Partidos, militantes y ciudadanos

Moderadores
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Concepción García Herrera
Socióloga
Con las 10 preguntas de la ponencia Partidos, militantes y ciudadanos buscamos cartografiar una serie de problemas que gravitan sobre la crisis de representación y sus dinámicas de despolitización/repolitización en el contexto de movilización post15-M en nuestro país. Dada la extensión de la ponencia las intervenciones de las personas participantes se centraron sólo en algunas de ellas, aunque en su mayoría comparten en buena medida la tesis de partida: la “indignación” es algo más que un reactivo repudio moral de la gente decente porque abre espacios a la repolitización por parte de nuevos sujetos, como movimientos sociales democratizadores (Marisa Revilla, Pedro Ibarra, Tomás Villasante, Antonio Antón, Javier Ramos, Leopoldo Moscoso) (Pregunta1). Y también en buena medida comparten la propuesta con la que concluimos reclamando un nuevo pacto social sobre participación para reconstruir la virtud cívica por parte de una ciudadanía activa que busca incidir, modular y controlar sus propios espacios de participación-representación.
Para calibrar el recorrido de los procesos de politización en diferentes estructuras y procesos institucionales sobre los que discurren y se articulan tanto representación como participación, lanzamos una serie de preguntas al conjunto del sistema político, a los imaginarios ideológicos y culturas militantes de los partidos. Y también a las posibilidades abiertas por el nuevo contexto tecnológico comunicacional, con objeto de indagar sobre las posibles interacciones y articulaciones entre todos estos procesos, los nuevos sujetos movilizados por la crisis y la gran mayoría despolitizada-desmovilizada.
Dando por evidente la crisis que, en su función electoral-parlamentaria, atraviesan los partidos políticos, hoy visualizados como “clase política” alejada de la ciudadanía, insistimos en la importancia de éstos como ordenadores simbólicos, productores de identidad y formuladores de discurso con el que generar mapas cognitivos y emocionales para interpretar la crisis (Pregunta2). Sin duda, del hecho de que sigan jugando este papel depende en buena medida su sobrevivencia. Algunos ponentes hacían hincapié en la importancia de este papel ideológico discursivo, tanto para señalar la necesidad de mantener en la izquierda un horizonte radical de acción orientado por la autogestión y la desmercantilización (Andrés de Francisco), así como por la ineludible renovación discursiva en temas como la hegemonía y la moral, la racionalidad y la emocionalidad, o la clase como único sujeto: Disputar los intereses sin disputar los imaginarios que los permiten es perder la lucha política antes de comenzarla (Javier Franzé). Ello implica buscar superar el eje izquierda-derecha reformulándolo desde un eje arriba y abajo (Jorge Moruno) que, en el decir del último libro de Santiago Alba, nos obliga a pensar en nuevos mandamientos laicos para reagrupar las mayorías que comparten el “no matar, no robar, no mentir, buscar la igualdad, la fraternidad y la justicia social”.
Como es obvio, no podíamos dejar de señalar que el pluralismo y la alternancia sobre los que tradicionalmente descansó la legitimidad de la democracia parlamentaria están hoy gravemente amenazadas en el contexto de una globalización que pervierte la representación liberal cooptando a los reguladores institucionales y dejando gobernar al mercado en contra de la ciudadanía (Pregunta3). Muchas intervenciones se interrogan cómo hemos llegado a esta situación de blindaje de los poderes, que los impermeabilizan las de las reivindicaciones, demandas, reacciones y cuestionamientos de la ciudadanía (Marisa Revilla). Otros subrayan que una de las funciones principales del turno ordenado bipartidista consiste en excluir del debate político y el intercambio discursivo que precede a la elaboración de políticas las demandas de unos movimientos sociales que son a su vez el escenario y el mecanismo de la fragua de identidades cívicas e ideológicas (Leopoldo Moscoso). Las tensiones entre Capitalismo y Democracia en la sociedad del hiperconsumismo orientada por el pacto corporativo entre poderes financieros, políticos y mediáticos que someten la democracia al exclusivo dictado de los mercados sólo se resuelven con más Democracia (Javier Ramos). La nueva desregulación política neoliberal exige la construcción de un nuevo proyecto político que apoyándose en la protesta y la propuesta ciudadanas, afronte cuestiones económicas, fiscales e institucionales “fuertes” que durante las últimas décadas fueron declaradas “zonas prohibidas” (Maria José Fairiñas).
