Partidos, militantes y ciudadanos

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Moderadores

  • Concepción García Herrera

    Socióloga

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Intervenciones

Para Andrés Alonso González

1. Lo más serio no es quién está "acaparando la reproducción" sino quién está acaparando el agotamiento y deterioro de los recursos naturales. Si el norteamericano medio consume 20 veces lo que el africano medio, aunque un africano tuviera 20 hijos no causaría más impacto que un gringo que tenga uno.

Réplica a Juan Antonio Postigo Martín

En resumen, lo que dice mi comentario es que, desde la perspectiva biológica, el problema social tiene dos patas: producción y reproducción. Y- que yo sepa- dentro del socialismo histórico es el gobierno chino quien, por primera vez, ataca los dos problemas a la vez. En efecto, no parece justo demandar un reparto de la producción sin antes establecer un reparto de la reproducción. Esa tesis tesis vale para una nación y para la humanidad entera: No se puede estar acusando al mundo capitalista de acaparar la producción, sin decir al mismo tiempo que el tercer mundo está acaparando la reproducción de la población.

Respuesta a Andrés Alonso González

1. Mientras repartir equitativamente la producción es una buena respuesta al "problema social" (la dificultad consiste en hacerlo realmente, y no que una nueva élite burocrático-militar sustituya a la aristócrata-burguesa), aumentar la producción, aparte de los problemas medioambientales que genera, no impide de ningún modo que siga habiendo amplias capas de la población carentes de lo más básico.

10 respuestas sobre participación política

1. Mientras nos quedemos en la indignación y no progresemos hacia la definición y construcción de alternativas viables estaremos dentro de un fenómeno político solo reactivo, y lo que es tal vez peor, fácilmente manipulable...

Tomas Villasante

Profesor Emérito UCM

Los "grupos motores cuidadores"

La unión hace la fuerza, la diversidad hace la creatividad transformadora.

En construcción

En lo que se refiere a participación política, podría incluirme dentro del grupo de los no-participantes, entre esos que pensaban que vivimos bajo una cierta ilusión democrática cuya característica principal es que te permiten votar antes de obedecer las órdenes, un sistema en el cual el elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros. Si, por una parte, los partidos políticos me parecían reducidos a maquinarias para la acumulación de poder, por otra, veía al militantismo y el activismo impregnados de un cierto olor a iglesia y poco dados a conciliar la aceptación y el disfrute de la vida misma con la acción transformadora. Sin embargo, nunca me consideré ajeno a la política. Pese a la creciente indignación estaba convencido de que había poco que hacer porque, en palabras de Adorno, «el mundo insiste en que le engañen». Sin palacio de invierno que asaltar ni atajo para la posibilidad de cambiar el mundo de arriba abajo, me había limitado a introducir mis aspiraciones políticas en una botella y tirarlas al mar, tal vez a la espera de tiempos mejores.

Pedro Ibarra

Fundación Betiko

¿Es la indignación un fenómeno político sólo reactivo?

Un par de comentarios a una cuestión previa, por otro lado determinante, ¿es el 15-M, el movimiento de los indignados, un movimiento social? En principio se puede afirmar que nos hallamos ante un movimiento social. Recordar, en este sentido, que para así caracterizarlo no hay que fijarse en un momento o en una acción, sino en la cadena de procesos de momentos de reflexión, acción, organización, que acaban sedimentándose y cristalizándose en una organización con voluntad de permanencia.

Abrir el debate político a la perspectiva biológica

Me ha gustado el análisis que hace la ponencia de los profesores Pablo y Ariel. Aun así, considero que el debate político necesita clarificar conceptos básicos y abrirse a la perspectiva biológica.

Olga Abasolo

Socióloga y feminista

Sobre culturas militantes, reacomodos ideológicos, de identidades y proyectos para pensar cómo salir con dignidad de la crisis

Agradezco la invitación a participar en este debate. El texto de partida abarca buena parte de las preocupaciones y reflexiones que están sobre la mesa cuando se trata de pensar, colectivamente, no solo en hacia dónde vamos, sino hacia dónde querríamos ir. Comparto además buena parte de lo que se expone.

