Un nuevo modelo productivo, instrumento y objetivo de la democracia económica y social
José Antonio García Rubio
Miembro de la Colegiada Federal de IU, responsable de Empleo.
Es evidente que la democracia representativa está hoy amenazada. La salida de la crisis de 2008, impuesta con rotundidad por los grandes poderes económicos, está también recortando las libertades democráticas.
Es verdad que con una perspectiva histórica amplia el avance de la libertad siempre ha prevalecido, pero en el corto y, a veces, en el medio plazo ha habido periodos de retroceso. Creo que estamos en uno de ellos y que la cuestión central del debate propuesto por la Fundación 1 de mayo de CC.OO. es cómo salir de esta situación.
Es preciso ultimar un análisis profundo de esa crisis. El conjunto de las fuerzas políticas, sociales, sindicales y culturales progresistas no lo ha hecho. No ha sido una mera crisis financiera, sino global y sistémica del capitalismo. En términos marxistas, una crisis de la tasa de ganancia del capital. Su agudización a partir de 2008 fue motivada porque el medio principal que el sistema había puesto en marcha para recuperar los beneficios, la globalización neoliberal, resultó insuficiente. A partir de 2010 se recurre también, sobre todo en la UE, a la devaluación salarial y los recortes en los servicios públicos y el gasto social. Las ganancias se quieren recuperar en cada mercado interno mediante el aumento de la explotación de los trabajadores, es decir de la plusvalía, salarios indirectos incluidos.
Hoy podemos afirmar que, globalmente, la recuperación de la tasa de ganancia por parte del capital a costa de los trabajadores está conseguida. Pero está habiendo efectos colaterales importantes: la pujanza de un nuevo nacional-capitalismo (Trump y otros), que es fuente de guerras comerciales y del Brexit; la crisis del llamado “estado del bienestar” para el que han desaparecido las razones que le originaron y le mantuvieron (no existe el llamado bloque socialista y el gran capital ya no tiene motivos para un pacto de ese tipo). Finalmente, sin ser exhaustivo, se ha producido una fuerte contracción de la demanda (fundamentalmente por la reducción de salarios y la precariedad) que limita seriamente la realización de la recuperación de la ganancia. Todo ello genera incertidumbre ante el enfriamiento económico y las perspectivas de un nuevo fracaso del modelo impuesto de salida de la crisis.
En este contexto general, en España nos encontramos con un modelo productivo no solamente obsoleto sino perverso para el desarrollo económico. La enorme incidencia de la crisis sobre el empleo tiene su explicación en ese modelo. Pero tras la recomposición de la ganancia, el empresariado en general y el sector financiero han vuelto a recaer en las causas: la inmobiliaria y el turismo de baja calidad. Hoy el parón es evidente y la recesión una amenaza. Este análisis puede parecer pesimista pero, por el contrario, abre una ventana de oportunidad si las fuerzas progresistas se sitúan a la ofensiva. Y eso no es posible objetivamente con la mera recuperación de los estándares de 2007 ni políticamente y sindicalmente con su reivindicación. Ya entonces eran malos.
Es necesario, pues, proponer y afrontar la construcción de una nueva realidad económica y social. Contenido e instrumento necesarios (aunque no únicos) de y para esa nueva realidad (que podríamos definir frente a Estado de bienestar como “Estado de democracia económica y social”) es el desarrollo de un nuevo modelo productivo.
Ese Estado debe garantizar una vida digna para todos sus ciudadanos y trabajar para eliminar la explotación y la alienación. El nuevo modelo productivo (NMP) debe responder a la reivindicación de que las próximas generaciones vivan (en sentido pleno) mejor que las anteriores.
El NMP es mucho más que una mera asignación economicista de recursos a los sectores productivos. Debe ser punta de lanza de una política económica progresista pero también objetivo de la organización y la movilización política, sindical y social. Un escenario principal del debate y la lucha de ideas cuya consecución y desarrollo tendrán menor coste social si sectores capitalistas determinantes lo entienden como un pacto colectivo ganador-ganador.
