Ataques y estrategias del antifeminismo extraparlamentario
Nora Rodríguez
Abogada penalista y militante antifascista
Si el feminismo es atacado con tanta dureza por parte de esta extrema derecha es por su potencial emancipador, porque viene a agitar las estructuras del sistema. En un sistema basado en las opresiones no hay nada más revolucionario que hablar de igualdad. En un sistema que se basa en la explotación de las mujeres, luchar por su liberación y emancipación es de estricta necesidad. El feminismo, como todo movimiento emancipador y transgresor, recibe una línea de agresión y confrontación directa y otra de pretensión de asimilación e infiltración.
Ya sabemos de las estrategias del neoliberalismo y del capitalismo más puro para apropiarse o aprovecharse de este movimiento, despolitizándolo y desclasándolo. Pero, además, nos enfrentamos a cómo desde los movimientos y partidos de extrema derecha existe un ataque sin cuartel dentro de su estrategia política. En la extrema derecha más liberal y parlamentaria ese ataque se centra en las características de este movimiento que confrontan con la igualdad de género y las leyes que la apoyan, con la estructura tradicional de la familia, la búsqueda de condiciones laborales dignas para las mujeres trabajadoras... en definitiva con todos aquellos factores que atacan al status quo actual. Porque el feminismo ataca tanto al ámbito socioeconómico como al político, a las estructuras materiales como a las construcciones sociales. El feminismo está aquí para cambiarlo todo.
Además, encontramos un intento de cooptación y utilización del movimiento. En esta internacional reaccionaria de la que habla en una de las primeras aportaciones Amelia Lobo, vemos un fenómeno de incorporación de mujeres como caras visibles del fascismo. Desde la extrema derecha parlamentaria hasta la extraparlamentaria, pasando por grupúsculos abiertamente nazis. La estrategia es poner mujeres al frente de la confrontación, vendiendo otra imagen de mujer y valores en contraposición a los que representa el feminismo. Casualmente siempre mantienen una visión de familia y mujer que se asemeja mucho a la tradicional y, por supuesto, no ataca los cimientos de este sistema patriarcal.
Mantienen un discurso de una supuesta defensa de las mujeres, utilizando la violencia hacia las mismas como forma de estigmatizar a la inmigración y difundir un mensaje racista, en el que se presenta a la migración como un peligro para los derechos de las mujeres. En esta estrategia, los movimientos de ultraderecha se presentan a sí mismos como defensores de las mujeres frente a esta migración, que según sus discursos viene a imponernos costumbres que atacan nuestros derechos y lo de las personas LGTBI. También adoptan una posición oportunista de defensa de las personas homosexuales, como “sus” lesbianas o gays frente a una amenaza exterior representada especialmente por la inmigración musulmana, a la que pintan como un peligro para los derechos sociales más básicos.
En este sentido, vemos continuamente cómo se hacen virales contenidos referentes a las diferencias culturales entre países, fotos de mujeres con velos o burkas como contraposición a lo que entienden por nuestra cultura, en una clara oposición a la multiculturalidad. Con discursos en los que intentan sembrar el miedo, asociando esta multiculturalidad o la llegada de migrantes con la posibilidad de sufrir agresiones o perder derechos, llevándolo al absurdo. Estamos cansadas de ver comentarios y apelaciones constantes a las feministas cuando se produce alguna agresión a mujeres por parte de hombres extranjeros. Casualmente estas réplicas se dan cuando los agresores únicamente son migrantes no europeos y, sobre todo, musulmanes. Vamos con el ejemplo:
Pasó en el Barrio de San Blas a finales del año pasado, tras la agresión sexual a una chica de 13 años el colectivo nazi Bastión Frontal aprovechó para atacar, una vez más, a los menores migrantes no acompañados que vivían en pisos tutelados, acusándoles de estar detrás de la agresión. En este caso se puede observar perfectamente cómo se orquesta una campaña que relaciona inmigración con delincuencia, convocando incluso manifestaciones y concentraciones frente a estos pisos tutelados. Menos mal que esta acción fue parada por los vecinos y colectivos del barrio, que señalaban a este grupúsculo como neonazis y convocaron una concentración contra el racismo y el fascismo, destapando la estrategia de manipulación de este colectivo. Ese mismo día se hizo pública la versión policial sobre la violación, que desvinculaba a estos menores de los hechos, y en la que se señalaba que el detenido es español. Pero evidentemente no se produjo ninguna rectificación. Lo que sí pasó es que a principios de año volvió a crear una campaña por grupos nazis escondidos tras asociaciones vecinales fantasmas en la que se denunciaba la inseguridad en los barrios, acusando a inmigrantes y menores no acompañados de agresiones y delincuencia.
