Una llamada al comparatismo: Qué pueden decir los británicos sobre su monarquía
Sara Martín Alegre
Profesora titular de la Universitat Autònoma de Barcelona
Para comprender mejor cuáles deberían ser los límites de la crítica al poder, del tipo que sea, desde un entorno ciudadano y mediático nacional habría que tener en cuenta cómo funcionan otros entornos parecidos. Me referiré aquí al llamativo caso de la monarquía británica desde ángulos diferentes: por un lado la legalidad, por el otro la representación en los medios. Defino su caso como llamativo porque, como comentaré, esta longeva monarquía sobrevive sin miedo a la crítica pese a que ésta es constante.
Como trasfondo histórico, hay que mencionar que los británicos ejecutaron al Rey Charles I en 1649, tras una cruenta guerra civil que llevó al poder al líder parlamentario militar Oliver Cromwell. Una vez el Lord Protector falleció en 1658, tras cinco años comandando un régimen republicano, los británicos se apresuraron a restaurar la monarquía en 1660. La Revolución Gloriosa de 1688, un siglo antes de la Revolución Francesa, derrocó al conservador Rey James II e impuso la monarquía parlamentaria que persiste aún hoy con Elizabeth II (reinante desde 1952).
El republicanismo existe en el Reino Unido pero tiene un apoyo ínfimo. Las revelaciones este mes por parte de The Guardian –medio que hizo campaña a favor de la República en 2001– de que la Reina ha vetado más de 1000 leyes contrarias a sus intereses económicos, ha despertado un modesto debate sobre si debería ser la última monarca británica. Es improbable que este debate avance, aunque cabe la opción de que Elizabeth Windsor sea de hecho la última Reina del Reino Unido si la independencia de Escocia avanza hacia una nueva república.
La legislación británica no contempla el delito de lesa majestad. Curiosamente sigue vigente la Treason Felony Act de 1848, según la cual se puede condenar a una persona de por vida por pedir la abolición de la monarquía, si bien no se ha aplicado esta ley desde 1849. La legislación escocesa abolió en 2010 la sección 51 de la Criminal Justice and Licensing (Scotland) Act, referida a los delitos de sedición y difamación del monarca o miembros de su familia. Según parece no se aplicaba desde 1715.
En suma, los británicos son libres de criticar a su Reina y a la familia real dentro de un pacto implícito que varía según las circunstancias. No hay tolerancia hacia el insulto directo, ni parece que los británicos sean dados a este estilo de crítica, pero la Reina y su círculo deben aceptar la sátira y la representación en ficción por muy falsa que sea. En este sentido cabe señalar que aunque la popular serie de Netflix The Crown (2016-) ha sido objeto de duras críticas por no ajustarse a la realidad factual, no es una excepción entre los muchas obras audiovisuales sobre la actual Royal Family. Sorprende mucho más la virulencia satírica de series como The Windsors (2016-) o Spitting Image (1984-1996, 2020). En un episodio reciente de esta última se veía a la Reina reuniendo a su familia para organizar sus actividades, imitando una escena con los mafiosos de la serie Succession (HBO, 2018-).
Esta doble estrategia consistente en permitir que la crítica anti-monárquica se canalice hacia la ficción y hacia la sátira le funciona bien a la familia Windsor. Son personas extremadamente privilegiadas, con un nivel de riqueza impensable en otras monarquías, y con vidas tocadas por el escándalo con frecuencia (sexual más que relacionado con la corrupción). Pese a ello, pocos ciudadanos piensan en una República británica (o inglesa), quizás porque ya tienen suficiente con la sucesión de Primeros Ministros que han ocupado el número 10 de Downing Street. Entre una República encabezada por Boris Johnson y una monarquía con Elizabeth II, e incluso el menos popular Charles III, la opción está clara. Al menos, medios progresistas como The Guardian airean de tanto en tanto en debate sin que nadie acabe en la cárcel –y hasta ahora el Parlamento británico no ha sido ocupado por una turba furiosa-.
