Una plataforma contra el minifundismo y la irrelevancia
Víctor Sampedro Blanco
Catedrático de Comunicación Política
COMENTARIOS DE LA MODERACIÓN I.
16 medios publicaron el pasado 12 de octubre una encuesta sobre la Corona ante el silencio de cinco años del CIS. El micro-mecenazgo que la hizo posible y su publicación conjunta suponen un hito del periodismo español. Hace hablar a la sociedad, antes de dirigirse a ella en su nombre. Y desborda el bloqueo oficial del debate público sobre un tema tan crucial para el futuro de la democracia española, su modelo constitucional y territorial.
Ya sea por el frenético ritmo de trabajo, la auto-explotación y la precariedad, frutos del “minifundismo” que señalaba Marià de Delàs, la PMI no parece apreciar la transcendencia de su labor. Tampoco la colaboración en red que podría desplegar en el futuro. En conversaciones privadas, me comentaban que la encuesta apenas había sido recogida por otros medios y que había recibido más trolleos que elogios en las redes. ¿Qué esperaban?
Los medios españoles no comparten principios ni protocolos profesionales. Y cifrar el impacto de una noticia en la visibilidad que recaba en redes supone guiarse por una vorágine de métricas que resultan ajenas y casi siempre opuestas al valor periodístico.
El debate que hemos organizado en Público es un foro para poner en valor la PMI, proyectando nuevas dinámicas de trabajo que garanticen la independencia periodística y su sostenibilidad económica. Llamarse “plataforma” supone adoptar una arquitectura comunicativa que facilita la escalabilidad.
Señalaba Javier de Rivera que “alcanzado cierto umbral, las posibilidades de facturación crecen exponencialmente mientras los costes lo hacen aritméticamente, generando oportunidades de rentabilidad nunca vistas”. Y añade Javier: “la clave está en lograr una ventaja competitiva que te permita ser el primero en capitalizar una base de usuarios suficiente como para que el efecto red –el valor agregado de una red con muchos nodos– deje fuera de juego a cualquier competidor”.
Charlando con mi icono (del punk, el periodismo y viceversa), Xosé Manuel Pereiro – codirector con Manuel Rivas de la prodigiosa Luzes de Galiza – concluíamos que estamos en un periodo semejante al que vivimos tras la Constitución de 1978 y el 23F de 1981. No porque encaremos un proceso constituyente (va a ser que no) o una involución democrática (está por ver).
Como entonces, ahora puede producirse un cierre institucional y un angostamiento del espacio público que aboque a los medios de la PMI a la marginalidad y la irrelevancia. Por tanto, a la desaparición de muchos de ellos. Toda monarquía, señalaba Miren Gutiérrez, busca la opacidad. Y la actual, según Carolina Bescansa, es impune porque es invulnerable política y mediáticamente. Antes, aún teníamos energía para montar una banda punk (en el caso de Pereiro, Radio Océano: sin esto, vuestra discoteca está tullida). Ahora, Josito, meu, como moito tocaríamos la flauta dulce, en plan “perrofla” que dicen nuestros hijos.
La Corona, lógicamente, es gatopardista: que todo cambie para seguir igual, al menos en cuanto a la sucesión (el leitmotiv de la monarquía). Para ello despliega una doble estrategia. Desagua las corruptelas del pasado con filtraciones controladas por la Casa Real. Y se las brinda a ciertos medios de ambos lados del espectro ideológico (es evidente cuáles son). Y, simultáneamente, se adoptan medidas pactadas previamente para “purgar” los delitos fiscales del ex-monarca.
La primera línea de defensa monárquica busca la insensibilización progresiva y la consiguiente impunidad institucional que generan los escándalos enmarcados como cuestiones privadas. Sara Martín nos lo recordaba, en referencia la inocua, a pesar de salvaje, cobertura de la Casa Real Británica que hace la prensa sensacionalista de allí.
Por otra parte, la expiación de culpas se restringe al ex-monarca (como, antes se intentó con Urdangarín). Felipe VI no tiene nada que declarar (ni a Hacienda ni a los medios), porque renunció a la herencia paterna Y así lo afirma, siendo la corona que luce el más importante legado. ¿Y Juan Carlos I? Se “exilia” con el epíteto de “emérito”, cuando, en vez de huir de la represión o la indigencia, escapa de los tribunales de justicia y, sobre todo, del de la opinión público.
Tras la encuesta y siendo consciente de su entidad, la PMI podría haberse planteado iniciativas que serían factibles con una articulación mínima; por ejemplo, publicar un editorial conjunto en el aniversario del 23F exigiendo la desclasificación de los secretos oficiales. Estos y la “ley mordaza” son el bozal de las investigaciones de calado sobre la monarquía y las cloacas del Estado que están en curso. Y, en la misma línea, se echa en falta un posicionamiento semejante ante las vulneraciones a la libertad de expresión y de manifestación que se están normalizando. En algún caso, no solo no ha avanzado un frente común, sino que se han reproducido descalificaciones para arrogarse la excelencia profesional en exclusiva. Nada beneficia más a los pseudoperiodistas, que sigamos consumiendo en trifulcas internas nuestras energías; en vez de sumarlas en aras del bien común.
El ex-monarca, como señalaba A. Cervera, teme: “un espacio [público] donde el cinismo no cotiza, ni la doblez, ni el pago bajo mano: el medio es de quien lo apoya para que no entren a saco los del dinero bruto, los que están acostumbrados a que las voces sean suyas, los que entre la verdad y la mentira construyen un andamiaje periodístico en que la una y la otra son lo mismo.” A estas alturas resulta evidente que la colaboración en el seno de la PMI debe sustituir a la competencia, porque los públicos y sus múltiples militancias se complementan con agendas que se solapan. Por tanto, hay líneas de investigación y contenidos periodísticos de sobra para trabajar en común, federando competencias y compartiendo carteras de publicidad.
Este apresurado resumen de lo hasta ahora debatido aquí, recuerda a los sectores monárquicos la necesidad de acometer reformas estructurales. No hay maquillaje indeleble, que aguante para siempre. Y sugiere a la PMI la imperiosa necesidad de tejer una plataforma colaborativa e independiente (también del sectarismo y doctrinarismo). Al servicio de la exigua, pero contundente, mayoría republicana que desveló la encuesta. En caso contrario, seguiremos los pasos de quienes nos precedieron: hacer avanzar una democracia que acaba siendo “Patrimonio Nacional”. Sí, propiedad y usufructo de “los de siempre”.