El NMP debe anticipar las consecuencias de la robotización y la digitalización en los procesos de producción. Así mismo debe incorporar las exigencias de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus 169 metas asociadas, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En el aspecto empresarial debe apoyarse en la prioridad del sector público, de acuerdo con lo establecido en el art. 128 de la Constitución Española, tanto en la inversión como en la propiedad y la gestión, cuya acción será la palanca fundamental para el cambio necesario. Debe asegurarse el papel de lo público específicamente en la ejecución de los derechos establecidos en la misma Constitución (sanidad, educación, vivienda, protección social, etc.) y en los sectores estratégicos de la economía (inversión, banca y seguros, energía, transportes y comunicaciones, etc.). La economía social (debidamente regulada para asegurar su carácter) debe pasar a ser un polo fundamental del NMP y garantizarse su financiación eficaz.
En el aspecto legal, para consolidar el NMP debe modificarse el modelo de contratación y relaciones laborales. Un nuevo Estatuto de los Trabajadores priorizará la contratación indefinida y garantizará la democracia en el interior de las empresas y la repercusión del aumento de la productividad y de los beneficios en las condiciones esenciales del trabajo: disminución de la jornada y aumento de la retribución. Una nueva ley de Libertad Sindical establecerá los procedimientos de participación efectiva de los sindicatos en la definición de la política económica y en su control. Un nuevo Estatuto de la Función Pública recogerá estos derechos entre los trabajadores públicos.
Tras esta breve exposición, queda plantear el problema político central: ¿estará el capital español dispuesto a asumir la necesidad objetiva de un cambio de modelo productivo y, en consecuencia, a disponerse a ese acuerdo ganador-ganador con los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones? Desde este lado sabemos que esta no es la última crisis del capitalismo, pero también que el capital dispone cada vez de unas peores condiciones objetivas para su recuperación. Y estamos “condenados” a lograr que los cambios sean con el menor coste social posible porque si no es así, el resultado será la barbarie.
Ese acuerdo implica también pactar que el proceso se desarrollará en un marco de lucha cultural por la hegemonía, de debate de ideas y de confrontación democrática de prácticas políticas. No hay otro futuro aceptable.
Más intervenciones
Es el momento: Repensar la economía para ponerla al servicio de la gente
El modelo neoliberal capitalista y el orden mundial desregulado y cargado de incertidumbres que se sustenta en ese modelo acumulan ineficiencias y desórdenes que se manifiestan en un sinfín de tensiones políticas, étnicas y culturales, pulsiones nacionalistas, crispación social, desajustes económicos y climáticos o conflictos militares en los extrarradios del sistema. La crisis del capitalismo neoliberal se entrecruza, desde hace una década al menos, con una crisis de la democracia y los derechos humanos y con una amenaza climática y ecológica que requiere con urgencia tomar medidas globales, nacionales y locales para empezar a afrontarla de forma inmediata y poder superarla en las próximas décadas, cuando aún es posible.
Trabajo y política: rehaciendo el debate sobre la democracia industrial
Muchos debates en las relaciones laborales se centran a menudo en retomar ciertas regulaciones y prácticas. Después de un periodo de desregulación continuada en relación al alcance de los sindicatos y su influencia en la negociación colectiva, ahora se vuelve a poner el foco en revertir estos desarrollos y reconstituir las regulaciones laborales en términos colectivos. El debate a menudo se centra en la necesidad de subrayar los impactos sociales negativos de estas reformas en lo que se refiere a la igualdad y las condiciones de vida. También se centra en la necesidad de que tanto intelectuales progresistas como observadores en general recuerden a las élites sobre el papel positivo que tienen tanto los sindicatos como la negociación colectiva en la economía. Este argumento está presente en numerosa literatura e informes de centros de estudios locales y organizaciones transnacionales clave como es la Organización Internacional del Trabajo. Todos estos actores y documentos enfatizan las virtudes del ‘diálogo social’ como elemento pacificador en las relaciones laborales y como factor contribuyente al progreso económico. Otro ejemplo es el énfasis puesto por la Unión Europea en conectar los fondos de investigación a este concepto de diálogo social y los beneficios que esto tiene en la economía.