La monarquía británica mantiene, así pues, una relación notablemente estable con la ciudadanía. En cuanto a los medios, no le afecta la postura de diarios pro-República como The Guardian pero sí el escrutinio carroñero de la prensa amarilla, los poderosos tabloids. Estos han expuesto sin remordimientos los escándalos que más han afectado a los Windsor –desde las conversaciones eróticas entre Charles y Camilla a las conexiones entre el Príncipe Andrew y el pedófilo Jeffrey Epstein– y han contribuido con su constante persecución al Megxit, la salida de la familia real del Príncipe Harry y su esposa americana Meghan Markle. Mientras la pareja batalla por defender su intimidad, medios como el Daily Mail los atacan sin piedad, fijando así una visión conservadora más mercenaria que crítica, y sin jamás rozar el republicanismo.
Más intervenciones
Independencia periodística, la PMI y el derecho a decidir.
La encuesta sobre la monarquía de la Plataforma de Medios Independientes [PMI] manifestó la potencia del periodismo que practica la colaboración con el público y entre distintos medios. Como señalaba en la ponencia inaugural y en el primer resumen que hice de este debate, la PMI ofrece información como bien común; es decir, que se elabora y sostiene de forma mancomunada. La PMI sería un germen del Cuarto Poder en Red que quisiera promover este debate, abierto hace más de dos meses y que ha contado con 26 intervenciones. Nuestro agradecimiento a los autores y una primera conclusión: sigue abierto con una enorme vitalidad y urge concretarlo en iniciativas futuras de la PMI.
Las casas de Borbón y de Saud: una hermandad inaceptable (Capítulo II)
Una violación en Ibiza, una cacería en África, venta masiva de armas a Arabia Saudí y el descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi. La herencia que recibe Felipe VI del emérito con los ‘hermanos’ árabes.
Las casas de Borbón y de Saud: una hermandad inaceptable (Capítulo I)
Opacidad, censura, negocios turbios y secretos inimaginables, así se sustentan las amistades del emérito Juan Carlos con los reyes y jeques saudíes. El maquiavélico príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, es ahora el interlocutor de Felipe VI.
Los Borbones en pelota desnudan a España
En 1868, durante la revolución de La Gloriosa que dio origen a la Primera República, los hermanos Bécquer, Valeriano y Gustavo, hicieron 89 acuarelas satíricopolíticas con fuertes tintes eróticos -alguien diría que pornográficas- ridiculizando a la reina Isabel II y su corte de amantes: ministros, obispos, militares, todos personajes reales de la época. Firmaron con el seudónimo SEM. La revista satírica de la época Gil de Blas que acogió algunos de los trabajos de los hermanos, reconoció la autoría, rindiéndoles homenaje. La mayor parte de las acuarelas permanecieron como fondo de una colección privada. En 1986, el libreto completo fue adquirido por la Biblioteca Nacional y hasta 1991 no fue publicada esta obra al completo. Lo hizo la editorial El Museo Universal, en una bella edición bajo el título: Los borbones en pelota.
Apuntes para una estrategia de comunicación emancipadora
"No ver el mundo con los ojos del adversario era la primera condición para poder desarrollar un espacio político y social de contestación al orden existente". Josep María Antentas escribía esto sobre la apuesta del periodista y militante revolucionario Miguel Romero 'Moro', fundador de la revista Viento Sur, por construir comunicación emancipadora frente a la desinformación de los medios convencionales.
La quimera del buen periodismo
Hablar en España de periodismo veraz, plural, independiente y al servicio de los ciudadanos es una quimera. Se trata de un debate con multitud de matices, pero hay cuestiones tan evidentes en el sector más tradicional de los medios de comunicación que acreditan una crisis del buen periodismo, del periodismo democrático, entendido éste como el altar de la investigación independiente, como la obligación de dar la voz a los olvidados y evitar que la orientación informativa y editorial las impongan los intereses mercantiles de una minoría en el escaparate (portadas) de sus medios.
Viejo y nuevo periodismo
La generación actual está asistiendo a un choque colosal entre dos formas de ejercer el periodismo: por un lado tenemos a la prensa de papel, mayoritariamente conservadora y sin credibilidad en sus líneas editoriales; por otro lado tenemos la nueva prensa digital, mayoritariamente progresista y que se esfuerza, con mayor o menor éxito, en ganarse una reputación. ¿Quién ganará la partida?
