La memoria, madre de todas las tormentas
Fernando Ruiz-Goseascoechea
Periodista, consultor y articulista. Autor de «Los sabores de la memoria»
El día que muere Franco, ante el vacío de medios comprometidos con la democracia, -salvo pocas revistas como Triunfo, Cambio 16, Cuadernos para el Diálogo, y las humorísticas Hermano Lobo y Por Favor-, la única fuente de información que tuvo la población fue la prensa extranjera. En 1975 todavía faltaba un año para que saliese El País y Diario 16, 19 años para la llegada de El Mundo, y 15 años para que emitiesen los primeros canales privados, Tele Cinco y Canal +.
Lo que hoy es el universo de los tertulianos, columnistas y activistas digitales con dedicación plena al fake, el alarmismo y la desestabilización, en aquellos tiempos se llamaba el “bunker”; eran activistas ligados al esquema de valores impuesto por los vencedores en la guerra civil.
El diario El Alcázar fue el portavoz de los principales bastiones del búnker franquista. En 1977 sale a la calle El Imparcial, un diario que se convierte en uno de los principales órganos de expresión de la extrema derecha. El semanario Heraldo Español nace en 1980 “porque España está en peligro. Porque estamos al borde del abismo y en una decisiva situación límite”. Faltaban unas semanas para que tuviera lugar el intento de golpe de Estado del 23-F.
Entre los articulistas figuraban Ignacio Merino “Hamlet”, Fernando Latorre “Merlín”, Vizcaíno Casas, Ángel Palomino, Antonio Izquierdo, Miguel Ors, Ismael Medina, el dibujante Manuel Summers, y Ángel López Montero, quien sería defensor de Tejero en el proceso por el 23-F.
Algunos militares, normalmente en situación de reserva, escribieron en los diarios utilizando un seudónimo. Uno de los que tenía más seguidores era “Sertorio”, primero en El Alcázar, luego en Pueblo, en El Imparcial y finalmente en Heraldo Español. Otros seudónimos fueron “Hispanicus”, “G. Campanal”. “Jerjes” y “Sparos” fueros seudónimos utilizado por Luis Cano Portal, quien fuera general jefe de Estado Mayor de la I Región Militar. También destacaron las firmas del teniente general en la reserva Fernando de Santiago y Díaz de Mendívil y la del colectivo “Almendros”, en el que hubo algunos integrantes que luego participaron en el 23- F.
Y es que, como señala el historiador José Luís Rodríguez, la extrema derecha había elaborado una imagen catastrofista del cambio político. En el terreno de los discursos, las imágenes e inventarios catastrofistas acabaron derivando en una serie de declaraciones apocalípticas, amenazantes, y llamadas a la violencia, al igual que en los años treinta. Una vez fracasada la vía electoral, el único recurso para triunfar era la estrategia de la tensión.
Hoy, en la sociedad del espectáculo, el exhibicionismo y la posverdad, no se estilan los seudónimos, se considera una necedad. Muchas cadenas de televisión compiten entre sí para plantear la mayor barbaridad y captar así la atención del espectador. Injurias al presidente del Gobierno, soflamas xenófobas, enaltecimiento del golpismo, reivindicación del franquismo…
Guillermo Fernández y Iago Moreno resumen el panorama digital de la extrema derecha en el artículo Así funcionan las Redes de la ultraderecha en tiempos de pandemia, en el que distinguen cuatro segmentos de actividad: las estructuras partidarias que distribuyen consignas a través de Telegram; el de los tabloides, que fabrican bulos o filtraciones. Y un tercero formado por creadores de opinión, a través de Twitter e influencers.
De la misma manera que revisar el pasado sirve para entender el presente, imaginar el futuro es calificar el presente y detectar como tenemos que cambiarlo para mejorar. Por eso el recuerdo de nuestro pasado es una herramienta valiosa y puede desatar grandes tormentas. Pero, ¿quién dijo que las tormentas son malas?
Ahora es tiempo de reorganizar el futuro y, para hacerlo con eficacia, se podría partirde una autocrítica a los contenidos, las estrategias, los tiempos y las formas que nos han llevado a dónde estamos.
