La subversion de los roles
Pilar Vicente
Escultora. Agente de Igualdad por la UCLM. Agente de detección e intervención en Violencia de Género UCM.
Cuando hablamos de que la violencia de género tiene una raíz social estamos hablando de cómo se construye nuestro yo más simbólico. El que nos lleva a hacer las elecciones trascendentales que irán marcando nuestra vida. Este constructo cultural genera una expectativa del estilo de que las mujeres vamos a cuidar de los hombres, en el aspecto más amplio de la palabra cuidado: te voy a escuchar, te voy a admirar, te voy a lavar y ordenar tu ropa, te voy a proveer de un “hogar digno” bajando y subiendo las persianas para que no se deteriore la tapicería del salón, voy a ser “buenecita”, nunca te voy a expulsar de mi cama, no te voy a decir “no me toques”, no voy a exigir que compartas los cuidados, no te voy a reprochar que seas indiferente al dolor de tu hijo, aunque este dolor provenga de un juguete roto, de algo sin importancia.
El sistema nos prepara así. Es el sistema el que a través de los roles de género nos prepara para la vida. Nos asigna el papel de dominador y dominada y es a través de este papel que nos desarrollamos y crecemos.
El feminismo subvierte este valor. Primero lleva a cabo la reivindicación de la ciudadanía. Una vez lograda esta, y lamentablemente hablamos de los países del “primer mundo”, llevamos a cabo un diagnostico de por qué sucede. Por qué por el hecho de nacer con unos genitales femeninos, ya se te está otorgando el papel de sumisa, cuidadora, docil, emocional, sensible, etc. Y al contrario, el hecho de nacer con una genitalidad masculina te lleva a la obligación de ser un “machote” que tiene derecho a exigir unos cuidados.
Al quedar estos valores subvertidos por el feminismo nos encontramos en una tierra de nadie, donde las mujeres, que solo tienen espacios para ganar, se construyen otras realidades, encuentran espacios de libertad y placer en sí mismas, reconociendo su cuerpo como propio, haciendo del espacio privado algo público, tomando la noche y otras infinitas reivindicaciones que todavía estamos inventando en esta aspiración absurda de querer participar y poseer la mitad de todo, que dice Amelia Valcarcel.
Sin embargo la mayoría de los varones permanecen pasivos, dejando que sus compañeras se conviertan en la “superwoman” que el feminismo y el patriarcado juntos las “obliga” a ser. Una no se desprende del sistema en el que ha sido educada con facilidad. No te libras de los “mandatos” sociales que se te han imbricado en el ADN. La resignificación y reeducación te puede llevar gran parte de tu vida adulta. ¿Cómo vas a ser capaz de dejar que a tus hijxs los cuide el compañero? ¿Acaso el compañero sabe cuidarlos? ¿Cómo vas a poder abandonar al padre de tus hijos? ¿Qué va a ser de él? Y pensando en el otro, en los otros, no nos pensamos nosotras y llegamos a la vida adulta agotadas y con todo por resignificar.
Que sucede si además de lo anterior, que lo soportamos todas, nos encontramos con un “malote”. ¿No han oído esa frase en los últimos meses? “Es que a ella le gustan los malotes”.
No creo que a ninguna mujer le gusten los malotes. Pero si creo que cuando en tu constructo social se ha generado una mala construcción de los afectos, las mujeres no elegimos bien. No puedes elegir bien desde la sumisión. Solo se puede elegir bien desde la igualdad. Y negociar los afectos solo se puede hacer desde la igualdad. Y entender que los hijos no son de nadie y no son una herramienta de cambio y negociación solo se puede hacer desde la igualdad. Pero ¿cómo se te va a ocurrir que puedes negociar algo desde los afectos si se te han enseñado que por amor darías la vida? Y la damos. Vaya si la damos. Nos cuesta muchas cosas el amor romántico a muchas. El “te amaré para toda la vida” “en la salud y en la enfermedad” pero a muchas les cuesta la vida: “hasta que la muerte nos separe”. Según los datos provisionales del MSSSI en su estadística provisional, en lo que llevamos de año, las víctimas mortales por violencia de género son 42. Según las asociaciones de mujeres más 46 . Contamos diferente.
Partiendo de que la igualdad es el principio y no el fin. Cuando todos y todas seamos iguales en derechos y deberes, tendremos el punto de partida para construir una sociedad más justa.
Y habiendo planteado el problema y uno de sus orígenes ¿Qué solución se le puede procurar? El cumplimiento de las Leyes de Igualdad que se hicieron en la legislatura anterior era una buena vía. El que se empodere a las mujeres para que no transijan con el primer maltrato y sepan detener la violencia contra ellas antes de que comience. El que en los currículos escolares se incluyan a las mujeres que tienen nombre propio en la historia de un modo transversal: que las niñas sepan que se puede ser sin ser “a través” o “para”. La educación en ciudanía, en valores de solidaridad donde la tolerancia y no el “bulyling” sean la norma. La construcción de una sexualidad basada en el respeto y la responsabilidad sobre el propio cuerpo y el cuerpo de nuestro/a compañero/a, son principios que marcan las Leyes de Igualdad, Derechos Sexuales y Reproductivos y la Ley de Medidas de Protección integral contra la Violencia de Género.
Esta última, la Ley Orgánica 1/2004 de MPICVG, comienza estableciendo que la violencia de género no pertenece al ámbito privado. Ese es su principio. Sin embargo, una de las primeras declaraciones de nuestra actual ministra de Sanidad fue llamarla violencia doméstica, dejando bien claro desde el principio la falta de comprensión y compromiso necesario para llegar a comprender como se desarrolla y como se puede solucionar. La ONU en Beijing reconoció que la violencia contra las mujeres es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz y viola y menoscaba el disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Es violencia contra las mujeres el no permitir su libre desarrollo emocional exigiéndoles que se comporten, se porten, caminen, se vistan, hablen, etc. de determinada manera impidiéndoles que se manifiesten y expansionen como su cuerpo les pide. Y no hablo de una exigencia explicita y directa por parte de quienes les rodean. Hablo de una exigencia por parte del medio y del sistema que las lleva a autoexigirse la excelencia intelectual, el cuerpo perfecto, el comportamiento perfecto, los afectos perfectos... Y todo ello para la mirada de los otros. Pero esta ley de Violencia de Género no trabaja sobre esta violencia, trabaja sobre la violencia explicita del compañero con el que convives, con quien amas, ese llamado a “protegerte”, el que más te quiere, el padre de tus hijos e hijas.
Una de las razones por la que esta Ley no pudo denominarse ley de medidas de protección integral contra la violencia sobre las mujeres es que el ámbito de actuación sería tan vasto que tendría que llevarse a cabo una revolución para que esa ley pudiera cumplirse. Por eso tiene el nombre específico de “Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”, Esa especificación de violencia de Género y no violencia contra las mujeres, es la que ha parcelado esta violencia para poder intervenir sobre ella jurídicamente, porque el hecho de intervenir jurídicamente impedirá que los asesinatos cometidos sigan quedando impunes. Pero no podemos olvidar que hay una violencia estructural de mucho más amplio espectro que nos incumbe a todos y todas.
Esta revolución necesaria para el cambio es la revolución no cruenta y silenciosa que está llevando a cabo el movimiento feminista, la única en la historia que es pacífica y que se arranca en 1848, que no se lleva a cabo como las demás revoluciones: No habrá levantamiento armado y todas las muertas serán mujeres pero, como todas las revoluciones para lograr que tenga éxito, necesita la ayuda de todos y todas.