[…] organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- [...]

[…] organizada – con el riesgo que conlleva esta asunción- algunas preguntas planteadas por Pablo Sánchez y Ariel Jerez en este mismo medio (“Partidos, Militantes y Ciudadanos en la Crisis … podrían tener respuesta, al menos […]

Jorge Moruno

Sociólogo

La cuestión del partido

La cuestión del partido una vez más, sigue provocando grandes dolores de cabeza y discusiones. Se puede optar por insistir en la fórmula del partido como la agencia encargada de ejecutar las aspiraciones de las masas, como el núcleo de la subjetividad vanguardista y actor privilegiado en el manejo de la información a la hora de comunicar hacia afuera y disciplinar. Se puede también, desechar la idea misma de su existencia en cualquiera de sus formas, compartiendo el mismo esquema del primer caso aunque desde la óptica opuesta, pues ambos ejemplos inciden en la posibilidad “escaparse” a esferas y espacios paralelos y al margen de las relaciones sociales capitalistas, cuando ya no existe un “afuera” del tiempo dominado por la empresa-mundo. Una tercera opción podría versar en hacer una lectura laica del estado de las cosas en nuestro tiempo histórico y esgrimir de ahí, el tipo de instituciones e identidades que puedan forjarse. La política irrumpe cuando se distorsiona la lógica policial, tal y como la entiende Jacques Rancière, lógica que impide el vacío del desorden del dominio. Distorsión que altera el reparto de las propiedades comunes entre las distintas partes de la sociedad y subvierte la posición de quienes pueden ejercitar el poder de la decisión.

Antonio Antón

Sociólogo, politólogo y escritor

Ciudadanía activa y clase política

Ciudadanía activa y clase política

Leo Moscoso

SPO-Consulting (director)

Comprender la indignación

El texto escrito por Jerez Novara y Sánchez León plantea muchos problemas de enorme importancia. Por razones de espacio, me limitaré a comentar sólo el primero de ellos. Lo haré con las seis observaciones que siguen.

Los partidos deben cambiar su papel

Me parece interesante el planteamiento realizado por los ponentes y en la medida que me permitan mis conocimientos, intentaré responder las cuestiones planteadas, con especial énfasis en un aspecto que, desde mi punto de vista, se plantea de manera incompleta.

Se nos viene incidiendo durante bastante tiempo del problema de [...]

Se nos viene incidiendo durante bastante tiempo del problema de la desafección de la clase política con respeto a los ciudadanos.

María José Fariñas Dulce

Catedrática Acreditada de Filosofía del Derecho. Subdirectora del Instituto de Estudios de Género. Universidad Carlos III de Madrid

La ciudadanía ante la "desregulación" de la política

España, igual que la mayoría de países desindustrializados, atraviesa una profunda crisis institucional, debido a casos, a veces coyunturales, otras estructurales, de corrupción política en connivencia con el poder económico, al desgaste de algunas instituciones, a la desafección política y el derrumbe de la moral cívica vinculada a lo público, a la obsolescencia de leyes esenciales (Ley Electoral, leyes fiscales y la propia Constitución), a lagunas legales, como la de la Transparencia y Acceso a la Información Pública, que perpetúan la opacidad y el secreto en el funcionamiento de las administraciones públicas, así como a la persistencia de las oligarquías en la estructuración democrática de la sociedad y de las administraciones públicas. Este contexto ha impedido, y sigue haciéndolo, un completo desarrollo democrático de nuestras instituciones políticas y jurídicas.

