Apuntes para una estrategia de comunicación emancipadora
David G. Marcos
Militante anticapitalista, consultor tecnológico y director del programa Contratiempos.
"No ver el mundo con los ojos del adversario era la primera condición para poder desarrollar un espacio político y social de contestación al orden existente". Josep María Antentas escribía esto sobre la apuesta del periodista y militante revolucionario Miguel Romero 'Moro', fundador de la revista Viento Sur, por construir comunicación emancipadora frente a la desinformación de los medios convencionales.
Hacer propia esta hipótesis requiere de dos premisas. La primera es intencional, esto es, la propia voluntad de subvertir un (des)orden actual por ser considerado absolutamente cruel e irracional para con los valores de justicia social, igualdad y libertad. En general, el propósito por cambiar de base un mundo desgarrado cuyo rumbo y cuadro de mando no se orientan hacia la optimización social del goce de la vida colectiva.
La segunda premisa podría ser a la vez conceptual y metodológica. Requiere dejar de pensar la composición mediática y los dispositivos de producción y reproducción ideológica como elementos deshistorizados. Una mirada crítica a la concepción liberal de los medios de comunicación permite desembarazarse de supuestos falsos como que “la realidad es solo y tal como se muestra” o que “los intercambios entre productor y consumidor se producen en condiciones de objetividad e igualdad”[1].
Ante este marco conceptual, en línea con la propuesta que apellida el presente foro, asumiremos uno metodológico: el de la dualidad de poderes. Esto es, la idea de construir un contrapoder de fuerza propia, arraigado al sustrato de los sectores oprimidos que persiguen su liberación frente a la clase dominante. Y aquí es donde encontramos la fuerza motriz de una hipótesis revolucionaria de referencia para una práctica política y comunicativa emancipadora.
Poder y comunicación
Partiendo cada uno de su especificidad, no puede entenderse la composición mediática (espacio comunicativo) sin la arena pública (espacio político). Considero que la propuesta lanzada a este foro -independencia periodística, contrapoder mancomunado- gana en riqueza si la concebimos desde una articulación más ambiciosa en la que la comunicación pueda servir, no únicamente para el ejercicio efectivo del derecho a la información, sino para la contribución a la conquista de otros derechos.
El deterioro en la percepción de la labor de los medios de comunicación por parte de la ciudadanía ha venido empeorando a lo largo de los últimos años. Según el CIS, con la crisis del coronavirus la imagen de los medios de comunicación empeoró hasta un 47,7% [2]. Vemos cómo una situación de anemia democrática atraviesa de lleno esa cadena helicoidal en forma de ADN que constituyen periodismo y poder.
Ante esto, conviene combinar análisis y acción. Por un lado, debemos profundizar en la elaboración colectiva de diagnósticos sobre las tendencias y estrategias del poder que han derivado en este déficit en la función pública del periodismo. De otro, debemos explorar, probar fórmulas, aprender y perseverar en estrategias para esa visión informativa que busca contribuir a la emancipación.
Las estrategias del poder
Según datos de Global Wealth Report, el 1% de la población relativo a las personas más ricas del mundo tendrían ya más del 45% de la riqueza total[3]. La creciente desigualdad se produce bajo el paraguas de un proceso sostenido de acumulación y concentración del capital que en lo comunicacional se traduce en un exceso de concentración de la propiedad de los medios. Cada vez más poder en menos manos. Los datos previos a la pandemia ya señalaban que el 58% de los medios de comunicación en el Estado español está controlado por sólo tres compañías[4].
Por su parte, el horizonte democratizador que profetizaban los sueños ciberoptimistas con la extensión del uso de Internet quedó truncado. Como en otros tantos episodios y temporadas de esta serie llamada capitalismo, capacidad y viabilidad técnica no supusieron un progreso mecanicista. Sin embargo, los fenómenos de clickbait o de la jibarización comunicativa, entre otros, reflejan un elemento dimensional de la nueva temporalidad que irrumpe con la digitalización, y un pánico a ser efímeros alimenta el tiránico monstruo de la inmediatez. Nuevamente, cantidad no es sinónimo de calidad en el volumen de producción mediática.
Tampoco escapan a esta crisis las condiciones de las personas trabajadoras relacionadas con la comunicación y la información. La flexiseguridad, la uberización y, en definitiva, la precarización laboral y social limitan considerablemente las posibilidades materiales de periodistas y comunicadores que pretenden frenar y revertir el sentido de esta rueda de hámster.
Se suman entre los obstáculos a imaginar otro tipo de comunicación las regulaciones orientadas a la limitación de la libertad de expresión por parte de poderes represivos (Ley Mordaza, Decretazo digital, etc.), o el abandono (e incluso persecución) desde la administración hacia experiencias de medios libres y comunitarios.
Pistas para una estrategia de emancipación
A diferencia de la irrupción de nuevos sectores y demandas en la esfera pública que tuvo lugar en el ciclo 15M, el momento actual parece marcado por una sensación de pasivización (y desafección) política y una actitud defensiva (frente a la ofensiva neoliberal autoritaria).
Romper con esta inercia se vuelve fundamental para los objetivos a medio y largo plazo de los medios independientes. La sostenibilidad de un contrapoder mancomunado de información está condicionada por que tengan lugar nuevas experiencias de autoorganización y cristalización de espacios ligados al movimiento popular. Será clave, por tanto, la simbiosis entre dispositivos de producción política y comunicativa. Poner a disposición de los movimientos transfeministas, ecologistas, antirracistas, etc. los altavoces y herramientas de difusión de los que se dispongan. Necesitamos favorecer y revitalizar espacios comunitarios para la información, fomentar medios que se articulen con las luchas y movilizaciones, que se piensen desde los lugares de conflicto social.
Habrá que seguir remando, y en muchos momentos deberá ser contracorriente, hacia el rumbo que señala la experiencia de la PMI. Apuntando a la dovela central de los arcos que sostienen hoy estructuras de privilegio como la monarquía, el poder judicial o los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, aún sin depurar, o la propia arquitectura mediática que (re)produce su ideología dominante día tras día.
Habremos también de impregnar la importancia de lo comunicativo en los movimientos, de incorporar esta visión estratégica en la práctica militante y activista para la disputa hegemónica. Deberemos construir lo que Moro llamaba “disenso eficaz”, encontrar sinergias en la tríada política -movimiento- comunicación para transformar la sociedad.
Notas:
[1]Martínez, “Medios de comunicación, democracia y emancipación social” - https://vientosur.info/medios-de-comunicacion-democracia-y-emancipacion-social/
[2]La pandemia pasa factura a los políticos y a la prensa: un 60% tiene peor imagen del Gobierno, según el CIS - https://www.eldiario.es/sociedad/47-espanoles-preocupado-efectos-coronavirus-salud-consecuencias-economicas_1_6403262.html
[3]The Global wealth report - https://www.credit-suisse.com/about-us/en/reports-research/global-wealth-report.html
[4]Alerta por el exceso de concentración mediática en España - https://www.elnacional.cat/es/cultura/alerta-exceso-concentracion-mediatica-espana-periodismo-libertad_101078_102.html