Europa en disputa: refugiados, xenofobia, identidades y lucha de clases
Miguel Urban
Hoy más que nunca, a Europa le sangran las fronteras y le brotan las alambradas. Y es que la UE está respondiendo a la mayor crisis de refugiados de su historia (y al que posiblemente sea su mayor desafío en décadas) levantando muros, instalando centros de internamiento masivo, y recortando derechos y libertades a nativos y migrantes.
Muros construidos no solo con concertinas, sino sobre el miedo al otro, a lo desconocido, y que agrandan la brecha entre ellos y nosotros. Muros tras los que se refuerzan los repliegues identitarios y los nacionalismos excluyentes. Muros que reavivan antiguos fantasmas que hoy, de nuevo, recorren Europa. Los mismos fantasmas contra los que, supuestamente, aquel sueño europeo se levantó hace décadas.
Los cadáveres de los náufragos de las pateras, los muertos en los desiertos y las vallas fronterizas son la expresión de otra forma de racismo: la xenofobia institucional. Un racismo de guante blanco, anónimo, legal y poco visible pero constante, que sitúa una frontera entre los que deben ser protegidos y los que pueden o efectivamente resultan excluidos de cualquier protección.
Una degradación de la seguridad jurídica y policial organizada con el objetivo de quebrar al migrante, para que se dé la vuelta o para que termine entrando sin derechos ni garantías, generando así una mano de obra dócil, amenazada y fácilmente explotable gracias a unas políticas públicas que vulneran sus derechos y les vuelve vulnerables.
Una estrategia de exclusión de la ciudadanía plena que busca fragilizar a un colectivo, el migrante, para contribuir así a fragmentar aún más a toda la población. Es una peración consustancial a la guerra entre los pobres, a la lucha de clases de los últimos contra los penúltimos, donde prima la competencia entre autóctonos y foráneos por acceder a recursos cada vez más escasos: el trabajo, y las prestaciones y servicios de bienestar social.
Desde las instituciones europeas y los partidos del establishment son recurrentes las llamadas de alerta ante el auge de actitudes racistas y organizaciones xenófobas. Sin embargo estas instituciones y partidos, en lugar de plantear propuestas, medidas o políticas para combatir los discursos xenófobos y excluyentes, están aceptando el terreno de confrontación que propone la extrema derecha, y asumen buena parte de sus postulados. En última instancia, normalizan ese discurso y legitiman el espacio político que conjuntamente van generando.
Es lo que en Francia se conoce desde hace años como “lepenización de los espíritus” y que hoy recorre casi toda Europa. Solo tenemos que comprobar cómo las instituciones y gobiernos de la UE han endurecido tanto sus declaraciones como las leyes de migración y asilo ante la crisis humanitaria de los refugiados. Especialmente conocidos son los casos de países de tránsisto como Hungría o de acogida como Dinamarca, pero lamentablemente no son los únicos.
Pero ni la xenofobia institucional ni esta operación de exclusión de matriz económica son los únicos caldos en los que se cultiva la xenofobia política y social que hoy vemos brotar por toda Europa. Cabe señalar también los esfuerzos permanentes por estigmatizar a la población migrante, presentándola social e institucionalmente como un problema de orden público. De esta forma se facilita la xenofobia institucional y se pretenden justificar las leyes y medidas regresivas, pero también se abre la puerta a la retórica del populismo punitivo, como hemos podido comprobar en los casos de la expulsión de roms en Francia o en campamentos como los de Calais.
Una situación (recordémoslo: fabricada políticamente, que no cae del cielo cual fenómeno meteorológico) que normaliza el discurso de la extrema derecha y le otorga una audiencia de masas, especialmente entre sectores de la clase obrera y de las clases medias duramente golpeadas por la crisis económica. Pero no todo el mérito es de quienes contribuyen a sembrar: hay que reconocer que los nuevos partidos post, neofascistas y populistas xenófobos están aprendiendo rápidamente a recoger estos frutos. Capitalizan políticamente la cuestión migratoria y la crisis humanitaria de los refugiados, cargando la culpa de cualquier malestar social a estos “otros”, supuestamente portadores de una alteridad irreductible y que, además, compiten a la baja en un mercado laboral en crisis.
