Sobre la irreversibilidad de la Historia
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
Tengo la impresión de que estas primeras décadas del siglo XXI suponen un punto de inflexión en la historia contemporánea de Occidente. Algunos logros y conquistas que muchas personas daban por definitivos y permanentes, hoy parecen estar en serio peligro de retroceder o de desaparecer. Y no soy el único que así piensa: el periodista Joaquín Estefanía, quizás el intelectual más consciente de esta cuestión, no deja de alertarnos de ello constantemente.
Pondré dos ejemplos, que creo que son de los que marcan una época, pues han alterado de forma profunda la mentalidad de las personas progresistas de este país. Uno es el ejemplo de Grecia, cuyo Estado de Bienestar se ha intentado desmontar ladrillo a ladrillo y de forma sádica y a la vista de todo el mundo, tras la crisis de la deuda soberana en 2010. El otro ejemplo es el de Estados Unidos, que se presumía ejemplo de la democracia política y que ha sufrido, de la mano de Donald Trump, algo que si bien no es un golpe de Estado se le parece bastante.
¿Y qué pasa con los sindicatos? Pues algo parecido: aún recuerdo unas palabras del compañero de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo, quien en cierta ocasión afirmó que mientras que los partidos aparecen y desaparecen, los sindicatos siempre están ahí –estas palabras no las tengo anotadas y las cito de memoria, por lo que ruego se disculpe su posible imprecisión. El cambio de mentalidad lo ha aportado el compañero Unai Sordo, el actual secretario general de Comisiones Obreras, quien se ha visto obligado a publicar recientemente un libro cuyo título es: “¿Un futuro sin sindicatos?” No he tenido ocasión de leerlo, pero creo que el título es bastante ilustrativo de la desazón actual.
No me siento competente para analizar en detalle ninguno de estos serios peligros, pues hay personas más cualificadas para hacerlo. Mi intención es dar testimonio, a la manera de un notario, de estos acontecimientos y alertar a las personas progresistas en general, y a los sindicalistas en particular, de que nada está ganado de forma definitiva. Ante los enormes peligros que acechan al presente, el tender puentes de colaboración y de unión entre las personas progresistas es más necesario que nunca, pues las divisiones se pagarán muy caro.
Por otra parte, sospecho que el partido de la extrema derecha española VOX no sólo tiene la intención de liquidar el Estado de las Autonomías y el feminismo, sino también de machacar y pulverizar el Estatuto de los Trabajadores. Convendría pues que los sindicatos estén alertas, y que llegado el caso abandonen cualquier tipo de “neutralidad” frente al avance de esta formación política. La serpiente hay que neutralizarla desde el mismo momento que sale del huevo, sin dilaciones.