Antifeminismo y extrema derecha en el contexto de Polonia
Anna Palmowska
Traductora y activista en ManifeStacja Madryt, el grupo pro derechos de las mujeres polacas y en la Comisión por el Derecho al Aborto de Madrid
«Como dijo Margaret Atwood en 'El cuento de la criada', “no se puede confiar en la frase: ‘Esto aquí no puede pasar’. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”».
«Esto aquí no puede pasar». Creo que esta frase definía la postura de la mayoría de la sociedad polaca antes del año 2016, cuando por primera vez, nosotras, las mujeres de Polonia, nos dimos cuenta que lo que estaba pasando iba en serio. La turbia historia de mi país donde se cambió un sistema totalitario estalinista por un capitalismo salvaje de Estados Unidos ha dejado huella en la ciudadanía de Polonia.
Hace 8 años, en 2013, me mudé a Madrid. Lo cuento porque para mí fue como cambiar de planeta. Recuerdo experimentar un enorme alivio al no sentirme marginada por ser atea, no sentir ese miedo al caminar de noche en la calle, incluso durante el día. Aún entonces pensaba que sería imposible que Jarsoław Kaczyński, el presidente del partido Ley y Justicia, llegara a tomar el poder en el parlamento. Por las locuras que decía y hacía, especialmente tras la muerte de su hermano gemelo en el accidente de avión en Smoleńsk, en 2010. Pero me equivocaba, Jarsoław Kaczyński consiguió el poder en 2015, apoyado por las únicas personas capaces de aguantar esta insania: fundamentalistas católicos y neonazis. Recuerdo cuando mis amigos de España empezaron a preguntarme: ¿cómo es posible que la población de Polonia, después de todo lo que hicieron allí los nazis, vote a los populistas nacionalistas?
Organizaciones como Ordo Iuris, que llevan tiempo preparándose para un momento como este: su intención era atacar a las mujeres y la comunidad de LGBTIQ+, porque en su mundo una persona feminista o alguien que no encaje en el patrón heteronormativo es un peligro para el orden socio-económico.
Poco a poco empezaron a propagar desinformación para polarizar la sociedad. Sus estrategias de manipulación, escondidas bajo la cortina del cristianismo y la moral, resultaron ser suficientes para llegar a un gran número de polacas y polacos. Es muy importante ser consciente de estas estrategias.
Según el informe de la Gran Coalición por la Igualdad y Elección de Polonia (WKRW, Wielka Koalicja za Równością i Wyborem) algunas de la estrategias más comunes usadas por la extrema derecha son: la inversión de los roles entre las víctimas y los que tienen privilegios (defienden, por lo tanto, que las mujeres y las personas que no encajan en el patrón heteronormativo no sufren discriminación, sino las personas católicas); el menosprecio (promover un mensaje que insulte a los oponentes sin pretender el diálogo, repitiéndolo una y otra vez); o la manipulación del lenguaje (decir en lugar de embrión y feto, niño no nacido, en lugar de aborto, asesinato, en lugar de in vitro, eugenesia), etc.
La Fundación Ordo Iuris fue creada en el año 2013 por la filial polaca de la organización internacional TFP (Tradicão, Família e Propiedade), cuya sede está en Brasil. Su fundador, Aleksander Stępkowski, es actualmente uno de los jueces del Tribunal Supremo. Ordo Iuris mantiene lazos estrechos a nivel internacional con organizaciones como la española Hazte Oír, actualmente Citizen Go. Con la intención de intercambiar experiencias y estrategias para poder implementar un plan cuyo objetivo es «restablecer la normalidad» junto a otras 100 organizaciones que conforman la Agenda Europa.
¿Cómo es posible que un grupo extremista y xenófobo pueda llegar a tener este espacio en las instituciones (incluso internacionales como la ONU o el Consejo Europeo) y nadie parezca preocuparse?
El estatuto de Ordo Iuris establece que el objetivo de la organización es estudiar la cultura jurídica y espiritual del patrimonio en el que está arraigada la cultura polaca y promoverla en la vida pública y en el sistema jurídico. Por lo tanto, la fundación está registrada como subordinada al Ministerio de Cultura.
Ordo Iuris se dio a conocer en otoño de 2016, al presentar un borrador de propuesta de ley muy restrictivo llamado «Stop Aborto», que contemplaba penas de cárcel a las mujeres que realizaban el abortos. Frente a este ataque al feminismo surgió la organización Huelga de Mujeres (OSK, Ogólnopolski Strajk Kobiet). La réplica del movimiento feminista fue impresionante, una demostración de la fuerza y de la determinación de las mujeres polacas. Porque el peligro de volver a la edad media y perder los derechos alcanzados hizo reaccionar a muchas polacas. Ganamos la batalla entonces: el parlamento rechazó el proyecto. Durante los siguientes años hubo varios intentos para obstaculizar los derechos sexuales y reproductivos pero ganamos también estas batallas.
Hasta que el 22 de octubre de 2020 recibimos con pavor un fallo del Tribunal Constitucional sobre la malformación del feto. Desde entonces el estado polaco ha estado en guerra contra las mujeres polacas, y sabemos que nos toca defendernos. Porque después de estos ataques a los derechos reproductivos, en su lista se encuentra la exclusión de Polonia del Convenio de Estambul, con un proyecto de ley que se llama «No al género, sí a la familia», el cual permite al Presidente de Polonia tomar la decisión de mantener o no este acuerdo internacional.
Tenemos dudas de si el Convenio de Estambul es una ayuda real, ya que no hizo mucho en Polonia desde que fue ratificado, pero pensamos que es una herramienta jurídica importante. En un país donde la violencia todavía es un tabú, donde no se habla de ella y está normalizada, donde Ordo Iuris quiere quitarnos hasta la esperanza de cambio... Donde parece que se quiera establecer un orden que se acerca más a la realidad rusa, donde la ley permite que el marido pueda utilizar la violencia hacia la mujer una vez al año, atribuyéndolo como un problema de salud mental. Los vínculos con el Kremlin van mucho más allá de eso; pero esta es otra historia.
Lo que Ordo Iuris y sus organizaciones hermanas intentan, a través de la salida del Convenio de Estambul, no es solamente suprimir los derechos de las mujeres, sino también realizar un cambio geopolítico. Es el primer paso para la salida de Polonia de la Unión Europea, una jugada para dejarnos a muchas polacas y muchos polacos sin las garantías y la protección que necesitamos ante la amenaza totalitarista.
Ante este contexto, los feminismos están siendo la única fuerza capaz de mantener la lucha. Estoy muy orgullosa de la evolución del movimiento feminista en Polonia, un país donde cuesta mucho cambiar la sociedad y en el que, aunque tenemos todavía mucho por recorrer, creo que vamos por buen camino. Sin duda, el enorme valor añadido de las últimas protestas es un cambio significativo en el debate público que se ve de forma aún más clara cuando se aborda el tema del aborto. Debemos ser conscientes de que está ocurriendo algo inaudito.
Igualmente creo que al movimiento feminista polaco le falta hacer un esfuerzo para aprender a actuar localmente, a la vez que somos capaces de pensar globalmente. No debería preocuparnos las diferencias que puedan emerger. Todo esto significa que el movimiento está en un fructífero e interesante camino y eso es lo que lo diferencia del nacionalismo extremista, donde los conflictos se ocultan detrás de una supuesta unidad. Los feminismos deberían no solo centrarse en los valores como la igualdad y la libertad, sino también en la diversidad, solidaridad y empatía. Estos dos últimos creo que son claves para luchar contra la ola del antifeminismo en Europa.