Qué producir y cómo. Quién decide: una cuestión democrática
“El trabajo es el Padre y el principio activo de la riqueza, como la tierra es la Madre”. William Petty (1667). A Treatise of Taxes and Contributions
Poder, desigualdad y democracia económica
Una de las cuestiones habitualmente omitidas del análisis económico es la de las relaciones de poder. Muchos de los fenómenos más relevantes que ocurren en nuestra economía son imposibles de entender dentro del marco de la competencia perfecta en el que muchos economistas tienden a razonar. Esos fenómenos cubren muy distintas dimensiones. En primer lugar, la extensión del poder de mercado: oligopolización de múltiples sectores productivos (como la economía digital, controlada por parte de unas pocas grandes empresas tecnológicas); o desarrollo de relaciones monopsónicas en los mercados de trabajo. En segundo lugar, la puesta de las políticas públicas al servicio de los intereses privados: rescates bancarios e intervenciones (creación de nuevos tipos de sociedades de inversión o de bancos malos) para evitar la caída de los precios de la vivienda; privatización de las ganancias de nuevos productos (como los farmacéuticos) desarrollados después de años de investigación científica financiada públicamente; o subordinación de la política fiscal a las exigencias de los mercados financieros. Y, en último lugar, la cooptación directa de las instituciones públicas por parte de los poderes económicos: puertas giratorias de quienes ocupan el poder ejecutivo a distintos niveles; influencia directa de los lobbies sobre el proceso legislativo; o funcionamiento de los tribunales de arbitraje privados para dirimir las denuncias de las empresas transnacionales a estados soberanos.
Repensar la economía desde la clase trabajadora
Como bien dice el título del debate que realiza Espacio Público, “Repensar la economía con las trabajadoras y trabajadores”, entra de fondo una cuestión clave que tuvo su auge en el proyecto thatcherista de los años 80. Para la “Dama de Hierro”, apoyada por teóricos posmodernistas y ultraneoliberales como la Escuela de Chicago liderada por el Premio Nobel de Economía Milton Friedman, el concepto de clase trabajadora dejaba de existir y todos nos convertíamos, supuestamente, en una “clase media”. La meritocracia, la emprendedoria, el éxito personal, cuajaban en la ideología dominante neoliberal en un momento de crisis del socialismo soviético.
Sindicatos: el trabajo como vinculo y progreso social
Desde mediados del siglo XIX que aparecen los primeros sindicatos de clase –superando los sindicatos de oficio o de rama, existentes- uno de sus primeros objetivos fundacionales fue la lucha por la emancipación de los trabajadores. Esto es, la conquista de unas condiciones de trabajo y de vida dignas, la búsqueda de un reparto de la riqueza más equilibrado a través de mejoras sociales: educación, sanidad, vivienda... y el desarrollo de un modelo de sociedad con derechos para todos, basado en la igualdad o, en palabras actuales, en combatir la marginación y la exclusión social.
Repartir el trabajo, democratizar la economía
Tras una década de estancamiento económico, que amenaza con prolongarse en los próximos años, los estragos de la crisis han adquirido un carácter permanente.
Dos propuestas de participación directa
En 2018 se trabajaron de media 687 millones de horas habituales, unas 18,3 millones de personas ocupadas a una jornada completa de 37,5 horas, de las que el 83% correspondía personas asalariadas. Este volumen de trabajo es un 10,1% inferior al del inicio de la crisis en 2008. Las horas asalariadas disminuyeron en un 7,6%. Por situar un segundo punto, en 2017 el volumen de trabajo era de 8,9 millones de horas habituales menos que en 2011.
Profesor de Organización de la Salud Pública (UPF, Máster Salud Pública). Focalizado en la perspectiva europea
Europeizar la democracia económica
En un mundo globalizado, compartir soberanía es una forma de recobrar soberanía, dijo Mario Draghi hace unos meses en su discurso de despedida.
Psicólogo industrial, expresidente de CEPES (Confederación Empresarial Española de la Economía Social)
Hacia un nuevo modelo de empresa
La compleja crisis multidimensional actual (económica, ecológica, social, de cuidados, etc.) por la que se transita desde 2007, dibuja un futuro incierto en el que el cooperativismo emerge como fórmula útil para organizar diferentes necesidades vitales (empleo, vivienda, educación, etc.) ante los desafíos que están por venir.
Repensar la economía, ¿desde qué perspectiva?
