vez desde la transición política, el gobierno del país descansará, necesariamente, sobre una coalición de partidos. Y también porque la emergencia de nuevas fuerzas y la desaparición o minorización de otras puede crear una nueva dinámica política.
El 20-D empieza todo. Cambiar para vivir sin miedo
Las fuerzas del cambio se encuentran ante la misma tesitura que Daniel Lefebvre, el director de la escuela infantil en un barrio marginal de un pueblo francés devastado por la crisis, la rapiña capitalista, la ineficiente rutina de los viejos sindicatos y partidos políticos, y el abandono distante de las instituciones políticas diseñadas para contener el conflicto social y no para solventar los problemas de las gentes.
El cambio será feminista, o no será
No puedo estar más de acuerdo con los elementos que las ponencias anteriores han enumerado como parte imprescindible del cambio del sistema político y del sistema económico y social. Y sin embargo, si consiguiéramos construir un cambio con todos esos elementos, sin tener en cuenta el feminismo ciertas cosas no cambiarían nada para la mitad de la población.
20 D. Mancharse las manos o decir No
Sin duda el 20D es una oportunidad de cambio; prefiero, sin embargo, hablar de una necesidad de cambio. Lo que está en juego es cerrar en falso la actual crisis o llevar a la práctica la potencialidad de ruptura y la esperanza de un cambio radical que, tras el 15M y las Mareas, surgió con la irrupción de Podemos en las Elecciones Europeas. Recomposición del régimen del 78 o ruptura e inicio de un Proceso (o procesos) Constituyente.
Hablemos de educación y cultura
Me alegra muchísimo comprobar cómo estamos de acuerdo en que lo esencial del cambio ha de ser, tanto una trasformación de las relaciones entre las personas (en la familia, la economía y el Estado) como entre las personas y la Naturaleza.
Una oportunidad para la gente
La principal responsabilidad de las organizaciones y de la gente de izquierdas es crear las condiciones para derrotar al PP. Cuatro años más de gobierno “popular” no solo profundizarán en la inequidad de sus políticas, sino que harán que muchas de sus contrarreformas sean irreversibles. Una mayoría conservadora nos abocará irremediablemente a una segunda transición bajo su liderazgo. Vistas las encuestas, todo indica que el objetivo de vencer será difícil, pero no imposible. A pesar de los errores cometidos hasta el momento, aún hay un margen para ganar.
Construir la alternativa: el cambio empieza ya mismo
Todas las intervenciones hasta ahora obvian un hecho fundamental: todos los males que acucian al ser humano –pobreza extrema derivada de desigualdades, guerras, falta de perspectivas y de libertad- tienen su origen en una estructura llamada Capitalismo que no es solo organizativa –política y económica- sino ante todo de valores y también cultural. Por lo tanto, todas las propuestas que acepten este marco organizativo y se muevan en él no supondrán un cambio sustancial, ya que la lógica misma del Capitalismo conlleva esos males.
Hablemos de educación y cultura
Me alegra muchísimo comprobar cómo estamos de acuerdo en que lo esencial que debe representar el cambio ha de ser, tanto una trasformación de las relaciones entre las personas (en la familia, la economía y el Estado) como entre las personas y la Naturaleza.
La segunda transición
El problema de fondo que está en el debate propuesto por Espacio Público se sitúa en el contenido real de la etapa política actual y la perspectiva probable. De la respuesta que demos dependerá, en medida importante, el papel de las fuerzas de cambio en general, y el de la izquierda transformadora, en particular.
¿“Cambio" regeneracionista o destituyente?
Por fin, después de un largo período de alternancia en el gobierno de partidos que han sido fieles cumplidores del triple “consenso” (sobre el pasado, el presente y el futuro) que sentó las bases del régimen del 78, así como de las reglas del juego que se fueron estableciendo luego en el marco de la eurozona y del brusco final del “capitalismo popular” a partir de 2008, las próximas elecciones generales anuncian la entrada en una nueva fase en la que las mayorías absolutas y el bipartidismo parecen tocar a su fin.
Ganar la batalla por el significante Constitución
"Nosotros el pueblo...", ese es el simbólico comienzo de la Constitución de los Estados Unidos de América de 1787. Ese inicio no es solo un formalismo, es una apuesta política concreta por un modelo jurídico determinado; la soberanía constitucional reside en el pueblo.
Revertir la expropiación de soberanía, nuestra tarea fundamental como pueblo
Los resultados electorales del 27S en Cataluña y el curso posterior de los acontecimientos han puesto de relieve que la crisis del régimen del 78 es más seria y profunda de lo que podía imaginarse. Para decirlo de forma sumaria: para una buena parte de la sociedad catalana se ha quebrado esa relación de confianza en el Estado español que se había establecido con el Estatuto de Autonomía. Confianza en que las relaciones de provecho mutuo -que son inherentes a cualquier fórmula de agregación humana-, eran perfectamente compatibles con el respeto a las singularidades culturales y a las aspiraciones de autogobierno tan intensamente vividas en esta sociedad.
