El populismo como síntoma del fin de la democracia
Eugenio García Gascón
Periodista
Este mes de abril el humorista Volodymyr Zelensky se convirtió en el presidente de Ucrania con más del 73 por ciento de los votos. Un resultado avasallador que vuelve a cuestionar los parámetros habituales de la política en Europa. De hecho, los parámetros habituales de la política en Europa, y en el resto del mundo, hace tiempo que se cuestionan, y la victoria del humorista ucraniano simplemente aporta un nuevo dato en esa dirección.
Naturalmente, se puede criticar a Zelensky como un arribista o como un intruso, aunque creo que su elección simplemente refleja uno de los desafíos cruciales a los que se enfrenta la democracia en nuestros días. Que el 73 por ciento de los votantes ucranianos lo escogieran me parece un dato significativo en relación con las limitaciones de la democracia moderna.
Antes muchos decían que el pueblo nunca se equivocaba cuando acudía a las urnas, pero es una afirmación que también debería revisarse. Cuando Adolf Hitler ganó las elecciones de 1933, los votantes alemanes se equivocaron. Tenían a su disposición todo tipo de programas políticos pero se lanzaron en brazos de un populismo nacionalista que luego causaría tantas desgracias. Ahora Zelensky ha sido elegido por varias razones, una de ellas por su denuncia del elevado grado de corrupción que ha alcanzado la política en Ucrania.
Muchos partidos tradicionales de todo el mundo están en crisis. En Italia, al igual que en Ucrania, no ignoran el ímpetu que pueden lograr los humoristas. Los nuevos partidos italianos prometen acabar con la corrupción y con las prebendas que algunos políticos tradicionales han acumulado a lo largo de décadas. Existe una amplia percepción entre los ciudadanos de que políticos ajenos a la política, como Donald Trump o el mismo Zelensky, serán los ansiados mesías que salven al mundo del caos, aunque en realidad ese tipo de políticos probablemente acerquen al mundo más hacia el lado del caos.
Lo que está sucediendo en distintos países pone de manifiesto que asistimos a una crisis global de la democracia y no sabemos si se corregirá pronto. A menudo, los medios progresistas señalan como responsables de la crisis democrática a los líderes políticos, pero me pregunto si esos líderes en realidad simplemente están capitalizando un descontento que en algunas partes es muy amplio, o hasta generalizado. Las urnas se abren cada cuatro años para que la gente vote y las papeletas que se depositan reflejan un descontento con los sistemas tradicionales, y en algunos casos hasta con la misma democracia.
Quizás estemos asistiendo a los primeros síntomas que cuestionan la democracia tal y como se ha aplicado en Occidente en los últimos siglos. Nada nos avala que la democracia sea un sistema político eterno, aunque desde un punto de vista teórico pueda argumentarse que es el óptimo. El mismo Francis Fukuyama, que inicialmente pronosticó que la democracia iba creciendo en el mundo y acabaría por implantarse en todas las coordenadas, se corrigió posteriormente. En el pasado, la democracia tuvo una corta duración en Grecia y Roma, y es posible que los experimentos a los que hoy asistimos con cierta perplejidad sencillamente nos adviertan de que durante nuestras vidas va a ocurrir lo que ya pasó en Grecia y Roma.
Más intervenciones
Gabriela Pinheiro Machado Brochner
Activista y Doctora en Ciencias Políticas
Hablemos de bolsonarismo, masculinidades y resistencia
Ya es sabido que en Brasil la situación política es compleja, no del todo democrática, y no del todo legal. Sabemos por todo lo que hemos visto hasta el momento que de cierta forma, desde el año 85, la democracia se encuentra en una situación inusitada para el país, y aunque el impeachment de Dilma Roussef no fuese el primero en el período de la redemocratización, post dictadura, es el primero que ahora podemos afirmar con seguridad se ha tratado de un golpe de Estado, en una nueva forma. Nuevos golpes, desde los mecanismos institucionales.