En el contexto de la crisis se reclama una virtud cívica que el sistema político no puede ni suministrar ni reproducir por sí sólo, sin el concurso de la cual se vuelve imposible para las mayorías sociales impedir el poder corruptor del interés general por parte de las oligarquías, reclamando la participación como clave para activar cualquier agenda de soluciones (muchas de ellas a experimentar) (Pregunta4). Una intervención nos recordaba que “tal virtud no está tan extendida como queremos creer” desde la izquierda (José Antonio Postigo Martín), y otra que la democracia parlamentaria es solo un punto de partida para construir cultura democrática (Pedro Ibarra).
Con este marco amplio de la crisis de representación en el sistema político, descendimos al papel que juegan militantes y votantes en los partidos políticos, en tanto portadores hacia afuera de cosmovisiones (simpatizantes y votantes) y de costumbres y estilos hacia adentro (cuadros y militantes) (Pregunta5). Indagamos sobre el papel de la militancia a la hora de conectar esos procesos de participación que abundan en los espacios intersticiales de las políticas públicas (Joan Subirat), hacia el interior de los partidos y hacia el sistema político en su conjunto con objeto de reorganizar la comunidad de referencia de los aparatos partidarios más allá de su lógica electoral. En este caso señalábamos algunas singularidades de nuestra cultura política derivadas de los pactos postfranquistas de la transición que configuraron, en la monarquía juancarlista, un sistema de representación altamente excluyente que impuso altos costes a la participación. Confluyen estrategias de desmovilización, burocratización y profesionalización en la lucha por cargos que bloquean los procesos de toma de decisiones, situándolos a espaldas del electorado y de las minorías militantes tanto de los partidos como de otras organizaciones sociales, las cuales, a pesar de sus sacrificios, tienen dificultades para generar trasvases virtuosos de participación entre distintas estructuras institucionales. Una intervención en hermoso lenguaje poético nos interrogaba sobre cómo hemos aprendido a tolerar lo intolerable al tiempo que nos recomienda la necesidad de desacostumbrarse y de desaprender (Jorge Riechmann).
El estatus quo defendido por la derecha es estructuralmente beneficiario de la caída de la participación, un problema principalmente para la izquierda, que aspira a reunificarse a través de ella. Necesitamos una perspectiva histórica para comprender cómo la izquierda se “derechiza” al generar activamente cortocircuitos en la participación (Pregunta6). Desde la transición, el campo progresista ha estado sometido contradictoriamente a la desmovilización por parte de sus propias organizaciones partidarias y sindicales, que han intentado controlarla férreamente desde perspectivas vanguardistas muchas veces maniqueas. Por ello en varias intervenciones se apunta la necesidad de tender puentes entre espacios, tradiciones y sensibilidades (Tomás Villasante, Pedro Ibarra, Olga Abasolo, Joan Subirats, Jorge Moruno). Es difícil que la renovación pueda surgir dentro de estos espacios organizativos marcados por la cultura de la exclusión, por lo que es de esperar que en la competencia electoral se consoliden iniciativas dispuestas a impulsar estos cambios se sensibilidad tan postergados como urgentes.
Prestamos también particular atención al papel de los activistas abstencionistas, fundamentales para reclamar una interacción virtuosa entre militantes, simpatizantes y ciudadanos (Pregunta7). Esto obliga a comprender el desencanto ante el “supermercado electoral” y reiniciar el proceso de reconstrucción de ciudadanía al lado de activistas abstencionistas que promueven agendas de compromiso intelectual y político. Su importancia es más cualitativa que cuantitativa, y fuerza a los partidos que busquen representarlos a alejarse de los tics del pasado: menosprecio ciudadano, corrupción y degeneración de la vida pública. En este sentido son significativas las intervenciones de personas que se consideran hasta cierto comprometidas, a menudo anteriormente despolitizadas pero hoy en plena politización (Pedro Tena, Agustin Campos Ruiz, Pedro Muñoz Moreno).
También nos preguntamos sobre el liderazgo, sobre su papel en la ingeniería político-discursiva para la construcción de espacios de interacción social e ideológica que habiliten a la ciudadanía en su potencial recuperación de voz y acción políticas (Pregunta 8). No está claro si es más fácil hacer converger formaciones políticas clásicas en torno a programas, o si un liderazgo puede adquirir posibilidades estratégicas extraordinarias en una coyuntura de crisis, como ha sucedido en el ciclo político reciente de muchos gobiernos progresistas latinoamericanos. Sin duda, también los contextos culturales y las condiciones institucionales (políticas y mediáticas) pesan sobre el papel de los liderazgos a la hora de llamar la atención de públicos y bases sociales de apoyo, reformulando discursos y relatos y promoviendo nuevos proyectos políticos con nuevas coaliciones entre actores socio-políticos, económicos y culturales. A pesar de la relevancia del papel liderazgo en la actual coyuntura electoral, esta fue una cuestión eludida en las participaciones, salvo un caso en el que se subraya la necesidad de que la autoridad individual del liderazgo debe ayudar al relato colectivo si quiere contribuir a la emancipación, mostrándose preocupado por la fascinación personal y la eventual falta de control sobre el liderazgo carismático-mediático (Manuel Gari).
