Las alternativas progresistas se alejan, pero no desaparecen
Héctor Maravall
Abogado de CCOO
Las alternativas progresistas se alejan, pero no desaparecen
No es fácil responder a la pregunta de si hoy estamos o no en mejores condiciones para impulsar y conseguir un cambio político y socioeconómico en España e incluso en la Unión Europea. Hay muchas razones para responder negativamente y también algunas para hacerlo en positivo. Todo ello partiendo de una primera constatación, el tablero político estatal e internacional se mueve a gran velocidad, surgiendo novedades no previstas, que dificultan cualquier proyección a medio plazo mínimamente fiable.
El triunfo de Trump, el Brexit, la caída de Renzi y de Dilma Rousseff, la defenestración de los lideres del aparato en el laborismo ingles y en el socialismo francés y por el contrario el golpe palaciego contra Pedro Sánchez y el desbarajuste del PSOE, la crisis interna de Podemos, la aceptación por Tsipras de las duras condiciones de la Unión Europea, el triunfo raspado de un ecologista frente a la extrema derecha en Austria, la consolidación de un inédito gobierno de izquierdas en Portugal y un largo etc. son muestras de la extrema inestabilidad política en la que estamos viviendo y que nos deberían llevar por una parte a ser muy cautos en nuestras previsiones de futuro y por otra la necesidad de abandonar cuanto antes análisis y planteamientos que han quedado hoy profundamente desfasados.
La segunda cuestión que me gustaría apuntar es que tras una larguísima e intensísima crisis económica, superior en su duración y extensión a todas las anteriores del sistema capitalista, estamos saliendo de ella (con evidente fragilidad, pasos adelante y pasos atrás) todavía con altos tasas de paro, un deterioro de las condiciones de trabajo y salario, con recortes sociales, incremento de las tensiones xenófobas, fortalecimiento de la extrema derecha, pero habiendo mantenido en lo sustancial los Estados de Bienestar Social y las instituciones democráticas y sin enfrentamientos bélicos, mas allá de los cronificados en Oriente Medio.
Un dato a tener muy en cuenta: el gasto en protección social en la Unión Europea durante el periodo 2007-2014 no ha descendido, incluso ha mantenido una leve tendencia al alza (que en España ha sido más significativo, dado los menores porcentajes existentes antes del 2007). Algo que debemos situar en el haber de los sindicatos, los movimientos sociales y las luchas de diverso tipo que se han sucedido en los últimos años.
Otro dato con elementos contradictorios. Las clases burguesas europeas, aunque han dado el visto bueno al cierre de fronteras y al endurecimiento de las políticas de control de la emigración, la mayoría no han abrazado las políticas de extrema derecha, como sucedió, en un contesto por supuesto diferente, en el periodo 1929-1940. El caso de Merkel e incluso el de Rajoy en España son significativos. En cambio la extrema derecha se ha nutrido en muchos lugares de sectores de la clase obrera golpeados por la crisis y temerosos de la llegada masiva de inmigrantes, lo que en este caso sí nos retrotrae a lo que sucedió en varios países europeos en el periodo de entreguerras con el ascenso del fascismo y del nacionalismo reaccionario.
Y para terminar este rápido repaso, por primera vez en la historia contemporánea, un “verso libre” gobierna en los Estados Unidos, un producto de los sectores más retardatarios y proteccionistas de la sociedad norteamericana y que mantiene relaciones muy poco claras con el gobierno de Rusia, marcadamente autoritario.
Insisto en la idea que la historia no se repite mecánicamente, pero conviene conocerla y hay que aprender de ella.
En España, los elementos contradictorios también son abundantes. Nunca hasta ahora había habido en las instituciones democráticas del Estado, de los gobiernos autonómicos y locales tan abundante presencia de representantes identificados con un profundo cambio político y económico social, con fuerte respaldo electoral. Nunca hasta ahora las principales capitales habían estado gobernadas a la vez por alcaldesas y alcaldes del cambio.
