Nuevos modelos empresariales y de relaciones laborales
Mónica Melle Hernández
Profesora de Economía Financiera, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Secretaria General de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas
La economía digital y las transformaciones tecnológicas no sólo están transformando el mercado laboral redefiniendo nuevos tipos de empleos. Al mismo tiempo están modificando la forma en la que se trabaja y las relaciones laborales entre los trabajadores y los empresarios. La pandemia de la Covid-19 está acelerando además estos procesos que se han demostrado imparables.
Con la digitalización aparecen nuevos modelos organizativos empresariales y nuevas formas de trabajo en entornos virtuales, generalizándose el teletrabajo en cada vez más sectores de actividad. Los entornos de trabajo son cada vez más interactivos, colaborativos y simplificados. Se está desarrollando la reingeniería empresarial en los procesos organizativos y de gestión que tratan de adaptar las nuevas tecnologías de la información a las empresas, mejorando y simplificando la forma en la que los empleados interactúan con sus compañeros de trabajo y con la información. También se tiende a la supresión de niveles jerárquicos, con efectos en las relaciones laborales, cada vez más horizontales y fluidas, pero al mismo tiempo con menos protección laboral.
En el caso de los trabajadores del conocimiento, se profundiza en un patrón de trabajo híbrido, y muchos más de ellos trabajarán desde casa, mientras que las oficinas se convertirán en lugares para la reunión y el networking. Todo ello nos puede llevar a la “mercantilización del trabajo”, esto es a la transformación del trabajo asalariado en relación mercantil. Ello implicaría una individualización total de las relaciones laborales: las cuestiones se discuten directamente con el jefe y/o equipo; la representación legal de los trabajadores, cuando existe, tiene un papel secundario y la presencia del convenio colectivo es escasa. Lo que puede derivar en un deterioro de las condiciones de trabajo.
Los avances tecnológicos unidos a los cambios en las pautas del consumo de una parte cada vez más significativa de la población que tiene mayor acceso a la información gracias a Internet, están propiciando además la extensión de la llamada “economía colaborativa”. El uso de plataformas virtuales está facilitando el desarrollo de esa economía colaborativa al permitir la conexión coordinada y triangular entre empresario, cliente y trabajador. Los clientes con una mayor y más rigurosa información sobre bienes y servicios que consumen tienden a asociarse gracias a las nuevas tecnologías y las plataformas virtuales, que permiten no sólo el intercambio de información sino también de bienes y servicios.
Los clientes conectan a través de las plataformas con los trabajadores disponibles para la prestación de un servicio, que previamente se han registrado en aquéllas. El trabajo se descentraliza y los operadores económicos a través de las plataformas virtuales actúan como intermediarios en el mercado de trabajo y/o como empresarios/empleadores. El proceso de producción se externaliza y en las plataformas virtuales el prestador puede caracterizarse como empresario, trabajador autónomo o trabajador por cuenta ajena. Las fronteras entre trabajo, empresa y mercado se difuminan, al igual que se hacen intercambiables las posiciones de usuarios, trabajadores, productores, contratistas, consejeros o consumidores. Todo ello está promoviendo la generalización de los autónomos dependientes, los freelancers, o la “uberización” del empleo.
Las plataformas digitales están contribuyendo de este modo al auge de la gig economy (que se podría traducir como “economía a demanda”), en la que los trabajadores han evolucionado hacia empleos flexibles basados en proyectos (e incluso basados en tareas) y las empresas tienen cada vez más acceso a un mercado mundial. En pocas palabras: el trabajador del futuro tenderá a ser autónomo, flexible y/o remoto.
Todo ello está impactando sobre las desigualdades que están aumentando, así como en la distribución funcional de la renta incrementando la brecha entre beneficios empresariales y salarios, y entre grandes empresas y negocios que se ubican al final de la cadena de valor.
Se precisa un cambio completo en la regulación laboral que permita promover la creación de nuevos tipos de empleo garantizando los derechos laborales y facilitando la transición a ese nuevo modelo de crecimiento, que debe centrarse en aumentar la flexibilidad interna y la productividad. Preservando también la seguridad para los trabajadores, que a la vez garantiza la apuesta por el capital humano con adecuada formación y cualificación, variable clave para la competitividad empresarial.
La regulación laboral debe resolver también nuevos problemas que se plantean como los de protección social porque la relación de los trabajadores con la Seguridad Social está cambiando rápidamente, afectando a sus ingresos y a las pensiones esperadas. O los relacionados con el tiempo de trabajo y el derecho a la desconexión, para evitar tensión o estrés que pueden surgir por acumulación de trabajo y falta de descanso. En teoría, el uso de las nuevas tecnologías y la posibilidad de realizar la prestación de trabajo en cualquier tiempo y lugar puede facilitar la conciliación de la vida profesional y personal. Por ello junto a la regulación del tiempo de trabajo debe introducirse también la variable conciliación.
Estas transformaciones, que están acelerándose por la Covid-19, pueden convertirse en oportunidades para mejorar la productividad de nuestra economía, mejorando a la vez las condiciones laborales de los trabajadores. Todo ello pasa por lograr unas regulaciones de las nuevas formas de trabajo y de las nuevas relaciones laborales con un adecuado equilibrio entre seguridad y flexibilidad.