Catedrática de antropología social de la Universidad Rovira i Virgili y presidenta de la Fundación Nous Horitzons
¿Qué oportunidades para el cambio en España, y qué límites?
Si Rajoy no deja de ser presidente del gobierno en España después de las elecciones del 20-D, no hay cambios por mucho que se fragmente el mapa político y entren en escena nuevos partidos como Ciudadanos o como Podemos. Si el PP gobierna en coalición con Ciudadanos, tampoco hay cambios y si lo hace el PSOE (con Ciudadanos o sin ellos) me temo que tampoco. Claro que hay un aspecto elemental que se plantea en este debate y es la naturaleza de los cambios, porque algunos contribuyen a reproducir el mismo sistema político, mientras que hay cambios que inciden en la modificación del sistema político.
Una visión desde la ecología política
Meses antes del 15M ya estábamos pensando en la necesidad de cambio, en la necesidad de dar un volantazo que cambiara el rumbo y nos sacara de la profunda crisis política en la que había caído el sistema del 78. Cuando presentamos el proyecto EQUO aquel 24 de septiembre de 2010 no imaginábamos que meses más tarde nuestras sospechas se verían confirmadas.
¿A cómo está el cambio?
Sí, se nota la cercanía de las elecciones que, como se dice, serán decisivas. Y se nota en particular en la elección del passepartout por antonomasia que en la jerga política representa la palabra «cambio». Este ya nos sirvió en la coyuntura de 1982 –sobre todo al PSOE de González y Guerra, claro–.
¿Cambio sin oportunidad?
Empecemos por un poco de historia. El lema de la campaña del PSOE en el 82 fue “Por el cambio”. Lo curioso es que en realidad en términos estructurales –económicos y políticos- el cambio se había producido ya, en el lustro anterior. La retórica del cambio operó entonces como un condensador de las opciones más centradas, y la oportunidad fue vista como al alcance de la mano, pues podía venir apoyada en una mayoría suficiente de los socialdemócratas de Felipe González, que resultó ser finalmente aplastante debido a que atrajo las expectativas razonables de todos los que podían aspirar a mantener o mejorar el estatus quo. Ello era así porque la invocación al cambio se hacía en un momento en el que el ciclo político y económico se estaba cerrando.
El cambio también se debe notar en las campañas electorales
En las próximas elecciones del 20-D seremos testigos por enésima vez de la peor clase de agitación política, esa que la ciudadanía denomina ‘politiquería’. Los estadounidenses, que gozan de una dilatada tradición democrática, hablan con sarcasmo de las campañas electorales diciendo que son el tiempo del ‘pressing the flesh’ (‘oprimir la carne’, cuando se estrechan manos) y del ‘kissing babies’ (cuando se besan niños).
Seguir desmontando la falsa historia
Si alguien ha simbolizado la palabra “régimen” en Europa fue Giulio Andreotti: presidente y primer ministro democristiano de Italia durante múltiples legislaturas. Fue capaz de armar un régimen diseñado para resistir las ofensivas del movimiento obrero, para mantener fuera del gobierno al principal partido comunista de occidente (aunque este estuviese dispuesto a hacer todo tipo de concesiones porque lo dejasen participar) y para diseñar un Estado-plan que respondiese a las necesidades del capital por encima de cualquier coyuntura. Este turbio y fascinante personaje, apodado “Il Divo”, experto en moverse en las clocas del poder, dijo una vez una frase que resumía su filosofía política de forma magistral: “el poder desgasta, sobre todo a los que no tienen”.
Un ojo en el muro
Aunque probablemente su estrategia no esté tan elaborada, el poder intuye que su baza consiste en esparcir ese espíritu perdedor que nos deja cautivos y desarmados antes de la batalla.
Por un keynesianismo democrático
Fue Keynes, y no Marx, quien afirmó lo siguiente: «…los economistas son los depositarios no de la civilización, sino de la posibilidad de la civilización». Con ello estaba reconociendo el importante papel que las reglas y las dinámicas económicas juegan en los destinos humanos..., y también lo poco que confiaba en el libre juego de los mercados.
Los cambios, en el alero
Toda convocatoria de elecciones ofrece oportunidades de cambio. Quizás el ejemplo más destacable sea el del PSOE que, en octubre de 1982, obtuvo un espectacular resultado precisamente bajo la bandera del cambio.