Como escribía Vicenç Navarro hace unos años en este mismo medio, “hay que entender que es racista no el más ignorante, sino el más inseguro. Es precisamente esta inseguridad lo que explica el gran crecimiento de la derecha y ultraderecha en Europa.” En este sentido, ante la inseguridad por la competencia laboral, la pérdida de derechos y prestaciones sociales, se exacerba la utilización del aparato represivo y penal como herramienta principal para resolver los problemas de (in)seguridad social.
Paralelamente, la pobreza también se construye como enemigo, pero el objetivo no es tanto acabar con la pobreza como acabar con los pobres. De esta forma, hemos pasado de atender la pobreza desde la extensión del Estado social a combatirla desde la profundización de un Estado policial que estigmatiza y criminaliza a las personas empobrecidas. Ante la imposibilidad de solucionar la inseguridad derivada de las políticas de ajuste y austeridad, de la precarización del mercado laboral y de la pérdida de derechos y prestaciones sociales, se problematizan fenómenos sociales como la migración o la pobreza. Y se proponen resolverlo con “mano dura”: más policía, más cámaras de seguridad, más reclusos en las cárceles. La UE está hoy en guerra contra la inmigración y contra los pobres en general, fomentan una guerra entre pobres que canaliza el malestar social en su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o simplemente el “otro”), eximiendo así a las élites políticas y económicas responsables del expolio.
Ante esta inseguridad social, la extrema derecha con reclamo identitario configura la imagen de un peligro potencial para la integridad de la comunidad nacional. Un recurso, por cierto, reiteradamente utilizado a lo largo de la historia para fortalecer la cohesión y asegurar el consenso social. Una estrategia que aporta no solo un enemigo sobre el que dirigir el malestar, sino también una propuesta en positivo: reconquistar la identidad como comunidad, salvaguardar el concepto agregativo “nosotros”. Una movilización que supera así la inmediatez de la protesta y de la reacción frente al malestar coyuntural a través de un proyecto de largo aliento: reconstruir una identidad amenazada. Amenazada por peligros que se construyen y renuevan permanentemente, convirtiéndose así en identidades “predatorias”.
Vemos pues cómo se conforma un populismo de exclusión y carácter diferencialista que apela explícitamente a la discriminación de sectores sociales según su origen o pertenencia cultural, y que va entrando de tal forma en el tuétano de la sociedad que contribuye a justificar su expulsión, de manera más o menos explícita, de la comunidad. Una restricción al concepto de pertenencia “nacional” o “europea” que ataca directamente el concepto de protección jurídica en relación a la pertenencia a la comunidad, que llega incluso a la exclusión legal y sienta las bases programáticas de la xenofobia política del siglo XXI.
Pero frente a la xenofobia institucional, el auge de movimientos racistas y los recortes de derechos y libertades, existe otra Europa en marcha desde abajo: propuestas políticas como la de las Ciudades Refugio o los innumerables ejemplos de redes de auto-organización, apoyo mutuo y solidaridad ciudadana con las personas refugiadas y migrantes que nos demuestran que no solo otra Europa es posible, sino también y sobre todo que hoy la propia idea de Europa y del proyecto europeo está en disputa.
Que el campo de batalla se esté desviando cada vez más hacia las identidades y las pertenencias muestra, por un lado, que a día de hoy existe una disyuntiva real entre luchas xenófobas y lucha de clases y que, en esa disputa por determinar el campo de batalla, por el momento vamos perdiendo. De nosotros depende cambiar la situación. Y eso pasa, también, por disputar Europa.
Más intervenciones
Algunos matices sobre los inmigrantes
Samir Nair nunca fue un negro del campo sino un negro de la casa de Francia, pero de la casa al fin y al cabo. Lo que sí sorprende es su tono paternalista del que se deduce que: los blancos son las víctimas (como diaria José Bono) cuando afirma que: “La UE enfrenta a dos tipos entremezclados de demanda migratoria; una estructural: la de los inmigrantes económicos; otra coyuntural: la de los solicitantes de asilo”.