Parece anacrónico que no se repiense la economía desde una democratización de la misma. Igual que en otras esferas de la vida social se viene pidiendo sobre la democratización de la justicia, por ejemplo, o sobre el necesario cambio de valores que el conjunto de nuestras vidas contemplan.
Repensando la economía
Respecto a si saldrá fortalecida la democracia con la actual crisis
Catedrático emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
La democracia económica es incompatible con el capitalismo actual
En la década de los sesenta del siglo pasado cuando estudiaba económicas se hablaba con frecuencia, en las clases y fuera de ellas, de la cogestión en las empresas privadas de los países capitalistas industrialmente desarrollados. José María Maravall (1967) escribía que sobre ella había una bibliografía abundante. Se trataba en concreto de que los trabajadores, a través de los sindicatos, participaran en los órganos de dirección de las empresas y fueran parte de la toma de decisiones. La importancia del tema hace que Maravall dedicara un capítulo de su libro Trabajo y conflicto social a la cogestión. Lo planteaba como un dilema sindical.
¿Hay Europa?
Ante la pregunta de si “¿Hay Europa?”, la respuesta deseable sería decir “Si, hay Europa”, pero la respuesta más realista es “Si, pero Europa tiene que cambiar, y mucho”.
De la brecha al pacto intergeneracional
En el libro“La cuestión juvenil ¿Una generación sin futuro?”, José Félix Tezanos y Verónica Díaz, realizan una pormenorizada radiografía de la situación de la juventud en España. Resultado de este estudio señalan, con todos los matices posibles, que “no es inapropiado hablar de una cuestión juvenil de una manera similar a como en su momento se hablaba de una cuestión social, o una cuestión obrera; aun con todas las salvedades y diferencias que hacen al caso”. La exclusión laboral o subposicionamiento económico que sufren los jóvenes, subrayan los autores, suponen un “fallo sistémico en la dinámica de inserción societaria”, provocando frustraciones y alteraciones en los “modelos de pertenencia social que han funcionado en las sociedades industriales”. Es decir, esta situación de falta de trabajo o de precariedad laboral estructural supone que este sector social quede fuera de las “relaciones sociales, posibilidades de identidad y sentimientos de pertenencia que van asociados al desempeño de un trabajo o una profesión”[1].
¿Crecer, y repartir después? Más vale prevenir: el crecimiento inclusivo
Recientemente, Antón Costas escribía, con mucho acierto, que “la desigualdad es el rasgo más característico de la evolución de la economía desde la década de los ochenta del siglo pasado. Y, a la vez, es el factor más determinante de la crisis financiera de 2008, del débil crecimiento de las economías, del malestar social y del populismo político”. Esto ha generado que las cuestiones en torno a la desigualdad, sus causas y la posible contribución de las políticas económicas a su disminución hayan ganado peso en el debate público (aunque, lamentablemente, esta demanda social no se haya trasladado todavía de una forma suficiente a medidas de calado para atajarla).
Una empresa participativa para una economía mejor
Sin duda, una de las dimensiones imprescindibles para “repensar la economía con los trabajadores” radica en el modelo de gobierno de las empresas, y sobre todo de las grandes. Un modelo dominado en nuestro tiempo por la soberanía de los accionistas -de los mayores-, a menudo en el contexto de una alianza cortoplacista con los máximos directivos, no pocas veces a costa de la sostenibilidad de la empresa en el medio y largo plazos. Un modelo que la teoría económica ortodoxa, sin embargo, considera óptimo y que constituye un pilar esencial del neoliberalismo.
La “Gig worker bill” de California: cambios económicos y legislativos en las relaciones laborales
La relación (tensa e intensa) entre economía y legislación laboral desencadena consecuencias esperadas, inesperables, deseadas (o no) e inevitables para ambos subconjuntos.
La negociación colectiva clave para una sociedad más igualitaria: un rápido repaso de su viaje hacia la encrucijada
Sí, aunque no lo crean, la Constitución habla de sindicatos y de negociación colectiva
Desigualdades e incertidumbres
I. El debate al que me habéis invitado trata de cuestiones complejas. Cuestiones cruciales en el debate actual. Que tienen que ver, cuando menos, con dos de los temas sobre los que debería centrarse el debate socio-político: el de las desigualdades y el de las dinámicas sociales. Como es evidente dar respuestas claras y sencillas sobre los mismos es imposible (sólo los demagogos creen tenerlas) y por esto voy a tratar de hacer algo más modesto. Trataré de situar elementos que considero básicos para encarar estas cuestiones.