Además de todo esto, hay que señalar que la extrema derecha también defiende una posición punitivista, que simplifica la violencia hacia las mujeres como un problema cuya solución pasa únicamente por el castigo y las condenas a los responsables. Lo podemos ver en su defensa a ultranza de medidas penales extremas como la prisión permanente revisable. En cambio nunca plantean políticas preventivas, es más, cuando desde el feminismo se ataca a estas conductas previas a las agresiones, cuando se hace referencia a micromachismos o acosos y discriminaciones, cuando se habla de la estructura en la que se sustentan y por la que se producen estos delitos, la respuesta de la extrema derecha es una ridiculización de estas reivindicaciones. Porque otra forma de atacar al feminismo que tiene la extrema derecha es a través de la ridiculización y el llevar al absurdo cuestiones que pueden resultar polémicas del feminismo.
En 2016 Hogar Social realizó una campaña contra el feminismo en la Universidad Complutense de Madrid bajo el lema «No somos iguales. Valemos lo mismo». Esta acción consistió en poner carteles con mensajes como «si te abren la puerta es educación, no machismo», «si te llaman guapa es un halago, no machismo», «si te invitan a un café es generosidad, no machismo», en una supuesta crítica hacia la discriminación positiva, hablando de «revanchismo absurdo» y de una supuesta «condena a todo hombre a una obligación moral en la que sentirse inferior». Un año más tarde llevaron a cabo otra acción ridiculizando el lenguaje inclusivo con carteles que cambiaban el género de facultades de la universidad: «Facultad de Biologío», «Facultad de Derecha», «Escuela de Caminas», «Facultad de Historio» o «Facultad de Filosofío» difundiendo todos estos mensajes bajo la etiqueta «heteropatriarcada» en la red social de Twitter.
Este ejemplo no sólo se produce por grupúsculos como Hogar Social, también se emite en discursos de la extrema derecha parlamentaria a youtubers o medios de comunicación. En noviembre del año pasado, el grupo neonazi Bastión Frontal convocó una concentración frente al Ministerio de Igualdad en Madrid, contra la Ley Trans. El mensaje de su convocatoria decía lo siguiente: "¿Siempre te gustaron los helicópteros de combate? Ahora con la nueva ley trans de Irene Montero puedes ser uno. Apache, Cobra, Tigre...¡EL QUE TU QUIERAS O TODOS A LA VEZ! ¿A qué esperas?" o “La sociedad te oprime. No existen dos géneros, existen 1489 distintos”. En un intento de burlarse de las reclamaciones del colectivo transexual recogidas en este borrador de Ley. Menos mal que el ridículo vino por otro lado: juntaron apenas 20 personas en la concentración.
Lo que quería aportar es que con diferentes estrategias y desde diferentes sectores las feministas y las antifascistas nos enfrentamos a diario ante ataques y agresiones de la extrema derecha. Desde sus diversos intentos de lavado de cara y manipulación a una forma directa de ridiculización y violencia que se ejerce contra nosotras. Pero tenemos claro que nos tendrán siempre en frente. Tenemos que ganar el relato y también las calles. Por supuesto que somos más, y organizadas sabemos que somos imparables.
Por un feminismo antifascista, antirracista, desde los barrios y pueblos, desde los trabajos y el desempleo, un antifascismo feminista de las nuestras para las nuestras. Las respuestas y las soluciones, como siempre, las tendrán las asambleas y los colectivos.