Nuestro pueblo tiene derecho a volver a sonreír
Desde Podemos hemos lanzado la iniciativa de los Carteros y Carteras de la Ruta del cambio. Creemos que como formación política debemos servir como una herramienta de empoderamiento popular y ciudadano y que la mejor campaña es la que hace la gente. Hemos llamado a la gente que quiere cambio a convertirse en protagonista dirigiéndose en primera persona a su entorno más cercano para explicarle porque quieren un cambio e invitándoles a participar. Cuando recibí la invitación para participar en este espacio de debate creí que la mejor manera de hacerlo era publicando una de mis cartas.
El 20-D en España tenemos una cita con la historia
Son tantas las incógnitas, los desafíos y las esperanzas que están en juego en las elecciones generales del próximo 20 de diciembre que los resultados marcarán el curso de la historia de España de forma decisiva. Ello me lleva a aportar, por si interesa, mi visión del asunto.
Primero, cambio de procedimientos; luego, cambio en los fines
Decía Antonio Gramsci que ‘la verdad es revolucionaria’, aunque lo mismo se puede decir de la democracia; en esto estoy completamente de acuerdo con el profesor Vicenç Navarro.
Sociólogo
El azar y la necesidad
Nadie puede negar que vivimos en una época de incertidumbres apasionante. De la misma forma que nos damos cuenta que no estamos acostumbrados a gestionar la incertidumbre, mil veces se dan por cerrados procesos que se vuelven a reabrir y de alguna manera es por el miedo a la duda que se cierne tanto en la sociedad y por ende en los actores políticos y sociales.
Real oportunidad de cambio "real" en las elecciones del 20 de diciembre de 2015
Disculpen tanto “real”. A veces es conveniente remachar. Los que vivimos durante, y luchamos contra, la dictadura franquista habíamos vivido hasta hoy dos oportunidades de cambio real: las primeras elecciones de 1977 y las de 1982 tras la frustrada intentona golpista de Armada/Tejero. Con la creación de Izquierda Unida se trataba de mantener un polo a la izquierda que tuvo su punto álgido en Convocatoria por Andalucía, para después languidecer paulatinamente y acomodarse en la protesta y la queja testimonial.
Los cimientos del cambio
El próximo 20-D los ciudadanos tenemos la oportunidad de hacer posible el inicio de los cambios en la manera de hacer política que ya se están concretando en muchas ciudades y territorios. Es una ocasión histórica para salir por fin de una situación de degradación de los derechos, corrupción impune y represión que hace algunos años no podíamos imaginarnos ni en las peores pesadillas.
Cambio en clave republicana
Las Elecciones generales del próximo 20 de diciembre son la oportunidad que muchos hemos soñado para hacer realidad el país que queremos. Articular un proyecto común de cambio para que, de verdad, los ciudadanos y ciudadanas se hagan dueños de su destino, secuestrado desde hace tanto tiempo por los que manejan el poder político, económico y social en España.
20-D: ¿Oportunidad para el cambio... o para el cambiazo? Ruptura democrática y derecho a decidir
La Transición de los 70 fue algo así como un gran embudo en el que fueron introducidas por su boca reivindicaciones democráticas básicas (república, autodeterminación, laicismo, ruptura con el franquismo,...) y por su parte más estrecha salió un nuevo Régimen asentado en gran medida en los viejos pilares: monarquía instaurada por el Dictador, soberanía única española, privilegios eclesiales, Ley de Amnistía, Pactos de la Moncloa,... El papel jugado por el PSOE y PCE en todo lo anterior fue decisivo.
¿Cambio sin ecología? Imposible
En la era de la sostenibilidad todavía hay gente que piensa que los temas ambientales no son importantes. La falta de información, unida a la falta de visión a corto, medio y largo plazo han permitido tendencias insostenibles en la sociedad. Hoy -ahora- se observan elevadas capas de población sometidas a altos niveles de contaminación atmosférica con graves afecciones a la salud.
La política y el “factor humano”
De joven leí bastante literatura, y aún recuerdo, aunque vagamente, un libro que me impresionó: “El factor humano”, de Graham Greene. Aparentemente es un libro de espías, pero en realidad es una obra de reflexión ética; esto es, trata del peso que tiene la moral en nuestras motivaciones y de cómo, a veces, se opone y triunfa sobre otros intereses y racionalizaciones.
Las posibilidades de cambio, cada vez más difíciles
La legislatura que ha terminado ha conocido una amplísima y diversa movilización social. Dos huelgas generales, numerosas huelgas sectoriales y locales, mareas de casi todos los colectivos laborales, manifestaciones, concentraciones, etc., que han tenido como destinatarios fundamentales al PP, tanto en el gobierno del estado, como en la mayoría de los gobiernos autonómicos y también en determinados ayuntamientos. La lógica consecuencia de esta conflictividad social parecía clara: las urnas echarían del gobierno al PP y se lograrían mayorías progresistas a todos los niveles.
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