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Diálogos Feministas Europa/América Latina
Lo que los mayores medios de información no están contando sobre EEUU
Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro (es interesante señalar, por las razones que citaré más adelante, que parece haber un redescubrimiento en aquel país de la clase trabajadora, a la que se había dado por desaparecida u olvidada, siendo sustituida por las clases medias). Y es también interesante señalar que, aun cuando Trump ha sido votado por amplios sectores de la burguesía y la clase media, el hecho es que, sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, no habría sido elegido presidente de EEUU. En realidad, es incluso probable que sea reelegido de nuevo en 2020, y ello a pesar de que la mayoría de ciudadanos desaprueban su gestión. El sistema electoral de EEUU (que favorece a las fuerzas conservadoras), la enorme lealtad de sus votantes (el 82% de aquellos que lo votaron, volverían a hacerlo), y el desánimo y el rechazo de la clase trabajadora y de amplios sectores de las clases medias hacia el Partido Demócrata (que en su día se llamaba el Partido del Pueblo -the People’s Party-, considerado, con una enorme generosidad, como el partido de izquierdas frente al partido de derechas, el Partido Republicano) son factores a favor de su reelección.
Interregno global y derechas reaccionarias
No es difícil compartir el diagnóstico que nos proponía Pedro Chaves en su introducción a este debate propiciado por Espacio Público, según el cual nos encontramos desde hace al menos 10 años en un periodo de interregno global.
Psicóloga Social y Analista Política. Doctoranda en Ciencias Políticas y de la Administración (UCM). Activista de movimientos sociales en Venezuela.
Trump, regeneración conservadora y señas para una nueva izquierda
Trump lidera una estrategia que, siendo revolucionaria, funciona para afrontar el problema de la regeneración de las élites conservadoras. Las ideas de igualdad política y libertad de elección de todos los individuos que traducían democracia, han quedado vaciadas de eficacia para un liberalismo que ya no es capaz de gestionar políticamente su conflicto estructural: la desigualdad económica. La legitimidad del dominio capitalista está seriamente cuestionada y estas élites lo saben. Trump lidera una cruzada ideológica para producir un nuevo campo político que legitime estas brutales formas de dominio económico a nivel global.
El fenómeno Trump no fue un accidente, y se puede repetir en 2020
La victoria electoral de Donald J. Trump en noviembre de 2016 tomó por sorpresa a la vasta mayoría de politólogos y científicos sociales, que reaccionaron con sorpresa e incredulidad cuando los resultados electorales fueron anunciados.
Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid
Trumpismo: la economía de la vigilancia al servicio de la desinformación
El éxito del trumpismo político difícilmente puede entenderse sin atender a lo que ha sido una de sus señas de identidad más características, a saber, un estilo de comunicación política que ha sabido entender y explotar con éxito la configuración actual del espacio público digital. No me estoy refiriendo, al menos no exclusivamente, al más que comentado fenómeno de las fake news, sino a la peculiar confluencia de fenómenos sociotécnicos que ha permitido movilizar los afectos y la propaganda política a una escala nunca antes ensayada.
Bolsonarismo
El tsunami bolsonarista atropelló la política brasileña con una fuerza inesperada. El llamado “Trump de los trópicos” tiene su propia versión del Trumpismo, el Bolsonarismo. Veamos algunos de sus elementos.
Fenómeno Trump: Resucitar la vieja socialdemocracia para hundir nuevas izquierdas rupturistas
Mucho se ha escrito sobre el fenómeno Donald Trump desde diferentes enfoques políticos y desde diversos objetos de estudio, como podemos ver en este interesante debate de Espacio Público. Sobre los diferentes enfoques políticos desde si Trump rompe con la globalización neoliberal o es un producto más del statu quo de este sistema; desde si Trump es populista de extrema derecha o un republicano reaganista; si Trump es perfil de la élite política o más de la élite empresarial; o incluso si Trump es un loco compulsivo o un estratega de la nueva política comunicativa. Y sobre los objetos de estudio, se ha analizado el fenómeno Trump desde su campaña electoral y sus eslóganes “America First”, su discurso machista y racista, su papel en las redes sociales, su llegada transversal a clases bajas y altas, e incluso a población de origen emigrante, su relación con los medios, su discurso crítico con el sector público, sus trabas para la investigación científica, sus intereses geopolíticos, desde el Brexit, Corea del Norte, Irán, Rusia y la injerencia en América Latina (Venezuela, Nicaragua y Cuba prioritariamente), o incluso sus posturas contra el cambio climático o su apuesta productivista por la robotización y las medidas proteccionistas chocantes con China. También se ha hecho hincapié en el impacto del trumpismo en el mundo, sin hablar de causas y efectos, con el crecimiento de una derecha ultranacionalista, machista, y xenófoba en América Latina (Bolsonaro en Brasil), en Europa (Salvini en Italia), o en Asia (Duterte en Filipinas). Pero de lo que poco, o nada, se habla es del impacto que también ha tenido el terremoto Trump en la izquierda política. Aportaremos este punto en el amplio debate para no dejar la mesa con 3 patas.