Evaluamos la propuesta de primarias tan discutida como remedio para la partidocracia en el campo progresista, considerando que si éstas son cerradas hacia el interior de la militancia difícilmente pueden rebasar el aislamiento social y la atrofia institucional que atenaza a los partidos clásicos (Pregunta9). Sin resultar una panacea en un contexto ideológico como el nuestro, sólo unas primarias abiertas a la sociedad acompañadas con una generosa voluntad de construir mayorías sociales puede activar dinámicas de reconexión que promuevan la virtud cívica entre los actores de una sociedad civil marcada por el conservadurismo y la fragmentación. Cabe señalar que, a pesar de su actualidad política, esta pregunta no recibió atención por parte de los intervinientes.
Frente las lógicas de participación y representación clásicas, también nos planteamos la cuestión de cómo está influyendo la recomposición del campo comunicacional aggiornado por la llamada revolución digital. Aquí también apuntamos cómo el sistema mediático convencional es un producto de una transición conservadora y tan poco modélica y de la falta de voluntad de renovación de las fuerzas organizadas de izquierda a lo largo de más de tres décadas de democracia. Solo la reconfiguración forzada por la generalización del uso de internet ha posibilitado a los círculos activistas y al nuevo periodismo activar espacios mediáticos desde donde intentar disputar la hegemonía ideológica al bipartidismo postfranquista. De hecho, aparecen nuevas propuestas como Podemos o la Red Ciudadana-PartidoX que se apoyan en nuevos capitales mediáticos y nuevos recursos metodológicos-formativos como espacios sociotecnológicos fundamentales para la experimentación desde donde los militantes activistas buscan influir en una ciudadanía todavía mayoritariamente pasiva (Joan Subirats). Nuevos discursos buscan intervenir a través de la emocionalidad en la emergencia de nuevas subjetividades que reconstruyen identidades y comunidades de referencia, y que se presentan como campos fundamentales para experimentar, primero, al interior de los partidos y, después, sobre el conjunto del sistema político, delineando nuevas comunidades de participación que buscan incidir en diversos los procesos decisorios que orientan las políticas públicas sobre una perspectiva de democracia participativa (Pedro Ibarra) o potenciando grupos promotores cuidadores en los tejidos comunitarios (Tomás Villasante). Se insta así a un nuevo pacto social por la participación desde el que incidir en la propia reforma de la representación hoy ya viciada del sistema político liberal, tanto como ampliar en el marco del conjunto estatal los horizontes autogestionarios y desmercantilizadores de la acción colectiva sostenida.
Intervenciones
Para Andrés Alonso González
1. Lo más serio no es quién está "acaparando la reproducción" sino quién está acaparando el agotamiento y deterioro de los recursos naturales. Si el norteamericano medio consume 20 veces lo que el africano medio, aunque un africano tuviera 20 hijos no causaría más impacto que un gringo que tenga uno.
Réplica a Juan Antonio Postigo Martín
En resumen, lo que dice mi comentario es que, desde la perspectiva biológica, el problema social tiene dos patas: producción y reproducción. Y- que yo sepa- dentro del socialismo histórico es el gobierno chino quien, por primera vez, ataca los dos problemas a la vez. En efecto, no parece justo demandar un reparto de la producción sin antes establecer un reparto de la reproducción. Esa tesis tesis vale para una nación y para la humanidad entera: No se puede estar acusando al mundo capitalista de acaparar la producción, sin decir al mismo tiempo que el tercer mundo está acaparando la reproducción de la población.
Respuesta a Andrés Alonso González
1. Mientras repartir equitativamente la producción es una buena respuesta al "problema social" (la dificultad consiste en hacerlo realmente, y no que una nueva élite burocrático-militar sustituya a la aristócrata-burguesa), aumentar la producción, aparte de los problemas medioambientales que genera, no impide de ningún modo que siga habiendo amplias capas de la población carentes de lo más básico.
10 respuestas sobre participación política
1. Mientras nos quedemos en la indignación y no progresemos hacia la definición y construcción de alternativas viables estaremos dentro de un fenómeno político solo reactivo, y lo que es tal vez peor, fácilmente manipulable...
Los "grupos motores cuidadores"
La unión hace la fuerza, la diversidad hace la creatividad transformadora.