Periodismo precario, información sectaria
Quien tenga estómago para ello, puede consultar en algunos de los libros escritos por Pedro J. Ramírez a lo largo de su vida cómo se jacta de haber sido mentor y tutor de Aznar antes que este llegara al poder. Luis María Anson, en cuya densa trayectoria profesional figuran la presidencia de la Agencia Efe o la dirección de ABC, poseía ya un amplio currículum de conspirador cuando encabezó con Pedro Jota y Camilo José Cela en Marbella el verano de 1994 la fundación de AEPI (Asociación de Periodistas Independientes), un grupo de comunicadores beligerante con la situación política de aquellos años que acabó siendo conocido como el sindicato del crimen.
Brújula jurídica sobre Juan Carlos de Borbón para periodistas y navegantes
Ofrezco unas notas cartográficas para navegar en coberturas periodísticas independientes sobre la Corona española. Lo hago sin mayor pretensión que aclarar términos y conceptos, en una labor que tal vez sea útil como brújula en los procelosos mares de lo real, lo regio, la realidad, la regularidad y la regularización.
Dejar de lado la obediencia y manos a la obra: una experiencia sobre la PMI
En Alcoi (Alacant), donde las fiestas de Moros y Cristianos animan buena parte de la vida social de la ciudad, no solo se celebran estas en abril, por Sant Jordi, sino que también se festeja el Mig Any (Medio Año) en octubre, cuando han pasado seis meses y faltan otros tantos para que la música y las bandas se vuelvan a adueñar de las calles. La pandemia ha parado todo esto, claro, pero quizás de mis raíces alcoyanas extraiga esta extraña superstición de que seis meses significan algo. No tengo yo muy claro el qué, pero allá voy.
¿Qué tipo de periodistas se preparan en las aulas? Equilibrios entre formación, intereses e independencia
La figura de la periodista va construyéndose a lo largo de la historia hasta que se percibe su notable responsabilidad social. En ese momento se concretan las obligaciones y responsabilidades de esta profesión, pasando de las aulas informales de la redacción y las tertulias a las enseñanzas regladas y la expedición de títulos. Siguiendo su desarrollo es interesante cuestionar si esta formalización se supedita a intereses que escapan, incluso colisionan, con la labor social del periodismo.
Información y desinformación. Independencia y contrapoder
La desaparición de Cuartopoder, uno de los 16 componentes de la Plataforma de Medios Independientes que preguntó a la ciudadanía sobre la monarquía española, es una cruda metáfora de la realidad política y económica, y también de los medios de comunicación. El cierre resalta la pertinencia del debate en torno al binomio independencia periodística - contrapoder mancomunado. Debate en el que, dado que no soy experto en comunicación, mi opinión es la de un usuario que pretende discernir en los mensajes que circulan entre episteme y doxa. O sea, diferenciar la verdad asociada a los hechos de los que se informa de la interpretación y opiniones que suscitan.
La memoria, madre de todas las tormentas
El día que muere Franco, ante el vacío de medios comprometidos con la democracia, -salvo pocas revistas como Triunfo, Cambio 16, Cuadernos para el Diálogo, y las humorísticas Hermano Lobo y Por Favor-, la única fuente de información que tuvo la población fue la prensa extranjera. En 1975 todavía faltaba un año para que saliese El País y Diario 16, 19 años para la llegada de El Mundo, y 15 años para que emitiesen los primeros canales privados, Tele Cinco y Canal +.
Esa monarquía y ese periodismo de los que usted me habla
¿Tiene el periodismo una misión especial para consolidar la institución monárquica? No debería. ¿Y para erosionar su credibilidad? En mi opinión, tampoco. El compromiso del periodismo es en primer lugar con los lectores, pero se extiende inmediatamente al conjunto de la ciudadanía y a la democracia, porque el periodismo ofrece bienes públicos esenciales, al permitir que fluyan la libertad de expresión y el derecho a una información veraz. Incluso constitucionalmente (art. 20 CE), la faena esencial del periodismo es elaborar y proporcionar información veraz, contrastada y contextualizada para que sea interpretable y sirva a la ciudadanía para dotarse de criterios y opiniones lo más fundamentados posible sobre los asuntos públicos que se dirimen y sustancian en el debate político. Veraz también, por supuesto, en todo lo que se refiere a la institución monárquica y, por tanto, a las actuaciones irregulares del rey y la familia real. ¿Son esas las funciones que desarrolla el periodismo realmente existente en nuestro país? No o, si se prefiere una respuesta menos rotunda, no en todos los casos ni en muchos temas.