Todos somos inmigrantes
Un falso debate/problema parece querer utilizarse de nuevo en Europa para justificar las políticas migratorias restrictivas y de limitación de derechos de las personas inmigrantes. Acoger a personas refugiadas implicaría así ser más contundente aún (resulta difícil imaginar cómo) con las personas inmigrantes actualmente residentes en Europa, especialmente con las que se encuentran en situación de irregularidad administrativa.
Niños refugiados y apátridas, los invisibles
A pesar de la dificultad metodológica que conlleva la cuantificación de la apatridia —una persona apátrida es aquella que no es reconocida por ningún país como ciudadano—, Naciones Unidas estima que hay unas 680,000 personas apátridas en Europa, de las cuales un 10% aproximadamente son refugiados sirios procedentes de la región del Kurdistán iraquí.
Sí, estamos en peligro
Estamos en peligro, porque mientras miles de niños nadan y duermen en el barro de Idomeni, nuestros políticos —sí, nuestros, porque los hemos elegido nosotros— conceden un rato de su cena a debatir su futuro y lo consentimos.
El juego de la Oca
Tras el acuerdo de la vergüenza entre Turquía y la Unión Europea, llegué hace solo unos días a Grecia pensando en que el drama de los refugiados se parece más que nunca a un juego de la Oca: cuando pisas la siguiente casilla, las normas te mandan de regreso al país de la primera protección. A esa casilla donde las mafias hicieron negocio con tu asiento en la travesía. Un negocio, eso sí, más pequeño que el que están haciendo los gobiernos que han perpetuado, con este tratado, el tablero de los solicitantes de asilo; que han comprado con dinero el privilegio de la indiferencia.
Érase una vez un derecho llamado refugio
En Julio de 2013, el Gobierno australiano firmaba un acuerdo con Papua Nueva Guinea por el cual los solicitantes de asilo que se dirijían a Australia serían reenviados a un centro ubicado en la isla de Manus en Papua. Este acuerdo, que se suma al que ya firmara con Naru, implicaba una política de asilo que, a pesar de ser contestada desde ACNUR, ha sido declarada constitucional por la Corte Suprema de Australia en junio de 2014.
¿Cuándo murió Europa?
Sin ánimo de polemizar, me gustaría decir algunas cosas sobre cuándo creo yo que la idea de una Europa solidaria y humanista se fue al traste.
El día que murió Europa
El 20 de marzo de 2016 pasará a la historia como el día en el que Europa murió. Fue el día en el que la Unión Europea decidió, en una cumbre de presidentes, cerrar las puertas del continente a los refugiados que llegaran a partir de ese momento, ratificando así el vergonzoso acuerdo firmado con Turquía. La entrada en vigor del acuerdo se selló con la muerte de dos niñas y dos hombres que se ahogaron mientras trataban de llegar a las islas griegas.
Refugiados: una cuestión geopolítica más que humanitaria
La pregunta lanzada por el profesor Sami Nair de ¿Qué debe hacer la Unión Europea sobre la inmigración?, me sugiere algunas observaciones:
Niños refugiados y apátridas – Los “invisibles”
A pesar de la dificultad metodológica que conlleva la cuantificación de la apatridia –una persona apátrida es aquella que no es reconocida por ningún país como ciudadano-, Naciones Unidas estima que hay unas 680,000 personas apátridas en Europa, de las cuales un 10% aproximadamente son refugiados sirios procedentes de la región del Kurdistán iraquí.
Niños refugiados y apátridas – Los “invisibles”
A pesar de la dificultad metodológica que conlleva la cuantificación de la apatridia –una persona apátrida es aquella que no es reconocida por ningún país como ciudadano-, Naciones Unidas estima que hay unas 680,000 personas apátridas en Europa, de las cuales un 10% aproximadamente son refugiados sirios procedentes de la región del Kurdistán iraquí.