El tío Donald y la Berlusconización de las Américas.
“All governments rest on opinion” (James Madison).
Trump: el outsider reaccionario
Vivimos con estupor, en mi caso desde la misma Nueva York, las elecciones del 2016 en que el outsider Trump se imponía, contra pronóstico, a todas las encuestas y cálculos de las élites políticas y mediáticas: una derrota clara ante la candidata del sistema, Hillary Clinton. Hoy, superado el ecuador de su primera legislatura, nadie se atreve a afirmar que el fenómeno Trump sea simplemente un error del sistema. Porque es, y de hecho lo fue siempre, parte del mismo.
El fantasma de la extrema derecha recorre el mundo
“El fruto está ciego. Es el árbol quien ve” (René Char).
Ondas largas del capitalismo y revoluciones industriales: su impacto sobre las relaciones laborales
Retomando uno de los temas con los que comencé mi carrera académica, el papel de la industria en sociedades y economías que, como la española, están en algún punto de la periferia del capitalismo, el debate se está centrando ahora en si estamos ante una nueva revolución industrial, que sería la cuarta, iniciada a finales del siglo pasado, o estamos en una nueva onda larga del capitalismo, iniciada en el último cuarto del siglo pasado con el declinar del paradigma tecno-económico conocido como fordismo y la crisis de los años 90. Si bien me inclino por esta segunda interpretación, desde una concepción institucionalista-evolucionista de las ciencias sociales (dentro de ellas de la economía), lo relevante es que las relaciones de producción que se establecieron al término de la Segunda Guerra Mundial entraron en crisis a principios de los años 70 del siglo pasado, con una ruptura del pacto social acordado entre las clases trabajadoras, la creciente clase “media” y las clases dominantes; al tiempo que en el ámbito de la producción emerge la llamada revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la financiarización y un nuevo impulso a la globalización del capitalismo. En particular, las nuevas TIC van a permitir la hibridación entre el mundo físico y el mundo digital, borrando las fronteras entre ambos, gracias a lo que conoce como la revolución digital o digitalización.
Es tiempo de alzar la voz a Donald Trump
El nombramiento y primeras decisiones del Presidente Norteamericano Donald Trump, insólito en tantos aspectos, hubiera debido tener inmediata respuesta de desaprobación por muchas razones y muchos sectores…
El trumpismo, caos y balcanización de Latinoamérica
De la mano de gobiernos de ultraderecha y coincidiendo con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, resurgieron en América latina el neofascismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia y el racismo, tras dos décadas de experiencias progresistas en varios países, que colaboraron para este retorno con su reticencia a realizar cambios estructurales y aferrarse a los preceptos de la democracia burguesa.
Trump: el lado oscuro de la política de (y para) la ciencia
Quienes me siguen no se extrañarán de que aborde esta contribución bajo la perspectiva de una visión particular de la filosofía de la política científica, en un momento crítico asimismo para la ciencia.
Profesora de Economía Financiera, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Secretaria General de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas
¿Cómo combatir el Trumpismo?
Es difícil que el capitalismo salvaje de mercado nos sorprenda con sus actuaciones a estas alturas de la historia. Pero hay que reconocer que Donald Trump y el “trumpismo” están consiguiendo dar una, o mejor muchas, vueltas de tuerca adicionales a los principios del dios dinero y del todo vale si el resultado es rentable. Ya no es solo la falta de ética y de humanismo la que inspira las decisiones políticas del “imperio”, sino una verdadera ley de la selva, basada en la carencia de escrúpulos, de civilidad y de respeto hacia “los otros”, instaurando un capitalismo de pre-civilización. Con un discurso que encuentra su caldo de cultivo en el populismo de la extrema derecha, y que amenaza con adquirir una dimensión global, que se extiende como mancha de aceite desde el “trumpismo” hasta los gobiernos de ultraderecha en diferentes países europeos.
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