Aquí van algunas dudas, reflexiones y sugerencias, -sueltas y desordenadas-, que junto a otras muchas invito a que les demos vueltas de cara a tener los deberes hechos antes de encarar propuestas organizativas mancomunadas como las que, con mucho acierto, nos propone el catedrático Víctor Sampedro encaminadas a la construcción de una suerte de contrapoder mediático, alternativo al mundo de la “pseudoinformación”.
• A veces nos olvidamos de que la mayor parte de los medios de comunicación del estado español, no son ya faros que iluminan el camino político para sus suscriptores, lectores y masa social. Con el fin del bipartidismo pasaron los tiempos en que un editorial electoral de La Vanguardia, El País o La Voz de Galicia, añadía una caudalosa intención de voto en sus territorios o en el país en general.
• A veces nos olvidamos de que hemos llegado tarde a la comprensión del carácter sistémico de la crisis en los medios de comunicación. No nos imaginamos a tiempo el escenario digital, ni detectamos el hecho de que Internet está destruyendo el modelo de negocio que siempre sostuvo al periodismo.
• A veces nos olvidamos de que muchos mensajes y silencios informativos se cocinan fuera de los medios de comunicación. Desde el silencio a la deforestación en el Amazonas al silencio sepulcral que rodea el caso de Julian Assange, el canal suministrador, al margen del sistema de obtención, de información veraz y alternativa más importante del siglo XXI. En España, ¿dónde se decide el trato informativo hacia la Casa Real? ¿Dónde se decide que los medios silencien las intromisiones e irregularidades de una parte de la judicatura?
• A veces nos olvidamos de que nos centramos demasiado en los cambios tecnológicos en detrimento de los contenidos informativos. Priorizamos las “demandas” informativas del mercado y descuidamos los productos que demanda la sociedad.
• A veces nos olvidamos de que las mensajerías (Twitter, Facebook, Instagram, Telegram, Signal, Snapchat, WhatsApp, Zoom, Tik Tok…) han ampliado el espacio de nuestra libertad de expresión, pero han multiplicado las capacidades de manipulación de las mentes y de vigilancia de los ciudadanos
• A veces nos olvidamos de que las redes sociales no cambian los devenires históricos, sólo son herramientas. Los llamamientos en las redes para provocar los levantamientos en los países árabes, no sirvieron para debilitar las autocracias, sino todo lo contrario. O que aplicaciones de mensajería como Discord o Gab, fuesen copadas por las organizaciones más siniestras de Estados Unidos. En España no fuimos capaces de imaginar que Twitter, Youtube, Instagram o Tik Tok llegasen a ser herramientas lideradas con destreza por los reorganizadores políticos del rancio neofranquismo.
¿Por dónde empezamos?
• Es vital marcar una agenda informativa que frene la inercia de fomentar un ambiente que facilita oxígeno a la extrema derecha, al insistir en un clima político incierto, inseguro en el que se enfatiza la impotencia y el desapego de la política.
• Las mujeres comunicadoras son muchas, pero no mandan. En un estudio presentado recientemente en el Col·legi de Periodistes de Catalunya se explica que las mujeres solamente representan un 13,4 por ciento de los puestos de dirección en los medios de comunicación de Cataluña. Estos datos deben corregirse con urgencia, especialmente por el momento de cuestionamiento demagógico del papel del feminismo, y el acoso que algunos medios y la extrema derecha acometen hacia la lucha de las mujeres por sus derechos.
• Los comunicadores tenemos la oportunidad y los medios para intentar impulsar una regeneración del comportamiento parlamentario e informativo. Que la política sea el marco para que los conflictos sociales, territoriales o de libertades no sean resueltos en otras esferas.
• Es necesario frenar la degradación del tono político y periodístico. Huir de las faltas de respeto, alusiones sarcásticas, comentarios vejatorios y los “zascas en toda la boca”. Lo que empezó siendo una buena idea está siendo ya una herramienta de destrucción social usada por todos y contra todos, todo el tiempo.
• Recordemos, finalmente, que lo más importante ahora es la capacidad que podamos tener y mostrar de colaborar con otros.