Las personas en el centro
Desde la Comisión Cerremos los CIE queremos hacer hincapié en lo peligroso que resulta hacer la distinción entre las personas refugiadas y las migrantes. Este tipo de clasificaciones se van asumiendo en el discurso hegemónico y frecuentemente interesado de los representantes políticos de la Unión Europea, y generan una jerarquía de migrantes, a partir de la cual nuestros gobernantes y nuestras sociedades convierten en justificadas o injustificadas las razones por las cuales las personas se desplazan.
La importancia de un Plan B
Interior, tarde. Un grupo de hombres. Discusión acalorada. Una voz se alza sobre el resto: “¡Que no pisen la costa! ¡Empujadlos mar adentro!¡Que se ahoguen!”
Crisis migratoria de la UE: Crónica de una ignominia
Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.
Increíble drama de los refugiados y emigrantes: la UE, insolidaria, ilegal, inmoral
La reunión de los 27 en Turquía para abordar de una vez la inmensa y sangrante tragedia de los emigrantes y refugiados ha concluido -con un acuerdo, por fortuna provisional- de la forma más inaceptable y lamentable posible. Por las reacciones que ha producido en la sociedad y en el Euro Parlamento, es de esperar que el próximo día 17 no lo ratifiquen. Que, avergonzados, decidan cumplir las pautas que inequívocamente figuran en los Tratados internacionales y, desde luego, en las directrices éticas. Tanto hablar del “Estado de derecho” y, a la primera de cambio, no sólo toman decisiones inmorales sino ilegales.
Dos lugares llamados Moria
Escucho las críticas y condenas al principio de acuerdo entre la Unión Europea y Turquía, que ampara la deportación de personas solicitantes de asilo a Turquía y, posiblemente, desde allí a sus países de origen, el mismo día que visito Lesvos.
Por una solución duradera y sostenible
De confirmarse, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía sobre la crisis de refugiados permitiría el “intercambio” de manera que por cada refugiado sirio que sea devuelto a Turquía desde Grecia se reasiente a otro en la UE. O lo que es lo mismo: cada plaza de reasentamiento dependería de que otra persona arriesgue su vida en un peligroso viaje por mar a territorio heleno.
Acerca de la política migratoria de la Unión Europea
Desde la Ruta contra'l Racismu y la Represión pensamos que hoy más que nunca es necesario defender los valores antirracistas y seguir denunciando socialmente todas las conductas xenófobas, incluidas las institucionales.
Una respuesta humana, un trato digno
La vieja Europa parece haber olvidado lo devastadora que es una guerra y por qué quienes la sufren se ven en la obligación de migrar para salvar sus vidas y las de sus familias.
¡Que la UE empiece a respetar los principios básicos de Derecho Internacional!
Es difícil dar una repuesta unitaria y unívoca a la pregunta formulada, ya que en realidad no se puede hablar de una política común de migraciones, asilo y fronteras de la Unión Europea en sentido estricto. En todo caso, deberíamos hablar en estas materias de las políticas, en plural, de la Unión y de sus Estados miembro, ya que en las mismas éstos son especialmente refractarios a la hora de hacer concesiones de soberanía nacional.
Llamemos a las cosas por su nombre
Europa está asistiendo, algo atónita, a una llegada de personas en busca de refugio a bordo de frágiles embarcaciones, o por tierra tras largos días de huida hacia las fronteras de la esperanza.
Y una vez aquí, ¿qué? Deficiencias del sistema de asilo español
Cuando en estos días se cumplen dos años de la muerte de 15 personas en la frontera de Tarajal, y ante las más de 3700 muertes durante el pasado 2015 en el Mediterráneo, se hace evidente que un cierre de fronteras no es la solución. Y no solo porque el primer derecho vulnerado es el derecho a migrar, y a hacerlo de forma segura; también porque quienes arriesgan su vida para llegar a Europa no tienen nada que perder, salvo la certeza casi absoluta de la muerte en sus países de origen.
Refugiados, cifras que duelen
Este año se han superado, a nivel mundial, las cifras de la vergüenza. 60 millones de personas obligadas a huir de sus hogares por la guerra o la persecución, según los datos de ACNUR. Son los parias de la tierra, los sin nombre, solo cifras que si formaran un país sería el vigesimocuarto más poblado del mundo, justo por detrás de Italia.
