Dejar de lado la obediencia y manos a la obra: una experiencia sobre la PMI
Sato Díaz
Coordinador de Política.
En Alcoi (Alacant), donde las fiestas de Moros y Cristianos animan buena parte de la vida social de la ciudad, no solo se celebran estas en abril, por Sant Jordi, sino que también se festeja el Mig Any (Medio Año) en octubre, cuando han pasado seis meses y faltan otros tantos para que la música y las bandas se vuelvan a adueñar de las calles. La pandemia ha parado todo esto, claro, pero quizás de mis raíces alcoyanas extraiga esta extraña superstición de que seis meses significan algo. No tengo yo muy claro el qué, pero allá voy.
Me alegra escribir este artículo en estas fechas, cuando se cumplen (el 12 de abril) seis meses desde que la Plataforma de Medios Independientes (PMI) publicamos la encuesta más completa sobre la monarquía de las últimas décadas. Cuando faltan otros seis meses (para el 12 de octubre) para que quizás buena parte de la corte se grabe en vídeo repitiendo hasta la saciedad eso de: “¡Viva el rey!”. Y para que alguien, con buen oído, dé la vuelta al audio y toreros, folklóricas y adalides de las derechas vuelvan a hacerse virales proclamando eso de “yer le aviv”.
La felicidad es doble por volver a escribir y publicar, ando huérfano de páginas, todavía resuena el réquiem en mi cabeza por cuartopoder, el medio de comunicación en el que me he curtido como periodista, en el que he aprendido casi todo lo que sé, el cual ponía punto y final a sus 11 años y algún día de historia el pasado 31 de marzo. Por ello, tener la oportunidad de aportar mi granito de arena a este debate generado en Espacio Público es, para mí, emotivo.
Y más cuando para participar solo tengo que cerrar los ojos y recordar cómo fueron algunos de los pasajes sobre los que se forjó esta PMI y ese proyecto conjunto tan concreto: consultar a la ciudadanía lo que el CIS se negaba a hacer sobre un tema que está en el debate público y ofrecer a nuestras audiencias algo tan importante como son los datos (la prestigiosa socióloga Belén Barreiro se pondría al frente de la encuesta) y las interpretaciones plurales que cada medio, cada periodista, quiso dar de los mismos en torno a diferentes perspectivas o puntos de vistas geográficos logrando un análisis tan plural que, a mi juicio, deberá ser estudiado en las facultades de Periodismo.
No es momento de repetir todo lo que se escribió y se dijo sobre la encuesta en aquel momento, todavía está reciente y basta, para encontrarlo, un simple vistazo a través del buscador en Internet. Recordamos, no obstante, las claves (frente a la amnesia colectiva): había una mayoría que en un supuesto referéndum se decantaría por la república frente a la monarquía (40,9%-34,9%); y, por otro lado, la institución monárquica tiene tres problemas principales en cuanto a su aceptación social. En primer lugar, es una institución vinculada claramente a las derechas, su popularidad se escalabra entre votantes de izquierdas. En segundo lugar, es una institución cada vez menos reconocida entre las generaciones más jóvenes. En tercer lugar, hay una gran diferencia geográfica en cuanto al sentimiento monárquico (Madrid, Castillas, Andalucía…) y republicano (Catalunya y Euskadi, principalmente).
La encuesta supuso un proyecto necesario para unos medios de comunicación que han explicado lo que acontece hoy, que asumieron con valentía, pero más allá de lo que en términos sociológicos, históricos o políticos tuvo de valor, también aportó algo que considero que hay que resaltar: una colaboración necesaria, una forma de hacer en común y un ejemplo para el propio periodismo. Quiero decir, cuando desde los poderes se nos dijo que un tema no interesaba, que sobre un tema no iba a preguntar el CIS (las instituciones) y que la ciudadanía no iba a tener acceso a los datos sobre ello, nos pusimos en marcha para romper con esta inercia, nos dejamos la obediencia de lado y manos a la obra.
Además, desde la PMI pensamos que la mejor forma de saber si interesaba un tema así (frente a la predicción de Tezanos) era que fuera la propia ciudadanía la que diera soporte al proyecto. Organizamos un grupo en el que estaban representados todos los medios participantes para coordinar una campaña de crowdfunding que duraría varias semanas. Nuestro objetivo, sin embargo, se consiguió en horas, algo más de un día. Estaba claro, el asunto interesaba. La sociedad quería, al menos, debatir y ser escuchada sobre la Jefatura del Estado y el modelo de Estado. ¿Qué locura era esta?
Siempre he pensado que una buena forma de garantizar el derecho a la información de una sociedad es garantizar el pluralismo. Hay teorías que, para conseguir esto, hablan de los tres tercios: que una parte de los medios de comunicación sean públicos; otra parte, privados; otra, comunitarios, es decir, que la sociedad civil, el tejido asociativo, tenga también sus canales para difundir su información y que su visión del mundo y la sociedad tenga cabida en la misma. Quizás, en ese momento, hicimos, en cierto modo, esa labor, ya que planteamos un tema a la ciudadanía, corroboramos que interesaba y nos pusimos a trabajar para satisfacer esa inquietud. Hicimos, por decirlo de alguna manera, un trabajo comunitario. En común desde distintos medios de comunicación y en común con la propia sociedad.
Como conclusión para aportar a este debate me quedo con esa voluntad que expresamos a través de este trabajo conjunto: cuando el poder político (la institución pública, el Gobierno) nos decía que sobre la monarquía mejor no preguntar, que no interesaba a la gente, demostramos lo evidente: es un tema que sí interesa, un debate abierto. Y, además, ofrecimos datos e interpretaciones sobre el mismo desde distintas perspectivas. Y subrayo: en estos tiempos convulsos de discursos únicos o dominantes, qué importantes son la cooperación y la colaboración que multiplican la pluralidad de voces, el debate y, en definitiva, la democracia. Frente al ruido, respeto. Eso hicimos y eso es, desde mi experiencia, la PMI.