En construcción
En lo que se refiere a participación política, podría incluirme dentro del grupo de los no-participantes, entre esos que pensaban que vivimos bajo una cierta ilusión democrática cuya característica principal es que te permiten votar antes de obedecer las órdenes, un sistema en el cual el elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros. Si, por una parte, los partidos políticos me parecían reducidos a maquinarias para la acumulación de poder, por otra, veía al militantismo y el activismo impregnados de un cierto olor a iglesia y poco dados a conciliar la aceptación y el disfrute de la vida misma con la acción transformadora. Sin embargo, nunca me consideré ajeno a la política. Pese a la creciente indignación estaba convencido de que había poco que hacer porque, en palabras de Adorno, «el mundo insiste en que le engañen». Sin palacio de invierno que asaltar ni atajo para la posibilidad de cambiar el mundo de arriba abajo, me había limitado a introducir mis aspiraciones políticas en una botella y tirarlas al mar, tal vez a la espera de tiempos mejores.
¿Es la indignación un fenómeno político sólo reactivo?
Un par de comentarios a una cuestión previa, por otro lado determinante, ¿es el 15-M, el movimiento de los indignados, un movimiento social? En principio se puede afirmar que nos hallamos ante un movimiento social. Recordar, en este sentido, que para así caracterizarlo no hay que fijarse en un momento o en una acción, sino en la cadena de procesos de momentos de reflexión, acción, organización, que acaban sedimentándose y cristalizándose en una organización con voluntad de permanencia.
Abrir el debate político a la perspectiva biológica
Me ha gustado el análisis que hace la ponencia de los profesores Pablo y Ariel. Aun así, considero que el debate político necesita clarificar conceptos básicos y abrirse a la perspectiva biológica.
Sobre culturas militantes, reacomodos ideológicos, de identidades y proyectos para pensar cómo salir con dignidad de la crisis
Agradezco la invitación a participar en este debate. El texto de partida abarca buena parte de las preocupaciones y reflexiones que están sobre la mesa cuando se trata de pensar, colectivamente, no solo en hacia dónde vamos, sino hacia dónde querríamos ir. Comparto además buena parte de lo que se expone.
[…] organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- [...]
[…] organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas planteadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis … podrían tener respuesta, al menos […]
La cuestión del partido
La cuestión del partido una vez más, sigue provocando grandes dolores de cabeza y discusiones. Se puede optar por insistir en la fórmula del partido como la agencia encargada de ejecutar las aspiraciones de las masas, como el núcleo de la subjetividad vanguardista y actor privilegiado en el manejo de la información a la hora de comunicar hacia afuera y disciplinar. Se puede también, desechar la idea misma de su existencia en cualquiera de sus formas, compartiendo el mismo esquema del primer caso aunque desde la óptica opuesta, pues ambos ejemplos inciden en la posibilidad “escaparse” a esferas y espacios paralelos y al margen de las relaciones sociales capitalistas, cuando ya no existe un “afuera” del tiempo dominado por la empresa-mundo. Una tercera opción podría versar en hacer una lectura laica del estado de las cosas en nuestro tiempo histórico y esgrimir de ahí, el tipo de instituciones e identidades que puedan forjarse. La política irrumpe cuando se distorsiona la lógica policial, tal y como la entiende Jacques Rancière, lógica que impide el vacío del desorden del dominio. Distorsión que altera el reparto de las propiedades comunes entre las distintas partes de la sociedad y subvierte la posición de quienes pueden ejercitar el poder de la decisión.
Ciudadanía activa y clase política
Ciudadanía activa y clase política
Comprender la indignación
El texto escrito por Jerez Novara y Sánchez León plantea muchos problemas de enorme importancia. Por razones de espacio, me limitaré a comentar sólo el primero de ellos. Lo haré con las seis observaciones que siguen.
Los partidos deben cambiar su papel
Me parece interesante el planteamiento realizado por los ponentes y en la medida que me permitan mis conocimientos, intentaré responder las cuestiones planteadas, con especial énfasis en un aspecto que, desde mi punto de vista, se plantea de manera incompleta.
Se nos viene incidiendo durante bastante tiempo del problema de [...]
Se nos viene incidiendo durante bastante tiempo del problema de la desafección de la clase política con respeto a los ciudadanos.