Europa, ¿qué haces? ¿Qué podemos hacer desde la ciudadanía?
Desde la Asociación de Vecinos Valle-Inclán de Prosperidad— en un barrio de Madrid—, nos estamos preguntando qué podemos hacer ante la crisis humanitaria que vivimos día a día y que según nos dicen, en los medios y en los contactos cercanos, el éxodo es superior al que hubo en la II Guerra Mundial. Somos conscientes de que el tema de los refugiados se está agravando por momentos, pero también en nuestro país, en nuestra ciudad, se están endureciendo las condiciones de vida de los inmigrantes sin permiso de residencia y sin trabajo.
Schengen, o la ficción de una UE de derechos y libertades
Hoy, con gran parte de las bases fundacionales de la Unión Europea en crisis, son cada vez más las voces que ponen en cuestión el discurso europeísta que promueven las Instituciones. Asistimos a la transformación de la percepción de una UE que hace décadas fuera sinónimo de democracia y progreso, pero que hoy percibimos como un complejo entramado opaco de grupos de poderosos a los que no ha votado nadie y que imponen acuerdos comerciales, privatizan servicios públicos y chantajean a gobiernos democráticos.
¿Y dónde está la izquierda mientras tanto?
Europa parece que quiere revivir los peores momentos de su historia, atrapada entre el resurgir nacionalista y la mayor ola de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.
Mantener unidas a las familias refugiadas para proteger su salud mental
Una de las circunstancias más dramáticas que se están dando con la llegada de los refugiados a Europa es la separación de las familias. Sin embargo, este tipo de situaciones que suele darse en todas las guerras y conflictos podrían ser evitadas, en muchas ocasiones, si se plantearan unas estrategias de intervención mejor diseñadas.
Otra política de inmigración es posible
Como bien explica Sami Naïr en el texto que abre este debate, la Unión Europea ha llevado a cabo, desde hace más de 30 años, unas políticas de inmigración basadas en el cierre casi total de fronteras (con requisitos para acceder cada vez más difíciles), el control policial de la población inmigrante y la consideración de esa población con un criterio fundamentalmente utilitaria: mano de obra útil en épocas de crecimiento económico, pero indeseada (y hostilizada) en tiempos de crisis. En España, la primera ley de extranjería, de 1985, era ya un ejemplo de ese tipo de políticas.
Muros contra los derechos
Un millón de refugiados llegaron a Europa durante 2015: 15 mil de ellos, al Reino de España. En lo que va de año, la media de personas que entran en el espacio de la Unión Europea para pedir protección internacional es de unas 2.200 personas diarias.
Exiliados por/para amar
El exilio ha sido una circunstancia inherente a una gran mayoría de personas lesbianas, gais, bisexuales o transexuales. Poder llevar una vida coherente con nuestra forma de ser o sentir nos ha exigido con frecuencia tener que escapar, alejarnos de los ojos controladores y estigmatizadores de los nuestros, de nuestro entorno más próximo y querido.
Fede García, Kaddour Sbai y Pierre Mawoo
SOS Racismo
Necrópolis mediterránea
Persisten con renovada insistencia los descalabros de cientos, miles, de seres humanos, que se despeñan, día tras día, antes las puertas de una Europa insensible, calculadora y mal pensada, que rechaza de hecho, lo que admite de palabra: DERECHOS HUMANOS como alegato formal, que encubre las negligencias propias en la aplicación y reconocimiento de los mismos.
Pascual Aguelo y Francisco Solans
Subcomisión de Extranjería del Consejo General de la Abogacía
Recuperar el derecho a la igualdad de derechos
Leemos con muchísimo interés el debate propuesto por Sami Naïr, y nos alegra comprobar el hecho mismo de que un debate sobre la inmigración reciba la atención de los medios, de intelectuales, de representantes varios de la sociedad civil, y esperamos que finalmente de la llamada “clase política”, es decir, de aquellos que pueden y quieran asumir los términos del debate para emprender las medidas y reformas necesarias.