Regeneración: de lo moral a lo político

La indignación es una emoción eminentemente moral y política. Su presupuesto es una exigencia de justicia. Y se expresa mediante la negación: “¡No hay derecho!” es su formulación más escueta. Pero la indignación no basta para la acción política. No se convierte automáticamente en lucha por el derecho. Pasar a la acción exige más cosas: esperanza, coraje, alegría, y, desde luego, rebeldía. Y más cosas…

Problemas estratégicos complejos, soluciones en pañales

El documento “ponencia” tiene varias virtudes. Utiliza el método socrático de diálogo que nos exige reflexionar antes de polemizar, lo que dificulta el bloqueo del debate por campos de afinidad. “Coloca” las principales cuestiones -si bien no agotan todas las vertientes del problema que aborda- con una apertura que posibilita la existencia de diversas respuestas, lo que permite aplicar un criterio de evaluación de las mismas basado en su razonabilidad -tal como proponía Hans Gadamer- y nos vacuna del dogmatismo discursivo. Es ambicioso en sus objetivos teóricos y políticos, preñados de la voluntad de rendir utilidad a la acción política emancipadora, lo que nos aleja de la endogamia academicista.

Jorge Riechmann

Departamento de Filosofía de la UAM. Ecologistas en Acción Sierras

Un millón menos cada año

Cuatrocientos veinte millones de gorriones en España, cuenta Juantxo López de Uralde. Pero se están extinguiendo lentamente… Cada año su población disminuye en un millón aproximadamente.

Javier Ramos

Investigador en el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y miembro de Líneas Rojas

De ciudadanos a consumidores

La creciente tensión entre Capitalismo y Democracia, especialmente perceptible en las economías más empobrecidas por la crisis, no sólo produce indignación, también dota de sentido político a lo que en otro tiempo no pasaba de ser una explosión de rabia pasajera.

¿Qué papel? ¿Para qué partido?

En toda Europa los partidos políticos atraviesan un momento complicado. Hace muy poco tiempo, en Grecia, el PASOK tenía más del 40% de los votos. En los sondeos recientes se mueve entorno al 5 o 10%. En Italia, el éxito de la formación que encabeza Beppe Grillo, se explica precisamente por ser un no-partido. Entre nosotros, si atendemos a los datos que proporcionan las encuestas, los partidos están muy deslegitimados y muchos creen que la democracia podría funcionar sin unos partidos políticos que son muchas veces vistos como instrumentos de unos pocos. No creo que ello pueda circunscribirse sólo a los países de la Europa del Sur y a la particular fuerza con que el cambio de época y la crisis económico-financiera nos afecta. Ni en Francia (como se ha visto en las recientes elecciones municipales), ni en Gran Bretaña ni en Alemania parece observarse que siga incólume la “democracia de los partidos” que caracterizó los regímenes políticos del siglo XX. Los partidos están cada vez menos presentes en el tejido social, mantienen lazos débiles con sus electores y concentran sus esfuerzos en elecciones e instituciones. A su alrededor todo cambia. El resto de organizaciones van modificando estructuras, procesos y maneras de funcionar, pero los partidos han ido perdiendo peso social sin alterar formalmente sus maquinarias. Es cierto que las cosas van por barrios, y que no en todos los partidos las cosas se hacen igual. Pero, la deriva de los grandes partidos arrastra a los demás, por injusto que ello sea.

Javier Franzé

Profesor de Teoría Política

Cinco notas sobre identidad y movilización

Me ha parecido muy sugerente en el texto la idea de un nuevo “pacto social de participación”. Porque prioriza el cuidado de la legitimidad las fuerzas de izquierda sobre la pura unidad aritmética y electoral de las mismas. También porque apela a la emoción política y a la capacidad de soñar como elementos clave para esa movilización.

Marisa Revilla Blanco

Profesora Titular Sociología. Universidad Complutense de Madrid.

No es solo indignación: es política

Respondo a la invitación al debate propuesta con el texto Partidos, militantes y ciudadanos en la crisis de representación, abordando tan solo alguna de las diversas cuestiones que plantea y colocando el foco en la, para mí, necesaria consideración de la ciudadanía (plural, diversa) como sujeto de la política.

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