Catedrática Acreditada de Filosofía del Derecho. Subdirectora del Instituto de Estudios de Género. Universidad Carlos III de Madrid
La ciudadanía ante la "desregulación" de la política
España, igual que la mayoría de países desindustrializados, atraviesa una profunda crisis institucional, debido a casos, a veces coyunturales, otras estructurales, de corrupción política en connivencia con el poder económico, al desgaste de algunas instituciones, a la desafección política y el derrumbe de la moral cívica vinculada a lo público, a la obsolescencia de leyes esenciales (Ley Electoral, leyes fiscales y la propia Constitución), a lagunas legales, como la de la Transparencia y Acceso a la Información Pública, que perpetúan la opacidad y el secreto en el funcionamiento de las administraciones públicas, así como a la persistencia de las oligarquías en la estructuración democrática de la sociedad y de las administraciones públicas. Este contexto ha impedido, y sigue haciéndolo, un completo desarrollo democrático de nuestras instituciones políticas y jurídicas.
Regeneración: de lo moral a lo político
La indignación es una emoción eminentemente moral y política. Su presupuesto es una exigencia de justicia. Y se expresa mediante la negación: “¡No hay derecho!” es su formulación más escueta. Pero la indignación no basta para la acción política. No se convierte automáticamente en lucha por el derecho. Pasar a la acción exige más cosas: esperanza, coraje, alegría, y, desde luego, rebeldía. Y más cosas…
Problemas estratégicos complejos, soluciones en pañales
El documento “ponencia” tiene varias virtudes. Utiliza el método socrático de diálogo que nos exige reflexionar antes de polemizar, lo que dificulta el bloqueo del debate por campos de afinidad. “Coloca” las principales cuestiones -si bien no agotan todas las vertientes del problema que aborda- con una apertura que posibilita la existencia de diversas respuestas, lo que permite aplicar un criterio de evaluación de las mismas basado en su razonabilidad -tal como proponía Hans Gadamer- y nos vacuna del dogmatismo discursivo. Es ambicioso en sus objetivos teóricos y políticos, preñados de la voluntad de rendir utilidad a la acción política emancipadora, lo que nos aleja de la endogamia academicista.
Un millón menos cada año
Cuatrocientos veinte millones de gorriones en España, cuenta Juantxo López de Uralde. Pero se están extinguiendo lentamente… Cada año su población disminuye en un millón aproximadamente.
Investigador en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y miembro de Líneas Rojas
De ciudadanos a consumidores
La creciente tensión entre Capitalismo y Democracia, especialmente perceptible en las economías más empobrecidas por la crisis, no sólo produce indignación, también dota de sentido político a lo que en otro tiempo no pasaba de ser una explosión de rabia pasajera.
¿Qué papel? ¿Para qué partido?
En toda Europa los partidos políticos atraviesan un momento complicado. Hace muy poco tiempo, en Grecia, el PASOK tenía más del 40% de los votos. En los sondeos recientes se mueve entorno al 5 o 10%. En Italia, el éxito de la formación que encabeza Beppe Grillo, se explica precisamente por ser un no-partido. Entre nosotros, si atendemos a los datos que proporcionan las encuestas, los partidos están muy deslegitimados y muchos creen que la democracia podría funcionar sin unos partidos políticos que son muchas veces vistos como instrumentos de unos pocos. No creo que ello pueda circunscribirse sólo a los países de la Europa del Sur y a la particular fuerza con que el cambio de época y la crisis económico-financiera nos afecta. Ni en Francia (como se ha visto en las recientes elecciones municipales), ni en Gran Bretaña ni en Alemania parece observarse que siga incólume la “democracia de los partidos” que caracterizó los regímenes políticos del siglo XX. Los partidos están cada vez menos presentes en el tejido social, mantienen lazos débiles con sus electores y concentran sus esfuerzos en elecciones e instituciones. A su alrededor todo cambia. El resto de organizaciones van modificando estructuras, procesos y maneras de funcionar, pero los partidos han ido perdiendo peso social sin alterar formalmente sus maquinarias. Es cierto que las cosas van por barrios, y que no en todos los partidos las cosas se hacen igual. Pero, la deriva de los grandes partidos arrastra a los demás, por injusto que ello sea.
Cinco notas sobre identidad y movilización
Me ha parecido muy sugerente en el texto la idea de un nuevo “pacto social de participación”. Porque prioriza el cuidado de la legitimidad las fuerzas de izquierda sobre la pura unidad aritmética y electoral de las mismas. También porque apela a la emoción política y a la capacidad de soñar como elementos clave para esa movilización.
No es solo indignación: es política
Respondo a la invitación al debate propuesta con el texto Partidos, militantes y ciudadanos en la crisis de representación, abordando tan solo alguna de las diversas cuestiones que plantea y colocando el foco en la, para mí, necesaria consideración de la ciudadanía (plural, diversa) como sujeto de la política.
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