La democracia en la empresa: los sindicatos y la cogestión en Volkswagen
Más allá del marco legal en que se desarrolla la acción sindical en la empresa transnacional, en este caso, en Volkswagen, se debe examinar también la cultura de la empresa y, sobre todo, su dimensión internacional y los hechos más recientes que condicionan en la actualidad el conjunto de temas que aquí nos proponemos analizar.
Democracia económica ¿a la vuelta de la esquina de la próxima crisis?
Es evidente que hablar hoy de democracia económica es adentrase en un terreno sobre el que se ha producido una pérdida casi absoluta de referencias comparada con los años 70 del siglo pasado. En el que términos como autogestión, cogestión o participación del trabajo en las empresas, que en aquellos años eran aspiraciones comunes entre sindicatos y fuerzas progresistas, hayan perdido vigor es una muestra de que las fuerzas democráticas interesadas en la democratización social están a la defensiva.
La negociación colectiva clave para una sociedad más igualitaria
La utilización de las políticas de austeridad como método para la salida de la crisis nos ha llevado a una situación de gran divergencia social. Gran parte de quienes trabajan lo hacen con salarios más bajos, trabajadoras y trabajadores pobres, más precariedad, menor cobertura por desempleo, mayor tasa de riesgo de pobreza. En resumen, polarización, exclusión social y gran desigualdad.
La hora de los sindicatos
La concentración de empresas, la digitalización, la creación de gigantes tecnológicos y financieros, con poderes superiores a los de los estados, han supuesto un aumento de la desigualdad y la eliminación de muchos derechos laborales.
Editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC
Los sindicatos, el trabajo asalariado y la existencia material garantizada
Me invitan a participar en este “debate abierto” de Espacio Público sobre “Repensar la economía con los trabajadores y trabajadoras”. Voy a apuntar una parte de lo que me parece más interesante de un debate con este título.
El reto del sindicalismo en el contexto de la nueva empresa abierta
Hay que ser contundentes, no será posible recuperar la influencia necesaria de las organizaciones sindicales sin apostar por la participación del trabajador en el nuevo contexto donde se desenvuelve la empresa. Un entorno cada vez más abierto, más diverso, más líquido, que requiere organizarse de otra forma para participar en la creación de espacios más focalizados en la gestión empresarial. El germen de un nuevo sindicalismo puede pasar por impulsar “Lab” experimentales centrados en la micro, como por ejemplo han realizado los recientes premios nobel de economía, para luchar contra la pobreza huyendo de los grandes planes macro.
Profesora de Economía Financiera, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Secretaria General de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas
¿Cómo mejoramos la productividad?
La transformación digital está alterando el mundo empresarial y laboral, con efectos en la calidad de los empleos, los costes de producción y la productividad de las empresas. Para conseguir un crecimiento económico sostenido y sostenible que permita avanzar hacia una sociedad más inclusiva e igualitaria, resulta clave mejorar la productividad de nuestra economía.
Repensar la economía con las trabajadoras y trabajadores
La democratización de la empresa y la participación de los trabajadores en ella es una de las mayores aspiraciones desde una perspectiva del interés social de la economía. El movimiento sindical, y el conjunto de la sociedad, no pueden renunciar a que las decisiones de inversión privada se tomen teniendo en cuenta el interés general.
Profesor de Economía en el Centro de Investigación de Economía Política de la Universidad de Greenwich
El papel de los sindicatos en la lucha contra la desigualdad de ingresos
* Coautora del artículo: Özlem Onaran, Catedrática de Economía, codirectora del Centro de Investigación de Economía Política/Instituto de Economía política, Gobernanza, Finanzas y Contabilidad, Universidad de Greenwich.
