Los "grupos motores cuidadores"
Tomas Villasante
Profesor Emérito UCM
La unión hace la fuerza, la diversidad hace la creatividad transformadora.
Los “grupos motores” de hoy parten de diversas posiciones ideológicas, pero han de respetar sus propias reglas: construcción colectiva de la acción y de las estrategias. Estos grupos suelen mezclar variadas adscripciones (de género, de edad, de culturas, de profesiones, ideologías, etc.) pero están en contra del sistema que identifican como opresor y actúan en situaciones concretas con su propia estrategia y creatividad. Por ejemplo, contra la dictadura franquista fueron las “comisiones obreras” clandestinas que se movían en las fábricas convocando asambleas o huelgas (antes de que fueran cooptadas como un sindicato más formal),o las “comisiones o las plataformas de los barrios” que dinamizaban clubes juveniles, fiestas, parroquias, las asociaciones de vecinos, etc. antes de que se adaptasen a la transición institucional. Es bueno recordar que las iniciativas y la creatividad les venía desde abajo, desde grupos muy plurales, pero animados por un mismo problema práctico e inmediato que había que resolver.
Cuando se han impulsado los “grupos motores” en procesos (que a veces llamamos GIAP, grupos de investigación-acción-participativa) es siempre con características y estilos que anteponen las formas y los cuidados de “creatividad social” sobre las formas “representativas o de concienciación ideológica”. La “construcción colectiva de estrategias en situación”, más que los debates de fundamentos teóricos o los cálculos electorales. Hay un campo muy amplio de colectivos y asociaciones con bastantes posiciones de “iniciativas ciudadanas plurales”, que tratan de mezclar las formas tradicionales y nuevas. No solo existen asociaciones patriarcales con líderes que ejercen como tales, no solo existen colectivos sectarios encerrados en sus verdades narcisistas, la mayoría intentan otras formas.
Siempre hay grupos y líderes, aunque no tienen por qué ser siempre los mismos. Es más, también la experiencia nos muestra que el que se perpetúen en los cargos suele ser nocivo para la comunidad e incluso para ellos mismos (acaban aislados y más rígidos). Se ha ido avanzando a otros “estilos” no tan “concienciadores” desde las ideologías (“no me des la brasa” dirían los más jóvenes), sino más del “caminar preguntando”, de los “cuidados feministas” del proceso, del “nadie conciencia a nadie, todos aprendemos juntos” de la pedagogía popular. O también las “metodologías participativas” que parten de los dolores o gritos de la gente, pero no para quedarse ahí, ni para soltar la ideología como una receta, sino para construir colectivamente, dialógicamente, aprendiendo todos del proceso.
Los Grupos Motores pueden ser unos buenos lugares de creatividad social y de estrategias para construir “otros poderes-para”, que desborden a los actuales de tipo patriarcal y elitistas. Por ejemplo hacer de puentes dentro de los mapas de relaciones sociales de una situación, y “provocar creativamente” la construcción de estrategias posibles con los participantes involucrados. Los “grupos motores” no tienen soluciones, pero sí pueden activarlas escuchando y haciendo puentes, provocando saltos con las construcciones colectivas y creativas, en donde los participantes se sienten protagonistas y no unas meras correas de transmisión. Sobre la base de un cierto diagnóstico en común, de algún problema sentido, se pueden construir las alternativas. Es decir, algunas propuestas a corto plazo (que hagan de test de credibilidad del propio proceso), otras a medio y largo plazo (para las que se pueden organizar grupos de trabajo específicos), y alguna que permita coordinar y animar a todos porque abarque la ilusión de fondo y superadora, lo que llamamos la Idea-fuerza.
Estos grupos apuestan por dar el mayor protagonismo a las redes auto-reguladas, con talleres, grupos de trabajo, asambleas, etc. eliminando patriarcalismos y elitismos. En un “grupo motor” decían que el éxito de seguir haciendo cosas creativas por su cuenta era porque “funciona y lo pasamos bien”, y de alguna manera esto es contagioso. Pueden surgir en el trabajo o en alguna tarea, en el vecindario, en los estudios o entre amigos. Son “puentes” muy útiles en los circuitos de comunicación cara a cara, se mueven entre las redes del tejido social en la vida cotidiana, hablan en los mismos lenguajes que la gente. Precisamente, si no se les supone un interés familiar, económico o ideológico, estos grupos son más creíbles para la población y de ahí su eficacia y su buen ambiente. Y pueden tener más repercusiones transformadoras, por que no se les identifica con un partido en concreto o con una iglesia.
Hay muchas experiencias contra caciques, contra especulación de algún alcalde, o por continuar con el “clima” de los “indignados” o de las “mareas”. Por ejemplo los “grupos motores” en algunos Planes Comunitarios tienen un papel para renovar los liderazgos. No es cuestión de que todo dependa del técnico, o del presidente de la asociación, o de los recursos de la administración. El articular grupos heterogéneos siempre da una creatividad superior a cualquier plan. En los Presupuestos Participativos de diversas ciudades, son capaces de aglutinar, más allá de las militancias, a las gentes de los barrios o los sectores para hacer propuestas concretas y defender la participación desde la base. Como los partidos son para la democracia electoral, los “grupos motores” pueden ser para las democracias participativas. Sobre todo si usan metodologías, y si están apoyados por técnicos mejor, para superar personalismos.
De fondo, siempre es necesaria una Idea-Fuerza, una motivación común para actuar con una cierta cohesión, al menos saber lo que no queremos, aunque a lo que aspiramos esté aún en construcción colectiva. El “clima general” desde los “indignados” y las “mareas” facilita esa Idea-Fuerza de “democracia real ya”. Su credibilidad está más bien en ganar batallas cotidianas, con actuaciones más concretas y cercanas en lo inmediato. Hacer campañas por un tema sentido, como salir de la guerra en su día, o defender un barrio, o impedir una cacicada local, deben ser compatibles con una Idea-fuerza más de fondo y general. Por ejemplo: “democracia real” puede significar que no queremos gobernar, sino que quien gobierne tenga que hacer pactos con movimientos unitarios construidos desde la base.