Radicalismo cool y republicanismo antisistema
Las corporaciones digitales no solventarán el sistema de desinformación que han creado. Y la solución no vendrá de manos de la tecnología. Las promesas democratizadoras de Internet dependen de la existencia de un periodismo mancomunado que, en el debate que nos concierne, sea capaz de desmontar el relato oficial que identifica la Corona con el sistema democrático y la República con el desorden.
La democracia, casa común de monarquía y periodismo
La confianza que sienten los ciudadanos y la credibilidad que ofrecen las instituciones son las dos caras de una misma moneda que viene devaluándose de manera progresiva. La gran recesión de 2008 y la pandemia de COVID-19 han actuado de catalizadores de un fenómeno que, por sus dimensiones y consecuencias, se ha convertido en uno de los principales rasgos distintivos del primer cuarto del siglo XXI. Tal proceso de desconfianza y deterioro institucional daña gravemente la arquitectura y el funcionamiento de los regímenes democráticos y, por consiguiente, dificulta la consecución del fin último de la acción política: el cuidado de lo común y el de los miembros de la comunidad.
Tres momentos de la memoria en el cine español
Si el cine revela algo del funcionamiento profundo de las ideas y las mentalidades que definen a una sociedad, podemos plantearnos tres fases de la gestión de la memoria de la guerra civil y la dictadura franquista en España. Fases que llegan hasta la actualidad y que implican una reflexión que parte de las producciones de la cultura de masas y se pueden proyectar hacia la legitimación simbólica y el devenir de nuestras instituciones políticas. El primer momento correspondería a la Transición. A pesar de lo que se afirma en ocasiones, se habló mucho de la guerra y de la dictadura en aquellos años, de manera directa o indirecta. En El desencanto (1976), Jaime Chávarri invitaba al espectador a penetrar hasta los rincones oscuros de los traumas familiares como condensación de un sistema represivo y totalitario. Por su parte, en Informe general (1977), Pere Portabella ofrecía un panorama vibrante de las contradicciones de una sociedad en mutación para construir un intenso documento fílmico. Pero quizá la más destacada de todas fue La vieja memoria (1979), de Jaime Camino. Su propio título recogía ya una declaración de intenciones ante el valor de esa memoria del pasado. Las voces superpuestas de personajes como Pasionaria, Líster o Gil Robles entre otros, narraban, en algunos casos todavía desde el exilio, la secuencia implacable de los acontecimientos vividos en los años treinta. La presencia y testimonio de estos protagonistas de la historia definía una premisa del momento: era necesario hablar libremente del “viejo” pasado, investigarlo y difundirlo.
Imágenes en el cine y la televisión española sobre Juan Carlos
El cine, la televisión están al margen de la disyuntiva entre la realidad y los discursos falsos o verdaderos que pretenden dar razón de esa realidad. Un film o una serie son artefactos compleja y artificialmente construidos, en los que interviene un actor que da una impronta, una puesta en escena que remarca aspectos del relato, una música que refuerza las emociones del espectador... Y además, cuando se trata de personas del siglo XX, los públicos contrastan esas imágenes de las ficciones con otras que han ido adquiriendo de la ‘realidad’ las tomas documentales. En suma, el audiovisual crea imágenes y representaciones que circulan en el espacio público. Y con ellas los ciudadanos, en ocasiones, se socializan. Está fuera de la ecuación si las imágenes de las ficciones fílmicas o televisivas son reales o falsas. Muestran imágenes que se utilizan por los distintos públicos, según unos antecedentes o posturas que guían o incluso determinan su lectura. Por ejemplo, con frecuencia las ficciones que han mostrado al rey emérito le enseñan como fumador, en ocasiones compulsivo como en 'Sofía' (Antonio Hernández, Antena 3, 2011), aspecto éste de su carácter inencontrable en las imágenes documentales.