Derechos civiles plenos para blindar los derechos humanos
Uno de los problemas que tenemos los inmigrantes es la falta de acceso a los derechos civiles que nos diferencian de los ciudadanos de pleno derecho ya comentado de manera desmenuzada por Sami Nair.
Europa naufraga
Quien no aprende de su historia está condenado a repetirla. La actitud de Europa ante la mayor crisis de refugiados/as tras la Segunda Guerra Mundial, da cuenta de la ausencia de humanidad, responsabilidad y solidaridad. Los valores fundacionales europeos están siendo tirados por la borda y con ellos, de manera flagrante e impune, la vida de miles de personas.
La debilidad de las lecciones de la historia: de nuevo, los refugiados
El 31 de agosto del año pasado difundimos un comunicado titulado 'La desmemoria europea' en el cual denunciábamos la postura de la vieja Europa que negaba acogida y humillaba a millares de personas refugiadas. Lo hicimos con la responsabilidad que nos otorgaba nuestro deber de mantener viva la memoria de nuestros refugiados, aquellos que, en el invierno de 1939, se vieron obligados a permanecer, a enfermar y a morir en los mal llamados campos de refugiados del sur de Francia, y también la de los supervivientes de los campos nazis que, tras su liberación, formularon el juramento del "Nunca más”, en pro de la fraternidad universal.
Realismo, precisión y humildad
Como bien plantea Sami Nair, lo primero que debe hacer Europa es entender y asumir que una cosa son los refugiados y otra cosa son los inmigrantes económicos. La distinción es importante. En primer lugar, el grado de desesperación y por lo tanto de urgencia de unos y otros es distinto. En segundo lugar, mientras la crisis de los refugiados actual tiene un origen localizado —el principal foco es Siria—, es coyuntural y reversible; la de los inmigrantes económicos es y seguirá siendo permanente y multifocal. Aceptarlo permitiría abordar cada caso de manera precisa, específica y efectiva. Los propios inmigrantes no quieren ser confundidos ni en la definición de su condición ni en las medidas dirigidas a cada uno.
Matices y contrapuntos
El análisis de Sami Nair sobre los errores de las políticas migratorias y de asilo de la UE me parece impecable y aun diría que no puedo no compartirlo, pues en él se inspira buena parte del trabajo que vengo realizando sobre esos temas desde hace más de veinte años; en gran medida, además, en colaboración con el propio Nair. Señalaré sólo algunos matices de discrepancia en lo que se refiere a las causas y síntomas y trataré de añadir algo en lo que toca a las propuestas.
La Europa de los mercaderes
Además de historiador, soy lo bastante mayor para acordarme de cuando el PSOE hablaba de la Comunidad Europea como una “Europa de los mercaderes”. Definición clara, precisa y exacta, que resumía en esencia cuáles eran las fuerzas sociales protagonistas del proceso. Después vendrían, como en el caso de la OTAN, las rectificaciones apresuradas y sin explicaciones. Era tal el relumbrón del sueño europeo que hasta políticos como Julio Anguita se abstuvieron en la votación que finalmente aprobó el Tratado de Maastricht -querido Julio, aquella no fue un oposición firme y resultó un error.
Una política migratoria basada en los derechos fundamentales: ¡Exijamos el cierre de los CIE!
La Unión Europea tiene un conjunto de mecanismos de control y represión de los flujos migratorios entre los que se encuentran los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE). Siete en España y alrededor de 170 en Europa.
La Europa de los mercaderes
Además de historiador, soy lo bastante mayor para acordarme de cuando el PSOE hablaba de la Comunidad Europea como una “Europa de los mercaderes”. Definición clara, precisa y exacta, que resumía en esencia cuáles eran las fuerzas sociales protagonistas del proceso. Después vendrían, como en el caso de la OTAN, las rectificaciones apresuradas y sin explicaciones. Era tal el relumbrón del sueño europeo que hasta políticos como Julio Anguita se abstuvieron en la votación que finalmente aprobó el Tratado de Maastricht -querido Julio, aquella no fue un oposición de verdad y resultó un error.