Democracia real en el trabajo como respuesta a la crisis democrática
La democracia está en crisis. Desde hace ya décadas, nos preocupa la pérdida de legitimidad y calidad democráticas, de confianza en las instituciones, el auge de la abstención electoral y de formaciones políticas de extrema derecha. Sin embargo, rara vez buscamos una explicación a esta deriva en la experiencia cotidiana del trabajo. Y es que el espacio-tiempo del trabajo -aquel que (aún) ocupa la mayor parte de su jornada a la ciudadanía- se rige por prácticas dignas de regímenes autocráticos, más que democráticos. Bobbio (1987) aludía a esta contradicción como una de las promesas incumplidas de la democracia. En vez de franquearlo, la democracia parece haberse alejado del umbral de fábricas y oficinas, pese al esfuerzo de movilizaciones obreras y sociales, del derecho colectivo del trabajo y de progresistas de toda condición, preocupados por desarrollar, desde hace casi dos siglos, una verdadera “democracia industrial”.
La dimensión democrática en la economía
Los días 14 y 15 de Noviembre, la Fundación 1 de Mayo de CCOO ha convocado el III Congreso de "Trabajo, Economía y Sociedad", que tratará sobre "Repensar la economía con las trabajadoras y trabajadores".
Trabajo y Democracia
La democracia exige que las cuestiones fundamentales para definir la existencia social de las personas que componen la comunidad estatal de referencia sean debatidas en el marco de un proceso de negociación entre partidos para obtener un apoyo parlamentario suficiente para formar gobierno y llevar adelante unas políticas adecuadas y conformes con ese proyecto sostenido por la mayoría. La reforma laboral forma parte de estas condiciones fundamentales sobre las que la democracia tiene que pronunciarse.
Nuevas grietas en el neoliberalismo
El neoliberalismo representa una poderosa fuente de creencias individualistas, que intentan trasladar a toda la sociedad los valores propios del empresario capitalista. Nació como una respuesta a las conquistas sociales y democráticas desarrolladas sobre todo en Europa después de 1945. Pero, también, fue una reacción al cuestionamiento del poder disciplinario que generaron mayo del 68 y los movimientos sociales de esa década.
El sindicato: agente democratizador de la empresa
A la hora de abordar cualquier debate conviene hacerse las preguntas oportunas. Hay una que nos sobrevuela desde el título de este que nos plantea Espacio Público, “Repensar la economía con las trabajadoras y trabajadores, conectar la democracia con la economía”: ¿quién debe conectar y/o empujar para hacer esa conexión?
Tendencias de la desigualdad en España en un contexto comparado
Los autores del último informe sobre desigualdad global publicado por el World Inequality Lab en 2018 (WIL, 2018) concluyen que la desigualdad de ingresos se ha incrementado en las últimas décadas, si bien a distintas velocidades, en prácticamente todas las regiones del planeta. Desde 1980 la desigualdad de ingresos ha crecido en Norteamérica, China, India y Rusia y también en los países europeos, pero con importantes diferencias en el nivel y en la tendencia. Es decir, se observa que países con un nivel similar de desarrollo tienen niveles de desigualdad muy distintos, lo que muestra la relevancia de las políticas y las instituciones nacionales para influir en ella. Prueba de ello es que Europa y Estados Unidos tenían niveles de desigualdad de ingresos similares hace tres décadas y hoy se sitúan en posiciones muy diferentes.
Los riesgos de la democracia
A comienzos del presente siglo el eminente sociólogo Anthony Giddens en su libro Un mundo desbocado expresaba la paradoja de que mientras en el mundo la marea a favor de la democracia era incontenible, en la mayor parte de los países democráticos los niveles de confianza en los políticos habían caído en los últimos años. Señalaba cómo especialmente las generaciones más jóvenes estaban perdiendo interés en la política parlamentaria. Rechazaban el monopolio de la información, se incrementaba su sensibilidad ante la corrupción, percibían que la política parlamentaria se alejaba de los cambios que demandaba la gente y desconfiaban cada vez más de los políticos que se mostraban incapaces de controlar las fuerzas económicas que mueven el mundo. Giddens concluía que para mantener activos la democracia y los gobiernos lo que se necesitaba era una profundización de la democracia, una democratización de la democracia.
La izquierda y la democracia económica
Marcelino Camacho siempre decía que “la democracia se ha quedado en la puerta de las empresas”. Y tenía toda la razón. En la transición, el acuerdo político permitió la construcción de una democracia política, pero se olvidó de la democracia económica.
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