El cuento del rey desnudo y el rapero
Las manifestaciones provocadas por la condena de cárcel de Pablo Hasél por injurias a la corona (y enaltecimiento del terrorismo) ponen de relieve la brecha creciente en España entre ciudadanía y monarquía reflejada por la encuesta Plataforma de 16 Medios Independientes (PMI). Y es otro ejemplo de una iniciativa mancomunada al debate sobre la monarquía. Como suele suceder con tantos buenos relatos mediáticos, la complejidad del asunto se reduce con gran claridad narrativa a una contienda entre dos personajes: por un lado, el Rey Emérito millonario, de quien sus mejores amigos no pueden justificar muy bien su repentina desaparición del territorio nacional, y a quienes no le tienen tanto aprecio acusan de huir de España cercado por la justicia. Por el otro lado, un rapero que canta canciones incómodas cuya temática incluye insultos dirigidos a la institución de la monarquía en general y a la familia real en particular.
Las encuestas en la crisis de la mediación
Esta colaboración me pilla intentando reflexionar y escribir sobre lo que entiendo que es el signo característico de nuestro tiempo, la crisis generalizada de las estructuras de mediación que, durante décadas, organizaron y articularon la vida política y cultural de los países. Fenómenos tan distintos como la polarización y fragmentación política, la pérdida de credibilidad de los medios de comunicación, el auge de las tesis conspirativas y el cuestionamiento de los expertos son, a mi juicio, resultado de esta crisis de la mediación.
Una plataforma contra el minifundismo y la irrelevancia
COMENTARIOS DE LA MODERACIÓN I.
Donde se refocila el minotauro
¿Por dónde empezar? Miras afuera, por la ventana o por donde sea, y si no apartas enseguida la nariz se te mete el virus como un suspiro. No es el Covid, para nada es el Covid. Es otro. Intentas cerrar la ventana, como hacía la gente en Los pájaros, la película de Alfred Hitchcock que nos sigue llenando, después de tantos años, de una inquietud insoportable. Así y todo, hay que revisar los posibles agujeros de la casa. Quien la tenga. El techo antiguo. La puerta que da a la terraza, donde la lavadora y la caldera. El hueco insignificante entre el suelo y la puerta de entrada. La rendija del calefactor que una vez sirvió de refugio a un ratolín que acabó huyendo para no arder en llama viva cuando llega el invierno.
Inmovilismo constitucional, o de cómo los monárquicos traerán la III república
En España el rey es jurídicamente inviolable. Así lo impuso la dictadura, primero, y el artículo 56.3 de la Constitución, después. Sin embargo, a lo largo de muchas décadas, el rey Juan Carlos y su familia han demostrado ser inviolables no sólo desde el punto de vista jurídico, también política y mediáticamente. No cabe otra conclusión revisando los ominosos silencios de los medios de comunicación y el Congreso ante las muchas actividades empresariales del rey y su familia, dudosamente compatibles con la Constitución y con el ordenamiento fiscal y tributario.
El ejercicio efectivo del derecho a la información exige una mirada a la periferia y la concurrencia de voluntades diversas
Hubo un tiempo en el que se generalizó la idea según la cual Internet vino para democratizar la comunicación de masas. Supuestamente, los medios tradicionales entraban en crisis porque perdían la capacidad de decidir lo que se conocía y lo que no. “Quien no publica es porque no quiere”, dijeron algunos ingenuos “descubridores” de la red, porque en ella cabía todo. Es verdad. Hace ya mucho tiempo que cualquiera que disponga de un dispositivo con acceso a internet puede publicar. Otro problema es que lo publicado no quede automáticamente apagado en el fondo de la red y solo resulte visible para el propio autor y para un recortado círculo de “amigos” o “fans”.
Los medios sobre la monarquía española: Hacia la independencia
Los miembros de las familias reales están entre las personas que más atención mediática despiertan en todo el mundo. Los paparazzi compiten por ilustrar los hechos más triviales sobre la monarquía, símbolo de glamour y poder. A pesar de eso, y de depender el erario, las familias reales están también entre los grupos de personas más protegidas del escrutinio público incluso en países con monarquías constitucionales que ofrecen limitados poderes discrecionales a sus monarcas, como Reino Unido, Holanda o España.
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