El cambio climático como factor determinante en las crisis migratorias
El cambio climático es ya hoy la primera causa de migraciones en el mundo. Solo en 2011 más de 40 millones de personas dejaron sus hogares por fenómenos ambientales, una cifra que podría llegar a los 1.000 millones de personas en los próximos 50 años. Sin embargo, pese a estar frente a una realidad incontestable —las causas climáticas y sus víctimas—, los refugiados climáticos, parecen quedar a menudo fuera del debate sobre los factores que determinan los flujos migratorios.
Agitando el miedo líquido: tan peligroso como afectivo
Desde que los dirigentes europeos decidieron que había que blindar las fronteras del viejo continente alejándose de los viejos principios del mundo más avanzado que siempre definieron esta parte del mundo, desde que se decidió que la política a seguir era y es “los nuestros primero” se acompañó esta medida con un manejo emocional de una impresión tan útil como peligrosa como ya mencionaba Maquiavelo en su clásico y conocido libro 'El príncipe'; nos estamos refiriendo al miedo.
'El negocio de la xenofobia'
Prefacio para la edición argentina de El negocio de la xenofobia, editado por Clave Intelectual
El mayor desafío en la historia de la Unión Europea
Estando de acuerdo en el marco general que plantea Sami Naïr, creo que sería relevante añadir tres asuntos a tener en cuenta: soluciones inmediatas, un viaje seguro para los refugiados y el riesgo de la ruptura de Europa.
La UE ha de cumplir con la responsabilidad institucional a la que está llamada
La pregunta con la que se incia el debate es muy compleja porque implica el inevitable cruce de “miradas” cargadas de sospechas y reticencias entre dos instancias de carácter muy diferentes: una institución política de carácter supraestatal bajo la que late una amplia, diversa y compleja realidad de Estados en conflicto latente (la UE) y un movimiento de desplazados humanos de gran heterogeneidad en su composición, sus intereses, sus expectativas, y sobre todo, en algo que ninguno de los miles y miles que lo forman, conoce: su futuro.
La política frente a las migraciones
Los fenómenos migratorios han sido una constante en la historia humana. Sus flujos han podido variar en dirección o en intensidad con el transcurrir de los siglos, pero siempre han sido un elemento fundamental a la hora de explicar los procesos históricos y la configuración de las sociedades del presente. Por ejemplo, si el ‘homo sapiens’ no hubiera migrado del continente africano, posiblemente los europeos seguiríamos siendo neandertales. Con razón Federico Engels, el amigo de Marx, vio en esta capacidad de las personas de migrar y adaptarse a ecosistemas bien distintos como un rasgo sobresaliente y privativo de la Humanidad.
La respuesta es más Europa, no menos
Levanta el ánimo pasar por la madrileña plaza de Cibeles y ver en la fachada del palacio de Correos, sede del Ayuntamiento, un enorme cartel que reza: “Refugees welcome”, cuando a lo largo y ancho del continente europeo se multiplican las barreras para frenar la avalancha de huidos de la guerra y del hambre. La declaración de intenciones del consistorio que preside Manuela Carmena, más allá de su valor simbólico o real, supone un canto a la virtud que más se está echando en falta en esta crisis: la solidaridad.
La política frente a la inmigración
Los fenómenos migratorios han sido una constante en la historia humana. Sus flujos han podido variar en dirección o en intensidad, pero siempre han sido un elemento fundamental a la hora de explicar los procesos históricos y la configuración de las sociedades del presente. Por ejemplo, si el ‘homo sapiens’ no hubiera migrado del continente africano, posiblemente los europeos seguiríamos siendo neandertales. Con razón Federico Engels, el amigo de Marx, vio es esta capacidad de las personas de migrar y adaptarse a ecosistemas bien distintos como un rasgo sobresaliente y privativo de la Humanidad.
Identidades y refugiados en Europa
Europa es el continente más rico y se comporta como tal: en gran medida ha cerrado sus puertas a los refugiados subsaharianos y árabes que tratan de buscar un lugar mejor para ellos y sus familias. Este comportamiento responde a una natural inclinación humana a proteger en la medida de lo posible un estatus de vida no solo económico sino también social, y hasta religioso.
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