Sin embargo globalmente la izquierda no ha logrado desbancar del gobierno estatal al PP y las posibilidades de ello están hoy más lejos que hace un año, y desde luego muy condicionadas por la recomposición del PSOE y el giro de Podemos y la posibilidad hoy dificilísima de un entendimiento mínimamente estable en el Congreso de los Diputados. Aun y así se han logrado iniciativas parlamentarias positivas para paralizar o revertir algunas de las medidas más regresivas y antisociales de la primera legislatura de Rajoy.
Hay otros elementos alentadores como es el acercamiento, más o menos explicito, de los sindicatos de clase y Podemos, pero también se evidencia un cierto agotamiento de las luchas sociales como las ocurridas en los años 2011-2014.
La crisis política en Cataluña y las tensiones de índole nacionalista en otras Comunidades, esta suponiendo, por otra parte, un tapón para el desarrollo de las luchas sociales en clave capital-trabajo y conllevan una gran dificultad para la consolidación de una alternativa política progresista en el conjunto del Estado, y también para la estabilidad y desarrollo de lo que significa Podemos.
Llegados a este punto, quizás la pregunta no sea tanto si se mantienen abiertas las posibilidades de un cambio profundo como qué tipo de cambio hay que promover. Y en mi opinión lo que se impone es una alianza para mantener y reforzar las instituciones democráticas de la Unión Europea y en el interior de sus países miembros, la cohesión social, la libre circulación de personas y mercancías y la paz, especialmente en Oriente Medio. En resumen, parafraseando los lemas bolcheviques, democracia, trabajo y paz.
Amplias alianzas que fueran más allá del estricto ámbito de la izquierda. Englobar al centro derecha y si es posible a la derecha democrática, a los sindicatos, a los movimientos sociales, a los colectivos feministas y LGTBI, a los sectores de la justicia y de la cultura, a las Iglesias…
Tenemos que tomar buena nota de lo que esta sucediendo en Estados Unidos, tanto en lo que esta haciendo Trump como quienes se están enfrentando a sus decisiones. Lo primero para tomarnos bien en serio los riesgos de diversa índole que podemos correr; lo segundo para aprender de la diversidad de las movilizaciones sociales que allí tienen lugar.
Esas amplias alianzas deben tener igualmente el objetivo de revertir el crecimiento de la extrema derecha en Europa y su implantación entre las clases populares, a partir de más y mejor empleo, más cohesión social, más progresiva redistribución de la presión fiscal, mejor gestión de lo público.
¿Es posible avanzar en un cambio y en unas alianzas de este tipo? fácil desde luego no lo es. La socialdemocracia esta ensimismada en su larga crisis, pero también hay síntomas de regeneración. La izquierda alternativa, en Grecia, en Italia, en España, en Portugal o en Alemania, esta empezando a digerir que una cosa es dar mítines y otra gobernar, lo que esta generando tensiones de sentido contradictorio, hacia el radicalismo o hacia el realismo (como sucedió con los Verdes alemanes en el pasado). Las organizaciones de la diversidad ecologista están comprobando los límites de la asepsia política y la fragilidad de los acuerdos internacionales en las manos de Putin y Trump. Los sindicatos y los movimientos sociales han visto la dificultad de una respuesta social sostenida en el tiempo. La propia Iglesia Católica esta sacudida entre los fundamentalistas y quienes como el Papa aspiran a una imprescindible renovación.
En definitiva, como indicaba al principio tenemos suficientes elementos contradictorios, por lo que cabe esperar que la izquierda actúe con inteligencia, con decisión, con rigor y sin confundirse a cerca de quienes son los amigos y quienes los enemigos al menos en los próximos años. La alternativa de profundo cambio progresista por el momento se ha alejado de nosotros, hay que transitar una etapa intermedia de consolidación de la democracia, de recuperación de las conquistas sociales, de empleo digno y solidaridad internacional.